Bolsonaro está de vuelta: las claves de su victoria
Bolsonaro Jr. salió de las cuerdas, ganó la primera vuelta y ahora está a tres semanas de devolver el apellido Bolsonaro al Palácio do Planalto.
Hace seis semanas, Flávio Bolsonaro parecía encaminado a perder las elecciones presidenciales de Brasil. El domingo, ganó la primera vuelta.
En perspectiva. Bolsonaro obtuvo alrededor del 47 % de los votos válidos frente al 45 % de Luiz Inácio Lula da Silva, una diferencia superior a 2M de votos que obliga a ambos a enfrentarse nuevamente el 25 de octubre. El resultado sorprendió particularmente porque prácticamente todas las principales encuestas de la última semana colocaban a Lula por delante o, en el mejor escenario para Bolsonaro, mostraban un empate técnico.
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Cuando República analizó la elección el 22 de agosto, Polymarket otorgaba a Lula una probabilidad cercana al 64 % de ganar la presidencia, mientras Bolsonaro apenas alcanzaba el 33 %.
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Para el viernes anterior a la elección, el mercado se había invertido: Bolsonaro llegaba al 56.5 % y Lula caía al 44 %.
Cómo funciona. Los mercados de predicción no son encuestas ni bolas de cristal. Sin embargo, incorporan encuestas, información política, expectativas sobre participación y cálculos acerca de cómo se redistribuirán los votos, razón por la cual los utilizamos como uno de nuestros indicadores electorales favoritos. Sobre todo, detectan un indicador particularmente revelador: la intensidad de la intención de voto. Esta vez detectaron correctamente una transformación que buena parte de las encuestas tradicionales subestimó.
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Después del resultado del domingo, Polymarket fue todavía más lejos: Bolsonaro alcanza ahora aproximadamente 83 % de probabilidad de ganar la presidencia, contra apenas 17 % para Lula.
Lo que ocurrió. No hubo un solo acontecimiento capaz de explicar por sí solo semejante recuperación. Lo que ocurrió fue una consolidación progresiva del electorado anti-Lula alrededor del único candidato capaz de derrotarlo. Conforme se acercó la elección, parte de quienes apoyaban alternativas menores terminó recurriendo al voto útil. Bolsonaro no necesitó convertir masivamente a lulistas en bolsonaristas, solo necesitó convertirse en el vehículo de prácticamente todo el electorado que quería evitar otro mandato de Lula. Y ese electorado resultó ser mayor de lo que anticipaban las encuestas.
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Bolsonaro construyó su victoria sobre enormes márgenes en el Sur y el Sudeste. En São Paulo obtuvo cerca del 52 % frente al 38 % de Lula, mientras en Río de Janeiro ganó aproximadamente 53 %-39 %. Solamente en el Sudeste acumuló unos 5.7M de votos más que el presidente, a los que agregó una ventaja cercana a 5M en el Sur.
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Pero probablemente más importante fue lo ocurrido donde Bolsonaro perdió. Lula volvió a dominar el Noreste, aunque su porcentaje allí cayó respecto de 2022, mientras Flávio consiguió cerca del 31 %.
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Bolsonaro incluso sumó alrededor de 1.6M de votos adicionales en la región respecto de la primera vuelta obtenida por su padre cuatro años antes. Algo similar ocurrió en la Amazonía, particularmente alrededor de zonas agrícolas, donde el bolsonarismo amplió considerablemente su presencia.
Por qué importa. En un país profundamente polarizado, no siempre es necesario conquistar las fortalezas del adversario; basta con dejar de perderlas por márgenes devastadores. Lula llegó, además, como un presidente más vulnerable de lo que sugerían algunos indicadores macroeconómicos. Brasil mantiene bajo desempleo y ha reducido la pobreza, pero el costo de vida, el endeudamiento de los hogares, las elevadas tasas de interés y, especialmente, la inseguridad, continuaron pesando sobre la percepción del electorado.
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Bolsonaro encontró allí un terreno particularmente favorable con un discurso duro contra el crimen organizado, mientras el argumento de presentar al lulismo como una barrera democrática frente al bolsonarismo parece haber perdido parte de su capacidad movilizadora.
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Tendencia común a lo largo y ancho de Latinoamérica. El discurso “demonizador” de la derecha ha perdido peso entre el electorado indeciso. La seguridad, al contrario, se ha vuelto un tema cada vez más determinante.
El primer poder. Los resultados legislativos refuerzan esa interpretación. El desempeño presidencial no ocurrió de manera aislada: la derecha avanzó en el Congreso, fortaleció su presencia en el Senado y consiguió varias gobernaciones. Brasil no experimentó únicamente una sorpresa protagonizada por Flávio Bolsonaro, sino un movimiento electoral más amplio hacia la derecha.
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Los mercados financieros reaccionaron inmediatamente. El Bovespa subió más de 8 % el lunes, su mejor jornada desde 2020, mientras el real se apreció más de 4 % frente al dólar.
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Los inversionistas no solamente recalcularon las probabilidades presidenciales, sino las consecuencias de un Congreso más favorable a una agenda económica de derecha.
Lo que sigue. Bolsonaro llega al balotaje con una ventaja que parecía inimaginable en agosto, aunque la elección está lejos de terminar. Su 47 % lo coloca cerca de la mayoría, pero también significa que parte del voto que podía absorber de candidatos menores probablemente ya migró hacia él mediante el voto útil. Lula, por su parte, conserva una enorme estructura política y todavía dispone de una reserva fundamental: quienes no votaron. La abstención rondó el 21 %, por lo que movilizar nuevos electores podría resultar más importante que intentar convertir bolsonaristas.
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Bolsonaro deberá conservar la coalición que construyó el domingo y capturar suficiente voto anti-Lula restante para superar el 50 %.
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Los inversionistas de Polymarket creen abrumadoramente que lo conseguirá, aunque un 83 % sigue siendo una probabilidad y no un resultado electoral. Lo indiscutible es cuánto cambió Brasil en apenas seis semanas.
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El 22 de agosto, Bolsonaro Jr. tenía apenas 33% de probabilidades de ganar según Polymarket. Salió de las cuerdas, ganó la primera vuelta y ahora está a tres semanas de devolver el apellido Bolsonaro al Palácio do Planalto.
Bolsonaro está de vuelta: las claves de su victoria
Bolsonaro Jr. salió de las cuerdas, ganó la primera vuelta y ahora está a tres semanas de devolver el apellido Bolsonaro al Palácio do Planalto.
Hace seis semanas, Flávio Bolsonaro parecía encaminado a perder las elecciones presidenciales de Brasil. El domingo, ganó la primera vuelta.
En perspectiva. Bolsonaro obtuvo alrededor del 47 % de los votos válidos frente al 45 % de Luiz Inácio Lula da Silva, una diferencia superior a 2M de votos que obliga a ambos a enfrentarse nuevamente el 25 de octubre. El resultado sorprendió particularmente porque prácticamente todas las principales encuestas de la última semana colocaban a Lula por delante o, en el mejor escenario para Bolsonaro, mostraban un empate técnico.
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Cuando República analizó la elección el 22 de agosto, Polymarket otorgaba a Lula una probabilidad cercana al 64 % de ganar la presidencia, mientras Bolsonaro apenas alcanzaba el 33 %.
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Para el viernes anterior a la elección, el mercado se había invertido: Bolsonaro llegaba al 56.5 % y Lula caía al 44 %.
Cómo funciona. Los mercados de predicción no son encuestas ni bolas de cristal. Sin embargo, incorporan encuestas, información política, expectativas sobre participación y cálculos acerca de cómo se redistribuirán los votos, razón por la cual los utilizamos como uno de nuestros indicadores electorales favoritos. Sobre todo, detectan un indicador particularmente revelador: la intensidad de la intención de voto. Esta vez detectaron correctamente una transformación que buena parte de las encuestas tradicionales subestimó.
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Después del resultado del domingo, Polymarket fue todavía más lejos: Bolsonaro alcanza ahora aproximadamente 83 % de probabilidad de ganar la presidencia, contra apenas 17 % para Lula.
Lo que ocurrió. No hubo un solo acontecimiento capaz de explicar por sí solo semejante recuperación. Lo que ocurrió fue una consolidación progresiva del electorado anti-Lula alrededor del único candidato capaz de derrotarlo. Conforme se acercó la elección, parte de quienes apoyaban alternativas menores terminó recurriendo al voto útil. Bolsonaro no necesitó convertir masivamente a lulistas en bolsonaristas, solo necesitó convertirse en el vehículo de prácticamente todo el electorado que quería evitar otro mandato de Lula. Y ese electorado resultó ser mayor de lo que anticipaban las encuestas.
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Bolsonaro construyó su victoria sobre enormes márgenes en el Sur y el Sudeste. En São Paulo obtuvo cerca del 52 % frente al 38 % de Lula, mientras en Río de Janeiro ganó aproximadamente 53 %-39 %. Solamente en el Sudeste acumuló unos 5.7M de votos más que el presidente, a los que agregó una ventaja cercana a 5M en el Sur.
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Pero probablemente más importante fue lo ocurrido donde Bolsonaro perdió. Lula volvió a dominar el Noreste, aunque su porcentaje allí cayó respecto de 2022, mientras Flávio consiguió cerca del 31 %.
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Bolsonaro incluso sumó alrededor de 1.6M de votos adicionales en la región respecto de la primera vuelta obtenida por su padre cuatro años antes. Algo similar ocurrió en la Amazonía, particularmente alrededor de zonas agrícolas, donde el bolsonarismo amplió considerablemente su presencia.
Por qué importa. En un país profundamente polarizado, no siempre es necesario conquistar las fortalezas del adversario; basta con dejar de perderlas por márgenes devastadores. Lula llegó, además, como un presidente más vulnerable de lo que sugerían algunos indicadores macroeconómicos. Brasil mantiene bajo desempleo y ha reducido la pobreza, pero el costo de vida, el endeudamiento de los hogares, las elevadas tasas de interés y, especialmente, la inseguridad, continuaron pesando sobre la percepción del electorado.
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Bolsonaro encontró allí un terreno particularmente favorable con un discurso duro contra el crimen organizado, mientras el argumento de presentar al lulismo como una barrera democrática frente al bolsonarismo parece haber perdido parte de su capacidad movilizadora.
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Tendencia común a lo largo y ancho de Latinoamérica. El discurso “demonizador” de la derecha ha perdido peso entre el electorado indeciso. La seguridad, al contrario, se ha vuelto un tema cada vez más determinante.
El primer poder. Los resultados legislativos refuerzan esa interpretación. El desempeño presidencial no ocurrió de manera aislada: la derecha avanzó en el Congreso, fortaleció su presencia en el Senado y consiguió varias gobernaciones. Brasil no experimentó únicamente una sorpresa protagonizada por Flávio Bolsonaro, sino un movimiento electoral más amplio hacia la derecha.
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Los mercados financieros reaccionaron inmediatamente. El Bovespa subió más de 8 % el lunes, su mejor jornada desde 2020, mientras el real se apreció más de 4 % frente al dólar.
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Los inversionistas no solamente recalcularon las probabilidades presidenciales, sino las consecuencias de un Congreso más favorable a una agenda económica de derecha.
Lo que sigue. Bolsonaro llega al balotaje con una ventaja que parecía inimaginable en agosto, aunque la elección está lejos de terminar. Su 47 % lo coloca cerca de la mayoría, pero también significa que parte del voto que podía absorber de candidatos menores probablemente ya migró hacia él mediante el voto útil. Lula, por su parte, conserva una enorme estructura política y todavía dispone de una reserva fundamental: quienes no votaron. La abstención rondó el 21 %, por lo que movilizar nuevos electores podría resultar más importante que intentar convertir bolsonaristas.
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Bolsonaro deberá conservar la coalición que construyó el domingo y capturar suficiente voto anti-Lula restante para superar el 50 %.
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Los inversionistas de Polymarket creen abrumadoramente que lo conseguirá, aunque un 83 % sigue siendo una probabilidad y no un resultado electoral. Lo indiscutible es cuánto cambió Brasil en apenas seis semanas.
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El 22 de agosto, Bolsonaro Jr. tenía apenas 33% de probabilidades de ganar según Polymarket. Salió de las cuerdas, ganó la primera vuelta y ahora está a tres semanas de devolver el apellido Bolsonaro al Palácio do Planalto.