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Giménez yerra el tiro con los secesionistas catalanes

Criticar a Sánchez es legítimo. Llamar “patriotas” a Aliança no lo es. El gesto perjudica a Feijóo, a Abascal y a la España que no pide secesión

El congresista Carlos Giménez. Foto: AFP
Manuel Aguilera
17 de septiembre, 2026

Es lógico —y deseable— que un congresista republicano de Florida sea duro con el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Moncloa ha sido un socio incómodo para esta Administración: amnistías a la carta, dependencia del separatismo, roce con Israel, tibieza con las dictaduras del Caribe. Giménez tiene derecho a decirlo. El error es el destinatario del abrazo.

  • El 14 de septiembre escribió en X: “Desde el Congreso de Estados Unidos, denunciamos la persecución política que están enfrentando los patriotas de Aliança Catalana por el régimen de Pedro Sánchez en la Moncloa y sus aliados socialistas comunistas en Barcelona.” Añadió que es “igual a lo que pretendían” hacer con Trump y que por eso Aliança sube en las encuestas.
  • Respondía a Sílvia Orriols. Infobae lo publicó. La analogía con Trump es un atajo. Orriols no es una perseguida liberal. Es la líder de un partido independentista que quiere romper España.

Por qué importa.  Llamar “patriotas” a secesionistas catalanes obliga a una pregunta seca: patriotas ¿de dónde? ¿De una Cataluña que niega a España? Aliança Catalana no es el Tea Party. Su programa es la independencia unilateral.

  • Sube en los sondeos de la Diada, sí, con un discurso antiinmigración que en Miami suena cercano. Eso no la convierte en aliada de la nación española. La mayoría de los españoles —catalanes incluidos— no quiere la secesión de ningún territorio.
  • Un congresista de Estados Unidos que los presenta como patriotas destila desconocimiento. Y, aunque no lo pretenda, perjudica a ese pueblo y al centro-derecha que tiene que ganar las próximas generales.

Lo indispensable.  Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal son, a medio plazo, la vía para que un gobierno conservador sustituya a Sánchez, alinee a Madrid con Washington y deje de usar el separatismo como muleta. Giménez debería sintonizar con ellos.

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  • Este tuit los deja en mal lugar. En España el recorte es inevitable: un republicano de Florida confunde pelear contra el PSOE con aplaudir a quien quiere partir el mapa. Es el regalo que la izquierda estaba esperando.
  • No es el primer tropiezo. En julio, el informe presupuestario de la Comisión de Asignaciones de la Cámara —con Mario Díaz-Balart como pieza clave del subcomité que financia la diplomacia— “observó” que Ceuta y Melilla, “administradas por España”, están “situadas en territorio marroquí” y respaldó que el secretario de Estado facilite un diálogo sobre su “futuro estatus”. El Debate lo leyó como el primer texto congresual que recoge la reivindicación de Mohamed VI.
  • Díaz-Balart salió a desmentir, en ABC, que eso equivalga a reconocer la soberanía de Rabat: el documento, dijo, no cambia la posición oficial de EE.UU., no afirma que las plazas pertenezcan a Marruecos ni pide entregarlas; habla de geografía y de una reivindicación histórica. La matización cuenta. El daño también. Ceuta es española desde hace siglos, enclavada en África, frontera con Marruecos. Melilla, igual. Hablar de “futuro estatus” no castiga a Sánchez. Debilita a España.

Datos clave.  Giménez dejó la copresidencia del caucus Amigos de España por el roce de Sánchez con Israel. El enfado se entiende. Sustituirlo por un endoso a Aliança, no. España es una democracia con un gobierno malo, no un régimen al que se le aplaude la partición.

Ahora qué.  Si los congresistas del sur de Florida quieren que la derecha gobierne en España, que mejore la relación con esta Casa Blanca y que Madrid colabore de verdad, el camino no es el tuit solitario. Es informarse y coordinar con el PP y con Vox. Mensajes que ayuden. No palos en la rueda de un futuro gobierno conservador. Criticar a Sánchez puede servir a España. Confundir a España con su gobierno, no. 

 

Giménez yerra el tiro con los secesionistas catalanes

Criticar a Sánchez es legítimo. Llamar “patriotas” a Aliança no lo es. El gesto perjudica a Feijóo, a Abascal y a la España que no pide secesión

El congresista Carlos Giménez. Foto: AFP
Manuel Aguilera
17 de septiembre, 2026

Es lógico —y deseable— que un congresista republicano de Florida sea duro con el gobierno socialista de Pedro Sánchez. Moncloa ha sido un socio incómodo para esta Administración: amnistías a la carta, dependencia del separatismo, roce con Israel, tibieza con las dictaduras del Caribe. Giménez tiene derecho a decirlo. El error es el destinatario del abrazo.

  • El 14 de septiembre escribió en X: “Desde el Congreso de Estados Unidos, denunciamos la persecución política que están enfrentando los patriotas de Aliança Catalana por el régimen de Pedro Sánchez en la Moncloa y sus aliados socialistas comunistas en Barcelona.” Añadió que es “igual a lo que pretendían” hacer con Trump y que por eso Aliança sube en las encuestas.
  • Respondía a Sílvia Orriols. Infobae lo publicó. La analogía con Trump es un atajo. Orriols no es una perseguida liberal. Es la líder de un partido independentista que quiere romper España.

Por qué importa.  Llamar “patriotas” a secesionistas catalanes obliga a una pregunta seca: patriotas ¿de dónde? ¿De una Cataluña que niega a España? Aliança Catalana no es el Tea Party. Su programa es la independencia unilateral.

  • Sube en los sondeos de la Diada, sí, con un discurso antiinmigración que en Miami suena cercano. Eso no la convierte en aliada de la nación española. La mayoría de los españoles —catalanes incluidos— no quiere la secesión de ningún territorio.
  • Un congresista de Estados Unidos que los presenta como patriotas destila desconocimiento. Y, aunque no lo pretenda, perjudica a ese pueblo y al centro-derecha que tiene que ganar las próximas generales.

Lo indispensable.  Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal son, a medio plazo, la vía para que un gobierno conservador sustituya a Sánchez, alinee a Madrid con Washington y deje de usar el separatismo como muleta. Giménez debería sintonizar con ellos.

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  • No es el primer tropiezo. En julio, el informe presupuestario de la Comisión de Asignaciones de la Cámara —con Mario Díaz-Balart como pieza clave del subcomité que financia la diplomacia— “observó” que Ceuta y Melilla, “administradas por España”, están “situadas en territorio marroquí” y respaldó que el secretario de Estado facilite un diálogo sobre su “futuro estatus”. El Debate lo leyó como el primer texto congresual que recoge la reivindicación de Mohamed VI.
  • Díaz-Balart salió a desmentir, en ABC, que eso equivalga a reconocer la soberanía de Rabat: el documento, dijo, no cambia la posición oficial de EE.UU., no afirma que las plazas pertenezcan a Marruecos ni pide entregarlas; habla de geografía y de una reivindicación histórica. La matización cuenta. El daño también. Ceuta es española desde hace siglos, enclavada en África, frontera con Marruecos. Melilla, igual. Hablar de “futuro estatus” no castiga a Sánchez. Debilita a España.

Datos clave.  Giménez dejó la copresidencia del caucus Amigos de España por el roce de Sánchez con Israel. El enfado se entiende. Sustituirlo por un endoso a Aliança, no. España es una democracia con un gobierno malo, no un régimen al que se le aplaude la partición.

Ahora qué.  Si los congresistas del sur de Florida quieren que la derecha gobierne en España, que mejore la relación con esta Casa Blanca y que Madrid colabore de verdad, el camino no es el tuit solitario. Es informarse y coordinar con el PP y con Vox. Mensajes que ayuden. No palos en la rueda de un futuro gobierno conservador. Criticar a Sánchez puede servir a España. Confundir a España con su gobierno, no. 

 

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