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Aida Lorenzo: “Importamos el 100 % de lo negro y exportamos el 100 % de lo verde”

Guatemala importa el 90 % de su gasolina y todo el diésel. Aida Lorenzo explica cómo los combustibles renovables pueden reducir esa dependencia.

Ximena Fernández
29 de octubre, 2026

Guatemala importa el 90 % de la gasolina y el 100 % del diésel que consume. Solo el año pasado, estas importaciones representaron USD 6000M. Aida Lorenzo, gerente general de la Asociación de Combustibles Renovables de Guatemala, advierte sobre los riesgos de depender de los precios internacionales y las crisis geopolíticas.

El país todavía tiene oportunidades para reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Lorenzo destaca el potencial del etanol, el biodiésel y el biogás, pero señala que la falta de políticas claras y certeza jurídica limita su desarrollo.

¿Qué dependencia tiene Guatemala de los combustibles tradicionales y cuáles son las consecuencias de no diversificarlos?

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—Guatemala depende fuertemente de los combustibles fósiles. Antes del 21 de agosto importábamos el 100 % de la gasolina. Hoy importamos el 90 %, pero seguimos importando el 100 % del diésel.

A Guatemala, el año pasado, importar este combustible le costó USD 6000M, cuando no había crisis. Pero ahora, con los problemas geopolíticos actuales, por lo menos va a aumentar hasta un 30 %.

El problema que tenemos en Guatemala es que no somos un país petrolero que refine. El país está en crisis porque dependemos totalmente de la importación de combustibles fósiles. Y eso es para todo tipo de energía, no solo la eléctrica.

La energía eléctrica está bien, tenemos una matriz bastante balanceada. Pero el sector transporte depende del combustible fósil y dependemos de los precios internacionales y los problemas geopolíticos.

Nosotros no podemos hacer nada, el Gobierno no puede hacer nada, los importadores no pueden hacer nada en torno al precio del combustible. Lo que sí podemos hacer es empezar a diversificar nuestra matriz energética.

¿Qué oportunidades tiene Guatemala para diversificar su matriz energética, especialmente en el sector transporte?

—No somos los primeros en abordarlo. ¿Qué es lo que pasa a nivel mundial en el sector transporte? Primero, el etanol; Guatemala ya arrancó el 21 de agosto. Hoy está solamente en la regular, pero realmente es urgente que pasemos a la superior. Porque esto nos ayuda a tener más seguridad energética de no tener solamente un producto. 

Después, el biodiésel, que proviene de materias primas de aceites, como la palma o la soya. Hay más de 45 países en el mundo que lo están utilizando. Brasil tiene 20 % de biodiésel. Colombia tiene un 10 %. 

Pero vienen otros combustibles alternativos. Para el sector transporte aéreo existe el SAF (Sustainable Aviation Fuel). Tiene dos rutas tecnológicas que parten del etanol y del biodiésel.

Ya se observaron vuelos con este combustible, pero todavía no logra abastecerse de todo. Hay mucha demanda, pero poca oferta.

Sin embargo lo más reciente es el combustible sostenible marítimo. Ahora el transporte marítimo busca depender menos de combustibles fósiles y reducir sus emisiones. En ese caso, el etanol tiene mucho potencial porque el alcohol se puede meter directamente en los motores de los barcos con pequeños ajustes.

Y como otro tema, en el que Guatemala tiene un gran potencial, es el tema de la basura. Toda la materia orgánica se puede convertir en combustible. Se puede meter en un biodigestor que descompone la materia orgánica y genera un gas que se llama biogás y se descompone en metano.

En países como Chile, Argentina, Brasil, ese metano ya se está utilizando en carros porque el biometano es similar al gas natural. Se comporta igual al gas natural. Este gas natural es renovable. Analicemos toda la basura que generamos, que siempre está disponible, toda la materia orgánica que nosotros vemos como basura, pero que es una materia prima.

Guatemala tiene un gran potencial. Pero no lo hemos visualizado y tampoco existen las normas claras para hacerlo. Incluso podemos hacer combustibles renovables a través de las aguas residuales.

¿Qué oportunidades tiene Guatemala para producir sus propias materias primas y depender menos de las importaciones?

—El etanol es un gran ejemplo. Guatemala produce alcohol, alrededor de 70M de galones, que siempre se exportan. Es un producto que tiene muy buena calidad y que es exportado a Europa y California. Y se envían a estos sectores porque existe una normativa muy clara de querer mejorar la calidad del aire de sus habitantes.

Guatemala es de los pocos países del mundo en donde el mercado de los combustibles renovables es abierto. Existen 60 países en el mundo que utilizan etanol y todos utilizan el alcohol nacional. Porque la ventaja de algo renovable es que se produzca y se consuma en el mismo lugar.

Guatemala es un caso un poco extraño. Expertos internacionales dicen que somos una paradoja, porque importamos el 100 % de lo negro y exportamos el 100 % de lo verde.

Cosas positivas: El mercado de Guatemala es libre. Las tres empresas importadoras deciden dónde comprar, internacional o localmente, lo que abre una oportunidad para depender menos de esas importaciones.

Mientras más consumamos de un producto nacional, dependemos menos de las importaciones y divisas que se van para fuera, en lugar de generar más riqueza localmente.

Así que mientras antes arranquemos y aumentemos las mezclas, es mejor. Brasil empezó hace 50 años. Empezó con un 10 %, después aumentó a un 12, y luego a un 15. Hace un par de meses estaba al 27; hoy está al 32 %. En Brasil no hay gasolina pura. Para ellos, la crisis energética se observa a menor escala porque ellos producen su alcohol y lo consumen.

¿Cuánto tardará Guatemala en reducir las importaciones y pueden los combustibles alternativos reemplazar al petróleo?

—El petróleo va a seguir existiendo. Los motores de combustión van a seguir existiendo, vamos a morir con eso, pero lo que es urgente definitivamente es empezar. Ningún país del mundo va a dejar de depender del petróleo hasta cierto punto. Pero a Guatemala le falta muchísimo. Nos tomó 40 años implementar esta ley de Etanol.

Pero ¿Por qué Brasil creció tanto? ¿Cómo Brasil siguió adelante? Porque tienen muy claras sus políticas públicas. 

Los países latinoamericanos que han avanzado con esto trabajan conjuntamente con el sector público, privado y academia. El sector público no lo puede hacer solo. El sector privado puede producir, pero no tiene el poder para hacer políticas públicas. Mientras la academia genera mucha información que a veces no puede aplicar.

Guatemala todavía está muy lejos, pero es el momento para que podamos empezar a buscar otras alternativas. Primero, debería seguir con la implementación del etanol a la gasolina superior, después con el biodiésel y luego el biogás. 

¿Cuáles son los principales obstáculos que impiden ampliar el uso de combustibles alternativos en Guatemala?

—La política. La tecnología ya existe y la materia prima ya existe. Pero no un marco regulatorio.

Cuando se genera una política pública, se define cómo se hace, quién es el responsable, quién es el ente rector, en qué momento se va a mezclar, si hay incentivos o no lo hay.

Eso también genera la estabilidad y la certeza jurídica para que vengan inversionistas. Les da señales claras a los productores, pero también a los financistas para ver qué tan rentable va a ser aplicar un combustible alternativo. Es un trabajo en conjunto, no solamente del productor, para que esto sea una realidad.

Entonces, definitivamente para mí es voluntad política, certeza jurídica y políticas claras para que se pueda desarrollar cualquier tipo de combustible alternativo.

Realmente es un conjunto de acciones donde se tiene que tener muy bien definido cuál es el producto, quién lo va a regular, cómo lo van a regular, cómo se va a distribuir, cómo se va a almacenar y eso definitivamente necesita normas técnicas claras para generar una certeza jurídica para mayores inversiones.

¿Qué potencial tiene Guatemala para desarrollar combustibles alternativos en el transporte aéreo y marítimo?

—Yo creo que todavía estamos muy atrasados en comparación con otros países. Pero Guatemala tiene un gran potencial para producir ese combustible sostenible de aviación.



Obviamente, son inversiones multimillonarias. Estamos hablando de alrededor de USD 500M de inversión para una planta de SAF. Eso ya va a llevar bastante tiempo, pero hay que arrancar porque si no avanzamos, nunca vamos a estar listos.

Lo que hicieron países como Chile, Colombia, Argentina y Brasil fue generar una hoja de ruta de cómo van a desarrollar esta industria. Es decir, primero observan el potencial, luego realizan el marco regulatorio para después buscar los fondos.

Es una planificación. No se puede hacer de un día para otro. Tenemos que planificarlo con tiempo y va ligado al desarrollo de las políticas energéticas.

Por ejemplo, Brasil tiene una ley que se llama Ley del Combustible del Futuro. Y en Guatemala ni siquiera tenemos una ley de biocombustibles. Tenemos una ley de etanol, pero tenemos que seguir con el tema de cómo vamos a querer crecer en los temas de biocombustibles.

¿Cuáles son las industrias que más podrían beneficiarse de tener combustibles alternativos en Guatemala?

—En la parte industrial, cualquiera que utilice combustible fósil en su producción. Lo que utilizan las empresas para generar energía o calor para producir distintos textiles y alimentos es el carbón, diésel o búnker. Esa es la opción que tienen.

Pero mientras más les diversifiquemos es mejor. Porque cuando estos combustibles alternativos estén regulados, van a poder haber calderas, equipo y profesionales que puedan dar asesorías al respecto.

Tenemos que ver cómo diversificamos también en la parte industrial para generar calor, energía y productos más limpios.

¿Qué beneficios económicos tienen los combustibles alternativos para el usuario final?

—Vámonos por pasos del tema del caso del etanol. Hoy, con los precios que están tan altos, definitivamente el tema del etanol es mucho más barato que la gasolina. En las estaciones de servicio se han visualizado hasta tres quetzales de diferencia entre una que tiene etanol y otra que no. 

Pero también va muy ligado a las políticas que se generan. ¿Qué pasa en Colombia? Tiene subsidiados los combustibles del petróleo. Entonces, el alcohol a veces no compite.

Cuando vemos la energética eléctrica que se genera con las hidroeléctricas, el kilovatio es mucho más barato si llueve. Cuando tenemos energía solar es más barato también. La cogeneración, por ejemplo, es mucho más barata que el búnker, que el carbón y que el petróleo.

Pero el beneficio no es solamente el económico, también la estabilidad de la seguridad energética. 

Y otro tema que a nosotros como guatemaltecos no nos importa mucho es la parte ambiental. Cada kilovatio generado con carbón genera emisiones. Cada carro que está en la calle, cada bus que está en la calle genera emisiones.

¿Qué generan las emisiones? No solo dañan el ambiente, generan enfermedades respiratorias.

Entonces, mientras más combustibles renovables utilicemos en el sector transporte, industria y generación de energía eléctrica, tendremos un ambiente más limpio.



 

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Aida Lorenzo: “Importamos el 100 % de lo negro y exportamos el 100 % de lo verde”

Guatemala importa el 90 % de su gasolina y todo el diésel. Aida Lorenzo explica cómo los combustibles renovables pueden reducir esa dependencia.

Ximena Fernández
29 de octubre, 2026

Guatemala importa el 90 % de la gasolina y el 100 % del diésel que consume. Solo el año pasado, estas importaciones representaron USD 6000M. Aida Lorenzo, gerente general de la Asociación de Combustibles Renovables de Guatemala, advierte sobre los riesgos de depender de los precios internacionales y las crisis geopolíticas.

El país todavía tiene oportunidades para reducir su dependencia de los combustibles fósiles. Lorenzo destaca el potencial del etanol, el biodiésel y el biogás, pero señala que la falta de políticas claras y certeza jurídica limita su desarrollo.

¿Qué dependencia tiene Guatemala de los combustibles tradicionales y cuáles son las consecuencias de no diversificarlos?

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—Guatemala depende fuertemente de los combustibles fósiles. Antes del 21 de agosto importábamos el 100 % de la gasolina. Hoy importamos el 90 %, pero seguimos importando el 100 % del diésel.

A Guatemala, el año pasado, importar este combustible le costó USD 6000M, cuando no había crisis. Pero ahora, con los problemas geopolíticos actuales, por lo menos va a aumentar hasta un 30 %.

El problema que tenemos en Guatemala es que no somos un país petrolero que refine. El país está en crisis porque dependemos totalmente de la importación de combustibles fósiles. Y eso es para todo tipo de energía, no solo la eléctrica.

La energía eléctrica está bien, tenemos una matriz bastante balanceada. Pero el sector transporte depende del combustible fósil y dependemos de los precios internacionales y los problemas geopolíticos.

Nosotros no podemos hacer nada, el Gobierno no puede hacer nada, los importadores no pueden hacer nada en torno al precio del combustible. Lo que sí podemos hacer es empezar a diversificar nuestra matriz energética.

¿Qué oportunidades tiene Guatemala para diversificar su matriz energética, especialmente en el sector transporte?

—No somos los primeros en abordarlo. ¿Qué es lo que pasa a nivel mundial en el sector transporte? Primero, el etanol; Guatemala ya arrancó el 21 de agosto. Hoy está solamente en la regular, pero realmente es urgente que pasemos a la superior. Porque esto nos ayuda a tener más seguridad energética de no tener solamente un producto. 

Después, el biodiésel, que proviene de materias primas de aceites, como la palma o la soya. Hay más de 45 países en el mundo que lo están utilizando. Brasil tiene 20 % de biodiésel. Colombia tiene un 10 %. 

Pero vienen otros combustibles alternativos. Para el sector transporte aéreo existe el SAF (Sustainable Aviation Fuel). Tiene dos rutas tecnológicas que parten del etanol y del biodiésel.

Ya se observaron vuelos con este combustible, pero todavía no logra abastecerse de todo. Hay mucha demanda, pero poca oferta.

Sin embargo lo más reciente es el combustible sostenible marítimo. Ahora el transporte marítimo busca depender menos de combustibles fósiles y reducir sus emisiones. En ese caso, el etanol tiene mucho potencial porque el alcohol se puede meter directamente en los motores de los barcos con pequeños ajustes.

Y como otro tema, en el que Guatemala tiene un gran potencial, es el tema de la basura. Toda la materia orgánica se puede convertir en combustible. Se puede meter en un biodigestor que descompone la materia orgánica y genera un gas que se llama biogás y se descompone en metano.

En países como Chile, Argentina, Brasil, ese metano ya se está utilizando en carros porque el biometano es similar al gas natural. Se comporta igual al gas natural. Este gas natural es renovable. Analicemos toda la basura que generamos, que siempre está disponible, toda la materia orgánica que nosotros vemos como basura, pero que es una materia prima.

Guatemala tiene un gran potencial. Pero no lo hemos visualizado y tampoco existen las normas claras para hacerlo. Incluso podemos hacer combustibles renovables a través de las aguas residuales.

¿Qué oportunidades tiene Guatemala para producir sus propias materias primas y depender menos de las importaciones?

—El etanol es un gran ejemplo. Guatemala produce alcohol, alrededor de 70M de galones, que siempre se exportan. Es un producto que tiene muy buena calidad y que es exportado a Europa y California. Y se envían a estos sectores porque existe una normativa muy clara de querer mejorar la calidad del aire de sus habitantes.

Guatemala es de los pocos países del mundo en donde el mercado de los combustibles renovables es abierto. Existen 60 países en el mundo que utilizan etanol y todos utilizan el alcohol nacional. Porque la ventaja de algo renovable es que se produzca y se consuma en el mismo lugar.

Guatemala es un caso un poco extraño. Expertos internacionales dicen que somos una paradoja, porque importamos el 100 % de lo negro y exportamos el 100 % de lo verde.

Cosas positivas: El mercado de Guatemala es libre. Las tres empresas importadoras deciden dónde comprar, internacional o localmente, lo que abre una oportunidad para depender menos de esas importaciones.

Mientras más consumamos de un producto nacional, dependemos menos de las importaciones y divisas que se van para fuera, en lugar de generar más riqueza localmente.

Así que mientras antes arranquemos y aumentemos las mezclas, es mejor. Brasil empezó hace 50 años. Empezó con un 10 %, después aumentó a un 12, y luego a un 15. Hace un par de meses estaba al 27; hoy está al 32 %. En Brasil no hay gasolina pura. Para ellos, la crisis energética se observa a menor escala porque ellos producen su alcohol y lo consumen.

¿Cuánto tardará Guatemala en reducir las importaciones y pueden los combustibles alternativos reemplazar al petróleo?

—El petróleo va a seguir existiendo. Los motores de combustión van a seguir existiendo, vamos a morir con eso, pero lo que es urgente definitivamente es empezar. Ningún país del mundo va a dejar de depender del petróleo hasta cierto punto. Pero a Guatemala le falta muchísimo. Nos tomó 40 años implementar esta ley de Etanol.

Pero ¿Por qué Brasil creció tanto? ¿Cómo Brasil siguió adelante? Porque tienen muy claras sus políticas públicas. 

Los países latinoamericanos que han avanzado con esto trabajan conjuntamente con el sector público, privado y academia. El sector público no lo puede hacer solo. El sector privado puede producir, pero no tiene el poder para hacer políticas públicas. Mientras la academia genera mucha información que a veces no puede aplicar.

Guatemala todavía está muy lejos, pero es el momento para que podamos empezar a buscar otras alternativas. Primero, debería seguir con la implementación del etanol a la gasolina superior, después con el biodiésel y luego el biogás. 

¿Cuáles son los principales obstáculos que impiden ampliar el uso de combustibles alternativos en Guatemala?

—La política. La tecnología ya existe y la materia prima ya existe. Pero no un marco regulatorio.

Cuando se genera una política pública, se define cómo se hace, quién es el responsable, quién es el ente rector, en qué momento se va a mezclar, si hay incentivos o no lo hay.

Eso también genera la estabilidad y la certeza jurídica para que vengan inversionistas. Les da señales claras a los productores, pero también a los financistas para ver qué tan rentable va a ser aplicar un combustible alternativo. Es un trabajo en conjunto, no solamente del productor, para que esto sea una realidad.

Entonces, definitivamente para mí es voluntad política, certeza jurídica y políticas claras para que se pueda desarrollar cualquier tipo de combustible alternativo.

Realmente es un conjunto de acciones donde se tiene que tener muy bien definido cuál es el producto, quién lo va a regular, cómo lo van a regular, cómo se va a distribuir, cómo se va a almacenar y eso definitivamente necesita normas técnicas claras para generar una certeza jurídica para mayores inversiones.

¿Qué potencial tiene Guatemala para desarrollar combustibles alternativos en el transporte aéreo y marítimo?

—Yo creo que todavía estamos muy atrasados en comparación con otros países. Pero Guatemala tiene un gran potencial para producir ese combustible sostenible de aviación.



Obviamente, son inversiones multimillonarias. Estamos hablando de alrededor de USD 500M de inversión para una planta de SAF. Eso ya va a llevar bastante tiempo, pero hay que arrancar porque si no avanzamos, nunca vamos a estar listos.

Lo que hicieron países como Chile, Colombia, Argentina y Brasil fue generar una hoja de ruta de cómo van a desarrollar esta industria. Es decir, primero observan el potencial, luego realizan el marco regulatorio para después buscar los fondos.

Es una planificación. No se puede hacer de un día para otro. Tenemos que planificarlo con tiempo y va ligado al desarrollo de las políticas energéticas.

Por ejemplo, Brasil tiene una ley que se llama Ley del Combustible del Futuro. Y en Guatemala ni siquiera tenemos una ley de biocombustibles. Tenemos una ley de etanol, pero tenemos que seguir con el tema de cómo vamos a querer crecer en los temas de biocombustibles.

¿Cuáles son las industrias que más podrían beneficiarse de tener combustibles alternativos en Guatemala?

—En la parte industrial, cualquiera que utilice combustible fósil en su producción. Lo que utilizan las empresas para generar energía o calor para producir distintos textiles y alimentos es el carbón, diésel o búnker. Esa es la opción que tienen.

Pero mientras más les diversifiquemos es mejor. Porque cuando estos combustibles alternativos estén regulados, van a poder haber calderas, equipo y profesionales que puedan dar asesorías al respecto.

Tenemos que ver cómo diversificamos también en la parte industrial para generar calor, energía y productos más limpios.

¿Qué beneficios económicos tienen los combustibles alternativos para el usuario final?

—Vámonos por pasos del tema del caso del etanol. Hoy, con los precios que están tan altos, definitivamente el tema del etanol es mucho más barato que la gasolina. En las estaciones de servicio se han visualizado hasta tres quetzales de diferencia entre una que tiene etanol y otra que no. 

Pero también va muy ligado a las políticas que se generan. ¿Qué pasa en Colombia? Tiene subsidiados los combustibles del petróleo. Entonces, el alcohol a veces no compite.

Cuando vemos la energética eléctrica que se genera con las hidroeléctricas, el kilovatio es mucho más barato si llueve. Cuando tenemos energía solar es más barato también. La cogeneración, por ejemplo, es mucho más barata que el búnker, que el carbón y que el petróleo.

Pero el beneficio no es solamente el económico, también la estabilidad de la seguridad energética. 

Y otro tema que a nosotros como guatemaltecos no nos importa mucho es la parte ambiental. Cada kilovatio generado con carbón genera emisiones. Cada carro que está en la calle, cada bus que está en la calle genera emisiones.

¿Qué generan las emisiones? No solo dañan el ambiente, generan enfermedades respiratorias.

Entonces, mientras más combustibles renovables utilicemos en el sector transporte, industria y generación de energía eléctrica, tendremos un ambiente más limpio.



 

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