Escuchar a Roy duele. Su relato no es solo una reconstrucción de hechos, es un testimonio atravesado por el dolor más profundo. Cada recuerdo lo dice con precisión, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si todo hubiera ocurrido ayer. Relata cómo su vida cambió por completo el 10 de febrero de 2025, cuando un accidente de bus le arrebató a su esposa y a sus tres hijos. Las horas previas están marcadas por decisiones que aún le duelen, especialmente el momento en que ella decide viajar de madrugada. Desde la angustia de no recibir respuesta hasta ver llegar los cuerpos, revive cada segundo con precisión. Escuchar su testimonio rompe el alma y lleva hasta las lágrimas.
Roy, ¿qué fue lo último que hablaron con su esposa ese domingo?
—El domingo platicamos… yo ya tenía todo listo, las mochilas, ya había ido a comprar la refacción, ya estaban todos los uniformes listos.
Era una conversación cotidiana. De rutina.
—Habíamos quedado que se venía al mediodía… yo le dije ‘no, en ese bus no te vengas‘
A Roy no le gustaban esos viajes de madrugada.
—Ese bus se hacía como 45 o 50 minutos… un bus normalmente se hacía hora y media… yo le decía: “No te vengas en ese bus porque se viene como alma que lleva al diablo".
Pero ya en la madrugada todo cambió.
—Ella me había mandado un WhatsApp donde decía que iba a salir de madrugada.
Ese mensaje alteró todo.
—Ahí fue donde yo me desperté pensando en que tenía que ir a recogerlos a la calle Martí.
¿Cuándo empezó la angustia?
—Eran como las 4:15 de la mañana y no me llamaba… empecé a llamar yo… pero no me contestaba.
El silencio fue el primer golpe.
—Sentí algo bien raro… una semana antes yo había entrado con una angustia bien fuerte… sentía que algo iba a pasar.
Intentó averiguar.
—Empecé a llamar a las primas y a las tías… y ellas averiguaron que se habían ido en ese bus temprano.
Lo que vino después fue inmediato.
—Me dijeron: “Según los del pueblo, dicen que se acaba de accidentar un bus y parece que ese es".
En ese momento, él lo sintió.
—Yo sí sentí que algo había pasado.
¿Qué hizo al enterarse?
—Llamé a mi hermano… eran como las 5 de la mañana… cuando vi las noticias, todavía era una primicia.
No tuvo dudas.
—Sentí algo en mi corazón que dije: ‘Sí, ese es el bus donde ellos iban’”.
Salieron de inmediato.
—Fuimos de los primeritos que estuvimos ahí… junto con los bomberos.
¿Qué encontró al llegar?
—Nos quedamos como a dos metros del salón que iban a utilizar como morgue… yo podía ver.
Y ahí empezó la parte más dura.
—Se miraban hasta abajo todos los cuerpos… así como extendidos.
Uno a uno comenzaron a entrar.
—Entró mi hijo grande primero… lo reconocí por los zapatos… yo le acababa de comprar los tenis.
Su hermano intentaba sostener la esperanza.
—Me dijo: “No, tené fe”... pero yo le dije: “Yo le compré esos zapatos”.
Luego, el segundo.
—A los 15 minutos entró mi hijo mediano… y le dije: "Yo le conozco los zapatos".
Después, la niña.
—A los 15 minutos entró la nena con sus tenis rosados con negro… yo la vi… cabal entró.
¿Qué pasó en su mente en ese momento?
—Sentí un minuto así como de entre pánico y dolor.
Y entonces lo dijo sin rodeos:
—Yo dije: si entra mi esposa ahorita, yo me mato.
No fue solo una idea.
—Vi el barranco con puras piedras… y dije ‘si entra mi esposa, solo corro y me tiro’… ya tenía pensado cómo.
Ese momento refleja el límite del dolor.
—Aquí nadie me agarra.
¿Qué ocurrió después?
—Sentí que alguien me abrazó por atrás… cuando volteé, era la pared.
Luego algo más.
—Sentí una brisa bien fresca… una paz tan fuerte.
Ese instante cambió todo.
—Se me quitó el dolor… las ganas de matarme… empecé a ver diferente todo.
Lo describe con claridad:
—Ya no pensé en morirme… ni en que ellos estaban muertos.
¿Cómo encontró a su esposa?
—Habían seis personas como XX… yo dije: "Mi esposa va en una de esas bolsas".
Pero no había claridad.
—Nadie quería dar esa información.
Insistió.
—Le dije al Señor: ‘Dame la oportunidad de saber quién es mi esposa’”.
Hasta que lo logró.
—Cuando yo abrí la bolsa… ella era.
¿Y sus hijos?
—Los tuve que reconocer cinco veces… cinco veces.
Recuerda con crudeza lo que vio.
—Nunca había visto que le enseñaran a uno así los cuerpos… Era impactante ver los golpes.
Aun así, afirma:
—Yo me acuerdo de todo… yo estaba siendo razonable.
Y agrega:
—No estaba ido… yo miraba todo.
¿Cómo logró soportar ese momento?
—Era un dolor… pero soportable.
Explica que algo cambió dentro de él.
—Las ganas de matarme se me quitaron.
Y lo resume:
—Ver todo eso… y aun así estar consciente… eso fue lo que viví.
¿Qué hizo después?
—Me encerré… estuve como seis horas orando.
Ahí buscó respuestas.
—Le dije: "¿Por qué a mí?"… y me dijo ‘¿por qué no?’”.
Esa respuesta lo marcó.
—Yo voy a aceptar tu voluntad… solo no me dejes, porque el dolor es fuerte.
¿Cómo es su vida ahora?
—Es una pelea todos los días.
Describe su rutina.
—Paso como dos horas luchando para poder despertar.
—Tengo las alabanzas puestas… tres teléfonos sonando… pero no quiero saber de nada.
Ese momento lo define así:
—Me entra como un tiempo de depresión… con el cual peleo todos los días.
También las noches.
—Tipo tres de la mañana logro dormir… a las seis o siete ya estoy despierto.
Y repite:
—Es una pelea conmigo mismo.
—Mi mente está en otro lado y mi cuerpo se quiere levantar… Paso peleando para poder reaccionar.
¿Qué pasa en su casa?
—Todo está igual… como que ahí vivieran.
No ha movido nada.
—La ropa de mi esposa está doblada en su lugar… el cuarto de mis hijos lo tengo bajo llave.
Y añade el impacto que viene.
—El 28 tengo que desocupar… y mover todo… eso sí me va a afectar.
—Es un golpe fuerte porque no he movido nada.
¿Qué es lo que más extraña?
—No tener ese momento… que mis hijos salieran corriendo.
Recuerda su rutina diaria.
—Se me tiraban como que nunca me hubieran visto.
—Mi esposa me esperaba con un café caliente.
Y lo resume con una frase que pesa:
—No tener ese momento… eso es lo que más me duele.
¿Extraña la palabra “papá”?
—Sí… la verdad que sí.
Dice con sencillez:
—“Extraño mucho a mis hijos”.
Y explica cómo lo vive:
—Cuando alguien dice ‘papá’… yo extraño mucho eso.
—A veces voy en el carro y digo… mis hijos eran de los que siempre me acompañaban.
—Aquí debería ir uno de ellos.
¿Qué ha pasado con la ayuda que le ofrecieron?
—Tengo una deuda pendiente con el gobierno… sigo peleando.
Explica claramente:
—Me hicieron llenar toda la papelería por los cuatro… y solo me dieron el dinero de uno.
—Yo firmé por los cuatro… el documento decía que era un beneficio por cada firma.
Pero no se cumplió.
—Se quedaron con el resto del dinero.
—Eso es lo que estoy peleando ahorita.
¿Qué le dijeron?
—Que es el gobierno… y que qué soy yo contra ellos.
¿Cómo sigue ahora?
—Yo ya no tengo nada que perder.
Y lo repite como una verdad.
—¿Qué puedo perder más de lo que he perdido?”.
Sigue adelante.
—Yo no dejo de predicar… no dejo de hablar.
—Sigo… aunque sea difícil.
El testimonio de Roy no se escucha de forma fría. Se siente. Se queda. Frases como “yo le compré esos zapatos”, “si entra mi esposa, yo me mato”, “es una pelea todos los días” o “no tener ese momento… eso es lo que más me duele” no son solo recuerdos: son dolor vivo. Deja claro que hay ausencias que no se superan… solo se enfrentan todos los días.
Escuchar a Roy duele. Su relato no es solo una reconstrucción de hechos, es un testimonio atravesado por el dolor más profundo. Cada recuerdo lo dice con precisión, como si el tiempo no hubiera pasado. Como si todo hubiera ocurrido ayer. Relata cómo su vida cambió por completo el 10 de febrero de 2025, cuando un accidente de bus le arrebató a su esposa y a sus tres hijos. Las horas previas están marcadas por decisiones que aún le duelen, especialmente el momento en que ella decide viajar de madrugada. Desde la angustia de no recibir respuesta hasta ver llegar los cuerpos, revive cada segundo con precisión. Escuchar su testimonio rompe el alma y lleva hasta las lágrimas.
Roy, ¿qué fue lo último que hablaron con su esposa ese domingo?
—El domingo platicamos… yo ya tenía todo listo, las mochilas, ya había ido a comprar la refacción, ya estaban todos los uniformes listos.
Era una conversación cotidiana. De rutina.
—Habíamos quedado que se venía al mediodía… yo le dije ‘no, en ese bus no te vengas‘
A Roy no le gustaban esos viajes de madrugada.
—Ese bus se hacía como 45 o 50 minutos… un bus normalmente se hacía hora y media… yo le decía: “No te vengas en ese bus porque se viene como alma que lleva al diablo".
Pero ya en la madrugada todo cambió.
—Ella me había mandado un WhatsApp donde decía que iba a salir de madrugada.
Ese mensaje alteró todo.
—Ahí fue donde yo me desperté pensando en que tenía que ir a recogerlos a la calle Martí.
¿Cuándo empezó la angustia?
—Eran como las 4:15 de la mañana y no me llamaba… empecé a llamar yo… pero no me contestaba.
El silencio fue el primer golpe.
—Sentí algo bien raro… una semana antes yo había entrado con una angustia bien fuerte… sentía que algo iba a pasar.
Intentó averiguar.
—Empecé a llamar a las primas y a las tías… y ellas averiguaron que se habían ido en ese bus temprano.
Lo que vino después fue inmediato.
—Me dijeron: “Según los del pueblo, dicen que se acaba de accidentar un bus y parece que ese es".
En ese momento, él lo sintió.
—Yo sí sentí que algo había pasado.
¿Qué hizo al enterarse?
—Llamé a mi hermano… eran como las 5 de la mañana… cuando vi las noticias, todavía era una primicia.
No tuvo dudas.
—Sentí algo en mi corazón que dije: ‘Sí, ese es el bus donde ellos iban’”.
Salieron de inmediato.
—Fuimos de los primeritos que estuvimos ahí… junto con los bomberos.
¿Qué encontró al llegar?
—Nos quedamos como a dos metros del salón que iban a utilizar como morgue… yo podía ver.
Y ahí empezó la parte más dura.
—Se miraban hasta abajo todos los cuerpos… así como extendidos.
Uno a uno comenzaron a entrar.
—Entró mi hijo grande primero… lo reconocí por los zapatos… yo le acababa de comprar los tenis.
Su hermano intentaba sostener la esperanza.
—Me dijo: “No, tené fe”... pero yo le dije: “Yo le compré esos zapatos”.
Luego, el segundo.
—A los 15 minutos entró mi hijo mediano… y le dije: "Yo le conozco los zapatos".
Después, la niña.
—A los 15 minutos entró la nena con sus tenis rosados con negro… yo la vi… cabal entró.
¿Qué pasó en su mente en ese momento?
—Sentí un minuto así como de entre pánico y dolor.
Y entonces lo dijo sin rodeos:
—Yo dije: si entra mi esposa ahorita, yo me mato.
No fue solo una idea.
—Vi el barranco con puras piedras… y dije ‘si entra mi esposa, solo corro y me tiro’… ya tenía pensado cómo.
Ese momento refleja el límite del dolor.
—Aquí nadie me agarra.
¿Qué ocurrió después?
—Sentí que alguien me abrazó por atrás… cuando volteé, era la pared.
Luego algo más.
—Sentí una brisa bien fresca… una paz tan fuerte.
Ese instante cambió todo.
—Se me quitó el dolor… las ganas de matarme… empecé a ver diferente todo.
Lo describe con claridad:
—Ya no pensé en morirme… ni en que ellos estaban muertos.
¿Cómo encontró a su esposa?
—Habían seis personas como XX… yo dije: "Mi esposa va en una de esas bolsas".
Pero no había claridad.
—Nadie quería dar esa información.
Insistió.
—Le dije al Señor: ‘Dame la oportunidad de saber quién es mi esposa’”.
Hasta que lo logró.
—Cuando yo abrí la bolsa… ella era.
¿Y sus hijos?
—Los tuve que reconocer cinco veces… cinco veces.
Recuerda con crudeza lo que vio.
—Nunca había visto que le enseñaran a uno así los cuerpos… Era impactante ver los golpes.
Aun así, afirma:
—Yo me acuerdo de todo… yo estaba siendo razonable.
Y agrega:
—No estaba ido… yo miraba todo.
¿Cómo logró soportar ese momento?
—Era un dolor… pero soportable.
Explica que algo cambió dentro de él.
—Las ganas de matarme se me quitaron.
Y lo resume:
—Ver todo eso… y aun así estar consciente… eso fue lo que viví.
¿Qué hizo después?
—Me encerré… estuve como seis horas orando.
Ahí buscó respuestas.
—Le dije: "¿Por qué a mí?"… y me dijo ‘¿por qué no?’”.
Esa respuesta lo marcó.
—Yo voy a aceptar tu voluntad… solo no me dejes, porque el dolor es fuerte.
¿Cómo es su vida ahora?
—Es una pelea todos los días.
Describe su rutina.
—Paso como dos horas luchando para poder despertar.
—Tengo las alabanzas puestas… tres teléfonos sonando… pero no quiero saber de nada.
Ese momento lo define así:
—Me entra como un tiempo de depresión… con el cual peleo todos los días.
También las noches.
—Tipo tres de la mañana logro dormir… a las seis o siete ya estoy despierto.
Y repite:
—Es una pelea conmigo mismo.
—Mi mente está en otro lado y mi cuerpo se quiere levantar… Paso peleando para poder reaccionar.
¿Qué pasa en su casa?
—Todo está igual… como que ahí vivieran.
No ha movido nada.
—La ropa de mi esposa está doblada en su lugar… el cuarto de mis hijos lo tengo bajo llave.
Y añade el impacto que viene.
—El 28 tengo que desocupar… y mover todo… eso sí me va a afectar.
—Es un golpe fuerte porque no he movido nada.
¿Qué es lo que más extraña?
—No tener ese momento… que mis hijos salieran corriendo.
Recuerda su rutina diaria.
—Se me tiraban como que nunca me hubieran visto.
—Mi esposa me esperaba con un café caliente.
Y lo resume con una frase que pesa:
—No tener ese momento… eso es lo que más me duele.
¿Extraña la palabra “papá”?
—Sí… la verdad que sí.
Dice con sencillez:
—“Extraño mucho a mis hijos”.
Y explica cómo lo vive:
—Cuando alguien dice ‘papá’… yo extraño mucho eso.
—A veces voy en el carro y digo… mis hijos eran de los que siempre me acompañaban.
—Aquí debería ir uno de ellos.
¿Qué ha pasado con la ayuda que le ofrecieron?
—Tengo una deuda pendiente con el gobierno… sigo peleando.
Explica claramente:
—Me hicieron llenar toda la papelería por los cuatro… y solo me dieron el dinero de uno.
—Yo firmé por los cuatro… el documento decía que era un beneficio por cada firma.
Pero no se cumplió.
—Se quedaron con el resto del dinero.
—Eso es lo que estoy peleando ahorita.
¿Qué le dijeron?
—Que es el gobierno… y que qué soy yo contra ellos.
¿Cómo sigue ahora?
—Yo ya no tengo nada que perder.
Y lo repite como una verdad.
—¿Qué puedo perder más de lo que he perdido?”.
Sigue adelante.
—Yo no dejo de predicar… no dejo de hablar.
—Sigo… aunque sea difícil.
El testimonio de Roy no se escucha de forma fría. Se siente. Se queda. Frases como “yo le compré esos zapatos”, “si entra mi esposa, yo me mato”, “es una pelea todos los días” o “no tener ese momento… eso es lo que más me duele” no son solo recuerdos: son dolor vivo. Deja claro que hay ausencias que no se superan… solo se enfrentan todos los días.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: