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Tres niños, tres talentos y muchos sueños por cumplir

El talento puede surgir desde la infancia, pero necesita oportunidades y acompañamiento para crecer sin perder el juego, la curiosidad y la alegría.

Ana González
27 de septiembre, 2026

Hay niños que encuentran muy temprano aquello que los apasiona. Algunos descubren que pueden contar historias con las teclas de un piano; otros encuentran en los números un universo de posibilidades. También están quienes aprenden a mirar un tablero y pensar varias jugadas antes de mover una pieza. Detrás de cada talento hay horas de práctica, familias que acompañan y sueños que apenas comienzan.

Desde Chiquimula, Anghelo Matías Chávez encontró en el piano una forma de expresarse. Su talento comenzó a llamar la atención cuando todavía era muy pequeño y sus padres descubrieron su interés por el instrumento.

A los 7 años representó a Guatemala en un festival internacional en Costa Rica. Un año después participó en el Festival-Concurso de Piano Luis Felipe Arias y, en 2025, cuando tenía 9 años, obtuvo el segundo lugar en el Houston International Piano Festival.

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Ahora tiene 10 años y continúa formándose. En 2026 volvió a participar en el Festival-Concurso de Piano Luis Felipe Arias, donde representó al Centro Musical Base y compartió escenario con jóvenes intérpretes de distintas regiones del país.

Para Anghelo, cada presentación es más que una competencia. Es una oportunidad para aprender, crecer y acercarse a aquello que imagina para su futuro. En ese camino, sus padres han sido parte fundamental, acompañándolo en cada escenario y en cada etapa de su formación.

La historia de Emily Alejandra Camey Tohón también comenzó con una curiosidad que encontró espacio para crecer. En su caso, fueron las matemáticas las que abrieron la puerta a competencias nacionales e internacionales.

Como integrante de la delegación oficial de la Asociación de Matemáticos de Guatemala, Emily formó parte en 2025 del equipo que obtuvo una medalla de bronce en la V Olimpiada Panamericana Femenil de Matemáticas, celebrada en Fortaleza, Brasil.

Su desempeño también le permitió ser seleccionada como concursante principal de Guatemala en la Olimpiada de Matemática de Centroamérica y el Caribe, en Durango, México. En 2026 fue seleccionada para continuar representando al país dentro del programa de entrenamiento especializado PRISMA.

Sus logros tienen un significado que va más allá de las medallas. Emily forma parte de una generación de niñas que encuentra en la ciencia y las matemáticas un espacio para desarrollar sus capacidades, competir y demostrar que el talento también necesita oportunidades para crecer.

Y entre tableros, fórmulas y partituras aparece Ricardo Ordóñez. A sus 12 años, el ajedrez lo ha llevado a escenarios internacionales y ya ostenta el título de Maestro FIDE.

Ricardo forma parte de la Selección Nacional de Guatemala que participa en la 46.ª Olimpiada Mundial de Ajedrez, en Samarcanda, Uzbekistán, uno de los encuentros más importantes del deporte ciencia, donde compite junto a representantes de más de 200 países.

Su trayectoria suma títulos internacionales y actuaciones destacadas en torneos regionales, juveniles y continentales. Pero detrás del jugador que calcula sus movimientos frente al tablero también está un niño que todavía tiene mucho por descubrir.

Tal vez ahí reside lo más valioso de estas historias. La infancia no debería medirse únicamente por aquello que un niño consigue. También está en las tardes de juego, las risas, la curiosidad, los amigos, la familia y esos momentos que no aparecen en ningún diploma.

Anghelo, Emily y Ricardo han descubierto talentos extraordinarios, pero todavía están construyendo algo más importante: su propia historia. Y acompañarlos también significa permitirles crecer, equivocarse, disfrutar y ser felices.

Porque un niño no necesita dejar de ser niño para llegar lejos. Necesita oportunidades para desarrollar su talento sin perder aquello que hace de la infancia una etapa irrepetible.

Tres niños, tres talentos y muchos sueños por cumplir

El talento puede surgir desde la infancia, pero necesita oportunidades y acompañamiento para crecer sin perder el juego, la curiosidad y la alegría.

Ana González
27 de septiembre, 2026

Hay niños que encuentran muy temprano aquello que los apasiona. Algunos descubren que pueden contar historias con las teclas de un piano; otros encuentran en los números un universo de posibilidades. También están quienes aprenden a mirar un tablero y pensar varias jugadas antes de mover una pieza. Detrás de cada talento hay horas de práctica, familias que acompañan y sueños que apenas comienzan.

Desde Chiquimula, Anghelo Matías Chávez encontró en el piano una forma de expresarse. Su talento comenzó a llamar la atención cuando todavía era muy pequeño y sus padres descubrieron su interés por el instrumento.

A los 7 años representó a Guatemala en un festival internacional en Costa Rica. Un año después participó en el Festival-Concurso de Piano Luis Felipe Arias y, en 2025, cuando tenía 9 años, obtuvo el segundo lugar en el Houston International Piano Festival.

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Para Anghelo, cada presentación es más que una competencia. Es una oportunidad para aprender, crecer y acercarse a aquello que imagina para su futuro. En ese camino, sus padres han sido parte fundamental, acompañándolo en cada escenario y en cada etapa de su formación.

La historia de Emily Alejandra Camey Tohón también comenzó con una curiosidad que encontró espacio para crecer. En su caso, fueron las matemáticas las que abrieron la puerta a competencias nacionales e internacionales.

Como integrante de la delegación oficial de la Asociación de Matemáticos de Guatemala, Emily formó parte en 2025 del equipo que obtuvo una medalla de bronce en la V Olimpiada Panamericana Femenil de Matemáticas, celebrada en Fortaleza, Brasil.

Su desempeño también le permitió ser seleccionada como concursante principal de Guatemala en la Olimpiada de Matemática de Centroamérica y el Caribe, en Durango, México. En 2026 fue seleccionada para continuar representando al país dentro del programa de entrenamiento especializado PRISMA.

Sus logros tienen un significado que va más allá de las medallas. Emily forma parte de una generación de niñas que encuentra en la ciencia y las matemáticas un espacio para desarrollar sus capacidades, competir y demostrar que el talento también necesita oportunidades para crecer.

Y entre tableros, fórmulas y partituras aparece Ricardo Ordóñez. A sus 12 años, el ajedrez lo ha llevado a escenarios internacionales y ya ostenta el título de Maestro FIDE.

Ricardo forma parte de la Selección Nacional de Guatemala que participa en la 46.ª Olimpiada Mundial de Ajedrez, en Samarcanda, Uzbekistán, uno de los encuentros más importantes del deporte ciencia, donde compite junto a representantes de más de 200 países.

Su trayectoria suma títulos internacionales y actuaciones destacadas en torneos regionales, juveniles y continentales. Pero detrás del jugador que calcula sus movimientos frente al tablero también está un niño que todavía tiene mucho por descubrir.

Tal vez ahí reside lo más valioso de estas historias. La infancia no debería medirse únicamente por aquello que un niño consigue. También está en las tardes de juego, las risas, la curiosidad, los amigos, la familia y esos momentos que no aparecen en ningún diploma.

Anghelo, Emily y Ricardo han descubierto talentos extraordinarios, pero todavía están construyendo algo más importante: su propia historia. Y acompañarlos también significa permitirles crecer, equivocarse, disfrutar y ser felices.

Porque un niño no necesita dejar de ser niño para llegar lejos. Necesita oportunidades para desarrollar su talento sin perder aquello que hace de la infancia una etapa irrepetible.

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