Bancarización: otra asignatura pendiente en Cuba
El 80% del salario cae en tarjeta y el país se pelea por billetes. Apagones, cajeros vacíos y remesas secuestradas
En Matanzas, Marcelo, 77 años, se levanta a las tres de la mañana para cobrar la chequera. Miedo a que se vaya la luz, a que el cajero se quede seco antes de su turno, a que lo asalten a la salida. “¿De qué me sirve que me hablen de transferencia y de modernidad si no tengo teléfono inteligente, los cajeros están vacíos y mis nietos tienen que pagarme hasta el pan?” Diario de Cuba no inventa el cuadro. Lo firma un jubilado. Esa es la bancarización cubana: una promesa de modernidad que convirtió el salario en un número en pantalla y el efectivo en mercancía negra.
Por qué importa. El régimen vendió el plan de 2023 como el salto al siglo XXI: menos efectivo, más Transfermóvil, más QR, más control. Lo que obtuvo es una economía partida. Juana Lilia Delgado Portal, presidenta del Banco Central, admitió en julio que más del 80% de salarios y pensiones cae en tarjeta y que millones salen corriendo a retirar.
- La circulación monetaria se multiplicó: de 59 493 millones de pesos en 2019 a 336.701 millones al cierre de 2024. Imprimieron billetes de 10 000 y 20 000. Un comerciante de La Habana lo resumió: “Tápate, que viene más inflación.” El peso no se digitalizó. Se hinchó.
Lo indispensable. El círculo es vicioso y es político. El minorista de Alamar acepta transferencia y se queda sin efectivo para pagarle al mayorista. El banco le pone techo al retiro. El vendedor del agro, el taxista y el de la esquina exigen billete —a veces con recargo— porque nadie confía en que Etecsa y la corriente aguanten el día. Adrián, en un mercadito habanero, lo dijo sin teoría: si hay apagón no vende un cartón de huevos; si acepta solo transferencia, no reponen.
- Las remesas completan el cepo. El familiar manda dólares; el destinatario cobra en mano el equivalente a USD 20 en CUP. El resto se queda atrapado en la tarjeta, mientras las tiendas en línea piden moneda dura. No es inclusión financiera. Es captura de divisas.
- Ahora el BCC anuncia la enésima transformación: bancos e instituciones de capital privado, nacional y extranjero; más autonomía; crédito; fintech; cripto regulada; casas de cambio —una ya en Santa Clara— y, desde el 17 de septiembre, cuentas en divisas para no estatales sin la licencia previa que ellos mismos exigían. Subieron de 120 000 a 2.5 millones el umbral mensual entre cuentas.
- Bajaron comisiones digitales. Eliminaron el tope de 5000 pesos en efectivo que habían inventado en 2023. Es decir: desandan a trompicones lo que impusieron. Cambiar la norma no cambia el incentivo. Mientras el Estado no garantice luz, cajero y un peso que compre, el cubano va a esconder el billete debajo del colchón.
Datos clave. Harvard acaba de decir que sin cambio político no hay salida económica. Este capítulo lo ilustra. Un sistema bancario moderno necesita propiedad, contratos y un banco central que no sea caja del Partido.
- Prometer fintech con apagones de doce horas es un comunicado, no una reforma. El efectivo escaso ya es un negocio: hay quien cobra por convertirte el saldo de la tarjeta en papel.
Ahora qué. La asignatura no es técnica. Es de régimen. Mientras GAESA y el Banco Central administren el corral, bancarizar será otra palabra para inmovilizar el dinero del que trabaja y del que recibe una remesa de Hialeah.
- El sur de Florida lo ve cada domingo: el giro sale de aquí y llega allá a cuentagotas. Si un día hay bancos de verdad en Cuba, serán con reglas, con dueños y con luz. Hasta entonces, Marcelo seguirá madrugando.
Bancarización: otra asignatura pendiente en Cuba
El 80% del salario cae en tarjeta y el país se pelea por billetes. Apagones, cajeros vacíos y remesas secuestradas
En Matanzas, Marcelo, 77 años, se levanta a las tres de la mañana para cobrar la chequera. Miedo a que se vaya la luz, a que el cajero se quede seco antes de su turno, a que lo asalten a la salida. “¿De qué me sirve que me hablen de transferencia y de modernidad si no tengo teléfono inteligente, los cajeros están vacíos y mis nietos tienen que pagarme hasta el pan?” Diario de Cuba no inventa el cuadro. Lo firma un jubilado. Esa es la bancarización cubana: una promesa de modernidad que convirtió el salario en un número en pantalla y el efectivo en mercancía negra.
Por qué importa. El régimen vendió el plan de 2023 como el salto al siglo XXI: menos efectivo, más Transfermóvil, más QR, más control. Lo que obtuvo es una economía partida. Juana Lilia Delgado Portal, presidenta del Banco Central, admitió en julio que más del 80% de salarios y pensiones cae en tarjeta y que millones salen corriendo a retirar.
- La circulación monetaria se multiplicó: de 59 493 millones de pesos en 2019 a 336.701 millones al cierre de 2024. Imprimieron billetes de 10 000 y 20 000. Un comerciante de La Habana lo resumió: “Tápate, que viene más inflación.” El peso no se digitalizó. Se hinchó.
Lo indispensable. El círculo es vicioso y es político. El minorista de Alamar acepta transferencia y se queda sin efectivo para pagarle al mayorista. El banco le pone techo al retiro. El vendedor del agro, el taxista y el de la esquina exigen billete —a veces con recargo— porque nadie confía en que Etecsa y la corriente aguanten el día. Adrián, en un mercadito habanero, lo dijo sin teoría: si hay apagón no vende un cartón de huevos; si acepta solo transferencia, no reponen.
- Las remesas completan el cepo. El familiar manda dólares; el destinatario cobra en mano el equivalente a USD 20 en CUP. El resto se queda atrapado en la tarjeta, mientras las tiendas en línea piden moneda dura. No es inclusión financiera. Es captura de divisas.
- Ahora el BCC anuncia la enésima transformación: bancos e instituciones de capital privado, nacional y extranjero; más autonomía; crédito; fintech; cripto regulada; casas de cambio —una ya en Santa Clara— y, desde el 17 de septiembre, cuentas en divisas para no estatales sin la licencia previa que ellos mismos exigían. Subieron de 120 000 a 2.5 millones el umbral mensual entre cuentas.
- Bajaron comisiones digitales. Eliminaron el tope de 5000 pesos en efectivo que habían inventado en 2023. Es decir: desandan a trompicones lo que impusieron. Cambiar la norma no cambia el incentivo. Mientras el Estado no garantice luz, cajero y un peso que compre, el cubano va a esconder el billete debajo del colchón.
Datos clave. Harvard acaba de decir que sin cambio político no hay salida económica. Este capítulo lo ilustra. Un sistema bancario moderno necesita propiedad, contratos y un banco central que no sea caja del Partido.
- Prometer fintech con apagones de doce horas es un comunicado, no una reforma. El efectivo escaso ya es un negocio: hay quien cobra por convertirte el saldo de la tarjeta en papel.
Ahora qué. La asignatura no es técnica. Es de régimen. Mientras GAESA y el Banco Central administren el corral, bancarizar será otra palabra para inmovilizar el dinero del que trabaja y del que recibe una remesa de Hialeah.
- El sur de Florida lo ve cada domingo: el giro sale de aquí y llega allá a cuentagotas. Si un día hay bancos de verdad en Cuba, serán con reglas, con dueños y con luz. Hasta entonces, Marcelo seguirá madrugando.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: