Harvard: sin cambio político Cuba no sale
Estudio atribuye caída del PIB de 11% y crisis azucarera a políticas del régimen, más que a sanciones; también señala restricciones políticas
Durante décadas el castrismo vendió un cuento cómodo: el problema es el bloqueo. Un grupo convocado por el Programa de Estudios de Cuba y el Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de Harvard acaba de firmar lo contrario. En el Informe del Grupo de Trabajo de Harvard sobre el Futuro de Cuba, publicado el 10 de septiembre, la frase central no admite traducción suave: no hay solución a las crisis de la isla sin cambios políticos inmediatos que restablezcan el Estado de derecho y den paso a un gobierno de transición percibido como legítimo. El embargo agrava. No explica la ruina.
Por qué importa. Los números son de expediente, no de mitin. Entre 2019 y 2024 el Producto Interno Bruto cayó un 11%. La producción agrícola se hundió un 58%. La manufactura, un 42%. La industria azucarera —el orgullo de manual escolar— está virtualmente desaparecida.
- Harvard atribuye esa bancarrota a décadas de ineficiencia y de inversión errada, tapadas mientras hubo subsidio soviético, venezolano o de quien pagara la luz. La administración de Miguel Díaz-Canel, dicen, no dio los pasos para impedir la crisis ni la manejó con un mínimo de decencia.
- Eso lo firman, entre otros, Tania Bruguera, Michael Bustamante, Omar Everleny, Juan Carlos Albizu-Campos, Manuel Cuesta Morúa y Jeffrey DeLaurentis. No es un panfleto de la calle Ocho. Es un documento de Harvard que llega a la misma esquina.
Lo indispensable. El orden que propone el grupo es político primero, economía después. Amnistía general e incondicional para presos políticos. Liberar a quien está preso por protestar, pensar o hablar, derechos que incluso la Constitución de 2019 dice reconocer. Derogar de inmediato los decretos 349, 370 y 35. Descriminalizar la protesta. Que cualquier cubano pueda salir y volver.
- Más adelante, una Asamblea Constituyente y una economía social de mercado con propiedad privada. El Estado, escriben, no puede seguir concentrando casi toda la actividad económica.
- Hay un punto en el que el informe y el exilio no van a coincidir del todo. Harvard quiere que las autoridades cubanas “tomen la iniciativa” y se conviertan en facilitadoras de la transición. Y sugiere que, si hay amnistía, Washington responda con alivio de sanciones al combustible, recursos para estabilizar y hasta revisar la Helms-Burton.
- Es la lógica del palo y la zanahoria. El problema es el interlocutor. La semana pasada el Miami Herald reconstruyó cómo emisarios de Trump pusieron sobre la mesa petróleo e inversión a cambio de que Díaz-Canel saliera y se tocara GAESA. La cúpula dijo que no. Quien no suelta el interruptor por un contrato energético tampoco va a firmar una amnistía para facilitar su propio funeral político.
Datos clave. El documento se presenta como vivo: seis meses de trabajo, consulta abierta, no un plan de gobierno. Coincide, en lo grueso, con lo que miden las protestas de julio, los apagones y la emigración de jóvenes. Diario de Cuba lo resume así: o transformación profunda o más costos económicos, sociales y demográficos. Preservar el modelo no da estabilidad. La profundiza.
Ahora qué. Para el sur de Florida el valor del papel no está en que Harvard descubra América. Está en que una universidad que el régimen no puede tildar de “mafia de Miami” certifica el fracaso interno.
- Sin presos libres, sin prensa, sin propiedad y sin urnas, el crudo que entre o las sanciones que se muevan serán oxígeno para la misma casta. El informe acierta en el diagnóstico. Se equivoca si cree que Díaz-Canel va a presidir su relevo. La lección de Venezuela y la del pacto energético tumbado es la misma: el tirano no facilita. Resiste. Hasta que el costo de resistir sea más alto que el de soltar.
Harvard: sin cambio político Cuba no sale
Estudio atribuye caída del PIB de 11% y crisis azucarera a políticas del régimen, más que a sanciones; también señala restricciones políticas
Durante décadas el castrismo vendió un cuento cómodo: el problema es el bloqueo. Un grupo convocado por el Programa de Estudios de Cuba y el Instituto de Investigaciones Afrolatinoamericanas de Harvard acaba de firmar lo contrario. En el Informe del Grupo de Trabajo de Harvard sobre el Futuro de Cuba, publicado el 10 de septiembre, la frase central no admite traducción suave: no hay solución a las crisis de la isla sin cambios políticos inmediatos que restablezcan el Estado de derecho y den paso a un gobierno de transición percibido como legítimo. El embargo agrava. No explica la ruina.
Por qué importa. Los números son de expediente, no de mitin. Entre 2019 y 2024 el Producto Interno Bruto cayó un 11%. La producción agrícola se hundió un 58%. La manufactura, un 42%. La industria azucarera —el orgullo de manual escolar— está virtualmente desaparecida.
- Harvard atribuye esa bancarrota a décadas de ineficiencia y de inversión errada, tapadas mientras hubo subsidio soviético, venezolano o de quien pagara la luz. La administración de Miguel Díaz-Canel, dicen, no dio los pasos para impedir la crisis ni la manejó con un mínimo de decencia.
- Eso lo firman, entre otros, Tania Bruguera, Michael Bustamante, Omar Everleny, Juan Carlos Albizu-Campos, Manuel Cuesta Morúa y Jeffrey DeLaurentis. No es un panfleto de la calle Ocho. Es un documento de Harvard que llega a la misma esquina.
Lo indispensable. El orden que propone el grupo es político primero, economía después. Amnistía general e incondicional para presos políticos. Liberar a quien está preso por protestar, pensar o hablar, derechos que incluso la Constitución de 2019 dice reconocer. Derogar de inmediato los decretos 349, 370 y 35. Descriminalizar la protesta. Que cualquier cubano pueda salir y volver.
- Más adelante, una Asamblea Constituyente y una economía social de mercado con propiedad privada. El Estado, escriben, no puede seguir concentrando casi toda la actividad económica.
- Hay un punto en el que el informe y el exilio no van a coincidir del todo. Harvard quiere que las autoridades cubanas “tomen la iniciativa” y se conviertan en facilitadoras de la transición. Y sugiere que, si hay amnistía, Washington responda con alivio de sanciones al combustible, recursos para estabilizar y hasta revisar la Helms-Burton.
- Es la lógica del palo y la zanahoria. El problema es el interlocutor. La semana pasada el Miami Herald reconstruyó cómo emisarios de Trump pusieron sobre la mesa petróleo e inversión a cambio de que Díaz-Canel saliera y se tocara GAESA. La cúpula dijo que no. Quien no suelta el interruptor por un contrato energético tampoco va a firmar una amnistía para facilitar su propio funeral político.
Datos clave. El documento se presenta como vivo: seis meses de trabajo, consulta abierta, no un plan de gobierno. Coincide, en lo grueso, con lo que miden las protestas de julio, los apagones y la emigración de jóvenes. Diario de Cuba lo resume así: o transformación profunda o más costos económicos, sociales y demográficos. Preservar el modelo no da estabilidad. La profundiza.
Ahora qué. Para el sur de Florida el valor del papel no está en que Harvard descubra América. Está en que una universidad que el régimen no puede tildar de “mafia de Miami” certifica el fracaso interno.
- Sin presos libres, sin prensa, sin propiedad y sin urnas, el crudo que entre o las sanciones que se muevan serán oxígeno para la misma casta. El informe acierta en el diagnóstico. Se equivoca si cree que Díaz-Canel va a presidir su relevo. La lección de Venezuela y la del pacto energético tumbado es la misma: el tirano no facilita. Resiste. Hasta que el costo de resistir sea más alto que el de soltar.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: