Embajadora de China comunista abusa de su asiento en PARLACEN y presiona a diputados para boicotear al canciller taiwanés
China ya no busca solo un asiento en el PARLACEN: pretende imponer obediencia y decidir con quién se relacionan legisladores de países soberanos.
El 21 de agosto de 2023, China entró al Parlamento Centroamericano como observador. Hoy se comporta como si fuera su dueña. La embajadora de la República Popular China en Costa Rica, Wang Xiaoyao, presionó a diputados centroamericanos para que le cerraran la puerta al canciller de Taiwán, Lin Chia-lung, durante su visita a Guatemala, a partir del 30 de septiembre.
República tuvo a la vista documentos que muestran el alcance de esa intromisión. La presión fue transversal: alcanzó desde la Junta Directiva hasta diputados del pleno, tanto de Guatemala como del resto de la región. El objetivo era claro: que nadie en el PARLACEN se reuniera con el ministro ni con ningún funcionario taiwanés.
La información llegó a República por medio de diputados molestos con lo que consideran un trato abusivo de China hacia un organismo regional y sus integrantes.
No es para menos: un observador no tiene voto ni voz para decidir la agenda del PARLACEN, y mucho menos para determinar con quién se reúnen sus diputados.
En esas comunicaciones, la representación china califica al canciller taiwanés de “cabecilla separatista” y describe su visita a Guatemala como una injerencia en los asuntos internos de China y una violación de su soberanía.
La paradoja es evidente: Pekín acusa a otros de injerencia mientras se entromete en las decisiones de los parlamentarios de toda la región y pretende que den la espalda a un aliado con el que Guatemala mantiene relaciones diplomáticas desde 1933.
Es decir, desde Costa Rica, una embajada extranjera intentó imponer su agenda a los representantes electos de Centroamérica, y lo hizo en territorio guatemalteco.
Un asiento que se convirtió en palanca
La intromisión no surge de la nada. En 2023, el PARLACEN retiró al Legislativo de Taiwán como observador permanente y le entregó ese espacio a la Asamblea Popular Nacional china. Lo que debía ser un lugar para escuchar y dialogar se convirtió, en apenas tres años, en una plataforma de presión.
En marzo de este año, Wang compareció ante el pleno para exponer las prioridades políticas y económicas de su gobierno. El 22 de septiembre volvió a participar en la plenaria, celebrada en Guatemala. Su propia representación informó que busca profundizar la relación con el organismo bajo el principio de “una sola China”. Siete días después llegaron las presiones.
La ofensiva también encuentra eco dentro del propio organismo. Fuentes del PARLACEN señalan que algunos diputados guatemaltecos mantienen una estrecha relación con la representación china y se han mostrado particularmente activos en el acercamiento con Pekín.
De observador a censor
China ya no se conforma con ocupar un asiento en el PARLACEN: pretende decidir con quién se sientan los demás. Lo que comenzó como una búsqueda de reconocimiento se ha convertido en una exigencia de obediencia a legisladores de países soberanos, incluido uno que mantiene relaciones plenas con Taipéi.
Lo ocurrido alrededor de la visita de Lin deja una advertencia para la región: si un observador se siente con derecho a disciplinar a los diputados centroamericanos, el problema ya no es solo diplomático. Es de soberanía.
La pregunta ahora es cuántos legisladores están dispuestos a acatar y cuántos a plantarse.
Embajadora de China comunista abusa de su asiento en PARLACEN y presiona a diputados para boicotear al canciller taiwanés
China ya no busca solo un asiento en el PARLACEN: pretende imponer obediencia y decidir con quién se relacionan legisladores de países soberanos.
El 21 de agosto de 2023, China entró al Parlamento Centroamericano como observador. Hoy se comporta como si fuera su dueña. La embajadora de la República Popular China en Costa Rica, Wang Xiaoyao, presionó a diputados centroamericanos para que le cerraran la puerta al canciller de Taiwán, Lin Chia-lung, durante su visita a Guatemala, a partir del 30 de septiembre.
República tuvo a la vista documentos que muestran el alcance de esa intromisión. La presión fue transversal: alcanzó desde la Junta Directiva hasta diputados del pleno, tanto de Guatemala como del resto de la región. El objetivo era claro: que nadie en el PARLACEN se reuniera con el ministro ni con ningún funcionario taiwanés.
La información llegó a República por medio de diputados molestos con lo que consideran un trato abusivo de China hacia un organismo regional y sus integrantes.
No es para menos: un observador no tiene voto ni voz para decidir la agenda del PARLACEN, y mucho menos para determinar con quién se reúnen sus diputados.
En esas comunicaciones, la representación china califica al canciller taiwanés de “cabecilla separatista” y describe su visita a Guatemala como una injerencia en los asuntos internos de China y una violación de su soberanía.
La paradoja es evidente: Pekín acusa a otros de injerencia mientras se entromete en las decisiones de los parlamentarios de toda la región y pretende que den la espalda a un aliado con el que Guatemala mantiene relaciones diplomáticas desde 1933.
Es decir, desde Costa Rica, una embajada extranjera intentó imponer su agenda a los representantes electos de Centroamérica, y lo hizo en territorio guatemalteco.
Un asiento que se convirtió en palanca
La intromisión no surge de la nada. En 2023, el PARLACEN retiró al Legislativo de Taiwán como observador permanente y le entregó ese espacio a la Asamblea Popular Nacional china. Lo que debía ser un lugar para escuchar y dialogar se convirtió, en apenas tres años, en una plataforma de presión.
En marzo de este año, Wang compareció ante el pleno para exponer las prioridades políticas y económicas de su gobierno. El 22 de septiembre volvió a participar en la plenaria, celebrada en Guatemala. Su propia representación informó que busca profundizar la relación con el organismo bajo el principio de “una sola China”. Siete días después llegaron las presiones.
La ofensiva también encuentra eco dentro del propio organismo. Fuentes del PARLACEN señalan que algunos diputados guatemaltecos mantienen una estrecha relación con la representación china y se han mostrado particularmente activos en el acercamiento con Pekín.
De observador a censor
China ya no se conforma con ocupar un asiento en el PARLACEN: pretende decidir con quién se sientan los demás. Lo que comenzó como una búsqueda de reconocimiento se ha convertido en una exigencia de obediencia a legisladores de países soberanos, incluido uno que mantiene relaciones plenas con Taipéi.
Lo ocurrido alrededor de la visita de Lin deja una advertencia para la región: si un observador se siente con derecho a disciplinar a los diputados centroamericanos, el problema ya no es solo diplomático. Es de soberanía.
La pregunta ahora es cuántos legisladores están dispuestos a acatar y cuántos a plantarse.