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Colombia expulsa al terrorismo iraní

El giro de la política exterior es extraordinario. También reconoce una realidad que Sudamérica aprendió dolorosamente hace más de tres décadas.

Rafael P. Palomo
28 de septiembre, 2026

Colombia rompió relaciones diplomáticas con un país situado a casi 12 000 kilómetros de distancia. La geografía podría hacer que la decisión parezca ideológica, pero la historia la vuelve bastante menos sorprendente.

En perspectiva. El 24 de septiembre, Bogotá anunció que sus relaciones con Teherán habían terminado formalmente cinco días antes, citando razones de seguridad nacional y hemisférica, crimen transnacional y los vínculos de Irán con organizaciones terroristas y narcoterroristas internacionales. Ese mismo día, Colombia designó como organización terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica por sus operaciones encubiertas fuera del territorio iraní.

  • El giro de la política exterior colombiana es extraordinario, aunque también reconoce una realidad que Sudamérica aprendió dolorosamente hace más de tres décadas.

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  • Irán podrá estar geográficamente lejos del hemisferio occidental, pero su confrontación con Occidente nunca se limitó a Medio Oriente.

Hemeroteca. En 1992, un atentado destruyó la Embajada de Israel en Buenos Aires y, dos años después, otra bomba demolió la sede de la AMIA, dejando 85 muertos y cientos de heridos. En 2024, la máxima instancia penal argentina concluyó que el atentado contra la AMIA había sido ejecutado por Hezbolá bajo una directiva estratégica de Irán. El año pasado, además, un juez ordenó un juicio en ausencia contra diez sospechosos, entre ellos antiguos altos funcionarios iraníes y figuras vinculadas con Hezbolá que llevan décadas prófugas.

  • Aquellos ataques debieron cambiar definitivamente la forma en que Latinoamérica entendía la proyección del poder iraní.

  • Sin embargo, durante las décadas siguientes, Teherán consiguió desarrollar algo bastante más amplio que operaciones terroristas aislada.

  • Venezuela terminó convirtiéndose en una pieza fundamental de esa estrategia.

Cómo funciona. Bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la relación entre Caracas y Teherán se convirtió en una de las alianzas políticas más importantes de Irán fuera de Medio Oriente. El beneficio para los iraníes iba mucho más allá de conseguir otro voto amistoso en organismos internacionales, pues obtenían acceso a un gobierno estratégicamente situado en el Caribe y abiertamente enfrentado con Washington. La cooperación política creció junto con los vínculos comerciales, aéreos y de seguridad, insertando a Teherán dentro de una red regional de gobiernos unidos, entre otras cosas, por su oposición a EE. UU.

  • Hezbolá desarrolló una presencia diferente. Durante décadas, la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay ha estado bajo escrutinio por redes vinculadas con su financiamiento y apoyo.

  • La Operación Trapiche, iniciada por Brasil en 2023, evidenció una red de Hezbolá acusada de reclutar personas para identificar y atacar objetivos judíos e israelíes dentro del país.

  • Durante años, el debate latinoamericano sobre Irán osciló entre ver agentes iraníes detrás de prácticamente cada mezquita o relación comercial y descartar cualquier preocupación sobre Teherán como paranoia importada desde Washington. El registro histórico no permite ninguna de las dos simplificaciones.

Por qué importa. Irán no necesita desplegar ejércitos en Sudamérica para proyectar poder. Su modelo ha dependido de relaciones con gobiernos simpatizantes, actividades de inteligencia, redes financieras y aliados como Hezbolá capaces de operar mucho más allá de las fronteras iraníes. No toda actividad diplomática o comercial pertenece a esa arquitectura, pero los 85 muertos de la AMIA demuestran por qué ningún gobierno responsable puede actuar como si esta no existiera.

  • Por eso es fundamental que Colombia esté tratando el asunto como un problema de seguridad hemisférica y no simplemente como una disputa relacionada con Medio Oriente.

  • Maduro, durante años el socio regional más valioso de Irán, ya no está; Javier Milei alineó firmemente a Argentina con Washington e Israel, y Colombia, bajo Abelardo de la Espriella, se ha acercado dramáticamente a EE. UU.

  • La ruptura con Teherán parece así menos una decisión diplomática aislada que otra pieza de una doctrina hemisférica emergente.

Ahora qué. Washington vuelve a observar al hemisferio occidental como un espacio estratégico en el que carteles, terrorismo, potencias hostiles y penetración extranjera pueden entrelazarse sin constituir necesariamente la misma amenaza. El renovado énfasis de la Administración Trump en la Doctrina Monroe responde precisamente a esa lógica. Un problema originado a miles de kilómetros puede convertirse en un problema de seguridad estadounidense cuando una potencia adversaria establece posiciones políticas, económicas u operativas cerca de casa.

  • Irán nunca alcanzó la magnitud comercial de China ni la profundidad de algunas relaciones rusas. Su importancia radica en haber demostrado cuánto puede conseguir una potencia distante mediante alianzas ideológicas, gobiernos permisivos y redes transnacionales.

  • Durante buena parte de la posguerra fría, América Latina imaginó que su distancia de los grandes conflictos del Medio Oriente bastaba para evitar convertirse en escenario de ellos. 

  • Buenos Aires demostró lo contrario en 1992 y 1994, y Venezuela enseñó lo pronto que una potencia extrarregional puede construir una posición estratégica cuando encuentra un gobierno dispuesto a abrirle las puertas. Bogotá, no obstante, está decidida a no aprender nuevamente ninguna de esas lecciones por las malas.

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Colombia expulsa al terrorismo iraní

El giro de la política exterior es extraordinario. También reconoce una realidad que Sudamérica aprendió dolorosamente hace más de tres décadas.

Rafael P. Palomo
28 de septiembre, 2026

Colombia rompió relaciones diplomáticas con un país situado a casi 12 000 kilómetros de distancia. La geografía podría hacer que la decisión parezca ideológica, pero la historia la vuelve bastante menos sorprendente.

En perspectiva. El 24 de septiembre, Bogotá anunció que sus relaciones con Teherán habían terminado formalmente cinco días antes, citando razones de seguridad nacional y hemisférica, crimen transnacional y los vínculos de Irán con organizaciones terroristas y narcoterroristas internacionales. Ese mismo día, Colombia designó como organización terrorista al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica por sus operaciones encubiertas fuera del territorio iraní.

  • El giro de la política exterior colombiana es extraordinario, aunque también reconoce una realidad que Sudamérica aprendió dolorosamente hace más de tres décadas.

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  • Irán podrá estar geográficamente lejos del hemisferio occidental, pero su confrontación con Occidente nunca se limitó a Medio Oriente.

Hemeroteca. En 1992, un atentado destruyó la Embajada de Israel en Buenos Aires y, dos años después, otra bomba demolió la sede de la AMIA, dejando 85 muertos y cientos de heridos. En 2024, la máxima instancia penal argentina concluyó que el atentado contra la AMIA había sido ejecutado por Hezbolá bajo una directiva estratégica de Irán. El año pasado, además, un juez ordenó un juicio en ausencia contra diez sospechosos, entre ellos antiguos altos funcionarios iraníes y figuras vinculadas con Hezbolá que llevan décadas prófugas.

  • Aquellos ataques debieron cambiar definitivamente la forma en que Latinoamérica entendía la proyección del poder iraní.

  • Sin embargo, durante las décadas siguientes, Teherán consiguió desarrollar algo bastante más amplio que operaciones terroristas aislada.

  • Venezuela terminó convirtiéndose en una pieza fundamental de esa estrategia.

Cómo funciona. Bajo Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la relación entre Caracas y Teherán se convirtió en una de las alianzas políticas más importantes de Irán fuera de Medio Oriente. El beneficio para los iraníes iba mucho más allá de conseguir otro voto amistoso en organismos internacionales, pues obtenían acceso a un gobierno estratégicamente situado en el Caribe y abiertamente enfrentado con Washington. La cooperación política creció junto con los vínculos comerciales, aéreos y de seguridad, insertando a Teherán dentro de una red regional de gobiernos unidos, entre otras cosas, por su oposición a EE. UU.

  • Hezbolá desarrolló una presencia diferente. Durante décadas, la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay ha estado bajo escrutinio por redes vinculadas con su financiamiento y apoyo.

  • La Operación Trapiche, iniciada por Brasil en 2023, evidenció una red de Hezbolá acusada de reclutar personas para identificar y atacar objetivos judíos e israelíes dentro del país.

  • Durante años, el debate latinoamericano sobre Irán osciló entre ver agentes iraníes detrás de prácticamente cada mezquita o relación comercial y descartar cualquier preocupación sobre Teherán como paranoia importada desde Washington. El registro histórico no permite ninguna de las dos simplificaciones.

Por qué importa. Irán no necesita desplegar ejércitos en Sudamérica para proyectar poder. Su modelo ha dependido de relaciones con gobiernos simpatizantes, actividades de inteligencia, redes financieras y aliados como Hezbolá capaces de operar mucho más allá de las fronteras iraníes. No toda actividad diplomática o comercial pertenece a esa arquitectura, pero los 85 muertos de la AMIA demuestran por qué ningún gobierno responsable puede actuar como si esta no existiera.

  • Por eso es fundamental que Colombia esté tratando el asunto como un problema de seguridad hemisférica y no simplemente como una disputa relacionada con Medio Oriente.

  • Maduro, durante años el socio regional más valioso de Irán, ya no está; Javier Milei alineó firmemente a Argentina con Washington e Israel, y Colombia, bajo Abelardo de la Espriella, se ha acercado dramáticamente a EE. UU.

  • La ruptura con Teherán parece así menos una decisión diplomática aislada que otra pieza de una doctrina hemisférica emergente.

Ahora qué. Washington vuelve a observar al hemisferio occidental como un espacio estratégico en el que carteles, terrorismo, potencias hostiles y penetración extranjera pueden entrelazarse sin constituir necesariamente la misma amenaza. El renovado énfasis de la Administración Trump en la Doctrina Monroe responde precisamente a esa lógica. Un problema originado a miles de kilómetros puede convertirse en un problema de seguridad estadounidense cuando una potencia adversaria establece posiciones políticas, económicas u operativas cerca de casa.

  • Irán nunca alcanzó la magnitud comercial de China ni la profundidad de algunas relaciones rusas. Su importancia radica en haber demostrado cuánto puede conseguir una potencia distante mediante alianzas ideológicas, gobiernos permisivos y redes transnacionales.

  • Durante buena parte de la posguerra fría, América Latina imaginó que su distancia de los grandes conflictos del Medio Oriente bastaba para evitar convertirse en escenario de ellos. 

  • Buenos Aires demostró lo contrario en 1992 y 1994, y Venezuela enseñó lo pronto que una potencia extrarregional puede construir una posición estratégica cuando encuentra un gobierno dispuesto a abrirle las puertas. Bogotá, no obstante, está decidida a no aprender nuevamente ninguna de esas lecciones por las malas.

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