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El acuerdo EE. UU.-El Salvador: nuevas reglas de seguridad

.
Reynaldo Rodríguez
02 de febrero, 2026

El acuerdo comercial entre El Salvador y Estados Unidos marca un giro significativo en la relación entre ambos países, no solo en términos económicos, sino también geopolíticos. A través de este pacto, EE. UU. ofrece acceso preferencial al mercado más grande del mundo a cambio de un alineamiento estratégico que refuerza su influencia en los flujos económicos de El Salvador.  

  • Este acuerdo refleja la tendencia de la geoeconomía moderna, donde las decisiones comerciales están profundamente entrelazadas con intereses geopolíticos globales. 

Lo indispensable. EE. UU., en un contexto de creciente competencia con China, busca asegurarse de que El Salvador se convierta en un aliado estratégico en su esfera de influencia, especialmente en términos de infraestructura crítica y políticas exteriores alineadas. 

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  • El 29 de enero de 2026, en Washington D. C., ambos países firmaron un acuerdo comercial recíproco que formaliza las negociaciones previas centradas en alinear la seguridad económica y nacional de ambos países frente a terceros actores. 

  • El acuerdo nace dentro de la expansión de EE. UU. en la región, dada su nueva estrategia de seguridad, dominando comercialmente los países en su área de influencia más próxima. 

  • A diferencia de los tratados de los 90, este acuerdo instrumenta el comercio como una herramienta de contención geopolítica, donde el acceso al mercado estadounidense se convirtió en un privilegio por adoptar un proxy de la política económica y de seguridad. 

Cómo funciona. Este acuerdo no se limita a aranceles preferenciales, sino que incluye compromisos sustantivos en áreas estratégicas. 

  • Se eliminaron totalmente los aranceles para una lista masiva de bienes tangibles —desde agroindustria hasta manufactura pesada—, reduciendo los costos de transacción para asegurar una cadena resiliente y barata en la periferia inmediata de Washington. 

  • A través de la priorización del gas natural licuado (LNG) y la tecnología nuclear de EE. UU., El Salvador se convierte en un dependiente energético de aquel país, lo que cierra las puertas a otras influencias en sectores vitales. 

  • EE. UU. prioriza la integración de El Salvador a su cadena de suministro, minimizando riesgos de competencia y consolidando la seguridad en los suministros clave como el grafito y los minerales críticos. 

Entre líneas. Más allá de los beneficios comerciales, este acuerdo es una estrategia clara para consolidar una alineación geopolítica a largo plazo, evitando que El Salvador sea un riesgo para la seguridad de EE. UU.  

  • Así, se convierte en un proveedor exclusivo de minerales clave para la defensa de EE. UU., impidiendo que potencias como China o Rusia accedan a estos recursos estratégicos y consolidando las cadenas de suministro de sus prioridades geopolíticas. 

  • El acuerdo garantiza que ES se adhiera a políticas de ciberseguridad de EE. UU., limitando la adquisición de redes 5G, satélites y cables submarinos de actores no aliados, limitando el riesgo de acceso a datos sensibles. 

  • También, se estableció el mandato de monitorear y prevenir la evasión de aranceles mediante prácticas de dumping, la triangulación de productos a través de terceros y el bloque de IED de potencias no alineadas, reforzando la exclusividad de las cadenas de suministro de EE. UU. 

En conclusión. El acuerdo comercial entre El Salvador y Estados Unidos representa un cambio radical en la relación bilateral, donde las dimensiones económicas y geopolíticas se entrelazan para consolidar una alineación estratégica con la potencia norteamericana.

  • Más allá de los beneficios comerciales inmediatos, El Salvador se ve profundamente integrado a la órbita de EE. UU., con compromisos que incluyen dependencia energética, monitoreo de flujos comerciales y la exclusión de influencias externas en sectores clave como la infraestructura digital y los minerales estratégicos.  
  • Este acuerdo no solo asegura el acceso preferencial al mercado estadounidense, sino que también posiciona a El Salvador como un aliado clave, alineándose con los intereses de Washington frente a potencias rivales como China y Rusia.

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El acuerdo EE. UU.-El Salvador: nuevas reglas de seguridad

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Reynaldo Rodríguez
02 de febrero, 2026

El acuerdo comercial entre El Salvador y Estados Unidos marca un giro significativo en la relación entre ambos países, no solo en términos económicos, sino también geopolíticos. A través de este pacto, EE. UU. ofrece acceso preferencial al mercado más grande del mundo a cambio de un alineamiento estratégico que refuerza su influencia en los flujos económicos de El Salvador.  

  • Este acuerdo refleja la tendencia de la geoeconomía moderna, donde las decisiones comerciales están profundamente entrelazadas con intereses geopolíticos globales. 

Lo indispensable. EE. UU., en un contexto de creciente competencia con China, busca asegurarse de que El Salvador se convierta en un aliado estratégico en su esfera de influencia, especialmente en términos de infraestructura crítica y políticas exteriores alineadas. 

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  • El 29 de enero de 2026, en Washington D. C., ambos países firmaron un acuerdo comercial recíproco que formaliza las negociaciones previas centradas en alinear la seguridad económica y nacional de ambos países frente a terceros actores. 

  • El acuerdo nace dentro de la expansión de EE. UU. en la región, dada su nueva estrategia de seguridad, dominando comercialmente los países en su área de influencia más próxima. 

  • A diferencia de los tratados de los 90, este acuerdo instrumenta el comercio como una herramienta de contención geopolítica, donde el acceso al mercado estadounidense se convirtió en un privilegio por adoptar un proxy de la política económica y de seguridad. 

Cómo funciona. Este acuerdo no se limita a aranceles preferenciales, sino que incluye compromisos sustantivos en áreas estratégicas. 

  • Se eliminaron totalmente los aranceles para una lista masiva de bienes tangibles —desde agroindustria hasta manufactura pesada—, reduciendo los costos de transacción para asegurar una cadena resiliente y barata en la periferia inmediata de Washington. 

  • A través de la priorización del gas natural licuado (LNG) y la tecnología nuclear de EE. UU., El Salvador se convierte en un dependiente energético de aquel país, lo que cierra las puertas a otras influencias en sectores vitales. 

  • EE. UU. prioriza la integración de El Salvador a su cadena de suministro, minimizando riesgos de competencia y consolidando la seguridad en los suministros clave como el grafito y los minerales críticos. 

Entre líneas. Más allá de los beneficios comerciales, este acuerdo es una estrategia clara para consolidar una alineación geopolítica a largo plazo, evitando que El Salvador sea un riesgo para la seguridad de EE. UU.  

  • Así, se convierte en un proveedor exclusivo de minerales clave para la defensa de EE. UU., impidiendo que potencias como China o Rusia accedan a estos recursos estratégicos y consolidando las cadenas de suministro de sus prioridades geopolíticas. 

  • El acuerdo garantiza que ES se adhiera a políticas de ciberseguridad de EE. UU., limitando la adquisición de redes 5G, satélites y cables submarinos de actores no aliados, limitando el riesgo de acceso a datos sensibles. 

  • También, se estableció el mandato de monitorear y prevenir la evasión de aranceles mediante prácticas de dumping, la triangulación de productos a través de terceros y el bloque de IED de potencias no alineadas, reforzando la exclusividad de las cadenas de suministro de EE. UU. 

En conclusión. El acuerdo comercial entre El Salvador y Estados Unidos representa un cambio radical en la relación bilateral, donde las dimensiones económicas y geopolíticas se entrelazan para consolidar una alineación estratégica con la potencia norteamericana.

  • Más allá de los beneficios comerciales inmediatos, El Salvador se ve profundamente integrado a la órbita de EE. UU., con compromisos que incluyen dependencia energética, monitoreo de flujos comerciales y la exclusión de influencias externas en sectores clave como la infraestructura digital y los minerales estratégicos.  
  • Este acuerdo no solo asegura el acceso preferencial al mercado estadounidense, sino que también posiciona a El Salvador como un aliado clave, alineándose con los intereses de Washington frente a potencias rivales como China y Rusia.

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