La banda presidencial llegó a Cali con De La Espriella
Abelardo De La Espriella juró como presidente de Colombia para el período 2026-2030.
Cali amaneció distinta este 7 de agosto.
No era solo el despliegue de seguridad, los cierres viales o los miles de uniformados apostados en los alrededores de la Universidad Santiago de Cali. Tampoco la llegada de mandatarios extranjeros, empresarios, congresistas y delegaciones diplomáticas. Lo que se respiraba en la capital vallecaucana era la sensación de estar presenciando una ruptura con la tradición política colombiana. Por primera vez en más de un siglo, la transmisión del mando presidencial no ocurría en Bogotá.
Desde tempranas horas, seguidores del presidente electo comenzaron a reunirse en las inmediaciones de la Arena USC. Muchos no tenían acceso al recinto, pero querían ser testigos del momento. Algunos agitaban banderas de Colombia; otros lucían camisetas con la imagen de quien durante la campaña fue conocido como “El Tigre”. Entre los asistentes predominaba una palabra: cambio.
A las tres de la tarde, en un escenario más acostumbrado a eventos académicos y espectáculos que a ceremonias de Estado, Abelardo De La Espriella juró como presidente de Colombia para el período 2026-2030. Frente al presidente del Congreso, Honorio Henríquez, asumió formalmente las riendas de un país profundamente polarizado y marcado por desafíos en seguridad, economía y salud.
La elección de Cali como sede no fue un detalle menor. Durante semanas, De La Espriella defendió la decisión como una demostración de que la descentralización dejaría de ser un discurso para convertirse en una política de gobierno. En mensajes divulgados en redes sociales había insistido en que Colombia debía mirar más allá de Bogotá y otorgar mayor protagonismo a las regiones.
La jornada estuvo cargada de simbolismos
Mientras en Cali se realizaba la investidura, en Bogotá terminaba oficialmente el mandato de Gustavo Petro. Las imágenes del ahora expresidente abandonando la Casa de Nariño marcaron el cierre de un capítulo político que transformó el debate nacional durante los últimos cuatro años y que deja tras de sí una oposición activa frente al nuevo gobierno.
Dentro del recinto, la presencia internacional reforzó la relevancia del acto. Entre los invitados estuvieron el rey Felipe VI de España, el presidente argentino Javier Milei, el mandatario chileno José Antonio Kast Rist, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y representantes de otros gobiernos y organismos internacionales.
El ambiente oscilaba entre la solemnidad institucional y el entusiasmo de los seguidores del nuevo mandatario. A lo largo de la ceremonia, las cámaras captaron gestos, saludos y mensajes que rápidamente dominaron las redes sociales. Uno de los más comentados fue la llegada de De La Espriella al evento, cuando afirmó que “Colombia se salvó”, una frase que sintetiza el tono de una campaña construida alrededor de la crítica frontal al gobierno saliente y de la promesa de un viraje en el rumbo nacional.
Minutos después de la posesión presidencial, José Manuel Restrepo prestó juramento como vicepresidente de la República, completando una fórmula de gobierno que promete impulsar cambios profundos en materia económica, institucional y de seguridad. El mensaje era claro: comienza una nueva etapa política en Colombia.
Afuera de la Arena USC, la ciudad vivía otra realidad. Más de 11.000 integrantes de la Fuerza Pública fueron desplegados para garantizar la seguridad de la ceremonia, mientras las autoridades aplicaron restricciones especiales, entre ellas limitaciones al porte de armas, controles de movilidad y prohibición del uso de drones civiles.
La decisión de trasladar la posesión presidencial a Cali también estuvo acompañada de un mensaje político. Durante la campaña, De La Espriella había señalado que quería visibilizar territorios golpeados por la violencia, el narcotráfico y el conflicto armado. Aunque inicialmente propuso realizar la ceremonia en una instalación militar del suroccidente colombiano, finalmente optó por la capital vallecaucana, una ciudad que simboliza buena parte de los desafíos y contradicciones del país.
Cuando terminó la ceremonia, el foco dejó de estar en la investidura y pasó a las expectativas. El nuevo presidente llega respaldado por cerca de 13 millones de votos y con promesas ambiciosas en materia de seguridad, recuperación económica y reforma del Estado. Pero también recibe un país con presiones fiscales, cuestionamientos al sistema de salud y regiones donde persisten estructuras criminales y conflictos armados.
Al caer la tarde, Cali comenzaba a recuperar lentamente su ritmo habitual. Los invitados abandonaban el recinto y las caravanas oficiales se dispersaban por la ciudad. Sin embargo, algo había cambiado.
Por unas horas, la capital del Valle del Cauca se convirtió en el corazón político de Colombia y en el escenario donde una tradición centenaria fue reemplazada por una imagen inédita: la de un presidente jurando su cargo lejos de Bogotá, en medio de una apuesta por mostrar que el poder también puede hablar desde las regiones.
Con el juramento ya realizado y la banda presidencial sobre su pecho, Abelardo De La Espriella dejó de ser presidente electo. Desde este 7 de agosto, y bajo la mirada expectante de aliados y detractores, comenzó oficialmente la tarea de gobernar Colombia.
La banda presidencial llegó a Cali con De La Espriella
Abelardo De La Espriella juró como presidente de Colombia para el período 2026-2030.
Cali amaneció distinta este 7 de agosto.
No era solo el despliegue de seguridad, los cierres viales o los miles de uniformados apostados en los alrededores de la Universidad Santiago de Cali. Tampoco la llegada de mandatarios extranjeros, empresarios, congresistas y delegaciones diplomáticas. Lo que se respiraba en la capital vallecaucana era la sensación de estar presenciando una ruptura con la tradición política colombiana. Por primera vez en más de un siglo, la transmisión del mando presidencial no ocurría en Bogotá.
Desde tempranas horas, seguidores del presidente electo comenzaron a reunirse en las inmediaciones de la Arena USC. Muchos no tenían acceso al recinto, pero querían ser testigos del momento. Algunos agitaban banderas de Colombia; otros lucían camisetas con la imagen de quien durante la campaña fue conocido como “El Tigre”. Entre los asistentes predominaba una palabra: cambio.
A las tres de la tarde, en un escenario más acostumbrado a eventos académicos y espectáculos que a ceremonias de Estado, Abelardo De La Espriella juró como presidente de Colombia para el período 2026-2030. Frente al presidente del Congreso, Honorio Henríquez, asumió formalmente las riendas de un país profundamente polarizado y marcado por desafíos en seguridad, economía y salud.
La elección de Cali como sede no fue un detalle menor. Durante semanas, De La Espriella defendió la decisión como una demostración de que la descentralización dejaría de ser un discurso para convertirse en una política de gobierno. En mensajes divulgados en redes sociales había insistido en que Colombia debía mirar más allá de Bogotá y otorgar mayor protagonismo a las regiones.
La jornada estuvo cargada de simbolismos
Mientras en Cali se realizaba la investidura, en Bogotá terminaba oficialmente el mandato de Gustavo Petro. Las imágenes del ahora expresidente abandonando la Casa de Nariño marcaron el cierre de un capítulo político que transformó el debate nacional durante los últimos cuatro años y que deja tras de sí una oposición activa frente al nuevo gobierno.
Dentro del recinto, la presencia internacional reforzó la relevancia del acto. Entre los invitados estuvieron el rey Felipe VI de España, el presidente argentino Javier Milei, el mandatario chileno José Antonio Kast Rist, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y representantes de otros gobiernos y organismos internacionales.
El ambiente oscilaba entre la solemnidad institucional y el entusiasmo de los seguidores del nuevo mandatario. A lo largo de la ceremonia, las cámaras captaron gestos, saludos y mensajes que rápidamente dominaron las redes sociales. Uno de los más comentados fue la llegada de De La Espriella al evento, cuando afirmó que “Colombia se salvó”, una frase que sintetiza el tono de una campaña construida alrededor de la crítica frontal al gobierno saliente y de la promesa de un viraje en el rumbo nacional.
Minutos después de la posesión presidencial, José Manuel Restrepo prestó juramento como vicepresidente de la República, completando una fórmula de gobierno que promete impulsar cambios profundos en materia económica, institucional y de seguridad. El mensaje era claro: comienza una nueva etapa política en Colombia.
Afuera de la Arena USC, la ciudad vivía otra realidad. Más de 11.000 integrantes de la Fuerza Pública fueron desplegados para garantizar la seguridad de la ceremonia, mientras las autoridades aplicaron restricciones especiales, entre ellas limitaciones al porte de armas, controles de movilidad y prohibición del uso de drones civiles.
La decisión de trasladar la posesión presidencial a Cali también estuvo acompañada de un mensaje político. Durante la campaña, De La Espriella había señalado que quería visibilizar territorios golpeados por la violencia, el narcotráfico y el conflicto armado. Aunque inicialmente propuso realizar la ceremonia en una instalación militar del suroccidente colombiano, finalmente optó por la capital vallecaucana, una ciudad que simboliza buena parte de los desafíos y contradicciones del país.
Cuando terminó la ceremonia, el foco dejó de estar en la investidura y pasó a las expectativas. El nuevo presidente llega respaldado por cerca de 13 millones de votos y con promesas ambiciosas en materia de seguridad, recuperación económica y reforma del Estado. Pero también recibe un país con presiones fiscales, cuestionamientos al sistema de salud y regiones donde persisten estructuras criminales y conflictos armados.
Al caer la tarde, Cali comenzaba a recuperar lentamente su ritmo habitual. Los invitados abandonaban el recinto y las caravanas oficiales se dispersaban por la ciudad. Sin embargo, algo había cambiado.
Por unas horas, la capital del Valle del Cauca se convirtió en el corazón político de Colombia y en el escenario donde una tradición centenaria fue reemplazada por una imagen inédita: la de un presidente jurando su cargo lejos de Bogotá, en medio de una apuesta por mostrar que el poder también puede hablar desde las regiones.
Con el juramento ya realizado y la banda presidencial sobre su pecho, Abelardo De La Espriella dejó de ser presidente electo. Desde este 7 de agosto, y bajo la mirada expectante de aliados y detractores, comenzó oficialmente la tarea de gobernar Colombia.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: