La doctrina Rubio contra el terror de extrema izquierda
Marco Rubio impulsa una estrategia que equipara la amenaza de redes violentas de extrema izquierda con otros focos de terrorismo
Marco Rubio interviene en Washington durante una reunión ministerial centrada en el resurgimiento del terrorismo político y los desafíos de seguridad. Foto: AFP
02 de septiembre, 2026
Hace unos días, en un comunicado que pasó casi de largo entre la vorágine de las midterms, el Departamento de Estado reiteró una frase de Marco Rubio: el terrorismo de extrema izquierda representa una amenaza profunda para EE. UU. y para el Occidente en general, y Washington usará todas las herramientas a su alcance para proteger su modo de vida.
Por qué importa. No era una ocurrencia de campaña. Era el recordatorio de una doctrina que el secretario lleva armando desde finales de 2025 y que, para el profesional hispano del sur de Florida, no suena a teoría. Suena a biografía.
- Rubio parte de un diagnóstico que en Miami no necesita PowerPoint. El antiterrorismo de las últimas décadas tuvo un punto ciego. El yihadismo y la extrema derecha ocuparon manuales y presupuestos.
- La violencia de milicias anarquistas, células antifa y redes “anticapitalistas” se despachó demasiadas veces como protesta que se fue de las manos. En julio, ante representantes de más de 60 países, el secretario lo dijo sin anestesia: una bomba neonazi es un acto vil; una bomba de un revolucionario marxista se ha contado, durante demasiado tiempo, como exceso de idealismo.
- Quien salió de La Habana, de Caracas o de una Colombia sitiada por las FARC reconoce el truco: primero se romantiza al “combatiente”; después se niega el muerto.
Lo indispensable. La estrategia tiene piezas concretas y ya no son solo discursos. El presidente firmó el Memorándum de Seguridad Nacional 7 para investigar y desarticular redes vinculadas a Antifa y sus aliados. En noviembre el Departamento de Estado designó a cuatro grupos violentos de extrema izquierda europeos como organizaciones terroristas extranjeras.
- En diciembre activó recompensas de hasta USD 10M por información que corte su financiación. En julio llegó la ministerial de Washington y una política de visados contra quienes apoyen violencia, sabotaje económico o logística de esas redes. A finales de agosto, sanciones a colectivos transnacionales, entre ellos un grupo tecnológico acusado de prestar servicios a esas milicias.
- El argumento de Rubio es que ya no son tribus de barrio. Dice que militantes cruzan de Europa a América, comparten canales, propaganda y objetivos, y que en algunos casos convergen con Estados hostiles.
- Cita el salto de la violencia de extrema izquierda en Alemania, el peso anarquista en Grecia y, en Estados Unidos, una proporción de atentados y complots que no se veía en décadas.
Datos clave. Un informe del CSIS señaló que, hasta mediados de 2025, esos ataques habían superado por primera vez en más de treinta años a los de extrema derecha. Hay quien denuncia politización. Hay quien, desde una empresa en Doral o un consultorio en Brickell, recuerda que el terror de izquierda en Latinoamérica tampoco empezó “siendo mucho”: empezó siendo justificado.
- Para este público el asunto no es abstracto. El mismo Rubio que aprieta a Cuba y al chavismo aplica ahora a esas redes el lenguaje que Washington reservaba a otros terrorismos.
- No se trata de criminalizar el desacuerdo ni la manifestación pacífica. Se trata de no repetir el error de tratar la coctelera y el sabotaje como folklore universitario. Quienes construyeron patrimonio en Florida después de perderlo por un Estado que se aliaba con milicias saben lo que cuesta despertar tarde.
- La amenaza, en la tesis de Rubio, no es solo física: es cultural. Si una parte de las élites sigue disculpando la violencia cuando el agresor habla de “justicia social”, el país se queda sin brújula.
Ahora qué. La doctrina se juega en tres frentes: designar, asfixiar el dinero y cerrar la puerta. Si funciona, aliados europeos y latinoamericanos dejarán de tratar esas redes como comparsa. Si se pasa de frenada, dará argumentos a quien grite cacería ideológica.
- El listón que marca Rubio es otro: la pancarta es libertad; el atentado, no. En el sur de Florida esa distinción no es un eslogan de Foggy Bottom. Es la razón por la que tantos profesionales, directivos y empresarios están aquí y no allá.Te puede interesar
La doctrina Rubio contra el terror de extrema izquierda
Marco Rubio impulsa una estrategia que equipara la amenaza de redes violentas de extrema izquierda con otros focos de terrorismo
Marco Rubio interviene en Washington durante una reunión ministerial centrada en el resurgimiento del terrorismo político y los desafíos de seguridad. Foto: AFP
02 de septiembre, 2026
Hace unos días, en un comunicado que pasó casi de largo entre la vorágine de las midterms, el Departamento de Estado reiteró una frase de Marco Rubio: el terrorismo de extrema izquierda representa una amenaza profunda para EE. UU. y para el Occidente en general, y Washington usará todas las herramientas a su alcance para proteger su modo de vida.
Por qué importa. No era una ocurrencia de campaña. Era el recordatorio de una doctrina que el secretario lleva armando desde finales de 2025 y que, para el profesional hispano del sur de Florida, no suena a teoría. Suena a biografía.
- Rubio parte de un diagnóstico que en Miami no necesita PowerPoint. El antiterrorismo de las últimas décadas tuvo un punto ciego. El yihadismo y la extrema derecha ocuparon manuales y presupuestos.
- La violencia de milicias anarquistas, células antifa y redes “anticapitalistas” se despachó demasiadas veces como protesta que se fue de las manos. En julio, ante representantes de más de 60 países, el secretario lo dijo sin anestesia: una bomba neonazi es un acto vil; una bomba de un revolucionario marxista se ha contado, durante demasiado tiempo, como exceso de idealismo.
- Quien salió de La Habana, de Caracas o de una Colombia sitiada por las FARC reconoce el truco: primero se romantiza al “combatiente”; después se niega el muerto.
Lo indispensable. La estrategia tiene piezas concretas y ya no son solo discursos. El presidente firmó el Memorándum de Seguridad Nacional 7 para investigar y desarticular redes vinculadas a Antifa y sus aliados. En noviembre el Departamento de Estado designó a cuatro grupos violentos de extrema izquierda europeos como organizaciones terroristas extranjeras.
- En diciembre activó recompensas de hasta USD 10M por información que corte su financiación. En julio llegó la ministerial de Washington y una política de visados contra quienes apoyen violencia, sabotaje económico o logística de esas redes. A finales de agosto, sanciones a colectivos transnacionales, entre ellos un grupo tecnológico acusado de prestar servicios a esas milicias.
- El argumento de Rubio es que ya no son tribus de barrio. Dice que militantes cruzan de Europa a América, comparten canales, propaganda y objetivos, y que en algunos casos convergen con Estados hostiles.
- Cita el salto de la violencia de extrema izquierda en Alemania, el peso anarquista en Grecia y, en Estados Unidos, una proporción de atentados y complots que no se veía en décadas.
Datos clave. Un informe del CSIS señaló que, hasta mediados de 2025, esos ataques habían superado por primera vez en más de treinta años a los de extrema derecha. Hay quien denuncia politización. Hay quien, desde una empresa en Doral o un consultorio en Brickell, recuerda que el terror de izquierda en Latinoamérica tampoco empezó “siendo mucho”: empezó siendo justificado.
- Para este público el asunto no es abstracto. El mismo Rubio que aprieta a Cuba y al chavismo aplica ahora a esas redes el lenguaje que Washington reservaba a otros terrorismos.
- No se trata de criminalizar el desacuerdo ni la manifestación pacífica. Se trata de no repetir el error de tratar la coctelera y el sabotaje como folklore universitario. Quienes construyeron patrimonio en Florida después de perderlo por un Estado que se aliaba con milicias saben lo que cuesta despertar tarde.
- La amenaza, en la tesis de Rubio, no es solo física: es cultural. Si una parte de las élites sigue disculpando la violencia cuando el agresor habla de “justicia social”, el país se queda sin brújula.
Ahora qué. La doctrina se juega en tres frentes: designar, asfixiar el dinero y cerrar la puerta. Si funciona, aliados europeos y latinoamericanos dejarán de tratar esas redes como comparsa. Si se pasa de frenada, dará argumentos a quien grite cacería ideológica.
- El listón que marca Rubio es otro: la pancarta es libertad; el atentado, no. En el sur de Florida esa distinción no es un eslogan de Foggy Bottom. Es la razón por la que tantos profesionales, directivos y empresarios están aquí y no allá.Te puede interesar
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