Guatemala demanda mejores obras, no parches
Reducir la pobreza exige algo más que crecimiento: requiere infraestructura capaz de atraer inversión y elevar la productividad.
Guatemala enfrenta un desafío que va más allá de construir más carreteras, puertos o aeropuertos.
Qué destacar. El verdadero reto consiste en utilizar la infraestructura como una herramienta para acelerar el crecimiento económico, elevar los ingresos de la población y reducir una pobreza que todavía afecta al 56 % de los guatemaltecos, según los resultados de la ENCOVI 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE). De ese total, un 16.2 % vive en pobreza extrema.
- Bajo esa premisa puede entenderse el planteamiento realizado por Lisardo Bolaños durante el evento Guatemala Sostenible & Resiliente.
- Su exposición partió de una idea central: Guatemala no puede conformarse con tasas de crecimiento que permitan mejoras graduales.
- El país necesita acelerar la productividad y la inversión para que el aumento de los ingresos ocurra dentro de una generación y no en varias décadas.
Sí, pero. La tesis tiene sustento en los indicadores económicos.
- Aunque Guatemala mantiene estabilidad macroeconómica y una de las economías más grandes de Centroamérica, el propio Banco Mundial advierte que persisten brechas estructurales relacionadas con empleo de calidad, productividad, infraestructura y capital humano, factores que limitan la movilidad económica de millones de personas.
- Desde esa perspectiva, el énfasis de Bolaños en duplicar la inversión resulta relevante. El país arrastra un rezago histórico en formación de capital e infraestructura.
- Distintos estudios señalan que Guatemala ha invertido menos que otras economías de la región en carreteras, puertos y logística, situación que ha reducido la competitividad y aumentado los costos de transporte.
En el radar. La lectura más importante de su intervención fue que el desarrollo ya no debe verse como una suma de proyectos aislados, sino como una red de conexiones.
- Por eso insistió en los corredores puerto-puerto y frontera-frontera. La lógica es sencilla: una economía exportadora necesita mover mercancías con rapidez desde los centros productivos hacia los puertos y mercados internacionales.
- Sin esa conectividad, incluso sectores con potencial terminan perdiendo competitividad. Otro aspecto relevante fue la discusión sobre sostenibilidad. Bolaños cuestionó el modelo tradicional de infraestructura que privilegia la reparación constante sobre la durabilidad.
- Su argumento fue que el país debe pasar a esquemas donde se pague por el desempeño de la infraestructura y no únicamente por su construcción. La apuesta es generar incentivos para que las carreteras, terminales y obras públicas se diseñen pensando en décadas y no en el próximo invierno.
Lo que sigue. Esa visión fue respaldada por los panelistas. Carla de la Cruz, de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), explicó que los nuevos proyectos de alianzas público-privadas incorporan criterios de resiliencia desde la etapa de diseño.
- La inclusión de certificaciones ambientales y estándares internacionales busca responder a una realidad ineludible: Guatemala figura entre los países más vulnerables a fenómenos climáticos extremos. Su planteamiento sugiere que la sostenibilidad ya no debe considerarse un valor agregado, sino una condición básica para invertir.
- Luis Pedro Batres, de IDC, aportó una visión empresarial. Su principal conclusión fue que la resiliencia reduce riesgos. Aunque una infraestructura mejor diseñada puede implicar mayores costos iniciales, los beneficios acumulados a largo plazo terminan siendo superiores. En otras palabras, la sostenibilidad deja de verse como un gasto adicional y pasa a convertirse en un mecanismo de protección de la inversión.
- Rosa María Gramajo, de AICSA, llevó la discusión hacia la planificación. Su intervención subrayó que los errores en estudios, diseño o ingeniería suelen multiplicar costos cuando las obras ya están en ejecución. El mensaje fue claro: la calidad de la infraestructura se define mucho antes de colocar la primera piedra.
En conclusión. Por su parte, Thibault Mercier, de AECOM, introdujo una visión internacional.
- Destacó tendencias como el uso de materiales de menor huella de carbono, tecnologías BIM y modelos colaborativos de diseño que permiten anticipar riesgos y corregir problemas antes de iniciar la construcción.
- Su planteamiento refuerza la idea de que la competitividad futura dependerá tanto de la innovación como de la inversión.
- En conjunto, las intervenciones convergieron en un punto. Guatemala necesita mejor infraestructura. La discusión ya no gira únicamente en torno a cuánto invertir, sino en cómo construir obras capaces de resistir el clima, reducir costos logísticos, atraer inversión y sostener el crecimiento económico durante las próximas décadas.
Guatemala demanda mejores obras, no parches
Reducir la pobreza exige algo más que crecimiento: requiere infraestructura capaz de atraer inversión y elevar la productividad.
Guatemala enfrenta un desafío que va más allá de construir más carreteras, puertos o aeropuertos.
Qué destacar. El verdadero reto consiste en utilizar la infraestructura como una herramienta para acelerar el crecimiento económico, elevar los ingresos de la población y reducir una pobreza que todavía afecta al 56 % de los guatemaltecos, según los resultados de la ENCOVI 2023 del Instituto Nacional de Estadística (INE). De ese total, un 16.2 % vive en pobreza extrema.
- Bajo esa premisa puede entenderse el planteamiento realizado por Lisardo Bolaños durante el evento Guatemala Sostenible & Resiliente.
- Su exposición partió de una idea central: Guatemala no puede conformarse con tasas de crecimiento que permitan mejoras graduales.
- El país necesita acelerar la productividad y la inversión para que el aumento de los ingresos ocurra dentro de una generación y no en varias décadas.
Sí, pero. La tesis tiene sustento en los indicadores económicos.
- Aunque Guatemala mantiene estabilidad macroeconómica y una de las economías más grandes de Centroamérica, el propio Banco Mundial advierte que persisten brechas estructurales relacionadas con empleo de calidad, productividad, infraestructura y capital humano, factores que limitan la movilidad económica de millones de personas.
- Desde esa perspectiva, el énfasis de Bolaños en duplicar la inversión resulta relevante. El país arrastra un rezago histórico en formación de capital e infraestructura.
- Distintos estudios señalan que Guatemala ha invertido menos que otras economías de la región en carreteras, puertos y logística, situación que ha reducido la competitividad y aumentado los costos de transporte.
En el radar. La lectura más importante de su intervención fue que el desarrollo ya no debe verse como una suma de proyectos aislados, sino como una red de conexiones.
- Por eso insistió en los corredores puerto-puerto y frontera-frontera. La lógica es sencilla: una economía exportadora necesita mover mercancías con rapidez desde los centros productivos hacia los puertos y mercados internacionales.
- Sin esa conectividad, incluso sectores con potencial terminan perdiendo competitividad. Otro aspecto relevante fue la discusión sobre sostenibilidad. Bolaños cuestionó el modelo tradicional de infraestructura que privilegia la reparación constante sobre la durabilidad.
- Su argumento fue que el país debe pasar a esquemas donde se pague por el desempeño de la infraestructura y no únicamente por su construcción. La apuesta es generar incentivos para que las carreteras, terminales y obras públicas se diseñen pensando en décadas y no en el próximo invierno.
Lo que sigue. Esa visión fue respaldada por los panelistas. Carla de la Cruz, de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), explicó que los nuevos proyectos de alianzas público-privadas incorporan criterios de resiliencia desde la etapa de diseño.
- La inclusión de certificaciones ambientales y estándares internacionales busca responder a una realidad ineludible: Guatemala figura entre los países más vulnerables a fenómenos climáticos extremos. Su planteamiento sugiere que la sostenibilidad ya no debe considerarse un valor agregado, sino una condición básica para invertir.
- Luis Pedro Batres, de IDC, aportó una visión empresarial. Su principal conclusión fue que la resiliencia reduce riesgos. Aunque una infraestructura mejor diseñada puede implicar mayores costos iniciales, los beneficios acumulados a largo plazo terminan siendo superiores. En otras palabras, la sostenibilidad deja de verse como un gasto adicional y pasa a convertirse en un mecanismo de protección de la inversión.
- Rosa María Gramajo, de AICSA, llevó la discusión hacia la planificación. Su intervención subrayó que los errores en estudios, diseño o ingeniería suelen multiplicar costos cuando las obras ya están en ejecución. El mensaje fue claro: la calidad de la infraestructura se define mucho antes de colocar la primera piedra.
En conclusión. Por su parte, Thibault Mercier, de AECOM, introdujo una visión internacional.
- Destacó tendencias como el uso de materiales de menor huella de carbono, tecnologías BIM y modelos colaborativos de diseño que permiten anticipar riesgos y corregir problemas antes de iniciar la construcción.
- Su planteamiento refuerza la idea de que la competitividad futura dependerá tanto de la innovación como de la inversión.
- En conjunto, las intervenciones convergieron en un punto. Guatemala necesita mejor infraestructura. La discusión ya no gira únicamente en torno a cuánto invertir, sino en cómo construir obras capaces de resistir el clima, reducir costos logísticos, atraer inversión y sostener el crecimiento económico durante las próximas décadas.