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Trump se la juega en tres despachos de la ONU

Hoy abre el debate general. La foto con Delcy, la mesa con Zelensky y la sombra de Xi son el examen: petróleo, guerra y quién manda en el tablero

El presidente Trump interviene ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en Nueva York en 2025. Foto: AFP
Redacción
22 de septiembre, 2026

Hoy empieza el teatro. Casi 130 jefes de Estado, Guterres en su última Asamblea, Macron también de despedida. El lema oficial es “restablecer la confianza”. Donald Trump llega con otra lista: Irán, Ucrania, Venezuela y la pregunta que ya soltó el año pasado —para qué sirve esta casa si solo escribe cartas duras y no para guerras. Lo que le importa al sur de Florida cabe en tres nombres: Delcy, Zelensky y China.

Por qué importa.  La primera mesa es la más cercana a Miami. Delcy Rodríguez aterrizó el lunes. Habla el jueves. Antes, según la Casa Blanca, se sienta con Trump. Sería el primer cara a cara de un presidente estadounidense con un gobernante venezolano desde Obama y Maduro en Panamá, 2015.

  • Maduro está a 15 kilómetros, en Brooklyn. La ONU acaba de decir que el aparato represivo sigue intacto: decenas de torturas nuevas, colectivos armados, funcionarios del horror reubicados.
  • El petróleo ya fluye. Los presos, no. Si la foto sale sin lista —celdas vacías, colectivos desarmados, calendario con María Corina Machado, que anunció su vuelta— no es diplomacia. Es premio al recambio chavista.

Lo indispensable.  La segunda mesa es Zelensky. El ucraniano lo publicó: se ven en Nueva York. Witkoff y Kushner pasaron por Kyiv y por Moscú; Trump habló después con Putin. El riesgo para la Casa Blanca es doble.

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  • Un acuerdo que parezca rendición le estalla a los aliados europeos y a una parte del Partido. Un impasse le deja la guerra como factura de las midterms: gasolina, atención y la sensación de atolladero que ya vimos con Irán. Rubio, en la ciudad hasta el 23, tiene además a Lavrov en la agenda de cancilleres. Ucrania no se resuelve en un pasillo. Se puede perder ahí la narrativa.
  • La tercera no está ni confirmada en el edificio. Varios medios hablan de Xi Jinping en Washington esta misma semana, no en la Asamblea. Richard Gowan y Matteo Forti lo dijeron sin adorno: si las dos mayores potencias se retratan en la Casa Blanca y no en la ONU, la organización queda como comparsa. Trump insiste en que si Estados Unidos se ata con reglas de IA o de comercio, Pekín no firma y adelanta. Tiene razón en el diagnóstico.
  • El problema es el escenario. Un bilateral con Xi el jueves —aún no cerrado— compite con Netanyahu en el atril, con Pezeshkian el miércoles y con la Junta de Paz que Trump sueña para Gaza en lugar de la burocracia de Guterres. Demasiados tableros para dos días en Manhattan.

Datos clave.  EE.UU. habla hoy por la mañana. Golfo e Irán, también hoy. Irán pudo enviar “delegación principal” con grillete de movimiento; Abbás, otra vez, por vídeo. Washington mandó 827 millones a la ONU y exige que el próximo secretario general —suena Rebeca Grynspan— vuelva a paz y seguridad, no a agenda identitaria.

  • Groenlandia aparece como acuerdo de “control permanente” de seguridad con Dinamarca. Es ruido de imperio. No es el voto del 27.

Ahora qué. Tres pruebas, un mismo vicio: la foto antes que la condición. Con Delcy, la condición es humana y cabe en una servilleta. Con Zelensky, es no firmar una tregua que Putin cobre en territorio.

  • Con China, es no regalarnos la imagen de que el mundo se arregla en un salón de Washington mientras el hemiciclo habla solo. Trump puede usar la Asamblea para marcar a los tres. O para salir en la portada con Delcy sonriendo y Xi esperando en otra ciudad. El sur de Florida sabrá leer cuál de las dos eligió.

Trump se la juega en tres despachos de la ONU

Hoy abre el debate general. La foto con Delcy, la mesa con Zelensky y la sombra de Xi son el examen: petróleo, guerra y quién manda en el tablero

El presidente Trump interviene ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en la sede de la ONU en Nueva York en 2025. Foto: AFP
Redacción
22 de septiembre, 2026

Hoy empieza el teatro. Casi 130 jefes de Estado, Guterres en su última Asamblea, Macron también de despedida. El lema oficial es “restablecer la confianza”. Donald Trump llega con otra lista: Irán, Ucrania, Venezuela y la pregunta que ya soltó el año pasado —para qué sirve esta casa si solo escribe cartas duras y no para guerras. Lo que le importa al sur de Florida cabe en tres nombres: Delcy, Zelensky y China.

Por qué importa.  La primera mesa es la más cercana a Miami. Delcy Rodríguez aterrizó el lunes. Habla el jueves. Antes, según la Casa Blanca, se sienta con Trump. Sería el primer cara a cara de un presidente estadounidense con un gobernante venezolano desde Obama y Maduro en Panamá, 2015.

  • Maduro está a 15 kilómetros, en Brooklyn. La ONU acaba de decir que el aparato represivo sigue intacto: decenas de torturas nuevas, colectivos armados, funcionarios del horror reubicados.
  • El petróleo ya fluye. Los presos, no. Si la foto sale sin lista —celdas vacías, colectivos desarmados, calendario con María Corina Machado, que anunció su vuelta— no es diplomacia. Es premio al recambio chavista.

Lo indispensable.  La segunda mesa es Zelensky. El ucraniano lo publicó: se ven en Nueva York. Witkoff y Kushner pasaron por Kyiv y por Moscú; Trump habló después con Putin. El riesgo para la Casa Blanca es doble.

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  • La tercera no está ni confirmada en el edificio. Varios medios hablan de Xi Jinping en Washington esta misma semana, no en la Asamblea. Richard Gowan y Matteo Forti lo dijeron sin adorno: si las dos mayores potencias se retratan en la Casa Blanca y no en la ONU, la organización queda como comparsa. Trump insiste en que si Estados Unidos se ata con reglas de IA o de comercio, Pekín no firma y adelanta. Tiene razón en el diagnóstico.
  • El problema es el escenario. Un bilateral con Xi el jueves —aún no cerrado— compite con Netanyahu en el atril, con Pezeshkian el miércoles y con la Junta de Paz que Trump sueña para Gaza en lugar de la burocracia de Guterres. Demasiados tableros para dos días en Manhattan.

Datos clave.  EE.UU. habla hoy por la mañana. Golfo e Irán, también hoy. Irán pudo enviar “delegación principal” con grillete de movimiento; Abbás, otra vez, por vídeo. Washington mandó 827 millones a la ONU y exige que el próximo secretario general —suena Rebeca Grynspan— vuelva a paz y seguridad, no a agenda identitaria.

  • Groenlandia aparece como acuerdo de “control permanente” de seguridad con Dinamarca. Es ruido de imperio. No es el voto del 27.

Ahora qué. Tres pruebas, un mismo vicio: la foto antes que la condición. Con Delcy, la condición es humana y cabe en una servilleta. Con Zelensky, es no firmar una tregua que Putin cobre en territorio.

  • Con China, es no regalarnos la imagen de que el mundo se arregla en un salón de Washington mientras el hemiciclo habla solo. Trump puede usar la Asamblea para marcar a los tres. O para salir en la portada con Delcy sonriendo y Xi esperando en otra ciudad. El sur de Florida sabrá leer cuál de las dos eligió.

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