Cuba rechazó negociar y solo entiende la fuerza
El Herald revela un pacto energético secreto con el nieto de Raúl: Washington ofreció petróleo y reformas; la cúpula no soltó el poder ni a GAESA
El Miami Herald cuenta lo que La Habana no iba a contar. Este año hubo un canal discreto entre la administración de Trump y el círculo más íntimo del castrismo: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto del general, “El Cangrejo”. Encima de la mesa no había poesía. Había apagones. Washington exploró un acuerdo energético —petróleo estadounidense estable, inversión en una red que se cae a pedazos, incluso la privatización de CUPET, refinación y gasolineras que hoy controla el entramado de GAESA— a cambio de reformas económicas y de que Miguel Díaz-Canel dejara el poder. No era un abrazo. Era una vía para aliviar al pueblo y abrir una transición. La cúpula dijo que no.
Por qué importa. El egoísmo de esa negativa es el dato. Cuba no tiene luz porque el régimen priorizó hoteles, cuentas opacas y lealtad. Cuando EE. UU. pone crudo y capital sobre la mesa, la pregunta no es si el cubano come.
- Es si la familia y los generales sueltan el interruptor. Dudaron de depender de una empresa estadounidense. Se negaron a ceder el gobierno. Díaz-Canel adoptó el discurso de “resistencia”. El pueblo, el que estudia con lámpara recargable, no votó ese rechazo. Lo padece.
Lo indispensable. El contexto es Venezuela. El 3 de enero cayó Maduro y se cortó el petróleo regalado que sostenía la isla. Trump cerró después un megapacto con Delcy Rodríguez. En Miami cundió el recelo: no repetir un arreglo que deja intacta la estructura del régimen. Congresistas como Carlos Giménez, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar marcaron esa línea en marzo y abril.
- Es una tensión real del exilio: negociar el alivio sin regalar impunidad. Pero el Herald deja claro que el tapón principal no fue solo la calle 8. Fue La Habana. No querían perder GAESA ni el relato de que ellos mandan aunque el país se apague.
- Lo que siguió fue la otra cara de la doctrina. Sanciones a GAESA en mayo, imputación de Raúl Castro el 20 de ese mes por Hermanos al Rescate, sanciones a CUPET en junio y otra ronda esta misma semana. Quien no acepta una salida negociada en beneficio de la gente se encuentra con presión. Desgraciadamente, la historia reciente enseña que el tirano entiende poco el argumento humanitario. Entiende el golpe y la amenaza.
- Maduro no se sentó a ceder el poder por el bien de los venezolanos. Lo sacaron y lo procesan. Cuba mira ese espejo y aun así prefirió el apagón a soltar el mando.
Datos clave. En febrero Washington autorizó la venta de crudo estadounidense a privados en la isla. Hubo un encuentro citado en San Cristóbal y Nieves. Rusia siguió mandando tanques. Rubio ha sostenido la presión financiera sobre el conglomerado militar.
- El trato cubano era menor que el venezolano, pero la lógica era parecida: anclar energía y apartar a la isla de Moscú y Pekín. Sin cambio político, era un contrato con la misma casta. La casta eligió no firmar.
Ahora qué. Se intentó una vía. No por romanticismo con los Castro: por el cubano que hace cola. La élite la tumbó por egoísmo de poder. Queda entonces lo que los tiranos sí leen: aislamiento, acusaciones, asfixia de GAESA y la certeza de que el precedente venezolano no es un rumor.
- La fuerza no es un capricho de Miami. Es lo que queda cuando el régimen demuestra, una vez más, cuánto le importa el pueblo: nada, si el precio es perder el Palacio.
Cuba rechazó negociar y solo entiende la fuerza
El Herald revela un pacto energético secreto con el nieto de Raúl: Washington ofreció petróleo y reformas; la cúpula no soltó el poder ni a GAESA
El Miami Herald cuenta lo que La Habana no iba a contar. Este año hubo un canal discreto entre la administración de Trump y el círculo más íntimo del castrismo: Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el nieto del general, “El Cangrejo”. Encima de la mesa no había poesía. Había apagones. Washington exploró un acuerdo energético —petróleo estadounidense estable, inversión en una red que se cae a pedazos, incluso la privatización de CUPET, refinación y gasolineras que hoy controla el entramado de GAESA— a cambio de reformas económicas y de que Miguel Díaz-Canel dejara el poder. No era un abrazo. Era una vía para aliviar al pueblo y abrir una transición. La cúpula dijo que no.
Por qué importa. El egoísmo de esa negativa es el dato. Cuba no tiene luz porque el régimen priorizó hoteles, cuentas opacas y lealtad. Cuando EE. UU. pone crudo y capital sobre la mesa, la pregunta no es si el cubano come.
- Es si la familia y los generales sueltan el interruptor. Dudaron de depender de una empresa estadounidense. Se negaron a ceder el gobierno. Díaz-Canel adoptó el discurso de “resistencia”. El pueblo, el que estudia con lámpara recargable, no votó ese rechazo. Lo padece.
Lo indispensable. El contexto es Venezuela. El 3 de enero cayó Maduro y se cortó el petróleo regalado que sostenía la isla. Trump cerró después un megapacto con Delcy Rodríguez. En Miami cundió el recelo: no repetir un arreglo que deja intacta la estructura del régimen. Congresistas como Carlos Giménez, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar marcaron esa línea en marzo y abril.
- Es una tensión real del exilio: negociar el alivio sin regalar impunidad. Pero el Herald deja claro que el tapón principal no fue solo la calle 8. Fue La Habana. No querían perder GAESA ni el relato de que ellos mandan aunque el país se apague.
- Lo que siguió fue la otra cara de la doctrina. Sanciones a GAESA en mayo, imputación de Raúl Castro el 20 de ese mes por Hermanos al Rescate, sanciones a CUPET en junio y otra ronda esta misma semana. Quien no acepta una salida negociada en beneficio de la gente se encuentra con presión. Desgraciadamente, la historia reciente enseña que el tirano entiende poco el argumento humanitario. Entiende el golpe y la amenaza.
- Maduro no se sentó a ceder el poder por el bien de los venezolanos. Lo sacaron y lo procesan. Cuba mira ese espejo y aun así prefirió el apagón a soltar el mando.
Datos clave. En febrero Washington autorizó la venta de crudo estadounidense a privados en la isla. Hubo un encuentro citado en San Cristóbal y Nieves. Rusia siguió mandando tanques. Rubio ha sostenido la presión financiera sobre el conglomerado militar.
- El trato cubano era menor que el venezolano, pero la lógica era parecida: anclar energía y apartar a la isla de Moscú y Pekín. Sin cambio político, era un contrato con la misma casta. La casta eligió no firmar.
Ahora qué. Se intentó una vía. No por romanticismo con los Castro: por el cubano que hace cola. La élite la tumbó por egoísmo de poder. Queda entonces lo que los tiranos sí leen: aislamiento, acusaciones, asfixia de GAESA y la certeza de que el precedente venezolano no es un rumor.
- La fuerza no es un capricho de Miami. Es lo que queda cuando el régimen demuestra, una vez más, cuánto le importa el pueblo: nada, si el precio es perder el Palacio.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: