Una falla diaria pone a prueba la inversión regional
Hace diez años ocurría una interrupción cada dos días y afectaba a 9 mil usuarios. Ahora, cada incidente alcanza a unos 28 mil.
El interior del país está creciendo más rápido que su red eléctrica. Las fallas de transmisión son cada vez más frecuentes y empiezan a limitar proyectos industriales que podrían instalarse fuera de la capital, pero que requieren energía estable para operar.
Por qué importa. En la mayoría de los departamentos se registra en promedio una falla de transmisión diaria que afecta a 28 000 usuarios, según Paulo César Parra, gerente general de ENERGUATE. Hace diez años ocurría aproximadamente una cada dos días y alcanzaba a unos 9000. El principal problema es la transmisión.
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Desde 2019, y con mayor fuerza después de la pandemia, la demanda eléctrica creció rápidamente. A pesar de esto, en algunas zonas, la red no aumentó su capacidad a un ritmo similar.
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Además, hay departamentos donde la transmisión no cubre toda la demanda y debe complementarse con generación local, solución costosa para sostener el servicio.
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Pero la industria exige más. Una operación de mayor escala requiere mayor capacidad y estabilidad que un consumo convencional.
Punto de fricción. Guatemala tiene unos 5200 kilómetros de líneas de transmisión y alrededor de 217 subestaciones, según ENERGUATE, distribuidora que cubre todos los departamentos, excepto Guatemala, Escuintla y Sacatepéquez. Parra calcula que todavía hacen falta cerca de 1300 kilómetros para responder al crecimiento de la demanda.
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El capital para desarrollar infraestructura existe, sostiene la fuente. El problema está en la ejecución, pues los trámites pueden retrasar proyectos clave para dotar de electricidad a ciertas regiones.
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La capacidad tampoco es la misma en todo el país. Algunas zonas han incorporado infraestructura de subtransmisión, mientras otras tienen poco margen para conectar nuevas operaciones.
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No obstante, generar más energía no basta si no se puede transportar hacia quien la demanda. Sin transmisión, la oferta eléctrica no resuelve las limitaciones de zonas que buscan atraer actividades productivas.
El otro lado. Las empresas tecnológicas enfrentan el mismo problema. Gerardo Chacón, managing director de iUNGO, explica que la empresa ha buscado expandirse hacia el área rural, pero la falta de electricidad estable y conectividad limita hasta dónde puede llegar.
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Una región puede tener talento humano, pero, sin electricidad estable, llevar las operaciones de una empresa puede resultar complicado, explica Chacón.
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iUNGO encuentra ese problema al intentar avanzar hacia el interior. A pesar de contar con un bono demográfico joven, sin conexión pierde acceso a empresas, clientes y oportunidades de trabajo.
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Armando Salas Morfín, CEO de VAS Guatemala, señala que el no tener energía estable ni internet encarece las operaciones y resta competitividad.
Lo que sigue. La red de transmisión necesita crecer al ritmo de la actividad económica del interior. Parra plantea acelerar nuevos proyectos y los procesos necesarios para construirlos. Salas añade que carreteras, electricidad y conectividad deben planificarse de forma conjunta.
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Una nueva carretera puede atraer industria, vivienda o logística, pero esos proyectos también necesitan una red eléctrica capaz de atender el aumento del consumo.
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La capacidad eléctrica puede influir incluso en la ubicación de una nueva operación. Una empresa tendrá menos margen para instalarse en un territorio donde la red ya opera con limitaciones.
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Llevar más inversión fuera de la capital requerirá ampliar la transmisión en las zonas donde el consumo ya crece más rápido que la capacidad disponible.
Una falla diaria pone a prueba la inversión regional
Hace diez años ocurría una interrupción cada dos días y afectaba a 9 mil usuarios. Ahora, cada incidente alcanza a unos 28 mil.
El interior del país está creciendo más rápido que su red eléctrica. Las fallas de transmisión son cada vez más frecuentes y empiezan a limitar proyectos industriales que podrían instalarse fuera de la capital, pero que requieren energía estable para operar.
Por qué importa. En la mayoría de los departamentos se registra en promedio una falla de transmisión diaria que afecta a 28 000 usuarios, según Paulo César Parra, gerente general de ENERGUATE. Hace diez años ocurría aproximadamente una cada dos días y alcanzaba a unos 9000. El principal problema es la transmisión.
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Desde 2019, y con mayor fuerza después de la pandemia, la demanda eléctrica creció rápidamente. A pesar de esto, en algunas zonas, la red no aumentó su capacidad a un ritmo similar.
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Además, hay departamentos donde la transmisión no cubre toda la demanda y debe complementarse con generación local, solución costosa para sostener el servicio.
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Pero la industria exige más. Una operación de mayor escala requiere mayor capacidad y estabilidad que un consumo convencional.
Punto de fricción. Guatemala tiene unos 5200 kilómetros de líneas de transmisión y alrededor de 217 subestaciones, según ENERGUATE, distribuidora que cubre todos los departamentos, excepto Guatemala, Escuintla y Sacatepéquez. Parra calcula que todavía hacen falta cerca de 1300 kilómetros para responder al crecimiento de la demanda.
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El capital para desarrollar infraestructura existe, sostiene la fuente. El problema está en la ejecución, pues los trámites pueden retrasar proyectos clave para dotar de electricidad a ciertas regiones.
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La capacidad tampoco es la misma en todo el país. Algunas zonas han incorporado infraestructura de subtransmisión, mientras otras tienen poco margen para conectar nuevas operaciones.
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No obstante, generar más energía no basta si no se puede transportar hacia quien la demanda. Sin transmisión, la oferta eléctrica no resuelve las limitaciones de zonas que buscan atraer actividades productivas.
El otro lado. Las empresas tecnológicas enfrentan el mismo problema. Gerardo Chacón, managing director de iUNGO, explica que la empresa ha buscado expandirse hacia el área rural, pero la falta de electricidad estable y conectividad limita hasta dónde puede llegar.
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Una región puede tener talento humano, pero, sin electricidad estable, llevar las operaciones de una empresa puede resultar complicado, explica Chacón.
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iUNGO encuentra ese problema al intentar avanzar hacia el interior. A pesar de contar con un bono demográfico joven, sin conexión pierde acceso a empresas, clientes y oportunidades de trabajo.
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Armando Salas Morfín, CEO de VAS Guatemala, señala que el no tener energía estable ni internet encarece las operaciones y resta competitividad.
Lo que sigue. La red de transmisión necesita crecer al ritmo de la actividad económica del interior. Parra plantea acelerar nuevos proyectos y los procesos necesarios para construirlos. Salas añade que carreteras, electricidad y conectividad deben planificarse de forma conjunta.
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Una nueva carretera puede atraer industria, vivienda o logística, pero esos proyectos también necesitan una red eléctrica capaz de atender el aumento del consumo.
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La capacidad eléctrica puede influir incluso en la ubicación de una nueva operación. Una empresa tendrá menos margen para instalarse en un territorio donde la red ya opera con limitaciones.
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Llevar más inversión fuera de la capital requerirá ampliar la transmisión en las zonas donde el consumo ya crece más rápido que la capacidad disponible.