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Con Arévalo, los funcionarios no se van del Gobierno

Los movimientos han estado precedidos por desgaste político, cuestionamientos internos o crisis de gestión.

Luis Gonzalez
31 de julio, 2026

Los cambios de personal en el gobierno de Bernardo Arévalo revelan un patrón difícil de ignorar: la mayoría de los funcionarios que abandonan cargos de alto nivel no salen realmente del Estado, sino que son trasladados a asesorías, embajadas, secretarías o nuevas posiciones dentro de la misma administración.

  • Aunque oficialmente los movimientos son presentados como ajustes estratégicos, casi todos han estado precedidos por desgaste político, cuestionamientos internos, crisis de gestión o señalamientos sobre desempeño.

Qué destacar. El caso más reciente ocurrió este 31 de julio, cuando la viceministra de Inversión y Competencia del Ministerio de Economía (MINECO), Valeria Prado, dejó su puesto para incorporarse inmediatamente a la Presidencia como asesora encargada de impulsar “proyectos estratégicos y prioritarios del Gobierno”.

  • El Ejecutivo no explicó las razones de su salida ni detalló cuáles serán los proyectos bajo su responsabilidad.  Precisamente, el caso de Prado llama la atención porque se suma a una larga lista de bajas dentro de la entidad, cuyos verdaderos motivos nunca fueron explicados con claridad.
  • Antes salieron el viceministro Administrativo y Financiero, Adrián Zapata; el viceministro de Comercio Exterior e Integración, Héctor Marroquín; y el viceministro de Inversión y Competencia, Antonio José Romero Florián.
  • Ahora Prado se convierte en la cuarta salida relevante sin que exista una explicación pública y detallada sobre las causas reales. La sucesión de renuncias alimenta interrogantes sobre conflictos internos, diferencias de criterio o problemas de gestión que el Gobierno ha preferido mantener fuera del debate público.

En el radar. La historia se repite en otros ministerios. A principios de julio, Víctor Hugo Ventura dejó el Ministerio de Energía y Minas en medio de una etapa marcada por controversias relacionadas con la implementación del etanol, desafíos en el sector energético y múltiples pendientes regulatorios.

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  • Sin embargo, lejos de abandonar el Ejecutivo, fue trasladado a la Presidencia como asesor para proyectos energéticos estratégicos y megaproyectos de largo plazo. El propio presidente Bernardo Arévalo confirmó que continuaría trabajando directamente bajo su coordinación. 
  • Algo similar ocurrió con Miguel Ángel Díaz Bobadilla. Tras dejar el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV), fue nombrado interventor de Ferrocarriles de Guatemala, institución clave para los planes gubernamentales de reactivación ferroviaria.
  • Nuevamente, el relevo no implicó una salida de la administración pública, sino una reasignación a otro proyecto prioritario. 

Fisgón histórico. Las embajadas también han servido como destino para funcionarios cercanos al círculo presidencial.

  • Santiago Palomo pasó de dirigir la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia a convertirse en embajador ante la Santa Sede. Por su parte, Christian Esaú Espinoza Sandoval dejó la Secretaría de Inteligencia Estratégica para asumir como embajador de Guatemala en Uruguay. No era un funcionario cualquiera: coordinó la transición con el gobierno de Alejandro Giammattei y fue uno de los colaboradores más cercanos de Arévalo desde la etapa legislativa.
  • Otros casos muestran cómo una salida aparentemente definitiva termina siendo temporal. Haroldo Sánchez fue removido de la Secretaría de Comunicación Social. Sin embargo, apenas semanas después fue reubicado en la Secretaría Privada de la Presidencia con un contrato 029 y un salario de GTQ 30 000 mensuales.
  • La situación de Héctor Oswaldo Samayoa Sosa es aún más ilustrativa. Tras abandonar la Comisión Presidencial por la Paz y Derechos Humanos por los cuestionamientos derivados de la contratación de su pareja sentimental, reapareció como ministro consejero en la Embajada de Guatemala en Costa Rica, cargo que le permite percibir más de GTQ 49 000 mensuales.

Sí, pero. También existen casos donde la permanencia no se traduce en un nuevo nombramiento, sino en respaldo político.

  • Uno de ellos es el de Luis Pacheco, viceministro de Desarrollo Sostenible del Ministerio de Energía y Minas, quien continúa figurando formalmente en la estructura institucional pese a permanecer en prisión preventiva desde abril de 2025. El presidente Arévalo ha mantenido públicamente su apoyo al exdirigente de los 48 Cantones.
  • El denominador común es que prácticamente todas estas salidas estuvieron rodeadas de desgaste político, controversias, cuestionamientos de gestión o crisis institucionales.
  • La excepción aparente es Valeria Prado, cuyo relevo fue anunciado sin mayores explicaciones, aunque ocurre en un ministerio donde ya han salido tres altos funcionarios sin que el Gobierno haya aclarado convincentemente las razones.

En conclusión. Más allá de los nombres, el problema recae en las instituciones. Mientras algunos funcionarios encuentran nuevos espacios dentro del Estado, dependencias estratégicas quedan debilitadas.

  • El Ministerio de Energía y Minas es el ejemplo más evidente: tras la salida de Ventura, la renuncia del viceministro Luis Arturo Mérida y la situación judicial de Luis Pacheco, el ministro Erwin Barrios quedó prácticamente solo al frente de una cartera con sus tres viceministerios sin conducción efectiva. 
  • La práctica no es nueva y ha sido utilizada por gobiernos de distintos signos políticos. Sin embargo, resulta particularmente llamativa en una administración que llegó al poder prometiendo fortalecer las instituciones y romper con las viejas formas de hacer política.
  • Dos años y medio después, la evidencia apunta a una realidad distinta: los funcionarios cambian de despacho, de cargo o incluso de país, pero rara vez abandonan el Gobierno. Mientras tanto, los vacíos de liderazgo y la rotación permanente continúan pasando factura a la capacidad operativa del Estado.
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Con Arévalo, los funcionarios no se van del Gobierno

Los movimientos han estado precedidos por desgaste político, cuestionamientos internos o crisis de gestión.

Luis Gonzalez
31 de julio, 2026

Los cambios de personal en el gobierno de Bernardo Arévalo revelan un patrón difícil de ignorar: la mayoría de los funcionarios que abandonan cargos de alto nivel no salen realmente del Estado, sino que son trasladados a asesorías, embajadas, secretarías o nuevas posiciones dentro de la misma administración.

  • Aunque oficialmente los movimientos son presentados como ajustes estratégicos, casi todos han estado precedidos por desgaste político, cuestionamientos internos, crisis de gestión o señalamientos sobre desempeño.

Qué destacar. El caso más reciente ocurrió este 31 de julio, cuando la viceministra de Inversión y Competencia del Ministerio de Economía (MINECO), Valeria Prado, dejó su puesto para incorporarse inmediatamente a la Presidencia como asesora encargada de impulsar “proyectos estratégicos y prioritarios del Gobierno”.

  • El Ejecutivo no explicó las razones de su salida ni detalló cuáles serán los proyectos bajo su responsabilidad.  Precisamente, el caso de Prado llama la atención porque se suma a una larga lista de bajas dentro de la entidad, cuyos verdaderos motivos nunca fueron explicados con claridad.
  • Antes salieron el viceministro Administrativo y Financiero, Adrián Zapata; el viceministro de Comercio Exterior e Integración, Héctor Marroquín; y el viceministro de Inversión y Competencia, Antonio José Romero Florián.
  • Ahora Prado se convierte en la cuarta salida relevante sin que exista una explicación pública y detallada sobre las causas reales. La sucesión de renuncias alimenta interrogantes sobre conflictos internos, diferencias de criterio o problemas de gestión que el Gobierno ha preferido mantener fuera del debate público.

En el radar. La historia se repite en otros ministerios. A principios de julio, Víctor Hugo Ventura dejó el Ministerio de Energía y Minas en medio de una etapa marcada por controversias relacionadas con la implementación del etanol, desafíos en el sector energético y múltiples pendientes regulatorios.

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  • Sin embargo, lejos de abandonar el Ejecutivo, fue trasladado a la Presidencia como asesor para proyectos energéticos estratégicos y megaproyectos de largo plazo. El propio presidente Bernardo Arévalo confirmó que continuaría trabajando directamente bajo su coordinación. 
  • Algo similar ocurrió con Miguel Ángel Díaz Bobadilla. Tras dejar el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda (CIV), fue nombrado interventor de Ferrocarriles de Guatemala, institución clave para los planes gubernamentales de reactivación ferroviaria.
  • Nuevamente, el relevo no implicó una salida de la administración pública, sino una reasignación a otro proyecto prioritario. 

Fisgón histórico. Las embajadas también han servido como destino para funcionarios cercanos al círculo presidencial.

  • Santiago Palomo pasó de dirigir la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia a convertirse en embajador ante la Santa Sede. Por su parte, Christian Esaú Espinoza Sandoval dejó la Secretaría de Inteligencia Estratégica para asumir como embajador de Guatemala en Uruguay. No era un funcionario cualquiera: coordinó la transición con el gobierno de Alejandro Giammattei y fue uno de los colaboradores más cercanos de Arévalo desde la etapa legislativa.
  • Otros casos muestran cómo una salida aparentemente definitiva termina siendo temporal. Haroldo Sánchez fue removido de la Secretaría de Comunicación Social. Sin embargo, apenas semanas después fue reubicado en la Secretaría Privada de la Presidencia con un contrato 029 y un salario de GTQ 30 000 mensuales.
  • La situación de Héctor Oswaldo Samayoa Sosa es aún más ilustrativa. Tras abandonar la Comisión Presidencial por la Paz y Derechos Humanos por los cuestionamientos derivados de la contratación de su pareja sentimental, reapareció como ministro consejero en la Embajada de Guatemala en Costa Rica, cargo que le permite percibir más de GTQ 49 000 mensuales.

Sí, pero. También existen casos donde la permanencia no se traduce en un nuevo nombramiento, sino en respaldo político.

  • Uno de ellos es el de Luis Pacheco, viceministro de Desarrollo Sostenible del Ministerio de Energía y Minas, quien continúa figurando formalmente en la estructura institucional pese a permanecer en prisión preventiva desde abril de 2025. El presidente Arévalo ha mantenido públicamente su apoyo al exdirigente de los 48 Cantones.
  • El denominador común es que prácticamente todas estas salidas estuvieron rodeadas de desgaste político, controversias, cuestionamientos de gestión o crisis institucionales.
  • La excepción aparente es Valeria Prado, cuyo relevo fue anunciado sin mayores explicaciones, aunque ocurre en un ministerio donde ya han salido tres altos funcionarios sin que el Gobierno haya aclarado convincentemente las razones.

En conclusión. Más allá de los nombres, el problema recae en las instituciones. Mientras algunos funcionarios encuentran nuevos espacios dentro del Estado, dependencias estratégicas quedan debilitadas.

  • El Ministerio de Energía y Minas es el ejemplo más evidente: tras la salida de Ventura, la renuncia del viceministro Luis Arturo Mérida y la situación judicial de Luis Pacheco, el ministro Erwin Barrios quedó prácticamente solo al frente de una cartera con sus tres viceministerios sin conducción efectiva. 
  • La práctica no es nueva y ha sido utilizada por gobiernos de distintos signos políticos. Sin embargo, resulta particularmente llamativa en una administración que llegó al poder prometiendo fortalecer las instituciones y romper con las viejas formas de hacer política.
  • Dos años y medio después, la evidencia apunta a una realidad distinta: los funcionarios cambian de despacho, de cargo o incluso de país, pero rara vez abandonan el Gobierno. Mientras tanto, los vacíos de liderazgo y la rotación permanente continúan pasando factura a la capacidad operativa del Estado.

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