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Barbarie en las metrópolis

Entre saqueos en París y Milán, me pregunto: ¿hasta cuándo justificaremos la barbarie bajo el disfraz de una protesta y la falsa empatía?

Ignacio Cetina
23 de octubre, 2026

Los saqueos que acompañaron a las protestas en Francia e Italia dejaron en ruinas a pequeños comerciantes y evidenciaron una tolerancia al caos que Europa ya no puede permitirse. Lo que empezó a mediados de septiembre con estudiantes de secundaria que reclamaban por la falta de docentes y la infraestructura escolar degeneró en un vandalismo salvaje.

  • En redes circulaba un comentario sobre las manifestaciones en París, si así puede llamárseles: “Esto es un crimen, estaba bien que les robaran a las tiendas de alta gama, pero no a pequeños negocios”. La frase resume un germen que plaga la mente de algunos sectores de Occidente.

Qué destacar. Un acto no deja de ser inmoral porque sea contra Chanel. Aun aceptando esa mediocridad moral, es ingenuo creer que los vándalos distinguen entre una boutique, una tienda de televisores y una panadería de barrio.

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  • El gobierno francés contabiliza al menos 3000 comercios dañados o saqueados. Se estiman pérdidas entre EUR 1000M y EUR 1200M, sin contar las ventas perdidas.

  • La barbarie no se limitó a Francia. En Milán, una protesta autorizada contra el costo de la vida terminó en dos días de saqueos alrededor del Duomo y unos 200 detenidos.

  • El resultado está a la vista: estas grandes ciudades asediadas desde adentro.

Entre líneas. Las apologías de siempre no resisten mucho escrutinio o el pensamiento crítico.

  • La primera sostiene que los violentos son una minoría, los famosos casseurs. Sean o no una minoría, los manifestantes hicieron poco para contener a quienes marchaban a su lado.

  • La segunda apela a la empatía. Pero la empatía también se le debe al pequeño comerciante, y esa virtud la mostraron los parisinos que salieron a limpiar sus calles y los agentes de limpieza que interrumpieron sus vacaciones, no los manifestantes.

  • La tercera es la más haragana: “Francia es así”.El resto del continente la desmiente, y aun si fuera cierta, sería una confesión y no una excusa. La Bastilla y Mayo del 68 tienen su lugar en los libros de historia, pero ninguno de los dos pagará las pérdidas de inocentes.

Detrás de escena. Quien vive en una comunidad aislada de sus vecinos no siente suya la ciudad, y menos si alguien le da un marco ideológico para destruirla.

  • El canciller alemán Merz se lo dijo a Bloomberg: la migración, las comunidades “no integradas” y las ideologías radicales alimentan estas tensiones en Francia y el resto de Europa.

  • Ese diagnóstico no es nuevo. Macron ya hablaba en 2020 de “separatismo islamista”, y su gobierno ha cerrado mezquitas por prédicas radicales. Seis años después, el problema sigue sin solución.

  • Así, una protesta por la educación termina cargando con todas las causas habidas y por haber. Poco tiene que ver Palestina con la falta de maestros y pupitres en las aulas francesas.

Fisgón histórico. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, habló de “un fenómeno nuevo”. No lo es. Hace una década ya pasaban estas tragedias. Claramente no se ha solucionado.

  • En agosto de 2011, Londres ardía. Los disturbios se extendieron a otras ciudades inglesas y dejaron cinco muertos y más de 3000 arrestos.

  • Hace ocho años, los chalecos amarillos vandalizaron el Arco del Triunfo y saquearon los Campos Elíseos. Sin mucha sorpresa, están de regreso.

  • El Mayo del 68 ofrece otra lección: el gaullismo arrasó en las legislativas de ese año y en las presidenciales de 1969. No sorprendería que la historia rime y Francia dé un paso a la derecha en 2027.

Ahora qué. Europa debe recordar algo elemental: esto no es normal, ni necesario, y no debe tolerarse.

  • Corea del Sur sirve de contraste. Entre 2016 y 2017, millones de personas marcharon con velas durante 20 semanas y lograron la destitución de la presidenta Park Geun-hye, sin saqueos ni ciudades en llamas.

  • Si el objetivo era reivindicar a Mélenchon junto al estudiantado, ha sido un fracaso estrepitoso.

  • Con las elecciones presidenciales dentro de unos meses, las imágenes vistas son votos para todos, excepto para La Francia Insumisa.

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Barbarie en las metrópolis

Entre saqueos en París y Milán, me pregunto: ¿hasta cuándo justificaremos la barbarie bajo el disfraz de una protesta y la falsa empatía?

Ignacio Cetina
23 de octubre, 2026

Los saqueos que acompañaron a las protestas en Francia e Italia dejaron en ruinas a pequeños comerciantes y evidenciaron una tolerancia al caos que Europa ya no puede permitirse. Lo que empezó a mediados de septiembre con estudiantes de secundaria que reclamaban por la falta de docentes y la infraestructura escolar degeneró en un vandalismo salvaje.

  • En redes circulaba un comentario sobre las manifestaciones en París, si así puede llamárseles: “Esto es un crimen, estaba bien que les robaran a las tiendas de alta gama, pero no a pequeños negocios”. La frase resume un germen que plaga la mente de algunos sectores de Occidente.

Qué destacar. Un acto no deja de ser inmoral porque sea contra Chanel. Aun aceptando esa mediocridad moral, es ingenuo creer que los vándalos distinguen entre una boutique, una tienda de televisores y una panadería de barrio.

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  • El gobierno francés contabiliza al menos 3000 comercios dañados o saqueados. Se estiman pérdidas entre EUR 1000M y EUR 1200M, sin contar las ventas perdidas.

  • La barbarie no se limitó a Francia. En Milán, una protesta autorizada contra el costo de la vida terminó en dos días de saqueos alrededor del Duomo y unos 200 detenidos.

  • El resultado está a la vista: estas grandes ciudades asediadas desde adentro.

Entre líneas. Las apologías de siempre no resisten mucho escrutinio o el pensamiento crítico.

  • La primera sostiene que los violentos son una minoría, los famosos casseurs. Sean o no una minoría, los manifestantes hicieron poco para contener a quienes marchaban a su lado.

  • La segunda apela a la empatía. Pero la empatía también se le debe al pequeño comerciante, y esa virtud la mostraron los parisinos que salieron a limpiar sus calles y los agentes de limpieza que interrumpieron sus vacaciones, no los manifestantes.

  • La tercera es la más haragana: “Francia es así”.El resto del continente la desmiente, y aun si fuera cierta, sería una confesión y no una excusa. La Bastilla y Mayo del 68 tienen su lugar en los libros de historia, pero ninguno de los dos pagará las pérdidas de inocentes.

Detrás de escena. Quien vive en una comunidad aislada de sus vecinos no siente suya la ciudad, y menos si alguien le da un marco ideológico para destruirla.

  • El canciller alemán Merz se lo dijo a Bloomberg: la migración, las comunidades “no integradas” y las ideologías radicales alimentan estas tensiones en Francia y el resto de Europa.

  • Ese diagnóstico no es nuevo. Macron ya hablaba en 2020 de “separatismo islamista”, y su gobierno ha cerrado mezquitas por prédicas radicales. Seis años después, el problema sigue sin solución.

  • Así, una protesta por la educación termina cargando con todas las causas habidas y por haber. Poco tiene que ver Palestina con la falta de maestros y pupitres en las aulas francesas.

Fisgón histórico. El alcalde de Milán, Giuseppe Sala, habló de “un fenómeno nuevo”. No lo es. Hace una década ya pasaban estas tragedias. Claramente no se ha solucionado.

  • En agosto de 2011, Londres ardía. Los disturbios se extendieron a otras ciudades inglesas y dejaron cinco muertos y más de 3000 arrestos.

  • Hace ocho años, los chalecos amarillos vandalizaron el Arco del Triunfo y saquearon los Campos Elíseos. Sin mucha sorpresa, están de regreso.

  • El Mayo del 68 ofrece otra lección: el gaullismo arrasó en las legislativas de ese año y en las presidenciales de 1969. No sorprendería que la historia rime y Francia dé un paso a la derecha en 2027.

Ahora qué. Europa debe recordar algo elemental: esto no es normal, ni necesario, y no debe tolerarse.

  • Corea del Sur sirve de contraste. Entre 2016 y 2017, millones de personas marcharon con velas durante 20 semanas y lograron la destitución de la presidenta Park Geun-hye, sin saqueos ni ciudades en llamas.

  • Si el objetivo era reivindicar a Mélenchon junto al estudiantado, ha sido un fracaso estrepitoso.

  • Con las elecciones presidenciales dentro de unos meses, las imágenes vistas son votos para todos, excepto para La Francia Insumisa.

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