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Ante la mayor crisis petrolera de la historia

La reserva de EE. UU. cayó de 727M a unos 285M de barriles tras las liberaciones por las crisis de Ucrania e Irán, reduciendo su margen de respuesta.

Rafael P. Palomo
21 de septiembre, 2026

El mundo se está gastando su seguro petrolero, advirtiendo, potencialmente, la peor crisis petrolera de la historia. 

En perspectiva. Debajo de Texas y Luisiana existe una de las pólizas de seguro más importantes del mundo. No contiene dinero, oro ni armas, sino petróleo almacenado en enormes cavernas de sal. Durante décadas, Estados Unidos llenó su Reserva Estratégica de Petróleo con una idea sencilla: cuando una guerra, un embargo o cualquier otra catástrofe interrumpiera el mercado energético, Washington tendría suficientes barriles guardados para impedir que una crisis se convirtiera inmediatamente en una emergencia. El problema es que el mundo lleva demasiado tiempo utilizando su seguro.

  • La reserva estadounidense llegó a almacenar 727M de barriles. En 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios de la energía, Washington liberó 180M para estabilizar el mercado.

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  • La guerra con Irán ha obligado a recurrir nuevamente a ella y otros 172M de barriles han salido durante esta crisis, reduciendo la reserva hasta aproximadamente 285M, su nivel más bajo desde comienzos de los años ochenta.

  • Esto no significa que EE. UU. se esté quedando sin petróleo. De hecho, es el mayor productor mundial. Lo que está desapareciendo es el margen de maniobra disponible cuando algo sale mal.

Cómo funciona. Las reservas estratégicas nunca fueron diseñadas para sustituir indefinidamente la producción perdida. Su función es amortiguar una interrupción mientras el mercado encuentra nuevos proveedores, se restablecen las rutas comerciales o termina la emergencia. En 2022, este mecanismo funcionó porque el petróleo ruso no desapareció realmente. Buena parte simplemente cambió de destino y terminó vendiéndose con descuento a China e India, mientras Washington utilizaba sus reservas para contener los precios.

  • Ormuz presenta un problema mucho más difícil. El petróleo atrapado detrás de un estrecho bloqueado no puede recuperarse encontrándole otro comprador.

  • Antes de la guerra, más de 20M de barriles atravesaban diariamente este corredor marítimo y la interrupción ha llegado a retirar entre 10 y 14M de barriles diarios del mercado.

  • Las reservas han permitido que el consumidor continúe encontrando combustible mientras una parte considerable del suministro mundial permanece comprometida. Sin embargo, cada barril utilizado hoy es un barril que ya no estará disponible para absorber la siguiente interrupción.

Por qué importa. EE. UU. no es el único en este dilema. Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, los inventarios mundiales de crudo han disminuido aproximadamente 410M de barriles desde el comienzo de la guerra, mientras las reservas gubernamentales de las economías avanzadas han caído hasta niveles no vistos desde 1990. Una economía mundial con grandes reservas puede soportar acontecimientos extraordinarios sin trasladar inmediatamente todo el impacto al consumidor. Cuando esas reservas disminuyen, cualquier nueva interrupción adquiere mayor importancia.

  • En este contexto, un ataque contra una terminal, problemas en una refinería u otra escalada alrededor de Ormuz dejan de golpear un mercado protegido por enormes inventarios y comienzan a hacerlo sobre uno cuyo colchón se vuelve progresivamente más delgado.

Sí, y también. La situación es todavía más delicada con los combustibles refinados. El Golfo Pérsico también era un importante exportador de diésel y queroseno de aviación, mientras Rusia, otro gran proveedor de diésel, enfrenta ataques ucranianos contra sus refinerías —adicional a la reciente escalada contra Moscú—. La presión, por tanto, no termina en el precio del Brent: alcanza directamente al combustible utilizado por camiones, tractores, aviones y maquinaria industrial.  

  • Así es como una crisis petrolera termina llegando al supermercado.

  • En esta cadena, el agricultor paga más por operar su maquinaria y conseguir fertilizantes, el transportista cobra más por llevar alimentos hasta las ciudades y las aerolíneas trasladan parte del aumento del queroseno a sus pasajeros.

  • La energía cara acaba incorporándose al precio de prácticamente todo.

Lo que viene. Incluso una eventual reapertura de Ormuz no devolvería automáticamente al mundo al punto de partida. Las reservas consumidas tendrán que reconstruirse y, para hacerlo, los gobiernos deberán regresar al mercado como compradores después de haber atravesado una de las mayores disrupciones petroleras de la historia. Esto hace que la duración de la guerra sea especialmente importante. Las reservas están cumpliendo exactamente la función para la que fueron creadas, evitando que la interrupción inicial provoque consecuencias todavía más graves. Sin embargo, ninguna fue concebida para sostener indefinidamente una pérdida de suministro de esta magnitud.

  • Durante décadas, EE. UU. y otras economías desarrolladas acumularon petróleo porque aprendieron una dolorosa lección durante las crisis energéticas de los años setenta: cuando llega una emergencia, tener barriles almacenados puede ser tan importante como producirlos.

  • EE. UU. no se está quedando sin petróleo, ni el mundo está a punto de vaciar mañana sus depósitos.

  • El gran problema es que el mundo está consumiendo el colchón que durante décadas construyó para protegerse precisamente de momentos como este y reconstruirlo puede tomar mucho más tiempo que gastarlo.

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Ante la mayor crisis petrolera de la historia

La reserva de EE. UU. cayó de 727M a unos 285M de barriles tras las liberaciones por las crisis de Ucrania e Irán, reduciendo su margen de respuesta.

Rafael P. Palomo
21 de septiembre, 2026

El mundo se está gastando su seguro petrolero, advirtiendo, potencialmente, la peor crisis petrolera de la historia. 

En perspectiva. Debajo de Texas y Luisiana existe una de las pólizas de seguro más importantes del mundo. No contiene dinero, oro ni armas, sino petróleo almacenado en enormes cavernas de sal. Durante décadas, Estados Unidos llenó su Reserva Estratégica de Petróleo con una idea sencilla: cuando una guerra, un embargo o cualquier otra catástrofe interrumpiera el mercado energético, Washington tendría suficientes barriles guardados para impedir que una crisis se convirtiera inmediatamente en una emergencia. El problema es que el mundo lleva demasiado tiempo utilizando su seguro.

  • La reserva estadounidense llegó a almacenar 727M de barriles. En 2022, cuando la invasión rusa de Ucrania disparó los precios de la energía, Washington liberó 180M para estabilizar el mercado.

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  • La guerra con Irán ha obligado a recurrir nuevamente a ella y otros 172M de barriles han salido durante esta crisis, reduciendo la reserva hasta aproximadamente 285M, su nivel más bajo desde comienzos de los años ochenta.

  • Esto no significa que EE. UU. se esté quedando sin petróleo. De hecho, es el mayor productor mundial. Lo que está desapareciendo es el margen de maniobra disponible cuando algo sale mal.

Cómo funciona. Las reservas estratégicas nunca fueron diseñadas para sustituir indefinidamente la producción perdida. Su función es amortiguar una interrupción mientras el mercado encuentra nuevos proveedores, se restablecen las rutas comerciales o termina la emergencia. En 2022, este mecanismo funcionó porque el petróleo ruso no desapareció realmente. Buena parte simplemente cambió de destino y terminó vendiéndose con descuento a China e India, mientras Washington utilizaba sus reservas para contener los precios.

  • Ormuz presenta un problema mucho más difícil. El petróleo atrapado detrás de un estrecho bloqueado no puede recuperarse encontrándole otro comprador.

  • Antes de la guerra, más de 20M de barriles atravesaban diariamente este corredor marítimo y la interrupción ha llegado a retirar entre 10 y 14M de barriles diarios del mercado.

  • Las reservas han permitido que el consumidor continúe encontrando combustible mientras una parte considerable del suministro mundial permanece comprometida. Sin embargo, cada barril utilizado hoy es un barril que ya no estará disponible para absorber la siguiente interrupción.

Por qué importa. EE. UU. no es el único en este dilema. Según los datos de la Agencia Internacional de la Energía, los inventarios mundiales de crudo han disminuido aproximadamente 410M de barriles desde el comienzo de la guerra, mientras las reservas gubernamentales de las economías avanzadas han caído hasta niveles no vistos desde 1990. Una economía mundial con grandes reservas puede soportar acontecimientos extraordinarios sin trasladar inmediatamente todo el impacto al consumidor. Cuando esas reservas disminuyen, cualquier nueva interrupción adquiere mayor importancia.

  • En este contexto, un ataque contra una terminal, problemas en una refinería u otra escalada alrededor de Ormuz dejan de golpear un mercado protegido por enormes inventarios y comienzan a hacerlo sobre uno cuyo colchón se vuelve progresivamente más delgado.

Sí, y también. La situación es todavía más delicada con los combustibles refinados. El Golfo Pérsico también era un importante exportador de diésel y queroseno de aviación, mientras Rusia, otro gran proveedor de diésel, enfrenta ataques ucranianos contra sus refinerías —adicional a la reciente escalada contra Moscú—. La presión, por tanto, no termina en el precio del Brent: alcanza directamente al combustible utilizado por camiones, tractores, aviones y maquinaria industrial.  

  • Así es como una crisis petrolera termina llegando al supermercado.

  • En esta cadena, el agricultor paga más por operar su maquinaria y conseguir fertilizantes, el transportista cobra más por llevar alimentos hasta las ciudades y las aerolíneas trasladan parte del aumento del queroseno a sus pasajeros.

  • La energía cara acaba incorporándose al precio de prácticamente todo.

Lo que viene. Incluso una eventual reapertura de Ormuz no devolvería automáticamente al mundo al punto de partida. Las reservas consumidas tendrán que reconstruirse y, para hacerlo, los gobiernos deberán regresar al mercado como compradores después de haber atravesado una de las mayores disrupciones petroleras de la historia. Esto hace que la duración de la guerra sea especialmente importante. Las reservas están cumpliendo exactamente la función para la que fueron creadas, evitando que la interrupción inicial provoque consecuencias todavía más graves. Sin embargo, ninguna fue concebida para sostener indefinidamente una pérdida de suministro de esta magnitud.

  • Durante décadas, EE. UU. y otras economías desarrolladas acumularon petróleo porque aprendieron una dolorosa lección durante las crisis energéticas de los años setenta: cuando llega una emergencia, tener barriles almacenados puede ser tan importante como producirlos.

  • EE. UU. no se está quedando sin petróleo, ni el mundo está a punto de vaciar mañana sus depósitos.

  • El gran problema es que el mundo está consumiendo el colchón que durante décadas construyó para protegerse precisamente de momentos como este y reconstruirlo puede tomar mucho más tiempo que gastarlo.

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