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Maris García: "No quería vivir, hasta que vi a mi hijo”

Sobrevivió a una tragedia que le arrebató a su esposo y al bebé que esperaba. Cinco años después, la fe y su hijo le dieron un nuevo rumbo.

Foto: Gary Alvarado / Republica
Ana González
06 de septiembre, 2026

Cinco años después del accidente de helicóptero en el que perdió a su esposo, a la pareja de amigos que viajaba con ellos y al bebé que esperaba, María Isabel García, Maris García, autora de Oasis de Fe, el vuelo que me cambió la vida, comparte cómo reconstruyó su vida tras una tragedia que parecía imposible de superar.

Tras someterse a más de 30 cirugías, encontró una razón para seguir adelante en su hijo, que tenía apenas un año cuando ocurrió el accidente y la esperaba en casa durante su recuperación. En esta entrevista relata cómo la fe, la escritura y el servicio a otros transformaron su dolor en propósito.

¿Han pasado cinco años desde el accidente; qué parte de la Maris de 2021 sigue viviendo en usted y qué parte cambió para siempre?

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—La Maris que sigue viviendo en mí es esa Maris creyente, con deseo de tener familia, con valorar cada momento, valorar la vida y a las personas que ama. Siempre he sido sencilla y me siguen gustando mucho los momentos pequeños.

Lo que cambió fue mi perspectiva de todo. Entendí que muchas preocupaciones no valen realmente la pena y que hay cosas que simplemente no podemos controlar.

Ahora procuro dar lo mejor de mí y luego soltar el resultado. Aprendí a vivir con más paz y menos necesidad de controlar cada aspecto de la vida.

¿Qué le enseñó esta experiencia sobre el tiempo y las oportunidades que muchas veces damos por seguras?

—Antes pensaba mucho en esperar el momento perfecto. Creía que algunas cosas podían hacerse después, cuando hubiera mejores condiciones o más tiempo.

Ahora entiendo que nadie tiene garantizado el mañana. No sé si voy a estar aquí el próximo año, ni si las personas que amo seguirán conmigo.

Por eso trato de aprovechar más el presente, compartir con mi familia y no dejar para después aquello que podemos vivir hoy.

El 1 de mayo de 2021, la vida de Maris cambió para siempre. El helicóptero en el que viajaba junto a su esposo y una pareja de amigos se precipitó. Ella fue la única sobreviviente.

¿Cómo cambió su forma de demostrar amor a las personas más importantes de su vida?

—Después del accidente empecé a valorar mucho más la importancia de expresar lo que sentimos. A veces damos por hecho que las personas saben cuánto las queremos.

Durante mucho tiempo lloré pensando si había sido suficiente lo que expresé a quienes ya no estaban. Esa pregunta me acompañó bastante.

Por eso ahora le digo constantemente a mi hijo cuánto lo amo y procuro que las personas cercanas a mí nunca tengan dudas de lo importantes que son.

¿En qué momento encontró una razón para seguir adelante cuando sentía que ya no quería vivir?

—Cuatro meses y medio después del accidente vi a mi hijo por primera vez. Hasta entonces yo no quería seguir viviendo. Me sentía completamente derrotada.

Pero al verlo pensé que ya había perdido a su papá y que tampoco podía perder a su mamá, aunque fuera una mamá viva pero sin ganas de vivir.

Ese momento me hizo entender que tenía que intentar salir adelante. No sabía cómo hacerlo, pero sabía que debía hacerlo por él.

¿Cómo fueron aquellos primeros meses enfrentando un dolor que sentía que nadie podía comprender?

—Yo le decía a mi mamá que nadie me entendía. Ninguna de mis amigas había perdido a un esposo ni había vivido algo parecido.

Sentía que cargaba dolor físico, emocional y psicológico al mismo tiempo. Me costaba encontrar personas con quienes pudiera identificarme.

Por eso empecé a buscar testimonios y experiencias de otras personas. Necesitaba saber que alguien más había logrado superar algo tan difícil.

¿De qué manera la escritura se convirtió en una herramienta para sanar durante esos años?

—Mi mamá fue quien me sugirió escribir. Ella también lo hacía para desahogarse y le ayudaba a ordenar todo lo que estaba viviendo.

Entonces comencé a escribir en Word desde el día que vi a mi hijo por primera vez. Escribía sobre lo que sentía, lo que pensaba y las cosas que me iban ocurriendo.

Con el tiempo descubrí que aquellos diarios se habían convertido en un registro honesto de mi duelo, mis preguntas y mi proceso de recuperación.

¿Cómo era su relación con Dios antes del accidente y qué ocurrió cuando todo cambió?

