El comercio digital va por el mercado que falta
Las empresas competirán por ser encontradas por las personas, y también por ser encontradas y recomendadas por sistemas de inteligencia artificial.
El comercio electrónico en Guatemala tiene todavía su mayor crecimiento por delante. Los números empiezan a mostrar un mercado que dejó la etapa de prueba, pero que aún tiene a la mayoría de sus consumidores digitales por conquistar. La siguiente batalla de las empresas será convertir a quienes todavía no compran por internet, lograr que quienes ya lo hacen compren con mayor frecuencia y prepararse para un consumidor que llegará a la tienda con mucha más información.
El Séptimo Estudio Nacional de Comercio Electrónico 2026 de la Cámara de Comercio de Guatemala deja una pista del tamaño de esa oportunidad. Solo el 37.4 % del público objetivo digital califica actualmente como comprador activo. El restante 62.6 % representa el espacio disponible para ampliar el mercado. Las empresas consultadas, además, reportaron un crecimiento promedio anual de un 26.7 % en sus ventas digitales.
Eso permite prever que el crecimiento continuará, aunque sin los saltos extraordinarios de la pandemia. María Canahuí, coordinadora del Departamento de Comercio Electrónico de la Cámara, considera que será un avance sostenido y condicionado por la economía, la infraestructura, la logística, la seguridad y la capacidad de pago de los guatemaltecos.
Una proyección externa dimensiona hacia dónde podría dirigirse el mercado. PCMI estimó que el comercio electrónico guatemalteco movió USD 2 7000M en 2024 y proyectó que podría alcanzar USD 5 300M en 2027. Eso significaría prácticamente duplicar el volumen en apenas tres años, con un crecimiento anual compuesto estimado de un 26 %.
Pero el cambio no será únicamente cuánto se compra. También cambiará cómo se compra.
El primer gran campo será el teléfono. El estudio de 2026 muestra que el 75 % de las compras ya son móviles y que este indicador creció un 31.2 % frente a la medición anterior. Esa tendencia obliga a las empresas a dejar de pensar el celular como una versión pequeña de su página y comenzar a tratarlo como su principal tienda.
También viene una transformación en los pagos. Tarjetas, transferencias, enlaces de cobro, códigos QR y billeteras digitales aumentan las opciones disponibles. La infraestructura sobre la que circula el dinero electrónico también se ha expandido. Las operaciones en quetzales liquidadas mediante el sistema LBTR pasaron de 27.4 millones en 2020 a 146.4 millones en 2025, aunque estas cifras incluyen operaciones financieras que van más allá de las compras comerciales.
Otro cambio será el traslado gradual desde plataformas prestadas hacia espacios propios. Las redes sociales todavía concentran un 45.8 % de la participación reportada por las empresas, mientras los canales propios alcanzan 38.3%. María Canahuí anticipa que esa relación debería cambiar. Facebook, Instagram, TikTok o WhatsApp seguirán sirviendo para encontrar clientes, pero depender exclusivamente de ellos deja a la empresa expuesta a decisiones de terceros.
Y aparece un nuevo intermediario: la inteligencia artificial. El consumidor ya puede pedirle a un asistente que compare televisores, vehículos, teléfonos o cualquier otro producto antes de decidir. Eso supone que las empresas competirán no solo por ser encontradas por las personas, sino también por ser encontradas y recomendadas por sistemas de inteligencia artificial.
Para María Canahuí, allí hay una señal inmediata para los negocios: deberán mantener precios, características, inventarios, fotografías, ubicaciones y condiciones de compra actualizados y claramente explicados en internet. Un negocio puede decidir no vender en línea. Lo que será cada vez más difícil es permanecer fuera del mundo digital.
Los datos de junio, entonces, importan menos como fotografía que como punto de partida. Cuatro de cada diez consumidores digitales ya compran. La gran pregunta para los próximos años es quién conquistará a los otros seis.
El comercio digital va por el mercado que falta
Las empresas competirán por ser encontradas por las personas, y también por ser encontradas y recomendadas por sistemas de inteligencia artificial.
El comercio electrónico en Guatemala tiene todavía su mayor crecimiento por delante. Los números empiezan a mostrar un mercado que dejó la etapa de prueba, pero que aún tiene a la mayoría de sus consumidores digitales por conquistar. La siguiente batalla de las empresas será convertir a quienes todavía no compran por internet, lograr que quienes ya lo hacen compren con mayor frecuencia y prepararse para un consumidor que llegará a la tienda con mucha más información.
El Séptimo Estudio Nacional de Comercio Electrónico 2026 de la Cámara de Comercio de Guatemala deja una pista del tamaño de esa oportunidad. Solo el 37.4 % del público objetivo digital califica actualmente como comprador activo. El restante 62.6 % representa el espacio disponible para ampliar el mercado. Las empresas consultadas, además, reportaron un crecimiento promedio anual de un 26.7 % en sus ventas digitales.
Eso permite prever que el crecimiento continuará, aunque sin los saltos extraordinarios de la pandemia. María Canahuí, coordinadora del Departamento de Comercio Electrónico de la Cámara, considera que será un avance sostenido y condicionado por la economía, la infraestructura, la logística, la seguridad y la capacidad de pago de los guatemaltecos.
Una proyección externa dimensiona hacia dónde podría dirigirse el mercado. PCMI estimó que el comercio electrónico guatemalteco movió USD 2 7000M en 2024 y proyectó que podría alcanzar USD 5 300M en 2027. Eso significaría prácticamente duplicar el volumen en apenas tres años, con un crecimiento anual compuesto estimado de un 26 %.
Pero el cambio no será únicamente cuánto se compra. También cambiará cómo se compra.
El primer gran campo será el teléfono. El estudio de 2026 muestra que el 75 % de las compras ya son móviles y que este indicador creció un 31.2 % frente a la medición anterior. Esa tendencia obliga a las empresas a dejar de pensar el celular como una versión pequeña de su página y comenzar a tratarlo como su principal tienda.
También viene una transformación en los pagos. Tarjetas, transferencias, enlaces de cobro, códigos QR y billeteras digitales aumentan las opciones disponibles. La infraestructura sobre la que circula el dinero electrónico también se ha expandido. Las operaciones en quetzales liquidadas mediante el sistema LBTR pasaron de 27.4 millones en 2020 a 146.4 millones en 2025, aunque estas cifras incluyen operaciones financieras que van más allá de las compras comerciales.
Otro cambio será el traslado gradual desde plataformas prestadas hacia espacios propios. Las redes sociales todavía concentran un 45.8 % de la participación reportada por las empresas, mientras los canales propios alcanzan 38.3%. María Canahuí anticipa que esa relación debería cambiar. Facebook, Instagram, TikTok o WhatsApp seguirán sirviendo para encontrar clientes, pero depender exclusivamente de ellos deja a la empresa expuesta a decisiones de terceros.
Y aparece un nuevo intermediario: la inteligencia artificial. El consumidor ya puede pedirle a un asistente que compare televisores, vehículos, teléfonos o cualquier otro producto antes de decidir. Eso supone que las empresas competirán no solo por ser encontradas por las personas, sino también por ser encontradas y recomendadas por sistemas de inteligencia artificial.
Para María Canahuí, allí hay una señal inmediata para los negocios: deberán mantener precios, características, inventarios, fotografías, ubicaciones y condiciones de compra actualizados y claramente explicados en internet. Un negocio puede decidir no vender en línea. Lo que será cada vez más difícil es permanecer fuera del mundo digital.
Los datos de junio, entonces, importan menos como fotografía que como punto de partida. Cuatro de cada diez consumidores digitales ya compran. La gran pregunta para los próximos años es quién conquistará a los otros seis.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: