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Liberando Cuba: fórmula poco convencional, pero por fin efectiva

.
Rafael P. Palomo
23 de marzo, 2026

La caída del régimen cubano probablemente requerirá de medios que no agradan a ninguna de las partes, pero que podrían solucionar un dolor de muelas que le ha durado a EE. UU. más de 60 años.

En perspectiva. A estas alturas, queda claro que EE. UU. está en una campaña por derrocar al castrismo, pero la fórmula del cambio de régimen sigue siendo una interrogante importante. El derrocamiento, no obstante, cada vez parece asemejarse más a una transformación interna del régimen existente, mediante negociaciones internas y presión económica. A estas alturas, parecería que un colapso total del régimen es demasiado riesgoso para Washington.

  • El costo podría verse en una crisis humanitaria que desemboque en olas migratorias y un fraccionamiento del Estado. La alternativa parecería ser, en su lugar, forzar un cambio de paradigma dentro del régimen existente.

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  • La teoría cobra fuerza con los reportes de que la administración Trump está abierta a un potencial acuerdo económico que permita inversión del sector privado estadounidense junto a un alivio de sanciones.

  • Con el tono definitivo contra el régimen y la iniciativa de Rubio, estas condiciones solo hacen sentido si el régimen cambia de rumbo político.

Cómo funciona. La estrategia es una combinación de negociaciones por canales alternos a la cabeza visible del régimen (Díaz-Canel) junto con una asfixia económica sin precedentes. Cuba no se gobierna como una presidencia tradicional; el poder real está en la red Castro, el aparato de inteligencia y las fuerzas armadas. El ataque al suministro energético ha creado una urgencia que le ha permitido a EE. UU. saltarse a Díaz-Canel y negociar con quienes realmente sostienen el régimen. 

  • Evidencia de esta urgencia son los intentos de Rusia por enviar suministros de petróleo a Cuba, lo que demuestra que el régimen heredero de la Unión Soviética teme perder su única ficha para replicar el acercamiento de la OTÁN a las fronteras rusas.

  • Adicionalmente, el régimen ha anunciado que permitirá inversión de la diáspora cubana, una reforma económica limitada que demuestra la desesperación ante la asfixia económica.

  • Mientras tanto, Marco Rubio sostiene negociaciones en canales paralelos con el nieto de Raúl Castro, evitando pasar por el presidente, quién, para muchos, es meramente un títere de la familia Castro.

Entre líneas. A estas alturas, el modelo venezolano está lejos, básicamente por la aparente disposición de la familia Castro de apartarse de Díaz-Canel. La idea de fracturar el régimen internamente está funcionando. Esto sigue una lógica estesiológica: bajo presión extrema, las élites dejan de actuar como bloques homogéneos. Mientras que algunos priorizan su supervivencia personal a través de la apertura, otros defienden el statu quo a toda costa. De momento, EE. UU. está poniendo toda la carne al asador a través de esa división interna.

  • Díaz-Canel ha rechazado públicamente su salida del poder, demostrando que pretende aferrarse al cargo y resistir la presión.

  • No obstante, las concesiones pequeñas como la apertura al diálogo y a la inversión de fuera de la isla indican que otras esferas del régimen—aparentemente, la familia Castro—prefieren una vía alterna.

  • Históricamente, los regímenes autoritarios suelen fracturarse y colapsar cuando la presión de una crisis económica choca con la rigidez ideológica y, esta vez, Cuba no tiene un salvavidas claro para navegar la marea hasta que baje.

El fondo del asunto. De funcionar, EE. UU. podría lograr algo que históricamente no ha conseguido antes: destruir un régimen enemigo y autoritario sin la necesidad de una intervención militar directa. Básicamente, al cortar los suministros externos que tradicionalmente han sostenido al régimen, Trump y Marco Rubio han logrado que el bloqueo de décadas por fin funcione. No obstante, esto requerirá de concesiones que ponen en riesgo la política tradicional de no negociar con terroristas.

  • La familia Castro y su círculo cercano probablemente recibirán algún tipo de garantía de seguridad por darle un giro de rumbo a una política de más de 60 años.

  • Con la necesidad de evitar más involucramiento militar y Rusia amenazando con volver a ser el salvavidas del régimen, EE. UU. —y especialmente Rubio— probablemente tendrán que taparse la nariz y asegurar el mejor trato posible.

  • Díaz-Canel y los principios de la revolución probablemente serán el chivo expiatorio que asegurará a los Castro sobrevivir y a EE. UU. acabar con la amenaza existencial que, desde 1959, ha tenido a las famosas “90 millas” de sus costas.

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Liberando Cuba: fórmula poco convencional, pero por fin efectiva

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Rafael P. Palomo
23 de marzo, 2026

La caída del régimen cubano probablemente requerirá de medios que no agradan a ninguna de las partes, pero que podrían solucionar un dolor de muelas que le ha durado a EE. UU. más de 60 años.

En perspectiva. A estas alturas, queda claro que EE. UU. está en una campaña por derrocar al castrismo, pero la fórmula del cambio de régimen sigue siendo una interrogante importante. El derrocamiento, no obstante, cada vez parece asemejarse más a una transformación interna del régimen existente, mediante negociaciones internas y presión económica. A estas alturas, parecería que un colapso total del régimen es demasiado riesgoso para Washington.

  • El costo podría verse en una crisis humanitaria que desemboque en olas migratorias y un fraccionamiento del Estado. La alternativa parecería ser, en su lugar, forzar un cambio de paradigma dentro del régimen existente.

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  • La teoría cobra fuerza con los reportes de que la administración Trump está abierta a un potencial acuerdo económico que permita inversión del sector privado estadounidense junto a un alivio de sanciones.

  • Con el tono definitivo contra el régimen y la iniciativa de Rubio, estas condiciones solo hacen sentido si el régimen cambia de rumbo político.

Cómo funciona. La estrategia es una combinación de negociaciones por canales alternos a la cabeza visible del régimen (Díaz-Canel) junto con una asfixia económica sin precedentes. Cuba no se gobierna como una presidencia tradicional; el poder real está en la red Castro, el aparato de inteligencia y las fuerzas armadas. El ataque al suministro energético ha creado una urgencia que le ha permitido a EE. UU. saltarse a Díaz-Canel y negociar con quienes realmente sostienen el régimen. 

  • Evidencia de esta urgencia son los intentos de Rusia por enviar suministros de petróleo a Cuba, lo que demuestra que el régimen heredero de la Unión Soviética teme perder su única ficha para replicar el acercamiento de la OTÁN a las fronteras rusas.

  • Adicionalmente, el régimen ha anunciado que permitirá inversión de la diáspora cubana, una reforma económica limitada que demuestra la desesperación ante la asfixia económica.

  • Mientras tanto, Marco Rubio sostiene negociaciones en canales paralelos con el nieto de Raúl Castro, evitando pasar por el presidente, quién, para muchos, es meramente un títere de la familia Castro.

Entre líneas. A estas alturas, el modelo venezolano está lejos, básicamente por la aparente disposición de la familia Castro de apartarse de Díaz-Canel. La idea de fracturar el régimen internamente está funcionando. Esto sigue una lógica estesiológica: bajo presión extrema, las élites dejan de actuar como bloques homogéneos. Mientras que algunos priorizan su supervivencia personal a través de la apertura, otros defienden el statu quo a toda costa. De momento, EE. UU. está poniendo toda la carne al asador a través de esa división interna.

  • Díaz-Canel ha rechazado públicamente su salida del poder, demostrando que pretende aferrarse al cargo y resistir la presión.

  • No obstante, las concesiones pequeñas como la apertura al diálogo y a la inversión de fuera de la isla indican que otras esferas del régimen—aparentemente, la familia Castro—prefieren una vía alterna.

  • Históricamente, los regímenes autoritarios suelen fracturarse y colapsar cuando la presión de una crisis económica choca con la rigidez ideológica y, esta vez, Cuba no tiene un salvavidas claro para navegar la marea hasta que baje.

El fondo del asunto. De funcionar, EE. UU. podría lograr algo que históricamente no ha conseguido antes: destruir un régimen enemigo y autoritario sin la necesidad de una intervención militar directa. Básicamente, al cortar los suministros externos que tradicionalmente han sostenido al régimen, Trump y Marco Rubio han logrado que el bloqueo de décadas por fin funcione. No obstante, esto requerirá de concesiones que ponen en riesgo la política tradicional de no negociar con terroristas.

  • La familia Castro y su círculo cercano probablemente recibirán algún tipo de garantía de seguridad por darle un giro de rumbo a una política de más de 60 años.

  • Con la necesidad de evitar más involucramiento militar y Rusia amenazando con volver a ser el salvavidas del régimen, EE. UU. —y especialmente Rubio— probablemente tendrán que taparse la nariz y asegurar el mejor trato posible.

  • Díaz-Canel y los principios de la revolución probablemente serán el chivo expiatorio que asegurará a los Castro sobrevivir y a EE. UU. acabar con la amenaza existencial que, desde 1959, ha tenido a las famosas “90 millas” de sus costas.

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