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Relación entre jueces sacude el caso Sperisen y pone en duda la imparcialidad del Tribunal Federal suizo

.
Luis Gonzalez
28 de mayo, 2026

La reciente revelación sobre la relación sentimental entre los jueces federales suizos Yves Donzallaz y Béatrice van de Graaf ha reactivado con fuerza el ya prolongado caso de Erwin Sperisen, exdirector de la Policía Nacional Civil de Guatemala.

Es noticia. Este nuevo elemento, divulgado por la prensa europea, añade un componente de controversia institucional, y también abre un nuevo frente jurídico impulsado por la defensa del exfuncionario, que ahora solicita la revisión de una sentencia clave dictada en abril de 2024.

  • De acuerdo con los abogados de Sperisen, la relación entre ambos magistrados, reconocida por ellos mismos aunque afirman haberla finalizado recientemente, vulnera lo establecido en la Ley del Tribunal Federal suizo, particularmente en lo relativo a la composición imparcial de los tribunales.
  • La defensa sostiene que esta situación coloca a los jueces en una posición “ilegal”, lo que, a su juicio, convierte en anulables las resoluciones emitidas durante el periodo en que dicha relación era vigente o perceptible dentro del propio tribunal.
  • El punto central del reclamo radica en que la jueza Béatrice van de Graaf formó parte del tribunal que en abril de 2024 rechazó reabrir diligencias relacionadas con denuncias presentadas por Sperisen contra un testigo clave, a quien acusa de perjurio y difamación.

Por qué importa. Este testimonio, según la defensa, fue determinante en las primeras fases del proceso penal en su contra.

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  • La negativa a profundizar sobre este testigo ha sido, durante años, uno de los aspectos más cuestionados por los abogados del exjefe policial.
  • Ahora, con el contexto de la relación entre los jueces, la defensa argumenta que la decisión podría haber estado viciada por un conflicto de interés estructural dentro del Tribunal Federal.
  • La revelación de que esta relación era conocida internamente “desde hace mucho tiempo” refuerza, según los abogados, la sospecha de que no se garantizaron plenamente los principios de independencia e imparcialidad judicial.

Qué destacar. Además, cuestionan las medidas adoptadas por el propio Tribunal Federal tras el escándalo.

  • La suspensión temporal de la jueza van de Graaf, seguida de su reincorporación y la apertura de una investigación externa, ha sido calificada como insuficiente e incluso “torpe”.
  • Desde su perspectiva, corresponde al propio Tribunal, y no a instancias externas sin facultades plenas, esclarecer los hechos, incluyendo la duración exacta de la relación entre los magistrados y su posible impacto en decisiones judiciales.
  • En paralelo, la solicitud de Sperisen también plantea interrogantes sobre el manejo de fondos judiciales, particularmente en relación con pagos realizados a una abogada de una supuesta demandante que, según se señala, desconocía haber presentado acción legal contra él. Este aspecto añade otra capa de incertidumbre sobre la administración del proceso.

En conclusión. El caso Sperisen, que se ha extendido por más de 15 años, ya ha pasado por múltiples instancias judiciales, incluidas condenas en Suiza y revisiones ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

  • A lo largo de este tiempo, el exdirector policial ha cumplido 11 años de prisión y ha sido condenado en varias ocasiones por complicidad en asesinato, en el contexto de ejecuciones extrajudiciales en Guatemala.
  • Sin embargo, la defensa insiste en que persisten serias dudas sobre la integridad del proceso. La figura del falso testigo sigue siendo, para los abogados, un punto neurálgico no resuelto. “Queremos saber por qué intervino, cuáles fueron sus motivaciones y si recibió algún pago”, han reiterado.
  • En este nuevo capítulo, la revelación de la relación entre los jueces cuestiona actuaciones individuales, y pone en entredicho el funcionamiento mismo del Tribunal Federal suizo. Para Sperisen el objetivo sigue siendo claro: limpiar su nombre y poder reconstruir su vida, en medio de un proceso que, lejos de cerrarse, parece entrar ahora en una fase aún más compleja.
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Relación entre jueces sacude el caso Sperisen y pone en duda la imparcialidad del Tribunal Federal suizo

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Luis Gonzalez
28 de mayo, 2026

La reciente revelación sobre la relación sentimental entre los jueces federales suizos Yves Donzallaz y Béatrice van de Graaf ha reactivado con fuerza el ya prolongado caso de Erwin Sperisen, exdirector de la Policía Nacional Civil de Guatemala.

Es noticia. Este nuevo elemento, divulgado por la prensa europea, añade un componente de controversia institucional, y también abre un nuevo frente jurídico impulsado por la defensa del exfuncionario, que ahora solicita la revisión de una sentencia clave dictada en abril de 2024.

  • De acuerdo con los abogados de Sperisen, la relación entre ambos magistrados, reconocida por ellos mismos aunque afirman haberla finalizado recientemente, vulnera lo establecido en la Ley del Tribunal Federal suizo, particularmente en lo relativo a la composición imparcial de los tribunales.
  • La defensa sostiene que esta situación coloca a los jueces en una posición “ilegal”, lo que, a su juicio, convierte en anulables las resoluciones emitidas durante el periodo en que dicha relación era vigente o perceptible dentro del propio tribunal.
  • El punto central del reclamo radica en que la jueza Béatrice van de Graaf formó parte del tribunal que en abril de 2024 rechazó reabrir diligencias relacionadas con denuncias presentadas por Sperisen contra un testigo clave, a quien acusa de perjurio y difamación.

Por qué importa. Este testimonio, según la defensa, fue determinante en las primeras fases del proceso penal en su contra.

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  • La negativa a profundizar sobre este testigo ha sido, durante años, uno de los aspectos más cuestionados por los abogados del exjefe policial.
  • Ahora, con el contexto de la relación entre los jueces, la defensa argumenta que la decisión podría haber estado viciada por un conflicto de interés estructural dentro del Tribunal Federal.
  • La revelación de que esta relación era conocida internamente “desde hace mucho tiempo” refuerza, según los abogados, la sospecha de que no se garantizaron plenamente los principios de independencia e imparcialidad judicial.

Qué destacar. Además, cuestionan las medidas adoptadas por el propio Tribunal Federal tras el escándalo.

  • La suspensión temporal de la jueza van de Graaf, seguida de su reincorporación y la apertura de una investigación externa, ha sido calificada como insuficiente e incluso “torpe”.
  • Desde su perspectiva, corresponde al propio Tribunal, y no a instancias externas sin facultades plenas, esclarecer los hechos, incluyendo la duración exacta de la relación entre los magistrados y su posible impacto en decisiones judiciales.
  • En paralelo, la solicitud de Sperisen también plantea interrogantes sobre el manejo de fondos judiciales, particularmente en relación con pagos realizados a una abogada de una supuesta demandante que, según se señala, desconocía haber presentado acción legal contra él. Este aspecto añade otra capa de incertidumbre sobre la administración del proceso.

En conclusión. El caso Sperisen, que se ha extendido por más de 15 años, ya ha pasado por múltiples instancias judiciales, incluidas condenas en Suiza y revisiones ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

  • A lo largo de este tiempo, el exdirector policial ha cumplido 11 años de prisión y ha sido condenado en varias ocasiones por complicidad en asesinato, en el contexto de ejecuciones extrajudiciales en Guatemala.
  • Sin embargo, la defensa insiste en que persisten serias dudas sobre la integridad del proceso. La figura del falso testigo sigue siendo, para los abogados, un punto neurálgico no resuelto. “Queremos saber por qué intervino, cuáles fueron sus motivaciones y si recibió algún pago”, han reiterado.
  • En este nuevo capítulo, la revelación de la relación entre los jueces cuestiona actuaciones individuales, y pone en entredicho el funcionamiento mismo del Tribunal Federal suizo. Para Sperisen el objetivo sigue siendo claro: limpiar su nombre y poder reconstruir su vida, en medio de un proceso que, lejos de cerrarse, parece entrar ahora en una fase aún más compleja.

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