Otro negocio dudoso crece bajo la protección de Menkos: la cronología del caso Siloé, vinculado a Luis Aguirre
A las seis de la mañana del 6 de noviembre de 2025, mientras Guatemala despertaba entre la rutina escolar y el ruido político de fin de año, el Ministerio de Educación adjudicó un contrato de GTQ 121.6M a Distribuidora Siloé, S.A. para la compra de más de un millón de utensilios de cocina escolar.
Qué destacar. El acto administrativo pasó casi inadvertido ese día.
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Lo que no se veía aún era la sombra que se proyectaba sobre esa adjudicación: apenas veinte días después, en la madrugada del 26 de noviembre, el Congreso aprobaría de urgencia nacional el Presupuesto 2026 por GTQ 163 469M, una jugada clave para el ministro de Finanzas, Jonathan Menkos Zeissig.
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Entre ambos momentos, Menkos operaba dos tableros al mismo tiempo: el del cabildeo presupuestario y el del registro que habilita quién puede —y quién no— hacer negocios millonarios con el Estado.
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Publicaciones de prensa reconstruyeron el episodio como un escándalo administrativo y señalaron intereses políticos alrededor de la empresa. Pero el hilo conductor de la historia no terminaba en el MINEDUC: nacía mucho antes, y mucho más arriba, en el Ministerio de Finanzas Públicas.
Datos clave. Los números son elocuentes. El 22 de abril de 2024, el Registro General de Adquisiciones del Estado (RGAE) elevó el techo de contratación de Siloé de GTQ 28.4M a GTQ 418.1M.
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Un aumento de un 1368 %. El dato no es menor: coincide exactamente con la llegada de Menkos al cargo, el 15 de enero de 2024, apenas seis días después de que Siloé tuviera aún un techo “normal” para una empresa inscrita como MIPYME.
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La expansión no fue solo en montos. Para agosto de 2024, el RGAE ya había aprobado a Siloé siete nuevas especialidades que no figuraban en su historial de 2023: desde aguas residuales hasta alimentos y bebidas, además de cuatro categorías distintas de mobiliario.
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La empresa pasó de un perfil limitado —textiles e informática— a once categorías heterogéneas, todas avaladas por un registro que depende directamente del MINFIN. Ninguna fue objetada.
Sí, pero. El efecto práctico fue un crecimiento explosivo. Entre 2018 y 2023, Siloé acumuló GTQ 12.7M en adjudicaciones.
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Solo en 2025 recibió GTQ 153.2M: el 90 % de todo su historial en un único año fiscal. Un solo contrato con Educación concentró el 80 % de ese monto.
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En doce meses, la empresa facturó casi 10 veces más que en los seis años previos combinados, operando 25 nombres comerciales desde una misma dirección en la zona 7 capitalina.
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La licitación dejó otra huella inquietante. Siloé ganó con una oferta GTQ 58.2M más cara que la de su único competidor. En una primera ronda, incluso, otra empresa había ofertado GTQ 24M menos que el precio final adjudicado. El Estado habría terminado pagando más, con menos competencia, en un concurso que ya arrastraba señales de simulación.
Entre líneas. Mientras tanto, el nombre del diputado Luis Aguirre, del partido CABAL, aparecía en trámites y en gestiones posteriores.
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Él mismo reconocería después que “ayuda” a empresas a crecer. Pero incluso ese episodio volvió a apuntar al mismo sitio: una especialidad solicitada en septiembre de 2025 fue aprobada una semana después por el registro del MINFIN, aunque luego una junta del Ministerio de Gobernación concluyó que Siloé carecía de infraestructura y personal para cumplir el contrato que buscaba.
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Cuando la Contraloría intervino, ya era tarde para fingir normalidad. El contrato quedó en suspenso, ni rescindido ni ejecutado. Y fue entonces cuando la propia defensa legal de Siloé colocó el foco donde menos convenía ignorarlo.
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En su recurso de reposición de febrero de 2026, la empresa sostuvo que evaluar la capacidad instalada de un proveedor “es competencia del RGAE, no del MINEDUC”.
En conclusión. La frase, pensada como defensa, funciona como cierre de la crónica.
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Si Siloé no tenía la capacidad que exhibía en papel, y aun así fue habilitada para contratar hasta GTQ 418M, la responsabilidad no recae en las juntas de compra ni en otros ministerios.
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Recae en el registro que infló el techo, amplió las especialidades y abrió la puerta.
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Ese registro es una dependencia del Ministerio de Finanzas, y ese ministerio tiene nombre y apellido bajo cuya sombra creció todo el negocio: Jonathan Menkos.
Otro negocio dudoso crece bajo la protección de Menkos: la cronología del caso Siloé, vinculado a Luis Aguirre
A las seis de la mañana del 6 de noviembre de 2025, mientras Guatemala despertaba entre la rutina escolar y el ruido político de fin de año, el Ministerio de Educación adjudicó un contrato de GTQ 121.6M a Distribuidora Siloé, S.A. para la compra de más de un millón de utensilios de cocina escolar.
Qué destacar. El acto administrativo pasó casi inadvertido ese día.
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Lo que no se veía aún era la sombra que se proyectaba sobre esa adjudicación: apenas veinte días después, en la madrugada del 26 de noviembre, el Congreso aprobaría de urgencia nacional el Presupuesto 2026 por GTQ 163 469M, una jugada clave para el ministro de Finanzas, Jonathan Menkos Zeissig.
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Entre ambos momentos, Menkos operaba dos tableros al mismo tiempo: el del cabildeo presupuestario y el del registro que habilita quién puede —y quién no— hacer negocios millonarios con el Estado.
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Publicaciones de prensa reconstruyeron el episodio como un escándalo administrativo y señalaron intereses políticos alrededor de la empresa. Pero el hilo conductor de la historia no terminaba en el MINEDUC: nacía mucho antes, y mucho más arriba, en el Ministerio de Finanzas Públicas.
Datos clave. Los números son elocuentes. El 22 de abril de 2024, el Registro General de Adquisiciones del Estado (RGAE) elevó el techo de contratación de Siloé de GTQ 28.4M a GTQ 418.1M.
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Un aumento de un 1368 %. El dato no es menor: coincide exactamente con la llegada de Menkos al cargo, el 15 de enero de 2024, apenas seis días después de que Siloé tuviera aún un techo “normal” para una empresa inscrita como MIPYME.
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La expansión no fue solo en montos. Para agosto de 2024, el RGAE ya había aprobado a Siloé siete nuevas especialidades que no figuraban en su historial de 2023: desde aguas residuales hasta alimentos y bebidas, además de cuatro categorías distintas de mobiliario.
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La empresa pasó de un perfil limitado —textiles e informática— a once categorías heterogéneas, todas avaladas por un registro que depende directamente del MINFIN. Ninguna fue objetada.
Sí, pero. El efecto práctico fue un crecimiento explosivo. Entre 2018 y 2023, Siloé acumuló GTQ 12.7M en adjudicaciones.
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Solo en 2025 recibió GTQ 153.2M: el 90 % de todo su historial en un único año fiscal. Un solo contrato con Educación concentró el 80 % de ese monto.
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En doce meses, la empresa facturó casi 10 veces más que en los seis años previos combinados, operando 25 nombres comerciales desde una misma dirección en la zona 7 capitalina.
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La licitación dejó otra huella inquietante. Siloé ganó con una oferta GTQ 58.2M más cara que la de su único competidor. En una primera ronda, incluso, otra empresa había ofertado GTQ 24M menos que el precio final adjudicado. El Estado habría terminado pagando más, con menos competencia, en un concurso que ya arrastraba señales de simulación.
Entre líneas. Mientras tanto, el nombre del diputado Luis Aguirre, del partido CABAL, aparecía en trámites y en gestiones posteriores.
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Él mismo reconocería después que “ayuda” a empresas a crecer. Pero incluso ese episodio volvió a apuntar al mismo sitio: una especialidad solicitada en septiembre de 2025 fue aprobada una semana después por el registro del MINFIN, aunque luego una junta del Ministerio de Gobernación concluyó que Siloé carecía de infraestructura y personal para cumplir el contrato que buscaba.
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Cuando la Contraloría intervino, ya era tarde para fingir normalidad. El contrato quedó en suspenso, ni rescindido ni ejecutado. Y fue entonces cuando la propia defensa legal de Siloé colocó el foco donde menos convenía ignorarlo.
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En su recurso de reposición de febrero de 2026, la empresa sostuvo que evaluar la capacidad instalada de un proveedor “es competencia del RGAE, no del MINEDUC”.
En conclusión. La frase, pensada como defensa, funciona como cierre de la crónica.
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Si Siloé no tenía la capacidad que exhibía en papel, y aun así fue habilitada para contratar hasta GTQ 418M, la responsabilidad no recae en las juntas de compra ni en otros ministerios.
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Recae en el registro que infló el techo, amplió las especialidades y abrió la puerta.
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Ese registro es una dependencia del Ministerio de Finanzas, y ese ministerio tiene nombre y apellido bajo cuya sombra creció todo el negocio: Jonathan Menkos.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: