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La guerra de Ortega contra Trump: el eslabón débil de su supervivencia

.
Rafael P. Palomo
06 de abril, 2026

Ortega, otrora un problema discreto para Trump, ha cometido el primer error que podría costarle el sueño en los años venideros. 

En perspectiva. La prohibición de las procesiones de Semana Santa en Nicaragua ha sido la peor movida de Ortega en el tablero de la política exterior de Trump. En un país donde las celebraciones de Granada y León forman parte del calendario emocional de la nación, impedirlas tiene un peso simbólico evidente. El régimen está diciendo que ni siquiera la fe puede ocupar el espacio público sin permiso del poder. Esa decisión llega en un momento en que la relación entre la dictadura y la Iglesia Católica ya venía profundamente deteriorada.

  • No es casual, además, que Washington haya reaccionado en español y con lenguaje pensado para Latinoamérica, desde la cuenta en X de USA en español.
  • En dicho mensaje, el subsecretario de Estado Christopher Landau afirmó que “un año más, la dictadura de Ortega y Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a manifestar su fe de esta manera, al prohibir estas procesiones públicas”, convirtiendo la represión religiosa en un asunto de legitimidad regional.
  • El mensaje finaliza con un deseo y probable declaración de intenciones: “Espero con anhelo el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa”. 

Por qué importa. Lo ocurrido esta Semana Santa es apenas el episodio más reciente y visible de una campaña más larga. La represión contra la Iglesia se intensificó después de las protestas de 2018, cuando sacerdotes y obispos sirvieron como mediadores, refugio moral y, a veces, físico, para quienes huían de la violencia estatal. Desde entonces, el régimen ha cerrado medios católicos, expulsado o forzado al exilio a religiosos, confiscado bienes y restringido actividades pastorales.  

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  • Este es el tercer año consecutivo en el que las procesiones de Cuaresma y Semana Santa han sido prácticamente prohibidas.
  • El año pasado se reportó que más de 200 figuras religiosas estaban ya en el exilio, mientras los sacerdotes que permanecen en el país viven bajo vigilancia y deben incluso informar a la policía sobre ciertas actividades pastorales.
  • El año pasado también se dio el cierre de Radio María, vinculada al obispo Rolando Álvarez, y el endurecimiento del discurso oficial contra el Vaticano.

Cómo funciona. Ortega no persigue a la Iglesia solo por capricho teológico, sino porque representa la única estructura nacional con arraigo territorial, legitimidad y autoridad moral que no puede absorber del todo. Los partidos fueron desmantelados, la sociedad civil ha sido vaciada y los medios independientes fueron perseguidos. La Iglesia quedó como una red que todavía conecta parroquias, comunidades, memorias y lealtades fuera del aparato oficial.

  • En esa lógica, también debe leerse el cierre y la confiscación de la UCA, la universidad jesuita más importante del país.
  • La UCA, cuyas enseñanzas jesuitas suelen ser aprovechadas por la izquierda, era uno de los últimos centros de pensamiento independiente de Nicaragua y fue acusada por el régimen de ser un “centro de terrorismo” antes de su confiscación.
  • Para la dictadura, una institución que forma élites, produce pensamiento propio y conserva autonomía espiritual y social, termina siendo una amenaza existencial. 

Entre líneas. Aquí entra EE. UU. Lo interesante no es solo que la administración Trump critique a Ortega, sino el modo en que empieza a hacerlo. El mensaje de Landau es un claro caso de comunicación política dirigida al imaginario latinoamericano, usando la Semana Santa y la religiosidad popular para golpear al régimen donde más le cuesta defenderse: su legitimidad cultural. En esa lógica, Marco Rubio ha convertido a Latinoamérica en uno de los principales tableros desde los cuales el Departamento de Estado monitorea, clasifica y prioriza amenazas.

  • Hasta ahora, Nicaragua parecía mantenerse por debajo de la línea de fuego, sobre todo mientras Washington concentraba presión en Venezuela y, más recientemente, en Cuba.
  • Pero este episodio cambia la ecuación, no porque vaya a provocar una intervención, sino porque ayuda a sacar a Ortega de la periferia del radar estadounidense. 
  • El hecho de que una dictadura de izquierda persiga a la Iglesia en pleno calendario santo, le entrega a un Washington cada vez más hispano y católico una causa fácil de traducir a lenguaje moral y político al mismo tiempo. 

En conclusión. Nada de esto implica que Nicaragua esté al borde de una operación estadounidense ni que Washington quiera abrir otro frente mientras sigue ocupado con Cuba y Venezuela.

  • Lo que sí indica es que Ortega ya no está pasando desapercibido.
  • Su guerra contra la Iglesia está logrando exactamente lo que no le conviene: convertir una represión interna en un asunto legible y políticamente rentable para la diplomacia estadounidense.
  • Para un régimen que ha sobrevivido a la furia del Departamento de Estado de Rubio, el error de cálculo puede ser costoso.
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La guerra de Ortega contra Trump: el eslabón débil de su supervivencia

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Rafael P. Palomo
06 de abril, 2026

Ortega, otrora un problema discreto para Trump, ha cometido el primer error que podría costarle el sueño en los años venideros. 

En perspectiva. La prohibición de las procesiones de Semana Santa en Nicaragua ha sido la peor movida de Ortega en el tablero de la política exterior de Trump. En un país donde las celebraciones de Granada y León forman parte del calendario emocional de la nación, impedirlas tiene un peso simbólico evidente. El régimen está diciendo que ni siquiera la fe puede ocupar el espacio público sin permiso del poder. Esa decisión llega en un momento en que la relación entre la dictadura y la Iglesia Católica ya venía profundamente deteriorada.

  • No es casual, además, que Washington haya reaccionado en español y con lenguaje pensado para Latinoamérica, desde la cuenta en X de USA en español.
  • En dicho mensaje, el subsecretario de Estado Christopher Landau afirmó que “un año más, la dictadura de Ortega y Murillo niega al pueblo de Nicaragua el derecho a manifestar su fe de esta manera, al prohibir estas procesiones públicas”, convirtiendo la represión religiosa en un asunto de legitimidad regional.
  • El mensaje finaliza con un deseo y probable declaración de intenciones: “Espero con anhelo el día en que nuestros amigos nicaragüenses recuperen su libertad religiosa”. 

Por qué importa. Lo ocurrido esta Semana Santa es apenas el episodio más reciente y visible de una campaña más larga. La represión contra la Iglesia se intensificó después de las protestas de 2018, cuando sacerdotes y obispos sirvieron como mediadores, refugio moral y, a veces, físico, para quienes huían de la violencia estatal. Desde entonces, el régimen ha cerrado medios católicos, expulsado o forzado al exilio a religiosos, confiscado bienes y restringido actividades pastorales.  

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  • Este es el tercer año consecutivo en el que las procesiones de Cuaresma y Semana Santa han sido prácticamente prohibidas.
  • El año pasado se reportó que más de 200 figuras religiosas estaban ya en el exilio, mientras los sacerdotes que permanecen en el país viven bajo vigilancia y deben incluso informar a la policía sobre ciertas actividades pastorales.
  • El año pasado también se dio el cierre de Radio María, vinculada al obispo Rolando Álvarez, y el endurecimiento del discurso oficial contra el Vaticano.

Cómo funciona. Ortega no persigue a la Iglesia solo por capricho teológico, sino porque representa la única estructura nacional con arraigo territorial, legitimidad y autoridad moral que no puede absorber del todo. Los partidos fueron desmantelados, la sociedad civil ha sido vaciada y los medios independientes fueron perseguidos. La Iglesia quedó como una red que todavía conecta parroquias, comunidades, memorias y lealtades fuera del aparato oficial.

  • En esa lógica, también debe leerse el cierre y la confiscación de la UCA, la universidad jesuita más importante del país.
  • La UCA, cuyas enseñanzas jesuitas suelen ser aprovechadas por la izquierda, era uno de los últimos centros de pensamiento independiente de Nicaragua y fue acusada por el régimen de ser un “centro de terrorismo” antes de su confiscación.
  • Para la dictadura, una institución que forma élites, produce pensamiento propio y conserva autonomía espiritual y social, termina siendo una amenaza existencial. 

Entre líneas. Aquí entra EE. UU. Lo interesante no es solo que la administración Trump critique a Ortega, sino el modo en que empieza a hacerlo. El mensaje de Landau es un claro caso de comunicación política dirigida al imaginario latinoamericano, usando la Semana Santa y la religiosidad popular para golpear al régimen donde más le cuesta defenderse: su legitimidad cultural. En esa lógica, Marco Rubio ha convertido a Latinoamérica en uno de los principales tableros desde los cuales el Departamento de Estado monitorea, clasifica y prioriza amenazas.

  • Hasta ahora, Nicaragua parecía mantenerse por debajo de la línea de fuego, sobre todo mientras Washington concentraba presión en Venezuela y, más recientemente, en Cuba.
  • Pero este episodio cambia la ecuación, no porque vaya a provocar una intervención, sino porque ayuda a sacar a Ortega de la periferia del radar estadounidense. 
  • El hecho de que una dictadura de izquierda persiga a la Iglesia en pleno calendario santo, le entrega a un Washington cada vez más hispano y católico una causa fácil de traducir a lenguaje moral y político al mismo tiempo. 

En conclusión. Nada de esto implica que Nicaragua esté al borde de una operación estadounidense ni que Washington quiera abrir otro frente mientras sigue ocupado con Cuba y Venezuela.

  • Lo que sí indica es que Ortega ya no está pasando desapercibido.
  • Su guerra contra la Iglesia está logrando exactamente lo que no le conviene: convertir una represión interna en un asunto legible y políticamente rentable para la diplomacia estadounidense.
  • Para un régimen que ha sobrevivido a la furia del Departamento de Estado de Rubio, el error de cálculo puede ser costoso.

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