¿Se gana sin el voto latino? Los datos, más allá del eslogan
Jorge Ramos dice que nadie llega a la Casa Blanca ni al Congreso sin ellos. Trump casi empató en 2024. En Florida y en noviembre no son un adorno
Jorge Ramos lo dijo esta semana con la rotundidad de quien lleva décadas frente a la cámara: nadie llega a la Casa Blanca ni al Congreso sin el voto de los latinos. La frase sirve para reivindicarnos. No sirve, tal cual, como ley electoral. Donald Trump ganó en 2024 con una subida en voto hispano, perdiendo por la mínima con Kamala. Eso no prueba que el voto latino no importe. Prueba que ya no es un cheque automático al Partido Demócrata —y que en los estados que deciden, sigue siendo la diferencia entre ganar y explicar la derrota.
Por qué importa. Pew Research Center, con votantes validados, midió 2024 así: 51% Harris, 48% Trump entre hispanos. En 2020 Biden los ganó por 25 puntos (61-36). En 2016 el margen para Clinton fue aún más ancho. Edison, en boca de urna, puso a Trump cerca del 46%, 14 puntos más que en 2020: el mejor registro republicano en esa serie desde Bush en 2004.
- El 10% de los votantes de Trump ya eran hispanos, frente al 6% de 2016. Los elegibles pasaron de 27 millones (2016) a unos 36 millones (2024). Somos el segundo bloque étnico con derecho a voto. No somos un tercio del padrón nacional. Somos el margen en Florida, Arizona, Nevada y en condados de Texas y Georgia.
- Las midterms cuentan otra historia: menos ganas. En 2018 votó cerca del 40% de los hispanos elegibles y el 69% de esa urna fue demócrata.
- En 2022 la participación bajó al entorno del 38%. En presidenciales el latino aparece. En noviembre de año par, muchos se quedan en casa. Quien diseña campaña solo para el 3 de noviembre de 2028 no entiende 2026.
Lo indispensable. En el Capitolio la presencia ya no es testimonial. El Archivo de la Cámara y el CRS cifran en torno a 50 representantes hispanos (más delegados) y seis senadores: Ted Cruz, Catherine Cortez Masto, Ben Ray Luján, Alex Padilla, Ruben Gallego y Bernie Moreno. Rubio pasó al Departamento de Estado. Ileana Ros-Lehtinen abrió la puerta a las mujeres en 1989.
- María Elvira Salazar pelea el 27 con otro hispano. Eso no es un caucus decorativo. Tampoco es un veto: la Cámara tiene 435 escaños. Se puede imaginar una mayoría estrecha que “no deba” un distrito latino. En la práctica, en Florida y en el mapa del Sun Belt, esa imaginación pierde.
- La conclusión de los datos no es la de Ramos al pie de la letra. Se puede ser presidente sin el 60% del voto hispano. Trump lo acaba de demostrar. No se puede ser presidente —ni sostener la Cámara— despreciando a 36 millones de elegibles, ni tratando a cubanos de Miami, mexicanos de Arizona y puertorriqueños de Orlando como un solo titular. El cubanoamericano sigue siendo el ancla republicana de este estado.
- El venezolano del 27 mira ICE y la cuota. El costo de vida, dice CNN/SSRS, es “extremadamente importante” para el 68%. Ahí se gana o se pierde el latino que en 2024 se acercó a Trump.
Datos clave. Registro en Florida: 5 de octubre. Anticipado: 24 al 31. Elección: 3 de noviembre.
Ahora qué. Ramos acierta en el aviso y se pasa en el absoluto. Nadie serio llega a la Casa Blanca ignorando a los hispanos. Sí se llega sin pedirles permiso unánime. Los republicanos que en noviembre hablen solo de frontera y no de hipoteca al 7% van a descubrir la diferencia. Los demócratas que les hablen como si aún fueran el 70% de 2012 también. El voto latino no es un eslogan. Es aritmética de estado. En el sur de Florida, es la elección.
¿Se gana sin el voto latino? Los datos, más allá del eslogan
Jorge Ramos dice que nadie llega a la Casa Blanca ni al Congreso sin ellos. Trump casi empató en 2024. En Florida y en noviembre no son un adorno
Jorge Ramos lo dijo esta semana con la rotundidad de quien lleva décadas frente a la cámara: nadie llega a la Casa Blanca ni al Congreso sin el voto de los latinos. La frase sirve para reivindicarnos. No sirve, tal cual, como ley electoral. Donald Trump ganó en 2024 con una subida en voto hispano, perdiendo por la mínima con Kamala. Eso no prueba que el voto latino no importe. Prueba que ya no es un cheque automático al Partido Demócrata —y que en los estados que deciden, sigue siendo la diferencia entre ganar y explicar la derrota.
Por qué importa. Pew Research Center, con votantes validados, midió 2024 así: 51% Harris, 48% Trump entre hispanos. En 2020 Biden los ganó por 25 puntos (61-36). En 2016 el margen para Clinton fue aún más ancho. Edison, en boca de urna, puso a Trump cerca del 46%, 14 puntos más que en 2020: el mejor registro republicano en esa serie desde Bush en 2004.
- El 10% de los votantes de Trump ya eran hispanos, frente al 6% de 2016. Los elegibles pasaron de 27 millones (2016) a unos 36 millones (2024). Somos el segundo bloque étnico con derecho a voto. No somos un tercio del padrón nacional. Somos el margen en Florida, Arizona, Nevada y en condados de Texas y Georgia.
- Las midterms cuentan otra historia: menos ganas. En 2018 votó cerca del 40% de los hispanos elegibles y el 69% de esa urna fue demócrata.
- En 2022 la participación bajó al entorno del 38%. En presidenciales el latino aparece. En noviembre de año par, muchos se quedan en casa. Quien diseña campaña solo para el 3 de noviembre de 2028 no entiende 2026.
Lo indispensable. En el Capitolio la presencia ya no es testimonial. El Archivo de la Cámara y el CRS cifran en torno a 50 representantes hispanos (más delegados) y seis senadores: Ted Cruz, Catherine Cortez Masto, Ben Ray Luján, Alex Padilla, Ruben Gallego y Bernie Moreno. Rubio pasó al Departamento de Estado. Ileana Ros-Lehtinen abrió la puerta a las mujeres en 1989.
- María Elvira Salazar pelea el 27 con otro hispano. Eso no es un caucus decorativo. Tampoco es un veto: la Cámara tiene 435 escaños. Se puede imaginar una mayoría estrecha que “no deba” un distrito latino. En la práctica, en Florida y en el mapa del Sun Belt, esa imaginación pierde.
- La conclusión de los datos no es la de Ramos al pie de la letra. Se puede ser presidente sin el 60% del voto hispano. Trump lo acaba de demostrar. No se puede ser presidente —ni sostener la Cámara— despreciando a 36 millones de elegibles, ni tratando a cubanos de Miami, mexicanos de Arizona y puertorriqueños de Orlando como un solo titular. El cubanoamericano sigue siendo el ancla republicana de este estado.
- El venezolano del 27 mira ICE y la cuota. El costo de vida, dice CNN/SSRS, es “extremadamente importante” para el 68%. Ahí se gana o se pierde el latino que en 2024 se acercó a Trump.
Datos clave. Registro en Florida: 5 de octubre. Anticipado: 24 al 31. Elección: 3 de noviembre.
Ahora qué. Ramos acierta en el aviso y se pasa en el absoluto. Nadie serio llega a la Casa Blanca ignorando a los hispanos. Sí se llega sin pedirles permiso unánime. Los republicanos que en noviembre hablen solo de frontera y no de hipoteca al 7% van a descubrir la diferencia. Los demócratas que les hablen como si aún fueran el 70% de 2012 también. El voto latino no es un eslogan. Es aritmética de estado. En el sur de Florida, es la elección.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: