Delcy recorre Nueva York y cierra con Trump
BID, FMI, Guterres, un saludo a Sánchez y protesta en la plaza. El broche fue el encuentro con Trump. Para el exilio, alfombra roja a una cómplice
El itinerario parece de jefa de Estado rehabilitada. Aterrizó de madrugada el lunes en Teterboro, Nueva Jersey, en un Gulfstream G500 de matrícula estadounidense. La recibió John Barrett, encargado de negocios de EE.UU. en Caracas. Detrás iban Calixto Ortega y el vicecanciller Oliver Blanco. El mensaje en X fue de manual nuevo: Venezuela en la ONU “para llevar su voz”, agenda de “respeto, cooperación y entendimiento”. Nada que ver con la Delcy de 2019, que hablaba de “terrorismo de Estado” y de las “garras imperiales” de Trump.
Por qué importa. El lunes fue de ventanilla financiera. Se vio con Ilan Goldfajn (BID), Ajay Banga (Banco Mundial) y Kristalina Georgieva (FMI). Reuters habla de energía, deuda y minería. Firmó el libro de honor con António Guterres y le deseó a la Asamblea que el multilateralismo “reivindique sus principios”. El secretario general, según su entorno, tocó el camino “hacia una democracia plena”. Ella salió hablando de paz y destino común.
- El martes, en el hemiciclo, se levantó, cruzó el salón y saludó a Pedro Sánchez con dos besos mientras el español colgaba el teléfono. Moncloa dijo que España está “comprometida con el futuro de la región”.
- Trump, en el atril, habló de Irán y de que “al vencedor van los despojos”. Delcy lo escuchó desde su escaño. A unos quince kilómetros, en Brooklyn, Nicolás Maduro espera juicio.
- El recorrido de esas horas acabó como estaba escrito en la agenda de la Casa Blanca: el encuentro con Donald Trump, el primero entre un presidente estadounidense y quien manda en Caracas en más de once años. No estaba en la misma liga que las bilaterales con el Reino Unido o Japón. El símbolo, sí.
Lo indispensable. Esa es la herida. En Dag Hammarskjöld Plaza la diáspora se concentró bajo la consigna “democracia ya, no más dictadura”. Carteles en inglés: “Delcy is not the president.” El Nacional y La Nación lo cubrieron. No es un capricho de redes. Es gente que vio a Delcy de número dos cuando el Sebin llenaba celdas. La ONU, días atrás, sostuvo que el aparato represivo sigue intacto. El Debate fue más seco: el presidente recibe a quien formó parte del poder que administró un sistema de prisiones.
- A unas manzanas, María Corina Machado —Nobel de la Paz— habló por vídeo en la Cumbre Concordia y dijo que el pueblo venezolano “nunca renunciará a su derecho a gobernarse”. Anunció al Wall Street Journal que vuelve. No estaba en la foto del final del día.
- Los grandes medios no compraron el cuento entero. El País recordó el viraje de discurso. El Periódico habló de bendición a medida que avanzaban petróleo y minería. El Miami Herald recogió la acusación del exilio: Washington antepone el crudo a la transición.
- En Caracas, un puñado protestó ante el PNUD por “tutelaje”. Hasta un ala del chavismo le reclama que abra los campos al “imperio”. La contradicción no absuelve a nadie. Sí retrata el precio: la cómplice de la dictadura camina alfombra mientras el destierro cuenta presos.
Datos clave. Ya no tiene sanciones del Tesoro ni causas pendientes en Estados Unidos. Vino en avión con matrícula estadounidense. Habla el jueves ante la Asamblea.
Ahora qué. Se entiende el cálculo de Trump: petróleo, orden, no perder Caracas. No se entiende que el cálculo borre a las víctimas. Una celda se abre mañana. Un encuentro en Nueva York también.
- Solo una de las dos le sirve al venezolano que gritaba frente a la ONU. Si ese cierre de jornada no sirvió para exigir presos, colectivos y un calendario con quien ganó en 2024, no fue diplomacia. Fue el broche de una rehabilitación.
Delcy recorre Nueva York y cierra con Trump
BID, FMI, Guterres, un saludo a Sánchez y protesta en la plaza. El broche fue el encuentro con Trump. Para el exilio, alfombra roja a una cómplice
El itinerario parece de jefa de Estado rehabilitada. Aterrizó de madrugada el lunes en Teterboro, Nueva Jersey, en un Gulfstream G500 de matrícula estadounidense. La recibió John Barrett, encargado de negocios de EE.UU. en Caracas. Detrás iban Calixto Ortega y el vicecanciller Oliver Blanco. El mensaje en X fue de manual nuevo: Venezuela en la ONU “para llevar su voz”, agenda de “respeto, cooperación y entendimiento”. Nada que ver con la Delcy de 2019, que hablaba de “terrorismo de Estado” y de las “garras imperiales” de Trump.
Por qué importa. El lunes fue de ventanilla financiera. Se vio con Ilan Goldfajn (BID), Ajay Banga (Banco Mundial) y Kristalina Georgieva (FMI). Reuters habla de energía, deuda y minería. Firmó el libro de honor con António Guterres y le deseó a la Asamblea que el multilateralismo “reivindique sus principios”. El secretario general, según su entorno, tocó el camino “hacia una democracia plena”. Ella salió hablando de paz y destino común.
- El martes, en el hemiciclo, se levantó, cruzó el salón y saludó a Pedro Sánchez con dos besos mientras el español colgaba el teléfono. Moncloa dijo que España está “comprometida con el futuro de la región”.
- Trump, en el atril, habló de Irán y de que “al vencedor van los despojos”. Delcy lo escuchó desde su escaño. A unos quince kilómetros, en Brooklyn, Nicolás Maduro espera juicio.
- El recorrido de esas horas acabó como estaba escrito en la agenda de la Casa Blanca: el encuentro con Donald Trump, el primero entre un presidente estadounidense y quien manda en Caracas en más de once años. No estaba en la misma liga que las bilaterales con el Reino Unido o Japón. El símbolo, sí.
Lo indispensable. Esa es la herida. En Dag Hammarskjöld Plaza la diáspora se concentró bajo la consigna “democracia ya, no más dictadura”. Carteles en inglés: “Delcy is not the president.” El Nacional y La Nación lo cubrieron. No es un capricho de redes. Es gente que vio a Delcy de número dos cuando el Sebin llenaba celdas. La ONU, días atrás, sostuvo que el aparato represivo sigue intacto. El Debate fue más seco: el presidente recibe a quien formó parte del poder que administró un sistema de prisiones.
- A unas manzanas, María Corina Machado —Nobel de la Paz— habló por vídeo en la Cumbre Concordia y dijo que el pueblo venezolano “nunca renunciará a su derecho a gobernarse”. Anunció al Wall Street Journal que vuelve. No estaba en la foto del final del día.
- Los grandes medios no compraron el cuento entero. El País recordó el viraje de discurso. El Periódico habló de bendición a medida que avanzaban petróleo y minería. El Miami Herald recogió la acusación del exilio: Washington antepone el crudo a la transición.
- En Caracas, un puñado protestó ante el PNUD por “tutelaje”. Hasta un ala del chavismo le reclama que abra los campos al “imperio”. La contradicción no absuelve a nadie. Sí retrata el precio: la cómplice de la dictadura camina alfombra mientras el destierro cuenta presos.
Datos clave. Ya no tiene sanciones del Tesoro ni causas pendientes en Estados Unidos. Vino en avión con matrícula estadounidense. Habla el jueves ante la Asamblea.
Ahora qué. Se entiende el cálculo de Trump: petróleo, orden, no perder Caracas. No se entiende que el cálculo borre a las víctimas. Una celda se abre mañana. Un encuentro en Nueva York también.
- Solo una de las dos le sirve al venezolano que gritaba frente a la ONU. Si ese cierre de jornada no sirvió para exigir presos, colectivos y un calendario con quien ganó en 2024, no fue diplomacia. Fue el broche de una rehabilitación.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: