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El chavismo se fractura en torno a Delcy Rodríguez

La alianza con EE.UU. y la captura de Maduro abren una grieta profunda que debilita al movimiento de cara a cualquier elección futura

La presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, durante una marcha en Caracas. Foto: AFP
Manuel Aguilera
12 de agosto, 2026

La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 no solo cambió el mapa de poder en Venezuela. También abrió la mayor grieta interna que el chavismo ha sufrido en mucho tiempo. La llegada de Delcy Rodríguez a la presidencia interina, con el respaldo explícito de Estados Unidos, ha generado un rechazo creciente entre cuadros históricos del movimiento que ven en esa alianza una traición al discurso antiimperialista que durante años fue su seña de identidad.

Por qué importa. El chavismo se mantuvo cohesionado durante más de dos décadas bajo la figura de Hugo Chávez y, después, de Maduro. Esa cohesión se ha roto. Hoy conviven al menos dos sensibilidades: la que acepta el nuevo escenario tutelado por Washington como mal menor para conservar cuotas de poder, y la que considera que Delcy Rodríguez ha entregado el proyecto a cambio de su supervivencia política.

Lo indispensable. Las críticas no vienen de figuras marginales. Elías Jaua, exvicepresidente y uno de los cuadros más reconocibles del chavismo, ha rechazado abiertamente las negociaciones impulsadas por Estados Unidos. I

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  • ris Varela ha calificado de “farsa” el diálogo en curso. Francisco Arias Cárdenas se ha preguntado en público si Venezuela debe reconocerse como fuerza derrotada ante Trump. A ellos se suman nombres como Aurora Morales, Reinaldo Iturriza, Tony Boza y Oswaldo Rivero, entre otros.
  • Un grupo de 29 dirigentes llegó a firmar la llamada “Declaración de Maracay”, en la que rechazan cualquier forma de tutelaje extranjero y exigen coherencia con los principios del chavismo.
  • Aunque la mayoría de estos firmantes ya no ocupan cargos de primer nivel, su voz pesa dentro de la militancia y en sectores del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que se sienten huérfanos de referents.

Datos clave. La entrega de Alex Saab a las autoridades estadounidenses profundizó aún más las sospechas y los recelos internos. Para muchos, fue la prueba de que el nuevo poder estaba dispuesto a sacrificar piezas del entorno madurista para acomodarse a las exigencias de Washington. Delcy Rodríguez ha priorizado la estabilización económica, la atracción de inversión petrolera y un diálogo controlado con una parte de la oposición. Pero ese pragmatismo se paga en términos de legitimidad dentro de su propio campo.

  • De cara a unas futuras elecciones, la división es un problema serio. Un chavismo fracturado entre “rodriguistas” y sectores radicales que se sienten traicionados llega debilitado a cualquier contienda.
  • La oposición, aunque también dividida en sus estrategias, puede capitalizar esa debilidad si logra presentarse como alternativa de cambio real.
  • El riesgo para el oficialismo es doble: perder el relato ideológico que durante años movilizó a su base y, al mismo tiempo, no conseguir suficiente apoyo popular por su asociación con la potencia que históricamente combatió.

Ahora qué. Delcy Rodríguez gobierna con el respaldo de Estados Unidos y con el control de los restos del aparato estatal. Pero el chavismo que la rodea ya no es el mismo. La grieta abierta tras la caída de Maduro no se ha cerrado.

  • Al contrario: se ha hecho pública y cada vez más difícil de disimular. En política, las divisiones internas suelen pagarse en las urnas.
  • Y el chavismo, por primera vez en mucho tiempo, se enfrenta a la posibilidad de llegar a una eventual elección sin la cohesión que durante años fue su principal activo.
  • En juego está incluso su supervivencia como movimiento político.

 

El chavismo se fractura en torno a Delcy Rodríguez

La alianza con EE.UU. y la captura de Maduro abren una grieta profunda que debilita al movimiento de cara a cualquier elección futura

La presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, durante una marcha en Caracas. Foto: AFP
Manuel Aguilera
12 de agosto, 2026

La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 no solo cambió el mapa de poder en Venezuela. También abrió la mayor grieta interna que el chavismo ha sufrido en mucho tiempo. La llegada de Delcy Rodríguez a la presidencia interina, con el respaldo explícito de Estados Unidos, ha generado un rechazo creciente entre cuadros históricos del movimiento que ven en esa alianza una traición al discurso antiimperialista que durante años fue su seña de identidad.

Por qué importa. El chavismo se mantuvo cohesionado durante más de dos décadas bajo la figura de Hugo Chávez y, después, de Maduro. Esa cohesión se ha roto. Hoy conviven al menos dos sensibilidades: la que acepta el nuevo escenario tutelado por Washington como mal menor para conservar cuotas de poder, y la que considera que Delcy Rodríguez ha entregado el proyecto a cambio de su supervivencia política.

Lo indispensable. Las críticas no vienen de figuras marginales. Elías Jaua, exvicepresidente y uno de los cuadros más reconocibles del chavismo, ha rechazado abiertamente las negociaciones impulsadas por Estados Unidos. I

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  • ris Varela ha calificado de “farsa” el diálogo en curso. Francisco Arias Cárdenas se ha preguntado en público si Venezuela debe reconocerse como fuerza derrotada ante Trump. A ellos se suman nombres como Aurora Morales, Reinaldo Iturriza, Tony Boza y Oswaldo Rivero, entre otros.
  • Un grupo de 29 dirigentes llegó a firmar la llamada “Declaración de Maracay”, en la que rechazan cualquier forma de tutelaje extranjero y exigen coherencia con los principios del chavismo.
  • Aunque la mayoría de estos firmantes ya no ocupan cargos de primer nivel, su voz pesa dentro de la militancia y en sectores del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que se sienten huérfanos de referents.

Datos clave. La entrega de Alex Saab a las autoridades estadounidenses profundizó aún más las sospechas y los recelos internos. Para muchos, fue la prueba de que el nuevo poder estaba dispuesto a sacrificar piezas del entorno madurista para acomodarse a las exigencias de Washington. Delcy Rodríguez ha priorizado la estabilización económica, la atracción de inversión petrolera y un diálogo controlado con una parte de la oposición. Pero ese pragmatismo se paga en términos de legitimidad dentro de su propio campo.

  • De cara a unas futuras elecciones, la división es un problema serio. Un chavismo fracturado entre “rodriguistas” y sectores radicales que se sienten traicionados llega debilitado a cualquier contienda.
  • La oposición, aunque también dividida en sus estrategias, puede capitalizar esa debilidad si logra presentarse como alternativa de cambio real.
  • El riesgo para el oficialismo es doble: perder el relato ideológico que durante años movilizó a su base y, al mismo tiempo, no conseguir suficiente apoyo popular por su asociación con la potencia que históricamente combatió.

Ahora qué. Delcy Rodríguez gobierna con el respaldo de Estados Unidos y con el control de los restos del aparato estatal. Pero el chavismo que la rodea ya no es el mismo. La grieta abierta tras la caída de Maduro no se ha cerrado.

  • Al contrario: se ha hecho pública y cada vez más difícil de disimular. En política, las divisiones internas suelen pagarse en las urnas.
  • Y el chavismo, por primera vez en mucho tiempo, se enfrenta a la posibilidad de llegar a una eventual elección sin la cohesión que durante años fue su principal activo.
  • En juego está incluso su supervivencia como movimiento político.

 

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