La energía del futuro se jugará en tres frentes: barriles cercanos, refinerías disponibles y rutas libres de cuellos de botella. La IA demanda más energía, los países buscan proveedores próximos y las potencias quieren asegurar fuentes propias.
En ese escenario, Venezuela se vuelve clave si EE. UU. logra convertir sus reservas petroleras en barriles disponibles para el hemisferio.
Por qué Venezuela vuelve al mapa petrolero
Si EE. UU. logra mayor incidencia sobre la producción venezolana, tendría influencia sobre alrededor del 26 % de la producción global de petróleo, plantea Antonio Bernal, líder del equipo de inversiones para Latinoamérica Norte de JP Morgan Private Bank.
El país americano no solo busca extraer más crudo. También intenta ordenar el flujo energético del hemisferio: quién compra, quién recibe, a qué precio y bajo qué condiciones.
Las presiones en energía y en las cadenas de suministro se asocian con una inflación por encima del 2 % en países desarrollados, según Bernal. Una oferta regional más fuerte reduciría costos para las industrias del continente.
Venezuela podría avanzar en su recuperación en una década con inversión estadounidense, pero aún no tendría capacidad para cambiar por completo el mapa energético, considera Enrique Lacs, exministro de Economía.
La producción petrolera de Venezuela
Venezuela tiene reservas, pero perdió capacidad para explotarlas. Su extracción se asemeja a “extraer miel del piso” —pesado, costoso y difícil de procesar—, compara Reynaldo Rodríguez, analista de República Intelligence.
Elevar la producción exige capital, infraestructura y estabilidad.
La producción venezolana ronda los 750 000 barriles diarios, insuficiente para mover los mercados globales. Con una transición política podría subir a 1.4 millones de barriles diarios en dos años, según el análisis de JP Morgan How might the evolving situation in Venezuela affect global oil and LNG markets?
Ese mismo análisis proyecta hasta 2.5 millones de barriles diarios en una década, siempre que existan reformas, inversión y un acuerdo de exclusividad con EE. UU. para la producción petrolera.
Recuperar el sector exigiría alrededor de USD 100 000 millones en 10 años, estima Rodríguez. Venezuela debe reestructurar deuda, resolver arbitrajes y generar dólares constantes para sostener operaciones.
Venezuela, EE. UU., México y Canadá en el radar energético
Venezuela no es la única pieza. Si su situación política se ordena, a largo plazo podría formarse un eje EE. UU.-Venezuela-México-Canadá, con producción, refinación y exportación de hidrocarburos.
Lacs compara ese bloque con una nueva OPEP regional.
EE. UU. ya pesa por su producción de gas y petróleo y por su capacidad de refinación. Con Venezuela reforzaría su posición sobre los hidrocarburos que siguen moviendo el comercio global.
Canadá también busca margen propio. El país desarrolla terminales para distribuir su petróleo y ampliar sus salidas al mercado, recuerda Lacs.
China enfrenta otro escenario. El país recibió petróleo venezolano barato para sostener parte de su industria y, ante un nuevo orden energético, aceleraría su abastecimiento con fuentes renovables.
Refinación y rutas
La refinación vuelve decisiva la oportunidad venezolana. Lacs señala que buena parte de ese petróleo tendría salida hacia refinerías del Golfo de México, acostumbradas a convertirlo en gasolina, lubricantes, plásticos y otros derivados.
Más crudo venezolano elevaría la oferta en EE. UU. y en el mercado mundial. Para la región, el beneficio estaría en una mayor capacidad para amortiguar cambios bruscos de precios.
La energía cercana reduce la exposición a rutas vulnerables, como el estrecho de Ormuz, el canal de Suez o el Bósforo, ante un eventual cierre de esos pasos.
La IA añade más urgencia a esa discusión. Los datacenters necesitan energía constante. Si EE. UU. asegura oferta regional, reduce el riesgo de depender de rivales capaces de cortar el suministro en momentos críticos.
La energía del futuro se jugará en tres frentes: barriles cercanos, refinerías disponibles y rutas libres de cuellos de botella. La IA demanda más energía, los países buscan proveedores próximos y las potencias quieren asegurar fuentes propias.
En ese escenario, Venezuela se vuelve clave si EE. UU. logra convertir sus reservas petroleras en barriles disponibles para el hemisferio.
Por qué Venezuela vuelve al mapa petrolero
Si EE. UU. logra mayor incidencia sobre la producción venezolana, tendría influencia sobre alrededor del 26 % de la producción global de petróleo, plantea Antonio Bernal, líder del equipo de inversiones para Latinoamérica Norte de JP Morgan Private Bank.
El país americano no solo busca extraer más crudo. También intenta ordenar el flujo energético del hemisferio: quién compra, quién recibe, a qué precio y bajo qué condiciones.
Las presiones en energía y en las cadenas de suministro se asocian con una inflación por encima del 2 % en países desarrollados, según Bernal. Una oferta regional más fuerte reduciría costos para las industrias del continente.
Venezuela podría avanzar en su recuperación en una década con inversión estadounidense, pero aún no tendría capacidad para cambiar por completo el mapa energético, considera Enrique Lacs, exministro de Economía.
La producción petrolera de Venezuela
Venezuela tiene reservas, pero perdió capacidad para explotarlas. Su extracción se asemeja a “extraer miel del piso” —pesado, costoso y difícil de procesar—, compara Reynaldo Rodríguez, analista de República Intelligence.
Elevar la producción exige capital, infraestructura y estabilidad.
La producción venezolana ronda los 750 000 barriles diarios, insuficiente para mover los mercados globales. Con una transición política podría subir a 1.4 millones de barriles diarios en dos años, según el análisis de JP Morgan How might the evolving situation in Venezuela affect global oil and LNG markets?
Ese mismo análisis proyecta hasta 2.5 millones de barriles diarios en una década, siempre que existan reformas, inversión y un acuerdo de exclusividad con EE. UU. para la producción petrolera.
Recuperar el sector exigiría alrededor de USD 100 000 millones en 10 años, estima Rodríguez. Venezuela debe reestructurar deuda, resolver arbitrajes y generar dólares constantes para sostener operaciones.
Venezuela, EE. UU., México y Canadá en el radar energético
Venezuela no es la única pieza. Si su situación política se ordena, a largo plazo podría formarse un eje EE. UU.-Venezuela-México-Canadá, con producción, refinación y exportación de hidrocarburos.
Lacs compara ese bloque con una nueva OPEP regional.
EE. UU. ya pesa por su producción de gas y petróleo y por su capacidad de refinación. Con Venezuela reforzaría su posición sobre los hidrocarburos que siguen moviendo el comercio global.
Canadá también busca margen propio. El país desarrolla terminales para distribuir su petróleo y ampliar sus salidas al mercado, recuerda Lacs.
China enfrenta otro escenario. El país recibió petróleo venezolano barato para sostener parte de su industria y, ante un nuevo orden energético, aceleraría su abastecimiento con fuentes renovables.
Refinación y rutas
La refinación vuelve decisiva la oportunidad venezolana. Lacs señala que buena parte de ese petróleo tendría salida hacia refinerías del Golfo de México, acostumbradas a convertirlo en gasolina, lubricantes, plásticos y otros derivados.
Más crudo venezolano elevaría la oferta en EE. UU. y en el mercado mundial. Para la región, el beneficio estaría en una mayor capacidad para amortiguar cambios bruscos de precios.
La energía cercana reduce la exposición a rutas vulnerables, como el estrecho de Ormuz, el canal de Suez o el Bósforo, ante un eventual cierre de esos pasos.
La IA añade más urgencia a esa discusión. Los datacenters necesitan energía constante. Si EE. UU. asegura oferta regional, reduce el riesgo de depender de rivales capaces de cortar el suministro en momentos críticos.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: