Petro perdió el poder y la razón
Ese experimento izquierdista a Colombia le salió caro; ahora le toca reconstruir a Abelardo de la Espriella.
Gustavo Petro entregará el poder el viernes convencido de que no lo perdió. Su publicación del 2 de agosto lo dice sin matices: Iván Cepeda ganó; las elecciones fueron robadas desde el extranjero; 1665 puestos alterados, y casi 2M de votos cambiados, según él. La certeza va primero; las pruebas las prometió para más tarde, pero fue la misma verborrea ininteligible de siempre. Así ha gobernado cuatro años. Le queda como anillo al dedo la frase del excongresista estadounidense Earl Landgrebe: “No me confundas con los hechos, que ya tengo formada mi opinión”.
El de Petro no es un berrinche de última hora; en julio de 2025, con la campaña apenas insinuada, ya había escrito que desconfiaba de la transparencia de las elecciones de 2026. El fraude estaba redactado con un año de anticipación, a la espera del único resultado que lo activara. Cuando ese resultado llegó, no hubo demandas ante el Consejo Nacional Electoral ni pruebas ante la Fiscalía: hubo una rueda de prensa del “frente digital” y la declaración unilateral de un “gobierno ilegítimo”.
La misma lógica opera hacia adentro. Los señalamientos de corrupción no se refutan, se descalifican por su origen: “Me acusan de corrupto los corruptos”. Lo de Juliana Guerrero “no afectó a la administración”. De Angie Rodríguez “hablarán los abogados”, y así un largo etcétera.
Es la misma operación mental aplicada a dos objetos distintos. Una derrota electoral no es una derrota: es un robo. Una denuncia documentada no es una denuncia: es una agresión. En ambos casos, “su” veredicto está escrito antes que la evidencia, y en ambos casos el culpable es siempre otro. La típica actitud de la izquierda latinoamericana: victimismo puro y duro.
Ese experimento izquierdista a Colombia le salió caro; ahora le toca reconstruir a Abelardo de la Espriella. Veremos si los ardidos lo dejan. Veremos, también, si creen que “el tigre” es manso, y se equivocan.
Petro perdió el poder y la razón
Ese experimento izquierdista a Colombia le salió caro; ahora le toca reconstruir a Abelardo de la Espriella.
Gustavo Petro entregará el poder el viernes convencido de que no lo perdió. Su publicación del 2 de agosto lo dice sin matices: Iván Cepeda ganó; las elecciones fueron robadas desde el extranjero; 1665 puestos alterados, y casi 2M de votos cambiados, según él. La certeza va primero; las pruebas las prometió para más tarde, pero fue la misma verborrea ininteligible de siempre. Así ha gobernado cuatro años. Le queda como anillo al dedo la frase del excongresista estadounidense Earl Landgrebe: “No me confundas con los hechos, que ya tengo formada mi opinión”.
El de Petro no es un berrinche de última hora; en julio de 2025, con la campaña apenas insinuada, ya había escrito que desconfiaba de la transparencia de las elecciones de 2026. El fraude estaba redactado con un año de anticipación, a la espera del único resultado que lo activara. Cuando ese resultado llegó, no hubo demandas ante el Consejo Nacional Electoral ni pruebas ante la Fiscalía: hubo una rueda de prensa del “frente digital” y la declaración unilateral de un “gobierno ilegítimo”.
La misma lógica opera hacia adentro. Los señalamientos de corrupción no se refutan, se descalifican por su origen: “Me acusan de corrupto los corruptos”. Lo de Juliana Guerrero “no afectó a la administración”. De Angie Rodríguez “hablarán los abogados”, y así un largo etcétera.
Es la misma operación mental aplicada a dos objetos distintos. Una derrota electoral no es una derrota: es un robo. Una denuncia documentada no es una denuncia: es una agresión. En ambos casos, “su” veredicto está escrito antes que la evidencia, y en ambos casos el culpable es siempre otro. La típica actitud de la izquierda latinoamericana: victimismo puro y duro.
Ese experimento izquierdista a Colombia le salió caro; ahora le toca reconstruir a Abelardo de la Espriella. Veremos si los ardidos lo dejan. Veremos, también, si creen que “el tigre” es manso, y se equivocan.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: