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Milei: un ejemplo de saneamiento fiscal en la región

Reynaldo Rodríguez
09 de julio, 2026

La reciente aproximación positiva del Fondo Monetario Internacional (FMI) hacia Argentina marca un punto de inflexión en la percepción financiera de la región. Este respaldo técnico e institucional ha contribuido a una renovada confianza entre los acreedores internacionales respecto a la capacidad de estabilización y crecimiento del país, tras las políticas expansivas de administraciones anteriores.

  • El pilar fundamental de este cambio radica en el saneamiento fiscal de las cuentas públicas argentinas, en contraste con los desequilibrios observados en Colombia y Brasil.

Lo indispensable. El ordenamiento macroeconómico argentino se basa en un ajuste fiscal de gran escala, inédito en su intensidad reciente.

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  • La administración migró pasivos del Banco Central hacia títulos del Tesoro, lo que eliminó la emisión monetaria indirecta y vinculó la estabilidad monetaria a la disciplina presupuestaria.

  • La contracción de la liquidez y el control del gasto público permitieron consolidar un superávit financiero primario sostenido. Como resultado, la inflación mensual se redujo a rangos cercanos al 2 % (2.1 % en mayo de 2026 según el Instituto Nacional de Estadística y Censos -INDEC-), con expectativas de estabilización en torno a ese nivel a mediados de año.

  • Para mitigar riesgos de refinanciación, el Ministerio de Economía acumuló colchones de liquidez y contrató líneas de financiamiento multilateral por varios miles de millones de dólares. La estrategia prioriza el pago de intereses con recursos del superávit generado.

En perspectiva. A diferencia de Argentina, Brasil y Colombia han gestionado sus desequilibrios macroeconómicos principalmente mediante expansión del gasto y mayor dependencia de los bancos centrales para contener presiones inflacionarias.

  • En Colombia, la priorización del gasto social y presiones sobre la recaudación elevaron el déficit fiscal proyectado para 2026 a rangos entre un 5.3 % y un 6.7 % del PIB, según distintas estimaciones oficiales y de mercado. Esta política expansiva mantiene tensión con el Banco de la República, que elevó su tasa de intervención a un 12 % en junio de 2026 ante presiones salariales e inflacionarias.

  • Brasil aplica un marco fiscal que indexa el gasto al crecimiento de los ingresos sin recortes estructurales profundos. Esto mantiene un déficit primario contenido (meta de superávit primario cercano a un 0.25 % del PIB para 2026), pero un déficit nominal (incluyendo intereses) elevado, cercano al 8 % del PIB en proyecciones recientes. La autoridad monetaria sostiene la tasa Selic en torno a 14.25 %.

  • Pese a flujos de inversión extranjera directa, la debilidad de la inversión privada interna en Colombia y el crecimiento de la deuda pública en Brasil configuran un escenario de vulnerabilidad fiscal para la administración entrante de Abelardo de la Espriella y, en el caso brasileño, para eventuales escenarios políticos liderados por figuras como Bolsonaro.

Entre líneas. El contraste de enfoques revela una reconfiguración en las relaciones entre autoridades monetarias y ejecutivos en la región.

  • Mientras la administración de Milei opera con coordinación entre Tesoro y Banco Central para priorizar el ancla fiscal, los bancos centrales de Brasil y Colombia actúan como contrapesos técnicos frente a la laxitud presupuestaria de sus gobiernos.

  • Las tasas restrictivas en Colombia (12 %) y Brasil (14,25 %) elevan el costo del endeudamiento público y limitan el margen para políticas redistributivas expansivas.

  • El descalce en los flujos de capital internacionales subraya las limitaciones de los ejecutivos con orientación expansiva. La ortodoxia argentina ha permitido una rápida mejora en las percepciones de riesgo país, mientras los desequilibrios fiscales en Brasil y Colombia (especialmente bajo el gobierno saliente de Petro) aumentan la dependencia de la refinanciación de mercados.

En conclusión. La administración de Milei ha consolidado un cambio de paradigma al demostrar la efectividad de la dominancia fiscal y el superávit primario para reducir la inercia inflacionaria. Sin embargo, la estabilidad macroeconómica en Sudamérica muestra asimetrías claras.

  • Frente al saneamiento de las cuentas públicas argentinas, la persistencia de desequilibrios nominales en Brasil y Colombia (bajo el gobierno saliente) puede convertir la fricción con sus bancos centrales en presiones fiscales más estructurales.
  • En consecuencia, la estabilidad institucional de Colombia y Brasil dependerá de si la contención de sus bancos centrales resulta suficiente para compensar los déficits estructurales, especialmente durante la transición hacia la administración de Espriella en Colombia.

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Milei: un ejemplo de saneamiento fiscal en la región

Reynaldo Rodríguez
09 de julio, 2026

La reciente aproximación positiva del Fondo Monetario Internacional (FMI) hacia Argentina marca un punto de inflexión en la percepción financiera de la región. Este respaldo técnico e institucional ha contribuido a una renovada confianza entre los acreedores internacionales respecto a la capacidad de estabilización y crecimiento del país, tras las políticas expansivas de administraciones anteriores.

  • El pilar fundamental de este cambio radica en el saneamiento fiscal de las cuentas públicas argentinas, en contraste con los desequilibrios observados en Colombia y Brasil.

Lo indispensable. El ordenamiento macroeconómico argentino se basa en un ajuste fiscal de gran escala, inédito en su intensidad reciente.

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  • La administración migró pasivos del Banco Central hacia títulos del Tesoro, lo que eliminó la emisión monetaria indirecta y vinculó la estabilidad monetaria a la disciplina presupuestaria.

  • La contracción de la liquidez y el control del gasto público permitieron consolidar un superávit financiero primario sostenido. Como resultado, la inflación mensual se redujo a rangos cercanos al 2 % (2.1 % en mayo de 2026 según el Instituto Nacional de Estadística y Censos -INDEC-), con expectativas de estabilización en torno a ese nivel a mediados de año.

  • Para mitigar riesgos de refinanciación, el Ministerio de Economía acumuló colchones de liquidez y contrató líneas de financiamiento multilateral por varios miles de millones de dólares. La estrategia prioriza el pago de intereses con recursos del superávit generado.

En perspectiva. A diferencia de Argentina, Brasil y Colombia han gestionado sus desequilibrios macroeconómicos principalmente mediante expansión del gasto y mayor dependencia de los bancos centrales para contener presiones inflacionarias.

  • En Colombia, la priorización del gasto social y presiones sobre la recaudación elevaron el déficit fiscal proyectado para 2026 a rangos entre un 5.3 % y un 6.7 % del PIB, según distintas estimaciones oficiales y de mercado. Esta política expansiva mantiene tensión con el Banco de la República, que elevó su tasa de intervención a un 12 % en junio de 2026 ante presiones salariales e inflacionarias.

  • Brasil aplica un marco fiscal que indexa el gasto al crecimiento de los ingresos sin recortes estructurales profundos. Esto mantiene un déficit primario contenido (meta de superávit primario cercano a un 0.25 % del PIB para 2026), pero un déficit nominal (incluyendo intereses) elevado, cercano al 8 % del PIB en proyecciones recientes. La autoridad monetaria sostiene la tasa Selic en torno a 14.25 %.

  • Pese a flujos de inversión extranjera directa, la debilidad de la inversión privada interna en Colombia y el crecimiento de la deuda pública en Brasil configuran un escenario de vulnerabilidad fiscal para la administración entrante de Abelardo de la Espriella y, en el caso brasileño, para eventuales escenarios políticos liderados por figuras como Bolsonaro.

Entre líneas. El contraste de enfoques revela una reconfiguración en las relaciones entre autoridades monetarias y ejecutivos en la región.

  • Mientras la administración de Milei opera con coordinación entre Tesoro y Banco Central para priorizar el ancla fiscal, los bancos centrales de Brasil y Colombia actúan como contrapesos técnicos frente a la laxitud presupuestaria de sus gobiernos.

  • Las tasas restrictivas en Colombia (12 %) y Brasil (14,25 %) elevan el costo del endeudamiento público y limitan el margen para políticas redistributivas expansivas.

  • El descalce en los flujos de capital internacionales subraya las limitaciones de los ejecutivos con orientación expansiva. La ortodoxia argentina ha permitido una rápida mejora en las percepciones de riesgo país, mientras los desequilibrios fiscales en Brasil y Colombia (especialmente bajo el gobierno saliente de Petro) aumentan la dependencia de la refinanciación de mercados.

En conclusión. La administración de Milei ha consolidado un cambio de paradigma al demostrar la efectividad de la dominancia fiscal y el superávit primario para reducir la inercia inflacionaria. Sin embargo, la estabilidad macroeconómica en Sudamérica muestra asimetrías claras.

  • Frente al saneamiento de las cuentas públicas argentinas, la persistencia de desequilibrios nominales en Brasil y Colombia (bajo el gobierno saliente) puede convertir la fricción con sus bancos centrales en presiones fiscales más estructurales.
  • En consecuencia, la estabilidad institucional de Colombia y Brasil dependerá de si la contención de sus bancos centrales resulta suficiente para compensar los déficits estructurales, especialmente durante la transición hacia la administración de Espriella en Colombia.

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