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Alejandro Girón Lainfiesta, el criminal confeso y propagandista digital de Roberto Arzú

Alejandro Girón Lainfiesta dirige “Chisme o Realidad”, una plataforma que ganó notoriedad mediante publicaciones polémicas y contenidos diseñados para manipular.

Alejandro Girón Lainfiesta (al fondo, a la izquierda) dirige la comunicación digital oscura del partido Cabal.
Luis Gonzalez
25 de agosto, 2026

Alejandro Girón Lainfiesta no ocupa una curul, no dirige un partido ni aparece en público; asegura, incluso, no tener aspiraciones políticas. Sin embargo, en los últimos meses se ha convertido en una presencia constante alrededor de uno de los partidos con más vínculos al crimen organizado: Cabal.  

Mientras Roberto Arzú García-Granados y Cabal ganan protagonismo público, Girón ha construido un papel quizás más determinante: el de operador de estructuras digitales capaces de amplificar mensajes, posicionar narrativas y desprestigiar a quienes consideran sus opositores. Los suyos son los perniciosos netcenter. 

Su nombre trascendió el mundo empresarial en 2023, cuando fue condenado —tras declararse confeso— por obstaculización a la acción penal en el llamado Caso Chantaje, un proceso centrado en la simulación de transacciones vinculadas al periodista José Rubén Zamora.  

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Girón Lainfiesta ha operado, también, un esquema de préstamos dinerarios —agiotismo— con dinero tanto legítimo como ilegítimo. 

La condena, de un año y seis meses de prisión, marcó un antes y un después en su trayectoria pública: un antecedente que inevitablemente acompaña cualquier análisis sobre su papel en la esfera política y mediática actual. 

Pero el verdadero peso de Girón no está en los tribunales, sino en el andamiaje digital que ayudó a construir durante los últimos años. A través de White Cloud Group impulsó proyectos como QPG, Yuca Media y Qué Talito, plataformas que se presentaron, en un inicio, como espacios de contenido, entrevistas y entretenimiento.  

Con el tiempo, dejaron de serlo. Esas iniciativas se transformaron en herramientas de extorsión y de ataque, con capacidad para generar audiencia, conectar con actores políticos y participar activamente en la conversación pública. Sus “servicios” se ofrecen por encargo y a cambio de una remuneración, un esquema que recuerda al extinto elPeladero, de Zamora. 

En una etapa inicial, Girón compartió proyectos con Alejandro Marín, quien fungió como entrevistador y rostro visible de algunas de estas plataformas. Ambos parecieron entender, desde temprano, que la influencia en redes sociales era redituable; ni el rigor periodístico ni los miramientos éticos parecían importarles demasiado. Marín confirmó a República que se desvinculó de su exsocio. 

Conforme esos espacios crecieron, también lo hizo su interacción con funcionarios, diputados, candidatos y dirigentes partidarios. La frontera entre comunicación digital, marketing político y construcción de influencia comenzó a desdibujarse. Del negocio digital pasaron a la venta al mejor postor: sicarios digitales. 

Uno de los proyectos más controvertidos de ese ecosistema es “Chisme o Realidad”, una plataforma que ganó notoriedad a través de publicaciones polémicas y contenidos diseñados para manipular.  

Es precisamente ahí donde la figura de Girón empieza a acercarse cada vez más a los dirigentes de Cabal, en particular Luis Aguirre y Roberto Arzú García-Granados. Desde hace algunas semanas, las cuentas de “Chisme o Realidad” se dedican, casi en exclusiva, a atacar a los enemigos de los dirigentes de Cabal. 

Las fotografías, actividades públicas, reuniones y eventos en los que coinciden alimentan la percepción de una relación que va más allá de lo ocasional. Lo relevante no es solo la cercanía, sino el momento político en el que ocurre. 

Tanto Cabal como algunas de sus figuras más visibles han enfrentado controversias y cuestionamientos públicos que han elevado el escrutinio sobre sus actividades. En agosto de 2026, Arzú García-Granados volvió a ocupar titulares tras las denuncias formuladas por Rodrigo Arenas, presidente editor de República. 

Arzú rechazó los señalamientos, pero el Ministerio Público confirmó oficialmente la existencia de una denuncia y la apertura de una investigación. 

Aun así, el contexto reaviva las preguntas sobre los círculos políticos y comunicacionales que rodean a Cabal. Y es ahí donde Girón vuelve a aparecer como una figura relevante, no solo por su antecedente judicial ni por las plataformas digitales que ayudó a levantar, sino por su cercanía con dirigentes que enfrentan un escrutinio público cada vez mayor. 

Consultado sobre estos vínculos y la operación de netcenter, Girón aseguró desconocer los señalamientos y dijo mantener acuerdos de confidencialidad con sus clientes, razón por la que no puede referirse a determinadas relaciones. La respuesta, sin embargo, deja abiertas preguntas legítimas sobre transparencia, financiamiento y comunicación política de un partido vinculado a estructuras del crimen organizado. 

La historia de Alejandro Girón Lainfiesta no es solo la historia de un hombre. Es la estrategia que Luis Aguirre compró para llevar a Roberto Arzú García-Granados al cargo público más alto del país, sin que importe el origen del dinero ni los medios utilizados. 

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Alejandro Girón Lainfiesta, el criminal confeso y propagandista digital de Roberto Arzú

Alejandro Girón Lainfiesta dirige “Chisme o Realidad”, una plataforma que ganó notoriedad mediante publicaciones polémicas y contenidos diseñados para manipular.

Alejandro Girón Lainfiesta (al fondo, a la izquierda) dirige la comunicación digital oscura del partido Cabal.
Luis Gonzalez
25 de agosto, 2026

Alejandro Girón Lainfiesta no ocupa una curul, no dirige un partido ni aparece en público; asegura, incluso, no tener aspiraciones políticas. Sin embargo, en los últimos meses se ha convertido en una presencia constante alrededor de uno de los partidos con más vínculos al crimen organizado: Cabal.  

Mientras Roberto Arzú García-Granados y Cabal ganan protagonismo público, Girón ha construido un papel quizás más determinante: el de operador de estructuras digitales capaces de amplificar mensajes, posicionar narrativas y desprestigiar a quienes consideran sus opositores. Los suyos son los perniciosos netcenter. 

Su nombre trascendió el mundo empresarial en 2023, cuando fue condenado —tras declararse confeso— por obstaculización a la acción penal en el llamado Caso Chantaje, un proceso centrado en la simulación de transacciones vinculadas al periodista José Rubén Zamora.  

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Girón Lainfiesta ha operado, también, un esquema de préstamos dinerarios —agiotismo— con dinero tanto legítimo como ilegítimo. 

La condena, de un año y seis meses de prisión, marcó un antes y un después en su trayectoria pública: un antecedente que inevitablemente acompaña cualquier análisis sobre su papel en la esfera política y mediática actual. 

Pero el verdadero peso de Girón no está en los tribunales, sino en el andamiaje digital que ayudó a construir durante los últimos años. A través de White Cloud Group impulsó proyectos como QPG, Yuca Media y Qué Talito, plataformas que se presentaron, en un inicio, como espacios de contenido, entrevistas y entretenimiento.  

Con el tiempo, dejaron de serlo. Esas iniciativas se transformaron en herramientas de extorsión y de ataque, con capacidad para generar audiencia, conectar con actores políticos y participar activamente en la conversación pública. Sus “servicios” se ofrecen por encargo y a cambio de una remuneración, un esquema que recuerda al extinto elPeladero, de Zamora. 

En una etapa inicial, Girón compartió proyectos con Alejandro Marín, quien fungió como entrevistador y rostro visible de algunas de estas plataformas. Ambos parecieron entender, desde temprano, que la influencia en redes sociales era redituable; ni el rigor periodístico ni los miramientos éticos parecían importarles demasiado. Marín confirmó a República que se desvinculó de su exsocio. 

Conforme esos espacios crecieron, también lo hizo su interacción con funcionarios, diputados, candidatos y dirigentes partidarios. La frontera entre comunicación digital, marketing político y construcción de influencia comenzó a desdibujarse. Del negocio digital pasaron a la venta al mejor postor: sicarios digitales. 

Uno de los proyectos más controvertidos de ese ecosistema es “Chisme o Realidad”, una plataforma que ganó notoriedad a través de publicaciones polémicas y contenidos diseñados para manipular.  

Es precisamente ahí donde la figura de Girón empieza a acercarse cada vez más a los dirigentes de Cabal, en particular Luis Aguirre y Roberto Arzú García-Granados. Desde hace algunas semanas, las cuentas de “Chisme o Realidad” se dedican, casi en exclusiva, a atacar a los enemigos de los dirigentes de Cabal. 

Las fotografías, actividades públicas, reuniones y eventos en los que coinciden alimentan la percepción de una relación que va más allá de lo ocasional. Lo relevante no es solo la cercanía, sino el momento político en el que ocurre. 

Tanto Cabal como algunas de sus figuras más visibles han enfrentado controversias y cuestionamientos públicos que han elevado el escrutinio sobre sus actividades. En agosto de 2026, Arzú García-Granados volvió a ocupar titulares tras las denuncias formuladas por Rodrigo Arenas, presidente editor de República. 

Arzú rechazó los señalamientos, pero el Ministerio Público confirmó oficialmente la existencia de una denuncia y la apertura de una investigación. 

Aun así, el contexto reaviva las preguntas sobre los círculos políticos y comunicacionales que rodean a Cabal. Y es ahí donde Girón vuelve a aparecer como una figura relevante, no solo por su antecedente judicial ni por las plataformas digitales que ayudó a levantar, sino por su cercanía con dirigentes que enfrentan un escrutinio público cada vez mayor. 

Consultado sobre estos vínculos y la operación de netcenter, Girón aseguró desconocer los señalamientos y dijo mantener acuerdos de confidencialidad con sus clientes, razón por la que no puede referirse a determinadas relaciones. La respuesta, sin embargo, deja abiertas preguntas legítimas sobre transparencia, financiamiento y comunicación política de un partido vinculado a estructuras del crimen organizado. 

La historia de Alejandro Girón Lainfiesta no es solo la historia de un hombre. Es la estrategia que Luis Aguirre compró para llevar a Roberto Arzú García-Granados al cargo público más alto del país, sin que importe el origen del dinero ni los medios utilizados. 

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