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Menkos, el usurpador

La autonomía del Banguat no se declara: se demuestra. Arévalo eligió para dirigirlo a quien no corresponde. En castellano: usurpación.

Redacción República
01 de octubre, 2026

Usurpar es ocupar lo que no corresponde. Jonathan Menkos está a punto de hacerlo tres veces: con credenciales que nadie ha acreditado, con una curul que ya no puede retener y con un cargo que pertenece a un técnico.

Primero, los papeles. El artículo 87 de la Constitución no admite matices: en Guatemala solo se reconocen los grados otorgados por universidades autorizadas en el país, y únicamente la Universidad de San Carlos puede incorporar títulos extranjeros. Menkos exhibe como credenciales una maestría de la Pompeu Fabra de Barcelona y un posgrado en Finanzas de la Universidad de Valparaíso. ¿Están incorporados? El Ejecutivo no lo ha acreditado.

Si no lo están, para el Estado guatemalteco esos diplomas no existen: no pueden ejercerse ni invocarse como la preparación que exige la banca central. Presentarlos como aval del nombramiento es apropiarse de una autoridad académica que la ley no reconoce.

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Segundo, la curul. Menkos fue electo diputado por Semilla para la legislatura 2024-2028 y, en enero de 2024, pidió al Congreso ausentarse mientras desempeñara funciones ministeriales. Ese permiso tenía causa: el Ministerio de Finanzas. Hoy el Ministerio queda atrás y el permiso se queda sin objeto.

La presidencia del Banco de Guatemala corre desde hoy al 30 de septiembre de 2030; la legislatura termina en enero de 2028. Quedan unos quince meses de curul frente a cuarenta y ocho de banca central. Llamar a eso ausencia temporal es un embuste. Es una salida definitiva.

Menkos pretende ocupar dos sillas a la vez: la de presidente de la Junta Monetaria y la de diputado en reserva. Una de ellas ya no le pertenece. El precedente existe. En 2014, José Alejandro Arévalo renunció a su diputación para asumir la Superintendencia de Bancos.

No fue heroísmo, sino coherencia. A Menkos, que desde el Icefi dictó durante una década lecciones de institucionalidad, debe exigírsele lo mismo. Retener la curul invita a impugnaciones y confirma lo que todos sospechan: que el presidente del banco central guarda un boleto de regreso a la política.

Tercero, el cargo. El banco central existe para que ningún gobierno ceda a la tentación de financiar sus urgencias con la moneda de todos. Por eso se espera que lo dirija un técnico sin compromisos partidarios, no quien encabezó el Listado Nacional del partido oficial ni el ministro que hasta ayer diseñaba el gasto que ahora deberá vigilar desde la otra orilla. Menkos trabajó en el Banguat entre 2000 y 2006, pero su trayectoria reciente es la de un político: candidato, diputado electo, ministro y titular de una cartera que restringió las consultas en Guatecompras.

El contraste está en el mismo comunicado oficial. José Alfredo Blanco Valdés, confirmado en la vicepresidencia, suma tres décadas dentro del banco. El técnico queda de segundo. El político, de primero. El orden natural de la institución, invertido por Arévalo.

La estabilidad del quetzal ha sido, por décadas, uno de los pocos consensos que sobrevivieron a todos los gobiernos. Ese capital no se hereda: se custodia. El Gobierno promete respetar la autonomía del Banco de Guatemala. Pero la autonomía no se declara en un comunicado; se demuestra con los nombres. Y el nombre que eligió Arévalo ocupa un lugar que no le corresponde. En castellano, eso tiene una palabra: usurpación.

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Menkos, el usurpador

La autonomía del Banguat no se declara: se demuestra. Arévalo eligió para dirigirlo a quien no corresponde. En castellano: usurpación.

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01 de octubre, 2026

Usurpar es ocupar lo que no corresponde. Jonathan Menkos está a punto de hacerlo tres veces: con credenciales que nadie ha acreditado, con una curul que ya no puede retener y con un cargo que pertenece a un técnico.

Primero, los papeles. El artículo 87 de la Constitución no admite matices: en Guatemala solo se reconocen los grados otorgados por universidades autorizadas en el país, y únicamente la Universidad de San Carlos puede incorporar títulos extranjeros. Menkos exhibe como credenciales una maestría de la Pompeu Fabra de Barcelona y un posgrado en Finanzas de la Universidad de Valparaíso. ¿Están incorporados? El Ejecutivo no lo ha acreditado.

Si no lo están, para el Estado guatemalteco esos diplomas no existen: no pueden ejercerse ni invocarse como la preparación que exige la banca central. Presentarlos como aval del nombramiento es apropiarse de una autoridad académica que la ley no reconoce.

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Segundo, la curul. Menkos fue electo diputado por Semilla para la legislatura 2024-2028 y, en enero de 2024, pidió al Congreso ausentarse mientras desempeñara funciones ministeriales. Ese permiso tenía causa: el Ministerio de Finanzas. Hoy el Ministerio queda atrás y el permiso se queda sin objeto.

La presidencia del Banco de Guatemala corre desde hoy al 30 de septiembre de 2030; la legislatura termina en enero de 2028. Quedan unos quince meses de curul frente a cuarenta y ocho de banca central. Llamar a eso ausencia temporal es un embuste. Es una salida definitiva.

Menkos pretende ocupar dos sillas a la vez: la de presidente de la Junta Monetaria y la de diputado en reserva. Una de ellas ya no le pertenece. El precedente existe. En 2014, José Alejandro Arévalo renunció a su diputación para asumir la Superintendencia de Bancos.

No fue heroísmo, sino coherencia. A Menkos, que desde el Icefi dictó durante una década lecciones de institucionalidad, debe exigírsele lo mismo. Retener la curul invita a impugnaciones y confirma lo que todos sospechan: que el presidente del banco central guarda un boleto de regreso a la política.

Tercero, el cargo. El banco central existe para que ningún gobierno ceda a la tentación de financiar sus urgencias con la moneda de todos. Por eso se espera que lo dirija un técnico sin compromisos partidarios, no quien encabezó el Listado Nacional del partido oficial ni el ministro que hasta ayer diseñaba el gasto que ahora deberá vigilar desde la otra orilla. Menkos trabajó en el Banguat entre 2000 y 2006, pero su trayectoria reciente es la de un político: candidato, diputado electo, ministro y titular de una cartera que restringió las consultas en Guatecompras.

El contraste está en el mismo comunicado oficial. José Alfredo Blanco Valdés, confirmado en la vicepresidencia, suma tres décadas dentro del banco. El técnico queda de segundo. El político, de primero. El orden natural de la institución, invertido por Arévalo.

La estabilidad del quetzal ha sido, por décadas, uno de los pocos consensos que sobrevivieron a todos los gobiernos. Ese capital no se hereda: se custodia. El Gobierno promete respetar la autonomía del Banco de Guatemala. Pero la autonomía no se declara en un comunicado; se demuestra con los nombres. Y el nombre que eligió Arévalo ocupa un lugar que no le corresponde. En castellano, eso tiene una palabra: usurpación.

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