Arévalo entrega el Banguat a su operador
Arévalo instala a su operador fiscal en el Banguat más allá de su mandato y suma un jefe de la SIB surgido de una terna donde Menkos tuvo voz.
Cuenta Homero que Ulises, antes de pasar frente a las sirenas, ordenó que lo ataran al mástil y que su tripulación desobedeciera cualquier orden suya hasta dejar atrás el peligro. Los economistas llevan medio siglo usando esa escena para explicar por qué existen los bancos centrales autónomos. El político sabe que, cuando suene el canto electoral, querrá gastar lo que no tiene. Por eso se amarra de antemano. Por eso quien custodia la moneda no debe ser quien firma los cheques.
Bernardo Arévalo acaba de hacer exactamente lo contrario; este martes nombró a Jonathan Menkos Zeissig —su ministro de Finanzas—, como presidente del Banco de Guatemala y de la Junta Monetaria hasta el 30 de septiembre de 2030. No desató a Ulises. Le entregó las cuerdas.
El comunicado oficial vende el nombramiento con el currículo de siempre: economista de la Usac, cinco años en los departamentos técnicos del propio Banguat, una década al frente del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi). Todo cierto. Todo incompleto. El currículo omite el dato que define al personaje: en 2019, Menkos pidió “licencia” en el Icefi para ser candidato a la vicepresidencia por Semilla, en “binomio” con Thelma Aldana.
En 2023 fue electo diputado por el mismo partido y dejó la curul con permiso para asumir en Finanzas. No estamos ante un técnico que coqueteó con la política. Estamos ante un político que alguna vez fue técnico. Lo primero devoró a lo segundo hace siete años.
Los números lo confirman. El proyecto de presupuesto para 2027 que Menkos presentó al Congreso asciende a GTQ 192 045M, un 13.8 % más que el vigente. El déficit fiscal, que cerró en un 1.9 % del PIB en 2025, saltó a un 3.8 % en 2026 y ahora se proyecta en un 4.4 %. ASIES advirtió que la brecha se acerca a niveles de pandemia, con la diferencia de que hoy no hay pandemia, pero hay elecciones. Y en agosto, el propio Ministerio de Finanzas aseguraba que el déficit de 2027 sería menor que el de 2026. Semanas después, presentó uno mayor.
Lo más elocuente no viene de sus adversarios, sino de su antigua casa. El Icefi, el tanque de pensamiento que Menkos dirigió durante diez años, ha desmontado —de manera rigurosa y técnica— el proyecto pieza por pieza. La deuda en bonos del Tesoro pasaría de GTQ 23 278M a GTQ 42 750M, un alza de un 83.6 %. Más de la mitad, GTQ 22 915M, iría a gasto de funcionamiento pese a las restricciones legales. Deuda cara y de corto plazo para pagar planillas. Algo ilegal. El Menkos del Icefi habría reprobado al Menkos de Finanzas.
Pero lo más grave está en los Consejos Departamentales de Desarrollo (CODEDE). Los CODEDE se han convertido en la moneda de cambio con la que el oficialismo compra gobernabilidad en un Congreso donde Semilla llegó con 23 de 160 escaños.
A mediados de septiembre ejecutaban apenas un 24.4 %. El Icefi calcula que, entre asignaciones nuevas y saldos arrastrados, podrían disponer de entre GTQ 13 000M y GTQ 20 000M en pleno año electoral. Y advierte, con todas sus letras, que esa acumulación es altamente vulnerable a la corrupción, a la malversación político-electoral y a la captura por el crimen organizado. Lo dice el Icefi. No República. Ese es el hombre que ahora custodiará la moneda.
Conviene recordar por qué esto importa. En un país de instituciones frágiles, la estabilidad macroeconómica ha sido el último dique. Inflación controlada, tipo de cambio estable, deuda contenida. Han caído gobiernos, presidentes han terminado presos, y el quetzal siguió en pie. Esa excepción no es obra de la providencia.
Es obra de una Junta Monetaria que, con sus defectos, se mantuvo lejos del ciclo electoral. La Constitución prohíbe al banco central financiar al Estado, salvo catástrofe. La norma es sólida. Pero las normas no se defienden solas: las defienden personas. Y la persona escogida es precisamente la que necesita que alguien compre sus bonos.
Hay un agravante de calendario. Arévalo entrega el poder en enero de 2028; Menkos se queda en el Banguat hasta 2030. El presidente no solo instala a su operador fiscal en la banca central: lo blinda más allá de su propio mandato, atraviesa con él la transición y lo acompaña con un superintendente de Bancos elegido de una terna de la Junta Monetaria donde el propio Menkos tenía asiento. El gobierno asegura que respetará la autonomía del banco. La sospecha de por qué hace falta asegurarlo es ineludible.
Homero no cuenta qué habría pasado si Ulises, en lugar de dejarse atar, hubiera nombrado capitán de la tripulación a su propio deseo. No hace falta. Guatemala está a punto de averiguarlo, y las sirenas de 2027 ya empezaron a cantar. Arévalo prometió rescatar las instituciones de la lógica del botín. Con este nombramiento, entrega la última que funcionaba.
Arévalo entrega el Banguat a su operador
Arévalo instala a su operador fiscal en el Banguat más allá de su mandato y suma un jefe de la SIB surgido de una terna donde Menkos tuvo voz.
Cuenta Homero que Ulises, antes de pasar frente a las sirenas, ordenó que lo ataran al mástil y que su tripulación desobedeciera cualquier orden suya hasta dejar atrás el peligro. Los economistas llevan medio siglo usando esa escena para explicar por qué existen los bancos centrales autónomos. El político sabe que, cuando suene el canto electoral, querrá gastar lo que no tiene. Por eso se amarra de antemano. Por eso quien custodia la moneda no debe ser quien firma los cheques.
Bernardo Arévalo acaba de hacer exactamente lo contrario; este martes nombró a Jonathan Menkos Zeissig —su ministro de Finanzas—, como presidente del Banco de Guatemala y de la Junta Monetaria hasta el 30 de septiembre de 2030. No desató a Ulises. Le entregó las cuerdas.
El comunicado oficial vende el nombramiento con el currículo de siempre: economista de la Usac, cinco años en los departamentos técnicos del propio Banguat, una década al frente del Instituto Centroamericano de Estudios Fiscales (Icefi). Todo cierto. Todo incompleto. El currículo omite el dato que define al personaje: en 2019, Menkos pidió “licencia” en el Icefi para ser candidato a la vicepresidencia por Semilla, en “binomio” con Thelma Aldana.
En 2023 fue electo diputado por el mismo partido y dejó la curul con permiso para asumir en Finanzas. No estamos ante un técnico que coqueteó con la política. Estamos ante un político que alguna vez fue técnico. Lo primero devoró a lo segundo hace siete años.
Los números lo confirman. El proyecto de presupuesto para 2027 que Menkos presentó al Congreso asciende a GTQ 192 045M, un 13.8 % más que el vigente. El déficit fiscal, que cerró en un 1.9 % del PIB en 2025, saltó a un 3.8 % en 2026 y ahora se proyecta en un 4.4 %. ASIES advirtió que la brecha se acerca a niveles de pandemia, con la diferencia de que hoy no hay pandemia, pero hay elecciones. Y en agosto, el propio Ministerio de Finanzas aseguraba que el déficit de 2027 sería menor que el de 2026. Semanas después, presentó uno mayor.
Lo más elocuente no viene de sus adversarios, sino de su antigua casa. El Icefi, el tanque de pensamiento que Menkos dirigió durante diez años, ha desmontado —de manera rigurosa y técnica— el proyecto pieza por pieza. La deuda en bonos del Tesoro pasaría de GTQ 23 278M a GTQ 42 750M, un alza de un 83.6 %. Más de la mitad, GTQ 22 915M, iría a gasto de funcionamiento pese a las restricciones legales. Deuda cara y de corto plazo para pagar planillas. Algo ilegal. El Menkos del Icefi habría reprobado al Menkos de Finanzas.
Pero lo más grave está en los Consejos Departamentales de Desarrollo (CODEDE). Los CODEDE se han convertido en la moneda de cambio con la que el oficialismo compra gobernabilidad en un Congreso donde Semilla llegó con 23 de 160 escaños.
A mediados de septiembre ejecutaban apenas un 24.4 %. El Icefi calcula que, entre asignaciones nuevas y saldos arrastrados, podrían disponer de entre GTQ 13 000M y GTQ 20 000M en pleno año electoral. Y advierte, con todas sus letras, que esa acumulación es altamente vulnerable a la corrupción, a la malversación político-electoral y a la captura por el crimen organizado. Lo dice el Icefi. No República. Ese es el hombre que ahora custodiará la moneda.
Conviene recordar por qué esto importa. En un país de instituciones frágiles, la estabilidad macroeconómica ha sido el último dique. Inflación controlada, tipo de cambio estable, deuda contenida. Han caído gobiernos, presidentes han terminado presos, y el quetzal siguió en pie. Esa excepción no es obra de la providencia.
Es obra de una Junta Monetaria que, con sus defectos, se mantuvo lejos del ciclo electoral. La Constitución prohíbe al banco central financiar al Estado, salvo catástrofe. La norma es sólida. Pero las normas no se defienden solas: las defienden personas. Y la persona escogida es precisamente la que necesita que alguien compre sus bonos.
Hay un agravante de calendario. Arévalo entrega el poder en enero de 2028; Menkos se queda en el Banguat hasta 2030. El presidente no solo instala a su operador fiscal en la banca central: lo blinda más allá de su propio mandato, atraviesa con él la transición y lo acompaña con un superintendente de Bancos elegido de una terna de la Junta Monetaria donde el propio Menkos tenía asiento. El gobierno asegura que respetará la autonomía del banco. La sospecha de por qué hace falta asegurarlo es ineludible.
Homero no cuenta qué habría pasado si Ulises, en lugar de dejarse atar, hubiera nombrado capitán de la tripulación a su propio deseo. No hace falta. Guatemala está a punto de averiguarlo, y las sirenas de 2027 ya empezaron a cantar. Arévalo prometió rescatar las instituciones de la lógica del botín. Con este nombramiento, entrega la última que funcionaba.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: