Guatemala pierde una década antes del empleo formal
El país cerró 2025 con menos personas dentro del mercado laboral, menos ocupados y más desempleo, según la OIT.
Entre los 18 y los 27 años se define una etapa laboral decisiva. En Guatemala, muchos jóvenes la atraviesan sin empleo formal. Esa década perdida no es solo un problema juvenil: expone una economía que crece poco y genera menos puestos de los necesarios.
Por qué importa. Guatemala cerró 2025 con menos personas dentro del mercado laboral, menos ocupados y más desempleo, según el informe Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe 2026 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
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La combinación va más allá de una variación estadística: muestra una menor capacidad para incorporar trabajadores, incluso mientras la economía continuó creciendo.
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Guatemala necesitaría crecer alrededor del 6 % para absorber el aumento anual de la población. Tasas cercanas al 3.5 % dejan fuera a miles. “Tenemos un crecimiento mediocre”, afirma Luis Felipe Linares, consultor de asuntos laborales de ASIES.
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Guido Ricci, director de la Unidad Laboral de CACIF, atribuye parte del deterioro a las decisiones sobre salario mínimo, la falta de certeza para invertir y las deficiencias de infraestructura. Estos factores frenan la contratación.
Entre líneas. Encontrar formalidad hasta los 27 años implica perder entre nueve y diez años de experiencia, cotizaciones y formación. El problema comienza antes, cuando numerosos adolescentes abandonan los estudios sin encontrar una puerta de entrada al mercado laboral.
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“Estamos dejando 10 años útiles en la informalidad”, advierte Ricci. Durante ese periodo, los jóvenes trabajan, pero sin protección social y con menos posibilidades de desarrollar habilidades para empleos más productivos.
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Linares señala que solo una parte de quienes concluyen el ciclo básico continúa el diversificado. Muchos dejan de estudiar desde los 15 años y tampoco consiguen incorporarse a una actividad productiva.
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Cerca de una cuarta parte de la población entre 15 y 30 años son NINIS. La economía pierde capital humano antes de que estos acumulen conocimientos, destrezas o experiencia.
Ecos regionales. El contraste con Centroamérica acentúa el rezago. En 2025, otros países incorporaron más personas, elevaron la ocupación y mostraron mercados laborales más dinámicos. Guatemala perdió participación y empleo, aunque la informalidad (66.2 %) disminuyó 1.8 puntos.
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Honduras y Belice aumentaron en más de dos puntos porcentuales su participación y ocupación, mientras redujeron el desempleo. Sus economías consiguieron absorber buena parte de esa nueva oferta laboral.
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El Salvador elevó 1.3 puntos la participación laboral y 1.2 puntos la ocupación. La OIT considera que el movimiento puede reflejar una mayor búsqueda de oportunidades.
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La secuencia guatemalteca fue opuesta: menos personas participaron, menos encontraron ocupación y una mayor proporción quedó desempleada. “Estamos desperdiciando el bono demográfico”, advierte Ricci.
Ahora qué. Linares sostiene que el país debe romper el vínculo entre baja productividad, informalidad y precariedad. La brecha no está solo entre vacantes y aspirantes, sino entre las habilidades disponibles y las que necesitan las empresas.
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Adelantar el primer empleo formal exige más inversión y demanda de trabajo. Mientras eso no ocurra, la informalidad, migración y remesas seguirán amortiguando el ingreso que la economía guatemalteca no genera.
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La OIT señala que los programas coordinados con las necesidades empresariales mejoran la inserción laboral. La formación debe responder a puestos existentes, no a habilidades desconectadas del mercado.
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Guatemala necesita elevar la productividad, ampliar el acceso a crédito y tecnología, y fortalecer las capacidades empresariales. El reto es acortar la espera para que el empleo formal deje de comenzar a los 27.
Guatemala pierde una década antes del empleo formal
El país cerró 2025 con menos personas dentro del mercado laboral, menos ocupados y más desempleo, según la OIT.
Entre los 18 y los 27 años se define una etapa laboral decisiva. En Guatemala, muchos jóvenes la atraviesan sin empleo formal. Esa década perdida no es solo un problema juvenil: expone una economía que crece poco y genera menos puestos de los necesarios.
Por qué importa. Guatemala cerró 2025 con menos personas dentro del mercado laboral, menos ocupados y más desempleo, según el informe Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe 2026 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
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La combinación va más allá de una variación estadística: muestra una menor capacidad para incorporar trabajadores, incluso mientras la economía continuó creciendo.
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Guatemala necesitaría crecer alrededor del 6 % para absorber el aumento anual de la población. Tasas cercanas al 3.5 % dejan fuera a miles. “Tenemos un crecimiento mediocre”, afirma Luis Felipe Linares, consultor de asuntos laborales de ASIES.
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Guido Ricci, director de la Unidad Laboral de CACIF, atribuye parte del deterioro a las decisiones sobre salario mínimo, la falta de certeza para invertir y las deficiencias de infraestructura. Estos factores frenan la contratación.
Entre líneas. Encontrar formalidad hasta los 27 años implica perder entre nueve y diez años de experiencia, cotizaciones y formación. El problema comienza antes, cuando numerosos adolescentes abandonan los estudios sin encontrar una puerta de entrada al mercado laboral.
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“Estamos dejando 10 años útiles en la informalidad”, advierte Ricci. Durante ese periodo, los jóvenes trabajan, pero sin protección social y con menos posibilidades de desarrollar habilidades para empleos más productivos.
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Linares señala que solo una parte de quienes concluyen el ciclo básico continúa el diversificado. Muchos dejan de estudiar desde los 15 años y tampoco consiguen incorporarse a una actividad productiva.
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Cerca de una cuarta parte de la población entre 15 y 30 años son NINIS. La economía pierde capital humano antes de que estos acumulen conocimientos, destrezas o experiencia.
Ecos regionales. El contraste con Centroamérica acentúa el rezago. En 2025, otros países incorporaron más personas, elevaron la ocupación y mostraron mercados laborales más dinámicos. Guatemala perdió participación y empleo, aunque la informalidad (66.2 %) disminuyó 1.8 puntos.
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Honduras y Belice aumentaron en más de dos puntos porcentuales su participación y ocupación, mientras redujeron el desempleo. Sus economías consiguieron absorber buena parte de esa nueva oferta laboral.
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El Salvador elevó 1.3 puntos la participación laboral y 1.2 puntos la ocupación. La OIT considera que el movimiento puede reflejar una mayor búsqueda de oportunidades.
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La secuencia guatemalteca fue opuesta: menos personas participaron, menos encontraron ocupación y una mayor proporción quedó desempleada. “Estamos desperdiciando el bono demográfico”, advierte Ricci.
Ahora qué. Linares sostiene que el país debe romper el vínculo entre baja productividad, informalidad y precariedad. La brecha no está solo entre vacantes y aspirantes, sino entre las habilidades disponibles y las que necesitan las empresas.
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Adelantar el primer empleo formal exige más inversión y demanda de trabajo. Mientras eso no ocurra, la informalidad, migración y remesas seguirán amortiguando el ingreso que la economía guatemalteca no genera.
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La OIT señala que los programas coordinados con las necesidades empresariales mejoran la inserción laboral. La formación debe responder a puestos existentes, no a habilidades desconectadas del mercado.
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Guatemala necesita elevar la productividad, ampliar el acceso a crédito y tecnología, y fortalecer las capacidades empresariales. El reto es acortar la espera para que el empleo formal deje de comenzar a los 27.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: