¿Quién paga la gasolina?
“Hay decisiones que tienen consecuencias inmediatas y otras que solo con el tiempo revelan su verdadero costo.”
Cada vez que viajo a Estados Unidos y alquilo un auto, me resulta inevitable comparar el precio de la gasolina con el de Guatemala. Recuerdo que cuando tenía 13 años, una de las cosas que más me llamaba la atención era el autoservicio en las gasolineras, algo que en aquella época no existía en Guatemala. Yo siempre quería ser el que llenaba el tanque. Más adelante, ya como adulto, en uno de esos viajes descubrí que los “gringos” no miden el octanaje de la misma manera que en nuestro país.
Por ejemplo, la gasolina Superior que utilizamos en Guatemala tiene un octanaje de 95 RON. Su equivalente en Estados Unidos es la 89 AKI, conocida allá como Mid-Grade. Según datos de AAA al 22 de septiembre, el precio promedio por galón es de US$4.972 en Estados Unidos, mientras que en Guatemala pagamos aproximadamente US$5.29 más IVA. Si quitamos el IDP, el precio en Guatemala quedaría en aproximadamente US$4.68 por galón.
En las últimas semanas han circulado noticias sobre protestas por el alza de los combustibles en distintos lugares del mundo: Vietnam, Siria, Portugal y, para no quedarnos atrás, Guatemala. No es ningún secreto para los políticos que el precio de la gasolina puede costarles votos. De hecho, un artículo publicado por Le Monde advierte sobre el dilema que enfrentan los gobiernos cuando sube el petróleo: trasladar el incremento al consumidor y asumir el descontento que provoca, o tratar de amortiguarlo mediante subsidios o rebajas fiscales que inevitablemente tienen un costo para las finanzas públicas.
Guatemala está metida de lleno en ese dilema. Las protestas de las últimas semanas no han sido únicamente por el precio del combustible, sino también por la manera en que el Gobierno ha venido enfrentando esta situación. ¿Qué sentido tiene subsidiar con dinero público un producto al que el propio Estado le cobra un impuesto específico? ¿No sería más sencillo suspender temporalmente el IDP?
A las puertas de un año electoral, la experiencia demuestra que pocas cosas siente el votante de manera tan inmediata como el precio de los combustibles. El martes, el Congreso aprobó de urgencia nacional el Decreto 22-2026, que exonera temporalmente del IDP y del IVA a los combustibles. Después de semanas de discutir subsidios, precios de referencia y distintas propuestas para contener el alza, los diputados terminaron optando por reducir los impuestos.
Durante el primer subsidio de este año, el Estado gastó Q1,932 millones para contener el precio de los combustibles. En ese mismo período, suspender temporalmente el IDP habría significado dejar de recaudar aproximadamente Q917 millones, tomando como referencia la recaudación mensual promedio reportada por la SAT. Es decir, el subsidio le costó al Estado más del doble de lo que habría representado suspender el impuesto.
El problema no es únicamente cuánto cuesta el galón, sino quién termina pagando la factura. Se puede discutir si tiene sentido cobrar un impuesto para después devolverlo convertido en subsidio, o si ese impuesto tiene sentido en momentos de crisis. Lo que no podemos hacer es olvidar que ese dinero, aunque venga del presupuesto del Estado, siempre sale del bolsillo de los guatemaltecos. Hay decisiones que tienen consecuencias inmediatas y otras que solo con el tiempo revelan su verdadero costo. Pero si algo deberían tener claro quienes gobiernan es que la gasolina no solo cuesta dinero, también cuesta votos.
¿Quién paga la gasolina?
“Hay decisiones que tienen consecuencias inmediatas y otras que solo con el tiempo revelan su verdadero costo.”
Cada vez que viajo a Estados Unidos y alquilo un auto, me resulta inevitable comparar el precio de la gasolina con el de Guatemala. Recuerdo que cuando tenía 13 años, una de las cosas que más me llamaba la atención era el autoservicio en las gasolineras, algo que en aquella época no existía en Guatemala. Yo siempre quería ser el que llenaba el tanque. Más adelante, ya como adulto, en uno de esos viajes descubrí que los “gringos” no miden el octanaje de la misma manera que en nuestro país.
Por ejemplo, la gasolina Superior que utilizamos en Guatemala tiene un octanaje de 95 RON. Su equivalente en Estados Unidos es la 89 AKI, conocida allá como Mid-Grade. Según datos de AAA al 22 de septiembre, el precio promedio por galón es de US$4.972 en Estados Unidos, mientras que en Guatemala pagamos aproximadamente US$5.29 más IVA. Si quitamos el IDP, el precio en Guatemala quedaría en aproximadamente US$4.68 por galón.
En las últimas semanas han circulado noticias sobre protestas por el alza de los combustibles en distintos lugares del mundo: Vietnam, Siria, Portugal y, para no quedarnos atrás, Guatemala. No es ningún secreto para los políticos que el precio de la gasolina puede costarles votos. De hecho, un artículo publicado por Le Monde advierte sobre el dilema que enfrentan los gobiernos cuando sube el petróleo: trasladar el incremento al consumidor y asumir el descontento que provoca, o tratar de amortiguarlo mediante subsidios o rebajas fiscales que inevitablemente tienen un costo para las finanzas públicas.
Guatemala está metida de lleno en ese dilema. Las protestas de las últimas semanas no han sido únicamente por el precio del combustible, sino también por la manera en que el Gobierno ha venido enfrentando esta situación. ¿Qué sentido tiene subsidiar con dinero público un producto al que el propio Estado le cobra un impuesto específico? ¿No sería más sencillo suspender temporalmente el IDP?
A las puertas de un año electoral, la experiencia demuestra que pocas cosas siente el votante de manera tan inmediata como el precio de los combustibles. El martes, el Congreso aprobó de urgencia nacional el Decreto 22-2026, que exonera temporalmente del IDP y del IVA a los combustibles. Después de semanas de discutir subsidios, precios de referencia y distintas propuestas para contener el alza, los diputados terminaron optando por reducir los impuestos.
Durante el primer subsidio de este año, el Estado gastó Q1,932 millones para contener el precio de los combustibles. En ese mismo período, suspender temporalmente el IDP habría significado dejar de recaudar aproximadamente Q917 millones, tomando como referencia la recaudación mensual promedio reportada por la SAT. Es decir, el subsidio le costó al Estado más del doble de lo que habría representado suspender el impuesto.
El problema no es únicamente cuánto cuesta el galón, sino quién termina pagando la factura. Se puede discutir si tiene sentido cobrar un impuesto para después devolverlo convertido en subsidio, o si ese impuesto tiene sentido en momentos de crisis. Lo que no podemos hacer es olvidar que ese dinero, aunque venga del presupuesto del Estado, siempre sale del bolsillo de los guatemaltecos. Hay decisiones que tienen consecuencias inmediatas y otras que solo con el tiempo revelan su verdadero costo. Pero si algo deberían tener claro quienes gobiernan es que la gasolina no solo cuesta dinero, también cuesta votos.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: