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El crecimiento mexicano: una advertencia para la productividad guatemalteca

.
María José Aresti
06 de junio, 2026

Durante años México pareció tener lo que buena parte de Latinoamérica buscaba: fábricas conectadas con EE. UU., sectores exportadores fuertes y acceso privilegiado al mayor mercado del mundo. Pero esa ventaja no corrigió la baja productividad de buena parte de su economía. Para Guatemala, la advertencia llega antes de industrializarse.

Por qué importa. El caso mexicano desmonta una idea cómoda: abrir mercados, atraer inversión y exportar más no garantizan crecimiento sostenido si la productividad no llega a más empresas, sectores y trabajadores. Guatemala mantiene estabilidad, pero todavía no la convierte en transformación productiva.

  • El país crece apoyado en consumo, remesas e inversión privada. Ese impulso sostiene la actividad, pero no alcanza para crear empresas más competitivas, trabajadores mejor formados ni exportaciones de mayor valor.

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  • México deja una advertencia útil: una economía puede integrarse a cadenas globales y aun así mantener desconectada a buena parte de sus empresas. Exportar más no siempre significa producir mejor.

  • La diferencia está en el punto de partida. México enfrentó ese límite después de industrializarse; Guatemala encara el riesgo antes de sofisticar su base productiva, con baja productividad, informalidad y sectores de bajo valor agregado.

En el radar. Ángel Maass, Head of Institutional Credit Advisory para las Américas en Kennis Partners, explica que México construyó una plataforma exportadora competitiva, pero no logró traducir ese avance en productividad para toda la economía.

  • “Exportamos más, pero no siempre generamos suficiente valor agregado local”, afirma el economista mexicano. El vecino del norte aumentó sus ventas al mundo, pero no siempre capturó suficiente valor dentro de su propia economía.

  • La informalidad, inseguridad, barreras a la competencia, baja inversión productiva y el gasto público mal asignado limitaron el derrame hacia el resto de empresas y trabajadores. La productividad no se convirtió en una mejora general del aparato empresarial.

  • “La integración comercial fue más rápida que el fortalecimiento institucional”, agrega. Se conectó industrias con el mercado global, pero hubo rezagos en capital humano, crédito productivo y capacidades empresariales. Muchas pymes quedaron lejos de las cadenas más dinámicas.

Sí, pero. Lisardo Bolaños, coordinador técnico de Guatemala No Se Detiene, advierte que México sí acumuló tres décadas de industrialización, diversificación exportadora e integración profunda con EE. UU. Guatemala parte de una base más débil, sin clústeres industriales comparables ni exportaciones tecnológicas con esa escala.

  • El desafío guatemalteco también pasa por incentivos menos competitivos que otros países, trámites aduaneros lentos, permisos complejos, infraestructura débil y falta de energía suficiente en el interior.

  • Por eso México no funciona como espejo exacto. Funciona como advertencia. Si una economía más industrializada se estancó en productividad, Guatemala no puede confiar solo en estabilidad, remesas o ubicación geográfica.

  • “Se quieren mantener las discusiones de los ochentas que nos sirvieron para generar la estabilidad”, afirma Bolaños. El nuevo debate debería concentrarse en innovación, infraestructura, talento e incentivos productivos.

Visto y no visto. Guatemala ha construido estabilidad macroeconómica durante décadas. Mario García Lara, director ejecutivo de Fundación 2020, advierte que ese logro no basta si el país no lo convierte en inversión productiva, exportaciones, reglas previsibles y aumentos reales de productividad.

  • Las remesas sostienen consumo y amortiguan choques, pero “no deberían ser consideradas una estrategia de crecimiento de largo plazo”, agrega. Dependen de EE. UU. y de condiciones migratorias fuera del control nacional.

  • Según Lara, la estabilidad macro puede deteriorarse si el país abandona la prudencia fiscal o usa su margen en gasto corriente sin retorno productivo. El reto no es gastar más, sino invertir mejor.

  • Los inversionistas no solo observan deuda, déficit o inflación. También evalúan certeza jurídica, tribunales, corrupción, trámites y estabilidad regulatoria. Sin confianza institucional, la cercanía con Norteamérica pierde fuerza.

En conclusión. El caso mexicano no anticipa el destino de Guatemala, pero sí deja una advertencia: la apertura pierde fuerza cuando no arrastra al resto del aparato productivo. Para el país, el reto es más exigente: usar su estabilidad para construir empresas más sofisticadas, empleo de mayor valor y una base exportadora menos dependiente de ventajas iniciales.

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El crecimiento mexicano: una advertencia para la productividad guatemalteca

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María José Aresti
06 de junio, 2026

Durante años México pareció tener lo que buena parte de Latinoamérica buscaba: fábricas conectadas con EE. UU., sectores exportadores fuertes y acceso privilegiado al mayor mercado del mundo. Pero esa ventaja no corrigió la baja productividad de buena parte de su economía. Para Guatemala, la advertencia llega antes de industrializarse.

Por qué importa. El caso mexicano desmonta una idea cómoda: abrir mercados, atraer inversión y exportar más no garantizan crecimiento sostenido si la productividad no llega a más empresas, sectores y trabajadores. Guatemala mantiene estabilidad, pero todavía no la convierte en transformación productiva.

  • El país crece apoyado en consumo, remesas e inversión privada. Ese impulso sostiene la actividad, pero no alcanza para crear empresas más competitivas, trabajadores mejor formados ni exportaciones de mayor valor.

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  • México deja una advertencia útil: una economía puede integrarse a cadenas globales y aun así mantener desconectada a buena parte de sus empresas. Exportar más no siempre significa producir mejor.

  • La diferencia está en el punto de partida. México enfrentó ese límite después de industrializarse; Guatemala encara el riesgo antes de sofisticar su base productiva, con baja productividad, informalidad y sectores de bajo valor agregado.

En el radar. Ángel Maass, Head of Institutional Credit Advisory para las Américas en Kennis Partners, explica que México construyó una plataforma exportadora competitiva, pero no logró traducir ese avance en productividad para toda la economía.

  • “Exportamos más, pero no siempre generamos suficiente valor agregado local”, afirma el economista mexicano. El vecino del norte aumentó sus ventas al mundo, pero no siempre capturó suficiente valor dentro de su propia economía.

  • La informalidad, inseguridad, barreras a la competencia, baja inversión productiva y el gasto público mal asignado limitaron el derrame hacia el resto de empresas y trabajadores. La productividad no se convirtió en una mejora general del aparato empresarial.

  • “La integración comercial fue más rápida que el fortalecimiento institucional”, agrega. Se conectó industrias con el mercado global, pero hubo rezagos en capital humano, crédito productivo y capacidades empresariales. Muchas pymes quedaron lejos de las cadenas más dinámicas.

Sí, pero. Lisardo Bolaños, coordinador técnico de Guatemala No Se Detiene, advierte que México sí acumuló tres décadas de industrialización, diversificación exportadora e integración profunda con EE. UU. Guatemala parte de una base más débil, sin clústeres industriales comparables ni exportaciones tecnológicas con esa escala.

  • El desafío guatemalteco también pasa por incentivos menos competitivos que otros países, trámites aduaneros lentos, permisos complejos, infraestructura débil y falta de energía suficiente en el interior.

  • Por eso México no funciona como espejo exacto. Funciona como advertencia. Si una economía más industrializada se estancó en productividad, Guatemala no puede confiar solo en estabilidad, remesas o ubicación geográfica.

  • “Se quieren mantener las discusiones de los ochentas que nos sirvieron para generar la estabilidad”, afirma Bolaños. El nuevo debate debería concentrarse en innovación, infraestructura, talento e incentivos productivos.

Visto y no visto. Guatemala ha construido estabilidad macroeconómica durante décadas. Mario García Lara, director ejecutivo de Fundación 2020, advierte que ese logro no basta si el país no lo convierte en inversión productiva, exportaciones, reglas previsibles y aumentos reales de productividad.

  • Las remesas sostienen consumo y amortiguan choques, pero “no deberían ser consideradas una estrategia de crecimiento de largo plazo”, agrega. Dependen de EE. UU. y de condiciones migratorias fuera del control nacional.

  • Según Lara, la estabilidad macro puede deteriorarse si el país abandona la prudencia fiscal o usa su margen en gasto corriente sin retorno productivo. El reto no es gastar más, sino invertir mejor.

  • Los inversionistas no solo observan deuda, déficit o inflación. También evalúan certeza jurídica, tribunales, corrupción, trámites y estabilidad regulatoria. Sin confianza institucional, la cercanía con Norteamérica pierde fuerza.

En conclusión. El caso mexicano no anticipa el destino de Guatemala, pero sí deja una advertencia: la apertura pierde fuerza cuando no arrastra al resto del aparato productivo. Para el país, el reto es más exigente: usar su estabilidad para construir empresas más sofisticadas, empleo de mayor valor y una base exportadora menos dependiente de ventajas iniciales.

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