Densificar Guatemala: el camino que trazó Singapur
Densificar junto al transporte masivo permitiría crear ejes de desarrollo con vivienda, comercio, servicios, empleo y espacios públicos cercanos.
Singapur y Ciudad de Guatemala tienen algo en común. El suelo es limitado y necesitan aprovecharlo mejor. Pero tomaron caminos distintos. Singapur convirtió esa limitación en el punto de partida para transformar su ciudad. Guatemala todavía está a tiempo de hacerlo.
En los años sesenta, Singapur estaba lejos de la imagen que proyecta hoy. Tenía hacinamiento, asentamientos precarios y una grave escasez de vivienda. El Gobierno respondió con construcción masiva de vivienda pública. No levantó únicamente apartamentos. Construyó comunidades. Hoy, cerca del 80 % de sus residentes vive en viviendas desarrolladas por la Housing & Development Board.
El cambio tampoco ocurrió sin brújula. El Concept Plan de 1971 distribuyó nuevas ciudades residenciales, industria, transporte y espacios recreativos por la isla. Después llegaron nuevas centralidades para acercar los empleos a las viviendas y reducir la presión sobre el centro. Singapur entendió una regla sencilla: si se concentran habitantes, también hay que acercar trabajo, transporte y servicios.
Ciudad de Guatemala ya ha comenzado a caminar hacia la densificación. El Plan de Ordenamiento Territorial fue aprobado en 2008. La propia Municipalidad establece como objetivo un modelo de ciudad densa y compacta y ha desarrollado siete Distritos de Oportunidad para impulsar transformación urbana, inversión y sostenibilidad.
El problema está en cómo completar el modelo. Una ciudad no se vuelve más eficiente únicamente porque aparecen torres de apartamentos. Si cada edificio incorpora cientos de residentes, pero estos continúan dependiendo del automóvil, las calles reciben más presión. Si tampoco aumentan el agua, drenajes, banquetas, parques, transporte y servicios, la densificación puede trasladar los problemas del crecimiento horizontal hacia arriba.
Singapur hizo precisamente lo contrario. Vinculó desarrollo urbano y movilidad. Su extensa red ferroviaria mueve millones de pasajeros diariamente y se complementa con autobuses que llegan prácticamente a toda la isla. Caminar y utilizar bicicleta también forman parte de su política de movilidad.
Para Guatemala, el primer paso debería ser densificar donde existe o puede existir transporte masivo, no indiscriminadamente. Los grandes corredores de movilidad deberían convertirse en ejes de desarrollo. Alrededor de estaciones y rutas de alta capacidad podrían permitirse mayores alturas y usos mixtos. Vivienda arriba. Comercio y servicios abajo. Oficinas, colegios, mercados y áreas recreativas cerca.
El segundo paso sería crear nuevas centralidades. No todo debería obligar a viajar hacia zonas 1, 4, 9, 10 o 14. Los Distritos de Oportunidad pueden servir para acercar empleo y servicios a otras partes de la ciudad. Esa descentralización permitiría reducir viajes largos y aprovechar mejor la infraestructura existente. La planificación municipal ya plantea siete territorios para impulsar ese tipo de desarrollo.
El tercer paso consiste en recuperar espacio para las personas. Singapur demuestra que alta densidad no significa ausencia de naturaleza. Tras seis décadas de políticas de reverdecimiento, cuenta con una red de parques y corredores verdes que supera los 380 kilómetros de senderos conectados.
Guatemala podría hacer algo parecido a su escala. Más habitantes por hectárea, pero también más árboles, banquetas anchas, parques de barrio, ciclovías y espacios públicos. Cada aumento importante de densidad debería acompañarse de infraestructura.
La gran enseñanza de Singapur no está en sus rascacielos. Está debajo de ellos. Planificó primero la ciudad que necesitaba y después permitió la densidad necesaria para hacerla funcionar.
Ese debería ser también el rumbo de Ciudad de Guatemala: crecer hacia arriba, sí, pero sobre todo crecer mejor.
Foto de Joshua Tsu en Unsplash
Densificar Guatemala: el camino que trazó Singapur
Densificar junto al transporte masivo permitiría crear ejes de desarrollo con vivienda, comercio, servicios, empleo y espacios públicos cercanos.
Singapur y Ciudad de Guatemala tienen algo en común. El suelo es limitado y necesitan aprovecharlo mejor. Pero tomaron caminos distintos. Singapur convirtió esa limitación en el punto de partida para transformar su ciudad. Guatemala todavía está a tiempo de hacerlo.
En los años sesenta, Singapur estaba lejos de la imagen que proyecta hoy. Tenía hacinamiento, asentamientos precarios y una grave escasez de vivienda. El Gobierno respondió con construcción masiva de vivienda pública. No levantó únicamente apartamentos. Construyó comunidades. Hoy, cerca del 80 % de sus residentes vive en viviendas desarrolladas por la Housing & Development Board.
El cambio tampoco ocurrió sin brújula. El Concept Plan de 1971 distribuyó nuevas ciudades residenciales, industria, transporte y espacios recreativos por la isla. Después llegaron nuevas centralidades para acercar los empleos a las viviendas y reducir la presión sobre el centro. Singapur entendió una regla sencilla: si se concentran habitantes, también hay que acercar trabajo, transporte y servicios.
Ciudad de Guatemala ya ha comenzado a caminar hacia la densificación. El Plan de Ordenamiento Territorial fue aprobado en 2008. La propia Municipalidad establece como objetivo un modelo de ciudad densa y compacta y ha desarrollado siete Distritos de Oportunidad para impulsar transformación urbana, inversión y sostenibilidad.
El problema está en cómo completar el modelo. Una ciudad no se vuelve más eficiente únicamente porque aparecen torres de apartamentos. Si cada edificio incorpora cientos de residentes, pero estos continúan dependiendo del automóvil, las calles reciben más presión. Si tampoco aumentan el agua, drenajes, banquetas, parques, transporte y servicios, la densificación puede trasladar los problemas del crecimiento horizontal hacia arriba.
Singapur hizo precisamente lo contrario. Vinculó desarrollo urbano y movilidad. Su extensa red ferroviaria mueve millones de pasajeros diariamente y se complementa con autobuses que llegan prácticamente a toda la isla. Caminar y utilizar bicicleta también forman parte de su política de movilidad.
Para Guatemala, el primer paso debería ser densificar donde existe o puede existir transporte masivo, no indiscriminadamente. Los grandes corredores de movilidad deberían convertirse en ejes de desarrollo. Alrededor de estaciones y rutas de alta capacidad podrían permitirse mayores alturas y usos mixtos. Vivienda arriba. Comercio y servicios abajo. Oficinas, colegios, mercados y áreas recreativas cerca.
El segundo paso sería crear nuevas centralidades. No todo debería obligar a viajar hacia zonas 1, 4, 9, 10 o 14. Los Distritos de Oportunidad pueden servir para acercar empleo y servicios a otras partes de la ciudad. Esa descentralización permitiría reducir viajes largos y aprovechar mejor la infraestructura existente. La planificación municipal ya plantea siete territorios para impulsar ese tipo de desarrollo.
El tercer paso consiste en recuperar espacio para las personas. Singapur demuestra que alta densidad no significa ausencia de naturaleza. Tras seis décadas de políticas de reverdecimiento, cuenta con una red de parques y corredores verdes que supera los 380 kilómetros de senderos conectados.
Guatemala podría hacer algo parecido a su escala. Más habitantes por hectárea, pero también más árboles, banquetas anchas, parques de barrio, ciclovías y espacios públicos. Cada aumento importante de densidad debería acompañarse de infraestructura.
La gran enseñanza de Singapur no está en sus rascacielos. Está debajo de ellos. Planificó primero la ciudad que necesitaba y después permitió la densidad necesaria para hacerla funcionar.
Ese debería ser también el rumbo de Ciudad de Guatemala: crecer hacia arriba, sí, pero sobre todo crecer mejor.
Foto de Joshua Tsu en Unsplash