Jessica Rojas: el miedo no está en los muertos, sino en los vivos
Con 1.7 millones de seguidores en TikTok, Jessica Rojas llegó a Guatemala y conversó con República sobre criminalística, redes sociales y su vida.
Hace casi un año, Jessica Rojas aceptó hablar sobre necropsias en un podcast, sin imaginar que aquella conversación abriría una inesperada puerta hacia la popularidad en redes sociales. Al momento, el video ya supera los 13 millones de vistas. Después llegaron más podcasts, entrevistas y una audiencia que quería seguir escuchándola hablar sobre criminalística.
Hoy suma 1.7 millones de seguidores en TikTok, pero detrás del fenómeno digital hay una profesional que lleva años estudiando y trabajando alrededor del Derecho y la criminalística. Rojas estudió ambas carreras simultáneamente, luego Pedagogía y actualmente cursa una segunda maestría. Además, está por comenzar un doctorado, como parte de una formación que parece no tener pausa.
Hace unos días llegó a Guatemala para participar en un Congreso sobre Criminalística y Ciencias Forenses. Minutos después de aterrizar en el Aeropuerto Internacional La Aurora, aceptó conversar con República sobre su trayectoria, su profesión y la vida detrás de las cámaras.
¿Quién es Jessica Rojas cuando las cámaras se apagan y nadie la está mirando?
—Soy una persona seria, muy tranquila. Me gusta estar en mi hogar. Amo a mis animales; mi manada es mi fortaleza. También me gusta leer. Me gusta la tranquilidad, una tranquilidad que ya no tengo tan fácilmente. Desde que estamos en las redes sociales, he perdido esos momentos de privacidad. He perdido la tranquilidad. Por eso, cuando no estoy en esto, estoy en mi casa, en total tranquilidad.
¿Qué mascotas tiene en casa?
—Tengo perros, gatos, conejos, gallos, gallinas y tortugas.
¿Qué hace para desconectarse cuando está en casa?
—Cargar a mis animales, salir a caminar, incluso sentarme a ver la televisión, también me ayuda a relajarme. Hoy puedo decirte que rara vez veo la televisión. Pero cuando la veo, busco algo que no esté tan relacionado con mi trabajo. Me encanta, claro, CSI, Criminal Minds y todo eso, pero me fijo un poco más en cosas que no están tan relacionadas con mi trabajo. Porque ya vemos mucha violencia. Lidio con mucha muerte, violencia, gente llorando, etc. Así que, cuando veo la televisión, intento no ver esas cosas.
¿Cómo era Jessica de niña y qué soñaba hacer cuando fuera grande?
—Mi infancia fue perfecta. Creo que mis padres se encargaron de que mi infancia fuera como una burbuja de rosas, de verdad. De niña me lo pasé genial. Iba, venía, hacía, hacía. Me llevaban a conocer gente. Creo que siempre fue así... Mi sueño siempre fue ser abogada. Desde mi infancia. Lo recuerdo perfectamente. Cuando jugaba, jugaba sin ningún problema, pero yo era la abogada. Siempre soñé con ser abogada. Mi infancia fue padrísima.
¿Dónde vive actualmente y qué otros lugares han marcado su historia personal?
—Vivo en la Ciudad de México. He vivido allí toda mi vida. Viví en Estados Unidos durante unos 8 o 9 años, en Washington D.C., porque mi abuela vivía allí. Así que decidí cursar la High School allí. Estudié inglés y hablo portugués. Lo pasé fantástico allí. Pero también creo que el sueño americano tiene un límite. Y para mí, el sueño americano, no sé si es diferente, pero era distinto al que viven los indocumentados, porque yo tenía documentos. Mi sueño americano era, literalmente, hacer la High School, aprender inglés y nada más. Así que, para mí, cumplí mi sueño americano con lo que me propuse hacer. Bueno, hoy vivo en la ciudad. Trabajo en el Estado de México, pero vivo en la ciudad, en un lugar céntrico y muy tranquilo. Bien, como me gusta.
¿Cómo comenzó el camino que la llevó a estudiar Criminalística y Derecho?
—Mi primer empleo fue en un despacho. Recuerdo a un compañero llamado Porfirio; él me enseñó cómo trabajar la parte del Derecho. Cuando regresé de Estados Unidos, andaba trabajando de todo un poco. Mi mamá me dijo: «Siéntate», y me preguntó: «¿Qué vas a hacer?». Yo le dije: «Quiero ser abogada». Pero iba en mi coche y vi algo de criminalística. No tenía idea de qué era, así que me bajé y pregunté. Me dijeron que iba a aprender de Derecho, antropología, toxicología, crimi, odontología... Y yo dije: «¿De todo voy a aprender?». Entonces fui con mi mamá y le dije: «Ya encontré la carrera y la escuela». Cuando me preguntó qué iba a estudiar, le dije: «Crimi», y ella me alentó. Me encantó, pero al año le dije a mi mamá: «La carrera me gusta, pero quiero ser abogada». Entonces me alentó. Así que, en la mañana, estudiaba criminalística y, en la tarde, Derecho. Y terminé titulándome de las dos carreras. Luego estudié Pedagogía.
¿Qué hay detrás de esa facilidad para aprender que la ha acompañado toda su vida?
—Siempre fui una buena estudiante. Mi promedio, por ejemplo, en la Licenciatura de Criminalística, fue de 9.9. En Derecho, fue de 9.7. En Pedagogía, fue de 9.8. Siempre. ¿Pero sabes qué pasa? No soy ese tipo de estudiante que necesita estudiar y estudiar. No. Soy muy terca y aprendo rápido. Me dicen: “Te vamos a explicar la clase”. Ah, sí, ya le cogí el truco. Listo. Creo que siempre he tenido esa facilidad y siempre me ha gustado. Me gusta estudiar. Hoy, aunque ya tengo una maestría, estoy cursando una segunda maestría en juicios orales. Y en octubre, empiezo mi doctorado.
¿Cómo llegó a llevar la criminalística a los podcasts?
—Creo que a veces hay carreras que tienen su apogeo. No sé si eso pasa acá también. Pero allí, por ejemplo, antes no se hablaba de criminalística. Y de repente, esta carrera, ¡boom!, recibió mucha atención y la gente, todo el mundo, quiere estudiar crimi. Todos, yo, crimi, yo, crimi, yo, crimi. Entonces, cuando me metí en el tema de los podcasts, fue más bien para contarle a la gente en qué consiste nuestro trabajo, cómo se hace. Además, me han entrevistado en algunos podcasts que tratan sobre el miedo. Siempre les digo que creo que son como energías. Porque lidiamos con mucho, a veces mucha muerte. Son energías que permanecen.
¿Qué le dicen sus seguidores sobre su forma de explicar?
—Me di cuenta de que a la gente le gustaba el contenido. Pero, ¿sabes qué? Creo que es algo importante: a veces tiene más que ver con el carisma de la persona que con lo que está diciendo. Te puedo decir que en México, no sé cómo es esto de los podcasts en Guatemala, pero hay muchos, variados y diversos. Sin embargo, algo que mucha gente me ha comentado es mi forma de explicar. Me dicen: «Es que, como tú lo explicas, yo lo entiendo». Y creo que eso forma parte de mi personalidad. Es parte del carisma que tengo. Y, bueno, me ha funcionado.
¿Cómo cambió la vida familiar cuando empezó a ser reconocida prácticamente en todas partes?
—Sí, mucho. Bueno, mira, con mi esposa, con mi madre, con todos, es lo mismo. Intento vivir mi vida normal y corriente. Nunca he sido grosera y, si me piden una foto, por supuesto que me la tomo con mucho gusto. Creo que mi familia lo ha tomado como algo nuevo que nos ha pasado a todos, algo que sucedió y lo han aceptado bien. Mi madre está muy contenta, muy orgullosa de todo lo que estoy logrando y porque, además, creo que todavía me queda mucho por recorrer.
¿Cómo consigue dejar una escena de muerte en el trabajo y no llevársela a casa?
—Precisamente, no pensar en eso y no involucrarme demasiado. Por ejemplo, tengo que hacer un peritaje sobre un asesinato. Bien, trabajo en el peritaje del homicidio. No pregunto qué pasó en el juicio, qué sucedió, si lo atraparon o no. Creo que, a veces, involucrarse genera una mayor curiosidad, y no me gusta porque, al fin y al cabo, cuando uno quiere saber más, se involucra sentimentalmente. Y eso es algo que no permito. Cuando trabajo con cadáveres, nada. O sea, cuando tengo un cadáver en la plancha, lo máximo que puede pasar es que diga: «Pobrecito, qué pena, qué triste», trabajo en él y listo. No pienso en ello todo el día. No lo tengo en la cabeza, para nada. Estoy concentrada en ir a trabajar y no pienso en ello todo el día. Esto es algo que me ha ayudado a desconectar. Ha dicho que procura desconectarse y no involucrarse emocionalmente.
¿Hay casos que, aun así, la hayan impactado?
—Muchos. Los femicidios son asuntos muy feos. Los casos con niños son bien peculiares. Recuerdo el caso de una bebé de tres meses que fue violentada sexualmente y murió. Ese tipo de situaciones no me gustan, porque es ver la crueldad del ser humano en su máximo esplendor. No me gusta cuando es evidente que hubo maltrato y sufrimiento de por medio, pero ese caso se me quedó grabado para siempre.
¿Qué papel juega su fe cuando trabaja frente a la muerte y las energías?
—Soy católica. Pero, mira, no hago procedimientos. Lo máximo que hago es decirles, cuando los toco, que su energía trasmute bien, porque creo en esas energías. Así que nada más. Soy católica porque me crié en la religión católica. La escuela primaria a la que asistí era una escuela católica de monjas. Por lo tanto, sigo profesando la misma religión. No soy muy religiosa, pero sigo profesando lo mismo.
¿Qué tan diferente es la investigación criminal que vemos en las series de lo que ocurre en la vida real?
—Lo que se ve en las series, a primera vista, es muy diferente, sobre todo porque son producciones norteamericanas y en México tenemos una legislación distinta. Así que, a primera vista, puedo decir que es completamente diferente. Y algo que creo que tiene un gran impacto es que los jóvenes simplemente creen que la serie está ligada a la realidad, y no lo está. A veces, la crueldad... Si te contara todo lo que he visto, todas las cosas horribles que he visto, la crueldad humana es muy mala. He visto cosas tan horribles que digo: «No me importa». Cuando me dicen: «¿No tienes miedo de los muertos?», no, hombre. Mis muertos ya están muertos y aquí están. Lo que de verdad me asusta es la gente viva. ¿Dónde está la persona que cometió este crimen? Porque se ven cosas muy feas. Pero no tiene nada que ver con las series norteamericanas.
¿Qué diferencias de las series suelen sorprender más a sus estudiantes?
—Un estudiante me dijo: «No, no, cuando vaya a ver una escena y me den mi arma de fuego...». Y yo le dije: «¿Quién dijo que tenemos un arma de fuego?». Bueno, desde ahí ya tenemos una línea divisoria, porque nosotros, los crimis, no usamos armas de fuego. Las usan los policías, pero los crimis no usamos armas de fuego. También pasa que en las series trabajan muy rápido y elaboran perfiles muy rápido. En la vida real no es así.
¿Qué riesgos existen detrás de una profesión que muchos conocen solo por las series?
—Siempre corremos riesgos. Sí, sí. Creo que siempre. Te digo, no sé cómo sea aquí en Guatemala, pero en México los grupos criminales son muy fuertes. Muy fuertes. Y los tenemos en todas partes: en cada ciudad, en cada estado, en todas partes. Así que sí, creo que de repente te ponen en riesgo. ¿Qué cadáver estás recogiendo? ¿En qué escena estás trabajando? Como abogada, ¿a quién defiendes? ¿En qué penitenciaría estás? Es decir, creo que, en cualquier momento, todo puede ponerte en riesgo, sin duda.
¿Hubo algún momento en que entendió que un caso podía ponerla en peligro?
—Sí, por supuesto. No es que yo hubiera buscado trabajar en ese asunto por mi cuenta; me invitaron a hacerlo. Fue hasta que estuve sentada allí cuando comprendí realmente de qué se trataba y me di cuenta de que me habían puesto en riesgo. Entonces dije: «No, esto no está bien». Y creo que no hay nada más hermoso en la vida que dormir en paz. No hay nada más hermoso que eso. Así que terminé de trabajar en el asunto, pero después le dije a mi colega: «Te pido un favor: de todos los asuntos que puedas tener, no me invites a este tipo de asuntos, porque no me siento cómoda trabajando en ellos y no me siento segura».
Después de todo lo que ha construido, ¿qué le falta por conquistar en su vida?
—Mi doctorado. Yo voy a dejar de estudiar el día que me digan: «Doctora Rojas». Ese día me podré sentar y decir: «¡Lo logré!». Pero mientras tanto, sigo en el camino. Soy una persona altruista. Ayudo a los animales y a las personas de la tercera edad. Siempre soy muy feliz. Mi aspiración más grande es mantener bien a mi familia, porque la familia es la fuerza de uno. Mantener bien a la familia es siempre mi bienestar.
¿Qué mensaje quiere dejar a los jóvenes que la escucharán en el Congreso?
—Espero que los muchachos se lleven un muy buen sabor de boca y que sepan que vengo a mostrarles un poco de lo que hago. Siempre les digo que se enamoren de lo que hacen. Creo que una persona hace su trabajo con amor cuando ama lo que hace. Puedo decirte que amo lo que hago, y lo amo con locura, con locura. Me encanta estar sentada en la acera, me encanta dar entrevistas, me encantan mis conferencias, dar clases; quiero decir, amo lo que hago. Y creo que vengo con la intención de contagiarles a ellos también para que se enamoren de lo que hacen, para que nunca sientan que es una obligación hacer su trabajo. Al contrario, lo hacemos con placer y lo hacemos con amor.
Jessica Rojas: el miedo no está en los muertos, sino en los vivos
Con 1.7 millones de seguidores en TikTok, Jessica Rojas llegó a Guatemala y conversó con República sobre criminalística, redes sociales y su vida.
Hace casi un año, Jessica Rojas aceptó hablar sobre necropsias en un podcast, sin imaginar que aquella conversación abriría una inesperada puerta hacia la popularidad en redes sociales. Al momento, el video ya supera los 13 millones de vistas. Después llegaron más podcasts, entrevistas y una audiencia que quería seguir escuchándola hablar sobre criminalística.
Hoy suma 1.7 millones de seguidores en TikTok, pero detrás del fenómeno digital hay una profesional que lleva años estudiando y trabajando alrededor del Derecho y la criminalística. Rojas estudió ambas carreras simultáneamente, luego Pedagogía y actualmente cursa una segunda maestría. Además, está por comenzar un doctorado, como parte de una formación que parece no tener pausa.
Hace unos días llegó a Guatemala para participar en un Congreso sobre Criminalística y Ciencias Forenses. Minutos después de aterrizar en el Aeropuerto Internacional La Aurora, aceptó conversar con República sobre su trayectoria, su profesión y la vida detrás de las cámaras.
¿Quién es Jessica Rojas cuando las cámaras se apagan y nadie la está mirando?
—Soy una persona seria, muy tranquila. Me gusta estar en mi hogar. Amo a mis animales; mi manada es mi fortaleza. También me gusta leer. Me gusta la tranquilidad, una tranquilidad que ya no tengo tan fácilmente. Desde que estamos en las redes sociales, he perdido esos momentos de privacidad. He perdido la tranquilidad. Por eso, cuando no estoy en esto, estoy en mi casa, en total tranquilidad.
¿Qué mascotas tiene en casa?
—Tengo perros, gatos, conejos, gallos, gallinas y tortugas.
¿Qué hace para desconectarse cuando está en casa?
—Cargar a mis animales, salir a caminar, incluso sentarme a ver la televisión, también me ayuda a relajarme. Hoy puedo decirte que rara vez veo la televisión. Pero cuando la veo, busco algo que no esté tan relacionado con mi trabajo. Me encanta, claro, CSI, Criminal Minds y todo eso, pero me fijo un poco más en cosas que no están tan relacionadas con mi trabajo. Porque ya vemos mucha violencia. Lidio con mucha muerte, violencia, gente llorando, etc. Así que, cuando veo la televisión, intento no ver esas cosas.
¿Cómo era Jessica de niña y qué soñaba hacer cuando fuera grande?
—Mi infancia fue perfecta. Creo que mis padres se encargaron de que mi infancia fuera como una burbuja de rosas, de verdad. De niña me lo pasé genial. Iba, venía, hacía, hacía. Me llevaban a conocer gente. Creo que siempre fue así... Mi sueño siempre fue ser abogada. Desde mi infancia. Lo recuerdo perfectamente. Cuando jugaba, jugaba sin ningún problema, pero yo era la abogada. Siempre soñé con ser abogada. Mi infancia fue padrísima.
¿Dónde vive actualmente y qué otros lugares han marcado su historia personal?
—Vivo en la Ciudad de México. He vivido allí toda mi vida. Viví en Estados Unidos durante unos 8 o 9 años, en Washington D.C., porque mi abuela vivía allí. Así que decidí cursar la High School allí. Estudié inglés y hablo portugués. Lo pasé fantástico allí. Pero también creo que el sueño americano tiene un límite. Y para mí, el sueño americano, no sé si es diferente, pero era distinto al que viven los indocumentados, porque yo tenía documentos. Mi sueño americano era, literalmente, hacer la High School, aprender inglés y nada más. Así que, para mí, cumplí mi sueño americano con lo que me propuse hacer. Bueno, hoy vivo en la ciudad. Trabajo en el Estado de México, pero vivo en la ciudad, en un lugar céntrico y muy tranquilo. Bien, como me gusta.
¿Cómo comenzó el camino que la llevó a estudiar Criminalística y Derecho?
—Mi primer empleo fue en un despacho. Recuerdo a un compañero llamado Porfirio; él me enseñó cómo trabajar la parte del Derecho. Cuando regresé de Estados Unidos, andaba trabajando de todo un poco. Mi mamá me dijo: «Siéntate», y me preguntó: «¿Qué vas a hacer?». Yo le dije: «Quiero ser abogada». Pero iba en mi coche y vi algo de criminalística. No tenía idea de qué era, así que me bajé y pregunté. Me dijeron que iba a aprender de Derecho, antropología, toxicología, crimi, odontología... Y yo dije: «¿De todo voy a aprender?». Entonces fui con mi mamá y le dije: «Ya encontré la carrera y la escuela». Cuando me preguntó qué iba a estudiar, le dije: «Crimi», y ella me alentó. Me encantó, pero al año le dije a mi mamá: «La carrera me gusta, pero quiero ser abogada». Entonces me alentó. Así que, en la mañana, estudiaba criminalística y, en la tarde, Derecho. Y terminé titulándome de las dos carreras. Luego estudié Pedagogía.
¿Qué hay detrás de esa facilidad para aprender que la ha acompañado toda su vida?
—Siempre fui una buena estudiante. Mi promedio, por ejemplo, en la Licenciatura de Criminalística, fue de 9.9. En Derecho, fue de 9.7. En Pedagogía, fue de 9.8. Siempre. ¿Pero sabes qué pasa? No soy ese tipo de estudiante que necesita estudiar y estudiar. No. Soy muy terca y aprendo rápido. Me dicen: “Te vamos a explicar la clase”. Ah, sí, ya le cogí el truco. Listo. Creo que siempre he tenido esa facilidad y siempre me ha gustado. Me gusta estudiar. Hoy, aunque ya tengo una maestría, estoy cursando una segunda maestría en juicios orales. Y en octubre, empiezo mi doctorado.
¿Cómo llegó a llevar la criminalística a los podcasts?
—Creo que a veces hay carreras que tienen su apogeo. No sé si eso pasa acá también. Pero allí, por ejemplo, antes no se hablaba de criminalística. Y de repente, esta carrera, ¡boom!, recibió mucha atención y la gente, todo el mundo, quiere estudiar crimi. Todos, yo, crimi, yo, crimi, yo, crimi. Entonces, cuando me metí en el tema de los podcasts, fue más bien para contarle a la gente en qué consiste nuestro trabajo, cómo se hace. Además, me han entrevistado en algunos podcasts que tratan sobre el miedo. Siempre les digo que creo que son como energías. Porque lidiamos con mucho, a veces mucha muerte. Son energías que permanecen.
¿Qué le dicen sus seguidores sobre su forma de explicar?
—Me di cuenta de que a la gente le gustaba el contenido. Pero, ¿sabes qué? Creo que es algo importante: a veces tiene más que ver con el carisma de la persona que con lo que está diciendo. Te puedo decir que en México, no sé cómo es esto de los podcasts en Guatemala, pero hay muchos, variados y diversos. Sin embargo, algo que mucha gente me ha comentado es mi forma de explicar. Me dicen: «Es que, como tú lo explicas, yo lo entiendo». Y creo que eso forma parte de mi personalidad. Es parte del carisma que tengo. Y, bueno, me ha funcionado.
¿Cómo cambió la vida familiar cuando empezó a ser reconocida prácticamente en todas partes?
—Sí, mucho. Bueno, mira, con mi esposa, con mi madre, con todos, es lo mismo. Intento vivir mi vida normal y corriente. Nunca he sido grosera y, si me piden una foto, por supuesto que me la tomo con mucho gusto. Creo que mi familia lo ha tomado como algo nuevo que nos ha pasado a todos, algo que sucedió y lo han aceptado bien. Mi madre está muy contenta, muy orgullosa de todo lo que estoy logrando y porque, además, creo que todavía me queda mucho por recorrer.
¿Cómo consigue dejar una escena de muerte en el trabajo y no llevársela a casa?
—Precisamente, no pensar en eso y no involucrarme demasiado. Por ejemplo, tengo que hacer un peritaje sobre un asesinato. Bien, trabajo en el peritaje del homicidio. No pregunto qué pasó en el juicio, qué sucedió, si lo atraparon o no. Creo que, a veces, involucrarse genera una mayor curiosidad, y no me gusta porque, al fin y al cabo, cuando uno quiere saber más, se involucra sentimentalmente. Y eso es algo que no permito. Cuando trabajo con cadáveres, nada. O sea, cuando tengo un cadáver en la plancha, lo máximo que puede pasar es que diga: «Pobrecito, qué pena, qué triste», trabajo en él y listo. No pienso en ello todo el día. No lo tengo en la cabeza, para nada. Estoy concentrada en ir a trabajar y no pienso en ello todo el día. Esto es algo que me ha ayudado a desconectar. Ha dicho que procura desconectarse y no involucrarse emocionalmente.
¿Hay casos que, aun así, la hayan impactado?
—Muchos. Los femicidios son asuntos muy feos. Los casos con niños son bien peculiares. Recuerdo el caso de una bebé de tres meses que fue violentada sexualmente y murió. Ese tipo de situaciones no me gustan, porque es ver la crueldad del ser humano en su máximo esplendor. No me gusta cuando es evidente que hubo maltrato y sufrimiento de por medio, pero ese caso se me quedó grabado para siempre.
¿Qué papel juega su fe cuando trabaja frente a la muerte y las energías?
—Soy católica. Pero, mira, no hago procedimientos. Lo máximo que hago es decirles, cuando los toco, que su energía trasmute bien, porque creo en esas energías. Así que nada más. Soy católica porque me crié en la religión católica. La escuela primaria a la que asistí era una escuela católica de monjas. Por lo tanto, sigo profesando la misma religión. No soy muy religiosa, pero sigo profesando lo mismo.
¿Qué tan diferente es la investigación criminal que vemos en las series de lo que ocurre en la vida real?
—Lo que se ve en las series, a primera vista, es muy diferente, sobre todo porque son producciones norteamericanas y en México tenemos una legislación distinta. Así que, a primera vista, puedo decir que es completamente diferente. Y algo que creo que tiene un gran impacto es que los jóvenes simplemente creen que la serie está ligada a la realidad, y no lo está. A veces, la crueldad... Si te contara todo lo que he visto, todas las cosas horribles que he visto, la crueldad humana es muy mala. He visto cosas tan horribles que digo: «No me importa». Cuando me dicen: «¿No tienes miedo de los muertos?», no, hombre. Mis muertos ya están muertos y aquí están. Lo que de verdad me asusta es la gente viva. ¿Dónde está la persona que cometió este crimen? Porque se ven cosas muy feas. Pero no tiene nada que ver con las series norteamericanas.
¿Qué diferencias de las series suelen sorprender más a sus estudiantes?
—Un estudiante me dijo: «No, no, cuando vaya a ver una escena y me den mi arma de fuego...». Y yo le dije: «¿Quién dijo que tenemos un arma de fuego?». Bueno, desde ahí ya tenemos una línea divisoria, porque nosotros, los crimis, no usamos armas de fuego. Las usan los policías, pero los crimis no usamos armas de fuego. También pasa que en las series trabajan muy rápido y elaboran perfiles muy rápido. En la vida real no es así.
¿Qué riesgos existen detrás de una profesión que muchos conocen solo por las series?
—Siempre corremos riesgos. Sí, sí. Creo que siempre. Te digo, no sé cómo sea aquí en Guatemala, pero en México los grupos criminales son muy fuertes. Muy fuertes. Y los tenemos en todas partes: en cada ciudad, en cada estado, en todas partes. Así que sí, creo que de repente te ponen en riesgo. ¿Qué cadáver estás recogiendo? ¿En qué escena estás trabajando? Como abogada, ¿a quién defiendes? ¿En qué penitenciaría estás? Es decir, creo que, en cualquier momento, todo puede ponerte en riesgo, sin duda.
¿Hubo algún momento en que entendió que un caso podía ponerla en peligro?
—Sí, por supuesto. No es que yo hubiera buscado trabajar en ese asunto por mi cuenta; me invitaron a hacerlo. Fue hasta que estuve sentada allí cuando comprendí realmente de qué se trataba y me di cuenta de que me habían puesto en riesgo. Entonces dije: «No, esto no está bien». Y creo que no hay nada más hermoso en la vida que dormir en paz. No hay nada más hermoso que eso. Así que terminé de trabajar en el asunto, pero después le dije a mi colega: «Te pido un favor: de todos los asuntos que puedas tener, no me invites a este tipo de asuntos, porque no me siento cómoda trabajando en ellos y no me siento segura».
Después de todo lo que ha construido, ¿qué le falta por conquistar en su vida?
—Mi doctorado. Yo voy a dejar de estudiar el día que me digan: «Doctora Rojas». Ese día me podré sentar y decir: «¡Lo logré!». Pero mientras tanto, sigo en el camino. Soy una persona altruista. Ayudo a los animales y a las personas de la tercera edad. Siempre soy muy feliz. Mi aspiración más grande es mantener bien a mi familia, porque la familia es la fuerza de uno. Mantener bien a la familia es siempre mi bienestar.
¿Qué mensaje quiere dejar a los jóvenes que la escucharán en el Congreso?
—Espero que los muchachos se lleven un muy buen sabor de boca y que sepan que vengo a mostrarles un poco de lo que hago. Siempre les digo que se enamoren de lo que hacen. Creo que una persona hace su trabajo con amor cuando ama lo que hace. Puedo decirte que amo lo que hago, y lo amo con locura, con locura. Me encanta estar sentada en la acera, me encanta dar entrevistas, me encantan mis conferencias, dar clases; quiero decir, amo lo que hago. Y creo que vengo con la intención de contagiarles a ellos también para que se enamoren de lo que hacen, para que nunca sientan que es una obligación hacer su trabajo. Al contrario, lo hacemos con placer y lo hacemos con amor.