EE. UU. da resultados en Venezuela
La lección podría ser, en última instancia, que derrocar a un dictador no puede lograrse en una sola noche.
Venezuela está cada vez más cerca de regresar a la democracia, incluso si a los detractores de EE. UU. No les agrada la noticia.
En perspectiva. Durante casi diez meses, la estrategia de Washington en Venezuela ha enfrentado una acusación persistente: que Donald Trump había derrocado a Nicolás Maduro únicamente para preservar su dictadura bajo una nueva administración. Delcy Rodríguez permanecía en el poder, el aparato chavista conservaba el control de las instituciones del país y María Corina Machado, la líder opositora que se había convertido en el rostro de la lucha democrática venezolana, continuaba en el extranjero.
- Para los críticos de siempre, la conclusión era que Washington había abandonado a la oposición democrática venezolana a cambio de estabilidad política y acceso a las enormes reservas petroleras del país.
- Pero los acontecimientos de la última semana demuestran lo contrario. Machado ha regresado a Venezuela, el gobierno interino se ha comprometido públicamente a celebrar elecciones bajo una autoridad electoral reformada y las negociaciones sobre las instituciones políticas del país avanzan.
- Después de meses de incertidumbre, la estrategia estadounidense comienza a producir resultados visibles.
Es noticia. El 25 de octubre, María Corina Machado regresó a Venezuela después de casi diez meses en el extranjero. Decenas de miles de simpatizantes la recibieron mientras se dirigía hacia Caracas, demostrando que la fuerza política de la oposición había sobrevivido a la caída de Maduro y a la incertidumbre que vino después. Su regreso fue especialmente significativo ante las especulaciones generalizadas de que Washington la había marginado en favor de Rodríguez. El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó posteriormente que funcionarios estadounidenses habían presionado al gobierno interino semanas antes para garantizar el regreso seguro de Machado.
- El 29 de octubre, Machado se dirigió a simpatizantes y periodistas en Caracas, respaldando la posibilidad de celebrar elecciones en 2027 y declarando irreversible la transición democrática de Venezuela.
- La mujer que muchos temían que quedaría excluida del futuro de Venezuela vuelve a organizar su movimiento en territorio venezolano, mientras el gobierno que heredó las instituciones de Maduro ahora discute públicamente las condiciones necesarias para celebrar elecciones competitivas.
Visto y no visto. Cuando las fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro en enero, EE. UU. se enfrentó a un problema considerablemente más complejo que derrocar a un presidente autoritario. Después de más de dos décadas de gobierno chavista, las Fuerzas Armadas, los organismos de inteligencia, los tribunales, las instituciones electorales y la administración pública venezolana permanecían profundamente entrelazados con el aparato gobernante. Desmantelar toda la estructura política de la noche a la mañana habría creado un enorme vacío institucional, sin garantía alguna de que la oposición democrática pudiera ejercer inmediatamente una autoridad efectiva en todo el país.
- Washington optó, en cambio, por una transición gradual, trabajando inicialmente con Rodríguez para mantener las funciones esenciales del gobierno, estabilizar la economía y establecer canales para la reforma institucional.
- El enfoque fue políticamente controvertido, particularmente porque Rodríguez había sido una de las colaboradoras más cercanas de Maduro. Sin embargo, la alternativa implicaba riesgos considerables. Un colapso repentino de la autoridad estatal podría haber provocado la aparición de centros de poder rivales, perturbaciones económicas y una mayor inestabilidad.
- La premisa central de la estrategia de Washington era que derrocar a Maduro y desmantelar el sistema que había construido constituían dos desafíos distintos, que requerían instrumentos y plazos diferentes.
Entre líneas. El 29 de octubre, la presidenta interina prometió públicamente celebrar elecciones organizadas por una autoridad electoral renovada y acompañadas de observación internacional. También defendió el derecho a la protesta pacífica e instruyó a las fuerzas de seguridad a respetar los requisitos judiciales para efectuar detenciones. Mientras tanto, los funcionarios estadounidenses han delineado una secuencia de reformas institucionales destinadas a hacer posibles unas elecciones competitivas. El proceso comienza con cambios en el sistema judicial venezolano, seguidos de la reestructuración del Consejo Nacional Electoral y la eventual declaración de una vacante presidencial que daría lugar a nuevas elecciones.
- El gobierno también ha anunciado medidas relacionadas con los presos políticos y las libertades civiles. Estos acontecimientos coinciden con los esfuerzos por reactivar la industria petrolera venezolana y atraer inversiones. La recuperación económica sigue siendo frágil, con una inflación elevada y problemas persistentes de infraestructura, pero el restablecimiento de la actividad comercial constituye una parte importante de la estrategia más amplia de estabilización de Washington.
- El presidente Trump, el secretario Rubio y John Barrett, principal representante diplomático de Washington en Caracas, han sido figuras centrales en esta relación en evolución.
- La interlocución diplomática de Barrett con el gobierno de Rodríguez refleja la importancia práctica de mantener una comunicación directa con las autoridades que todavía controlan las instituciones venezolanas.
Por qué importa. Para los venezolanos que han soportado décadas de represión, las exigencias de un cambio inmediato son completamente comprensibles. Pero la urgencia de esas demandas no elimina las dificultades políticas e institucionales que implica sustituir un sistema autoritario. Una transición democrática no puede medirse exclusivamente por la rapidez con la que se alcanzan sus objetivos políticos más visibles. Su sostenibilidad también depende de que las instituciones resultantes sean capaces de garantizar elecciones competitivas, proteger las libertades civiles e impedir el regreso de un gobierno autoritario.
- Esta distinción ayuda a explicar el enfoque de Washington. Su cooperación con Rodríguez no ha significado aceptar la supervivencia permanente del chavismo.
- También ha proporcionado un mecanismo para negociar cambios con los funcionarios que continúan ejerciendo el poder. Ha sido una maratón en lugar de una carrera de velocidad, por mucho que las demandas de cambios drásticos exigieran resultados inmediatos.
Lo que viene. Esa estrategia sigue siendo vulnerable a posibles obstáculos. Todavía no se ha establecido una fecha electoral, numerosos presos políticos continúan detenidos y el aparato chavista conserva una influencia institucional considerable. El regreso de Machado, además, introduce a una poderosa figura política independiente cuyas exigencias no siempre coincidirán con los tiempos de negociación de Washington. No obstante, los acontecimientos de esta semana hacen cada vez más difícil sostener que EE. UU. ha abandonado el objetivo de una transición democrática.
- Maduro permanece bajo custodia estadounidense; Machado ha regresado a Venezuela; la reforma electoral forma ahora parte de una hoja de ruta política identificable y el gobierno interino está asumiendo compromisos que habrían sido difíciles de imaginar bajo Maduro.
- Washington todavía no ha completado la transición venezolana, pero, después de meses de escepticismo, la evidencia emergente demuestra que su estrategia gradual está avanzando hacia los objetivos políticos que prometió perseguir.
- La lección podría ser, en última instancia, que derrocar a un dictador puede lograrse en una sola noche, mientras que construir las condiciones necesarias para una democracia requiere considerablemente más tiempo.
EE. UU. da resultados en Venezuela
La lección podría ser, en última instancia, que derrocar a un dictador no puede lograrse en una sola noche.
Venezuela está cada vez más cerca de regresar a la democracia, incluso si a los detractores de EE. UU. No les agrada la noticia.
En perspectiva. Durante casi diez meses, la estrategia de Washington en Venezuela ha enfrentado una acusación persistente: que Donald Trump había derrocado a Nicolás Maduro únicamente para preservar su dictadura bajo una nueva administración. Delcy Rodríguez permanecía en el poder, el aparato chavista conservaba el control de las instituciones del país y María Corina Machado, la líder opositora que se había convertido en el rostro de la lucha democrática venezolana, continuaba en el extranjero.
- Para los críticos de siempre, la conclusión era que Washington había abandonado a la oposición democrática venezolana a cambio de estabilidad política y acceso a las enormes reservas petroleras del país.
- Pero los acontecimientos de la última semana demuestran lo contrario. Machado ha regresado a Venezuela, el gobierno interino se ha comprometido públicamente a celebrar elecciones bajo una autoridad electoral reformada y las negociaciones sobre las instituciones políticas del país avanzan.
- Después de meses de incertidumbre, la estrategia estadounidense comienza a producir resultados visibles.
Es noticia. El 25 de octubre, María Corina Machado regresó a Venezuela después de casi diez meses en el extranjero. Decenas de miles de simpatizantes la recibieron mientras se dirigía hacia Caracas, demostrando que la fuerza política de la oposición había sobrevivido a la caída de Maduro y a la incertidumbre que vino después. Su regreso fue especialmente significativo ante las especulaciones generalizadas de que Washington la había marginado en favor de Rodríguez. El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó posteriormente que funcionarios estadounidenses habían presionado al gobierno interino semanas antes para garantizar el regreso seguro de Machado.
- El 29 de octubre, Machado se dirigió a simpatizantes y periodistas en Caracas, respaldando la posibilidad de celebrar elecciones en 2027 y declarando irreversible la transición democrática de Venezuela.
- La mujer que muchos temían que quedaría excluida del futuro de Venezuela vuelve a organizar su movimiento en territorio venezolano, mientras el gobierno que heredó las instituciones de Maduro ahora discute públicamente las condiciones necesarias para celebrar elecciones competitivas.
Visto y no visto. Cuando las fuerzas estadounidenses capturaron a Maduro en enero, EE. UU. se enfrentó a un problema considerablemente más complejo que derrocar a un presidente autoritario. Después de más de dos décadas de gobierno chavista, las Fuerzas Armadas, los organismos de inteligencia, los tribunales, las instituciones electorales y la administración pública venezolana permanecían profundamente entrelazados con el aparato gobernante. Desmantelar toda la estructura política de la noche a la mañana habría creado un enorme vacío institucional, sin garantía alguna de que la oposición democrática pudiera ejercer inmediatamente una autoridad efectiva en todo el país.
- Washington optó, en cambio, por una transición gradual, trabajando inicialmente con Rodríguez para mantener las funciones esenciales del gobierno, estabilizar la economía y establecer canales para la reforma institucional.
- El enfoque fue políticamente controvertido, particularmente porque Rodríguez había sido una de las colaboradoras más cercanas de Maduro. Sin embargo, la alternativa implicaba riesgos considerables. Un colapso repentino de la autoridad estatal podría haber provocado la aparición de centros de poder rivales, perturbaciones económicas y una mayor inestabilidad.
- La premisa central de la estrategia de Washington era que derrocar a Maduro y desmantelar el sistema que había construido constituían dos desafíos distintos, que requerían instrumentos y plazos diferentes.
Entre líneas. El 29 de octubre, la presidenta interina prometió públicamente celebrar elecciones organizadas por una autoridad electoral renovada y acompañadas de observación internacional. También defendió el derecho a la protesta pacífica e instruyó a las fuerzas de seguridad a respetar los requisitos judiciales para efectuar detenciones. Mientras tanto, los funcionarios estadounidenses han delineado una secuencia de reformas institucionales destinadas a hacer posibles unas elecciones competitivas. El proceso comienza con cambios en el sistema judicial venezolano, seguidos de la reestructuración del Consejo Nacional Electoral y la eventual declaración de una vacante presidencial que daría lugar a nuevas elecciones.
- El gobierno también ha anunciado medidas relacionadas con los presos políticos y las libertades civiles. Estos acontecimientos coinciden con los esfuerzos por reactivar la industria petrolera venezolana y atraer inversiones. La recuperación económica sigue siendo frágil, con una inflación elevada y problemas persistentes de infraestructura, pero el restablecimiento de la actividad comercial constituye una parte importante de la estrategia más amplia de estabilización de Washington.
- El presidente Trump, el secretario Rubio y John Barrett, principal representante diplomático de Washington en Caracas, han sido figuras centrales en esta relación en evolución.
- La interlocución diplomática de Barrett con el gobierno de Rodríguez refleja la importancia práctica de mantener una comunicación directa con las autoridades que todavía controlan las instituciones venezolanas.
Por qué importa. Para los venezolanos que han soportado décadas de represión, las exigencias de un cambio inmediato son completamente comprensibles. Pero la urgencia de esas demandas no elimina las dificultades políticas e institucionales que implica sustituir un sistema autoritario. Una transición democrática no puede medirse exclusivamente por la rapidez con la que se alcanzan sus objetivos políticos más visibles. Su sostenibilidad también depende de que las instituciones resultantes sean capaces de garantizar elecciones competitivas, proteger las libertades civiles e impedir el regreso de un gobierno autoritario.
- Esta distinción ayuda a explicar el enfoque de Washington. Su cooperación con Rodríguez no ha significado aceptar la supervivencia permanente del chavismo.
- También ha proporcionado un mecanismo para negociar cambios con los funcionarios que continúan ejerciendo el poder. Ha sido una maratón en lugar de una carrera de velocidad, por mucho que las demandas de cambios drásticos exigieran resultados inmediatos.
Lo que viene. Esa estrategia sigue siendo vulnerable a posibles obstáculos. Todavía no se ha establecido una fecha electoral, numerosos presos políticos continúan detenidos y el aparato chavista conserva una influencia institucional considerable. El regreso de Machado, además, introduce a una poderosa figura política independiente cuyas exigencias no siempre coincidirán con los tiempos de negociación de Washington. No obstante, los acontecimientos de esta semana hacen cada vez más difícil sostener que EE. UU. ha abandonado el objetivo de una transición democrática.
- Maduro permanece bajo custodia estadounidense; Machado ha regresado a Venezuela; la reforma electoral forma ahora parte de una hoja de ruta política identificable y el gobierno interino está asumiendo compromisos que habrían sido difíciles de imaginar bajo Maduro.
- Washington todavía no ha completado la transición venezolana, pero, después de meses de escepticismo, la evidencia emergente demuestra que su estrategia gradual está avanzando hacia los objetivos políticos que prometió perseguir.
- La lección podría ser, en última instancia, que derrocar a un dictador puede lograrse en una sola noche, mientras que construir las condiciones necesarias para una democracia requiere considerablemente más tiempo.