—Desde niña había rezado por la vida que soñaba tener. Quería casarme, formar una familia y tener hijos. Sentía que estaba viviendo precisamente aquello por lo que había orado.

Cuando ocurrió el accidente sentí que Dios me había fallado. Me preguntaba por qué no había evitado algo tan doloroso.

Me costó mucho entender cómo podía estar viviendo aquello después de años intentando hacer las cosas bien y confiando en Él.

¿Cuáles fueron las preguntas más difíciles que le hizo a Dios durante ese proceso?

—Le preguntaba constantemente dónde había estado cuando ocurrió todo. No entendía por qué no había evitado el accidente.

Escuchaba frases como "todo obra para bien" o "todo pasa por algo" y para mí no tenían sentido porque el dolor era demasiado grande.

Hubo mucho enojo, muchas dudas y mucha tristeza. Le hablé desde esa vulnerabilidad porque era lo único auténtico que podía ofrecerle.

¿Qué permitió que esa relación con Dios comenzara a reconstruirse poco a poco?

—Llegó un momento en que entendí que no quería alejarme de Él, aunque estuviera enojada. Le dije que estaba rota y llena de preguntas, pero que necesitaba ayuda.

Seguí asistiendo a misa, visitando al Santísimo, rezando y buscando espacios donde pudiera mantener viva mi fe.

Poco a poco empecé a experimentar situaciones que me hicieron sentir acompañado ese camino. La reconstrucción fue gradual, no inmediata.

Menciona una canción ¿Qué significado tuvo dentro de ese camino de sanación espiritual?

—La canción Way Maker me acompañó durante gran parte de mi recuperación. La escuchaba cuando lloraba, cuando estaba enojada y cuando intentaba recuperar la esperanza.

Habla de un Dios que abre caminos, cumple promesas y sigue trabajando aunque nosotros no podamos verlo.

Durante años repetí esas palabras una y otra vez. Con el tiempo sentí que muchas de ellas se habían hecho realidad en mi propia historia.

¿Cinco años después sigue preguntándose por qué ocurrió el accidente o encontró otra forma de entenderlo?

—Creo que uno nunca deja completamente de preguntarse por qué. Siempre hay situaciones dolorosas que nos hacen volver a esa pregunta.

Sin embargo, ya no vivo esperando encontrar todas las respuestas. Hay cosas que probablemente nunca comprenderé del todo.

Lo que sí he visto es que Dios puede transformar el dolor en propósito y convertir experiencias muy difíciles en oportunidades para ayudar a otros.

Maris aún sueña con volver a casarse y darle más hermanos a su hijo, a quien llama cariñosamente Yayito. También trabaja en un proyecto de incubadoras que ya está en marcha y con el que busca contribuir a salvar la vida de bebés.

¿Cómo nació la idea de convertir los diarios de usted y de su mamá en un libro?

—La idea comenzó cuando encontré los cuadernos que mi mamá había escrito durante el accidente. Ella incluso estaba pensando en desecharlos.

Cuando los leí entendí que allí había una historia muy valiosa. Estaban sus experiencias, sus pensamientos y todo lo que vivió durante aquel año.

Entonces también pensé en mis propios diarios y comprendí que juntos contaban la historia completa de nuestro proceso.

¿Por qué decidió compartir con los lectores páginas tan íntimas y personales de su vida?

—Porque entendí que las personas se conectan cuando alguien se muestra vulnerable. No quería contar una versión maquillada de lo ocurrido.

En esos escritos están mis dudas, mis enojos, mi fe, mis temores y mis momentos más difíciles. Todo quedó registrado tal como fue vivido.

Por eso decidimos publicar los diarios. Son una forma honesta de mostrar cómo una persona puede atravesar el dolor y encontrar esperanza.

¿Qué sucedió después de terminar el libro que la llevó a descubrir un nuevo propósito?

—Mientras preparaba la publicación sentía que todavía podía hacer algo más para ayudar a otras personas.

Un día encontré en Instagram una organización española que fabrica incubadoras neonatales de bajo costo para salvar bebés prematuros.

Sentí inmediatamente que quería involucrarme. Comencé a contactar personas, buscar apoyo y dar los primeros pasos para impulsar el proyecto.

¿Qué significado tiene para usted trabajar ahora en una iniciativa destinada a salvar la vida de bebés?

—Este proyecto tiene un significado muy especial. Perdí a mi bebé y siento que esta iniciativa le da un propósito a parte de ese dolor.

Además, siempre he tenido un amor muy grande por los bebés. Desde niña buscaba cualquier oportunidad para cuidarlos, cargarlos o compartir tiempo con ellos.

Por eso me emociona tanto. No solo representa esperanza para otras familias, sino la posibilidad de transformar una historia de pérdida en una oportunidad para salvar vidas

Maris García: "No quería vivir, hasta que vi a mi hijo”

Sobrevivió a una tragedia que le arrebató a su esposo y al bebé que esperaba. Cinco años después, la fe y su hijo le dieron un nuevo rumbo.

Foto: Gary Alvarado / Republica
Ana González
06 de septiembre, 2026

Cinco años después del accidente de helicóptero en el que perdió a su esposo, a la pareja de amigos que viajaba con ellos y al bebé que esperaba, María Isabel García, Maris García, autora de Oasis de Fe, el vuelo que me cambió la vida, comparte cómo reconstruyó su vida tras una tragedia que parecía imposible de superar.

Tras someterse a más de 30 cirugías, encontró una razón para seguir adelante en su hijo, que tenía apenas un año cuando ocurrió el accidente y la esperaba en casa durante su recuperación. En esta entrevista relata cómo la fe, la escritura y el servicio a otros transformaron su dolor en propósito.

¿Han pasado cinco años desde el accidente; qué parte de la Maris de 2021 sigue viviendo en usted y qué parte cambió para siempre?

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—La Maris que sigue viviendo en mí es esa Maris creyente, con deseo de tener familia, con valorar cada momento, valorar la vida y a las personas que ama. Siempre he sido sencilla y me siguen gustando mucho los momentos pequeños.

Lo que cambió fue mi perspectiva de todo. Entendí que muchas preocupaciones no valen realmente la pena y que hay cosas que simplemente no podemos controlar.

Ahora procuro dar lo mejor de mí y luego soltar el resultado. Aprendí a vivir con más paz y menos necesidad de controlar cada aspecto de la vida.

¿Qué le enseñó esta experiencia sobre el tiempo y las oportunidades que muchas veces damos por seguras?

—Antes pensaba mucho en esperar el momento perfecto. Creía que algunas cosas podían hacerse después, cuando hubiera mejores condiciones o más tiempo.

Ahora entiendo que nadie tiene garantizado el mañana. No sé si voy a estar aquí el próximo año, ni si las personas que amo seguirán conmigo.

Por eso trato de aprovechar más el presente, compartir con mi familia y no dejar para después aquello que podemos vivir hoy.

El 1 de mayo de 2021, la vida de Maris cambió para siempre. El helicóptero en el que viajaba junto a su esposo y una pareja de amigos se precipitó. Ella fue la única sobreviviente.

¿Cómo cambió su forma de demostrar amor a las personas más importantes de su vida?

—Después del accidente empecé a valorar mucho más la importancia de expresar lo que sentimos. A veces damos por hecho que las personas saben cuánto las queremos.

Durante mucho tiempo lloré pensando si había sido suficiente lo que expresé a quienes ya no estaban. Esa pregunta me acompañó bastante.

Por eso ahora le digo constantemente a mi hijo cuánto lo amo y procuro que las personas cercanas a mí nunca tengan dudas de lo importantes que son.

¿En qué momento encontró una razón para seguir adelante cuando sentía que ya no quería vivir?

—Cuatro meses y medio después del accidente vi a mi hijo por primera vez. Hasta entonces yo no quería seguir viviendo. Me sentía completamente derrotada.

Pero al verlo pensé que ya había perdido a su papá y que tampoco podía perder a su mamá, aunque fuera una mamá viva pero sin ganas de vivir.

Ese momento me hizo entender que tenía que intentar salir adelante. No sabía cómo hacerlo, pero sabía que debía hacerlo por él.

¿Cómo fueron aquellos primeros meses enfrentando un dolor que sentía que nadie podía comprender?

—Yo le decía a mi mamá que nadie me entendía. Ninguna de mis amigas había perdido a un esposo ni había vivido algo parecido.

Sentía que cargaba dolor físico, emocional y psicológico al mismo tiempo. Me costaba encontrar personas con quienes pudiera identificarme.

Por eso empecé a buscar testimonios y experiencias de otras personas. Necesitaba saber que alguien más había logrado superar algo tan difícil.

¿De qué manera la escritura se convirtió en una herramienta para sanar durante esos años?

—Mi mamá fue quien me sugirió escribir. Ella también lo hacía para desahogarse y le ayudaba a ordenar todo lo que estaba viviendo.

Entonces comencé a escribir en Word desde el día que vi a mi hijo por primera vez. Escribía sobre lo que sentía, lo que pensaba y las cosas que me iban ocurriendo.

Con el tiempo descubrí que aquellos diarios se habían convertido en un registro honesto de mi duelo, mis preguntas y mi proceso de recuperación.

¿Cómo era su relación con Dios antes del accidente y qué ocurrió cuando todo cambió?

—Desde niña había rezado por la vida que soñaba tener. Quería casarme, formar una familia y tener hijos. Sentía que estaba viviendo precisamente aquello por lo que había orado.

Cuando ocurrió el accidente sentí que Dios me había fallado. Me preguntaba por qué no había evitado algo tan doloroso.

Me costó mucho entender cómo podía estar viviendo aquello después de años intentando hacer las cosas bien y confiando en Él.

¿Cuáles fueron las preguntas más difíciles que le hizo a Dios durante ese proceso?

—Le preguntaba constantemente dónde había estado cuando ocurrió todo. No entendía por qué no había evitado el accidente.

Escuchaba frases como "todo obra para bien" o "todo pasa por algo" y para mí no tenían sentido porque el dolor era demasiado grande.

Hubo mucho enojo, muchas dudas y mucha tristeza. Le hablé desde esa vulnerabilidad porque era lo único auténtico que podía ofrecerle.

¿Qué permitió que esa relación con Dios comenzara a reconstruirse poco a poco?

—Llegó un momento en que entendí que no quería alejarme de Él, aunque estuviera enojada. Le dije que estaba rota y llena de preguntas, pero que necesitaba ayuda.

Seguí asistiendo a misa, visitando al Santísimo, rezando y buscando espacios donde pudiera mantener viva mi fe.

Poco a poco empecé a experimentar situaciones que me hicieron sentir acompañado ese camino. La reconstrucción fue gradual, no inmediata.

Menciona una canción ¿Qué significado tuvo dentro de ese camino de sanación espiritual?

—La canción Way Maker me acompañó durante gran parte de mi recuperación. La escuchaba cuando lloraba, cuando estaba enojada y cuando intentaba recuperar la esperanza.

Habla de un Dios que abre caminos, cumple promesas y sigue trabajando aunque nosotros no podamos verlo.

Durante años repetí esas palabras una y otra vez. Con el tiempo sentí que muchas de ellas se habían hecho realidad en mi propia historia.

¿Cinco años después sigue preguntándose por qué ocurrió el accidente o encontró otra forma de entenderlo?

—Creo que uno nunca deja completamente de preguntarse por qué. Siempre hay situaciones dolorosas que nos hacen volver a esa pregunta.

Sin embargo, ya no vivo esperando encontrar todas las respuestas. Hay cosas que probablemente nunca comprenderé del todo.

Lo que sí he visto es que Dios puede transformar el dolor en propósito y convertir experiencias muy difíciles en oportunidades para ayudar a otros.

Maris aún sueña con volver a casarse y darle más hermanos a su hijo, a quien llama cariñosamente Yayito. También trabaja en un proyecto de incubadoras que ya está en marcha y con el que busca contribuir a salvar la vida de bebés.

¿Cómo nació la idea de convertir los diarios de usted y de su mamá en un libro?

—La idea comenzó cuando encontré los cuadernos que mi mamá había escrito durante el accidente. Ella incluso estaba pensando en desecharlos.

Cuando los leí entendí que allí había una historia muy valiosa. Estaban sus experiencias, sus pensamientos y todo lo que vivió durante aquel año.

Entonces también pensé en mis propios diarios y comprendí que juntos contaban la historia completa de nuestro proceso.

¿Por qué decidió compartir con los lectores páginas tan íntimas y personales de su vida?

—Porque entendí que las personas se conectan cuando alguien se muestra vulnerable. No quería contar una versión maquillada de lo ocurrido.

En esos escritos están mis dudas, mis enojos, mi fe, mis temores y mis momentos más difíciles. Todo quedó registrado tal como fue vivido.

Por eso decidimos publicar los diarios. Son una forma honesta de mostrar cómo una persona puede atravesar el dolor y encontrar esperanza.

¿Qué sucedió después de terminar el libro que la llevó a descubrir un nuevo propósito?

—Mientras preparaba la publicación sentía que todavía podía hacer algo más para ayudar a otras personas.

Un día encontré en Instagram una organización española que fabrica incubadoras neonatales de bajo costo para salvar bebés prematuros.

Sentí inmediatamente que quería involucrarme. Comencé a contactar personas, buscar apoyo y dar los primeros pasos para impulsar el proyecto.

¿Qué significado tiene para usted trabajar ahora en una iniciativa destinada a salvar la vida de bebés?

—Este proyecto tiene un significado muy especial. Perdí a mi bebé y siento que esta iniciativa le da un propósito a parte de ese dolor.

Además, siempre he tenido un amor muy grande por los bebés. Desde niña buscaba cualquier oportunidad para cuidarlos, cargarlos o compartir tiempo con ellos.

Por eso me emociona tanto. No solo representa esperanza para otras familias, sino la posibilidad de transformar una historia de pérdida en una oportunidad para salvar vidas

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