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Pedro Sánchez, Lula y su “Eje del Mal” descafeinado

.
Rafael P. Palomo
20 de abril, 2026

La izquierda quiere iniciar una reconquista en Europa, apalancándose en una falsa bandera contra Trump. 

En perspectiva. La semana pasada, el Palacio de Pedralbes en Barcelona alojó una cumbre infame, pero con un discurso cada vez más aceptado a nivel internacional. Pedro Sánchez y Lula Da Silva fueron los grandes artífices de hasta dos reuniones que agruparon a la izquierda global —la IV Reunión en Defensa de la Democracia y la Global Progressive Mobilisation—. En la misma, figuraron junto a Sánchez y Lula, sus homólogos Yamandú Orsi, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum, Cyril Ramaphosa y el expresidente Boric.

  • Entre los puntos protagonistas de las cumbres rondaron temas como el “no a la guerra”, la defensa del multilateralismo y la defensa de la democracia.

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  • No obstante, todas estas justificaciones románticas fueron poco más que una fachada para una cumbre diplomática para unir esfuerzos contra Donald Trump y la derecha europea.

  • Así lo confirmó el mensaje de cierre que fue proyectado en la Global Progressive Mobilisation, donde Hillary Clinton saludó a los presentes e indicó que la unidad de estos líderes socialistas era “más importante que nunca”. 

Por qué importa. Sánchez y Lula son los dos grandes representantes de la “resistencia contra Trump”, entendiendo la palabra resistencia como una política de no-conformidad con la política internacional del estadounidense. Sánchez es la cabeza de lanza de este movimiento. El español ha liderado desde la Moncloa el principal rechazo a las demandas de Trump en cuanto al aumento del gasto militar de los países miembros de la OTAN, llegando, incluso, a desafiar el Tratado del Atlántico Norte al negarle acceso a EE. UU. a las bases militares de Rota y Morón para la ofensiva en Irán.

  • De igual manera, el socialista español ha sido uno de los principales promotores europeos del acercamiento con China a raíz de la política comercial de Trump.  

  • Lula, por su parte, ha sido más sutil y transaccional, situándose en gracia con Trump para temas puntuales, pero ofreciendo fuerte resistencia en cuanto a la guerra de aranceles del norteamericano.  

  • Más recientemente, el apoyo de Trump hacia las intenciones presidenciales del hijo de Flavio Bolsonaro ha terminado de acercar a Lula con una postura de resistencia abierta. 

Entre líneas. La reunión se da en el marco de un hito para la izquierda europea: la derrota de Viktor Orbán en las elecciones húngaras. A pesar de que Péter Magyar y su partido Tisza siguen siendo de derecha, Orbán era la principal figura de la derecha conservadora, a la que la izquierda malintencionadamente llama “extrema derecha europea”. A raíz de la victoria de una derecha más liberal, Sánchez y los europeístas han visto una oportunidad de fragmentar a la derecha europea y frenar su avance sobre Europa.

  • Esto es especialmente importante para Sánchez, que ha visto en su propio país el sostenido crecimiento de Vox y que, hoy en día, es uno de los únicos partidos con identidad nacional claramente definida en España. 

  • Con Orbán fuera, para Sánchez y la izquierda europea es fundamental alejar la influencia de Trump del continente, ya que una derecha europea plenamente apoyada por el líder del mundo libre sería una fuerza imparable.

En el radar. De momento, la cumbre aglutinó a una serie de líderes —en su mayoría—, altamente impopulares en sus propios países; se trata de un bloque de líderes débiles, atravesando una crisis de legitimidad y arrinconados por el crecimiento de la derecha en sus países, montados en la ola conservadora por la que ganó Trump en 2024. Sin embargo, la tendencia pendular de los ciclos electorales les coloca en el momento idóneo para unir fuerzas. 

  • Europa enfrenta un momento crítico en su relación con EE. UU., y la humillación tanto diplomática como discursiva desde Washington podría fortalecer este tipo de alianzas de cara a las futuras elecciones, tanto domésticas como europeas. 

  • La unidad podría hacer la fuerza, especialmente con una derecha que podría fragmentarse alrededor de la “cuestión Trump”, viéndose en una encrucijada entre situarse del lado de un aliado fuerte y afín a sus intereses, o defender un discurso soberanista ante las exigencias de Trump.  

  • Si la diplomacia desaparece de la mesa, un líder defenestrado y altamente como impopular podría iniciar una especie de reconquista socialista y frenar la larga tendencia creciente de la derecha en Europa.

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Pedro Sánchez, Lula y su “Eje del Mal” descafeinado

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Rafael P. Palomo
20 de abril, 2026

La izquierda quiere iniciar una reconquista en Europa, apalancándose en una falsa bandera contra Trump. 

En perspectiva. La semana pasada, el Palacio de Pedralbes en Barcelona alojó una cumbre infame, pero con un discurso cada vez más aceptado a nivel internacional. Pedro Sánchez y Lula Da Silva fueron los grandes artífices de hasta dos reuniones que agruparon a la izquierda global —la IV Reunión en Defensa de la Democracia y la Global Progressive Mobilisation—. En la misma, figuraron junto a Sánchez y Lula, sus homólogos Yamandú Orsi, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum, Cyril Ramaphosa y el expresidente Boric.

  • Entre los puntos protagonistas de las cumbres rondaron temas como el “no a la guerra”, la defensa del multilateralismo y la defensa de la democracia.

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  • No obstante, todas estas justificaciones románticas fueron poco más que una fachada para una cumbre diplomática para unir esfuerzos contra Donald Trump y la derecha europea.

  • Así lo confirmó el mensaje de cierre que fue proyectado en la Global Progressive Mobilisation, donde Hillary Clinton saludó a los presentes e indicó que la unidad de estos líderes socialistas era “más importante que nunca”. 

Por qué importa. Sánchez y Lula son los dos grandes representantes de la “resistencia contra Trump”, entendiendo la palabra resistencia como una política de no-conformidad con la política internacional del estadounidense. Sánchez es la cabeza de lanza de este movimiento. El español ha liderado desde la Moncloa el principal rechazo a las demandas de Trump en cuanto al aumento del gasto militar de los países miembros de la OTAN, llegando, incluso, a desafiar el Tratado del Atlántico Norte al negarle acceso a EE. UU. a las bases militares de Rota y Morón para la ofensiva en Irán.

  • De igual manera, el socialista español ha sido uno de los principales promotores europeos del acercamiento con China a raíz de la política comercial de Trump.  

  • Lula, por su parte, ha sido más sutil y transaccional, situándose en gracia con Trump para temas puntuales, pero ofreciendo fuerte resistencia en cuanto a la guerra de aranceles del norteamericano.  

  • Más recientemente, el apoyo de Trump hacia las intenciones presidenciales del hijo de Flavio Bolsonaro ha terminado de acercar a Lula con una postura de resistencia abierta. 

Entre líneas. La reunión se da en el marco de un hito para la izquierda europea: la derrota de Viktor Orbán en las elecciones húngaras. A pesar de que Péter Magyar y su partido Tisza siguen siendo de derecha, Orbán era la principal figura de la derecha conservadora, a la que la izquierda malintencionadamente llama “extrema derecha europea”. A raíz de la victoria de una derecha más liberal, Sánchez y los europeístas han visto una oportunidad de fragmentar a la derecha europea y frenar su avance sobre Europa.

  • Esto es especialmente importante para Sánchez, que ha visto en su propio país el sostenido crecimiento de Vox y que, hoy en día, es uno de los únicos partidos con identidad nacional claramente definida en España. 

  • Con Orbán fuera, para Sánchez y la izquierda europea es fundamental alejar la influencia de Trump del continente, ya que una derecha europea plenamente apoyada por el líder del mundo libre sería una fuerza imparable.

En el radar. De momento, la cumbre aglutinó a una serie de líderes —en su mayoría—, altamente impopulares en sus propios países; se trata de un bloque de líderes débiles, atravesando una crisis de legitimidad y arrinconados por el crecimiento de la derecha en sus países, montados en la ola conservadora por la que ganó Trump en 2024. Sin embargo, la tendencia pendular de los ciclos electorales les coloca en el momento idóneo para unir fuerzas. 

  • Europa enfrenta un momento crítico en su relación con EE. UU., y la humillación tanto diplomática como discursiva desde Washington podría fortalecer este tipo de alianzas de cara a las futuras elecciones, tanto domésticas como europeas. 

  • La unidad podría hacer la fuerza, especialmente con una derecha que podría fragmentarse alrededor de la “cuestión Trump”, viéndose en una encrucijada entre situarse del lado de un aliado fuerte y afín a sus intereses, o defender un discurso soberanista ante las exigencias de Trump.  

  • Si la diplomacia desaparece de la mesa, un líder defenestrado y altamente como impopular podría iniciar una especie de reconquista socialista y frenar la larga tendencia creciente de la derecha en Europa.

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