Cuba a oscuras: el apagón ya es el régimen
Los apagones se vuelven parte de la vida diaria en Cuba, donde el déficit eléctrico agrava la crisis económica y expone el deterioro del sistema
Cuba no atraviesa un mal momento eléctrico. Vive con la luz racionada como se raciona el arroz. Infobae recoge el parte de la Unión Eléctrica: en el pico de la tarde-noche hay 1.200 megavatios disponibles y una demanda de 3.300. Faltan 2.130 MW. Eso equivale a desconectar al 65 % de la isla para que el sistema no se venga abajo del todo. En 24 meses ha habido una docena de apagones generales. Siete de ellos, en lo que va de 2026. Hay provincias que encadenan casi veinte horas diarias sin corriente.
Por qué importa. Un país sin electricidad no solo “pasa calor”. Pierde la comida que no puede refrigerar, para hospitales y escuelas, detiene fábricas y empuja a más gente a irse. El apagón es la otra cara del hambre que describíamos la semana pasada. Misma causa de fondo: un Estado que no mantiene lo que nacionalizó y que usa cada fallo como coartada política.
Lo indispensable. La matriz cubana es frágil por diseño y por abandono. Alrededor del 40% de la generación dependía de diésel y fueloil importados. Ese flanco se ha resentido con las restricciones petroleras desde enero. Otro 40% sale de termoeléctricas que queman crudo nacional. Ahí el problema es interno y antiguo: siete de las 16 unidades están paradas por avería o mantenimiento.
- Faltan piezas, falta inversión, falta una red pensada para el siglo XXI. Las renovables apenas cubren una fracción. Se instala solar, sí, pero una red débil no puede absorberla sin oscilaciones. Esta misma semana el oriente —Holguín hasta Guantánamo, 3.4 millones de personas— se desconectó por una fluctuación en las líneas.
- El castrismo apunta al “bloqueo petrolero”. Nadie niega que sin fueloil los grupos electrógenos se apagan. Lo que no cuadra es convertir esa presión en la explicación única. Las plantas se cayeron antes. Se cayeron por no reponer calderas, por no pagar a tiempo, por priorizar hoteles y el aparato de seguridad mientras la termoeléctrica de Felton o Renté envejecía. Diario de Cuba recoge el diagnóstico del economista Ricardo Torres: la crisis energética es el síntoma de un sistema que no genera recursos.
- Recuperar el sistema, estima, exige al menos USD 6000M y quizá más de 10 000 a lo largo de varios años. Cuba no puede pedirlos con normalidad: lleva décadas fuera del FMI, el Banco Mundial y el BID.
Datos clave. Tres pasos que apunta ese análisis —más generación, financiamiento internacional y modernización con renovables— tropiezan con el mismo muro. No hay crédito serio sin cuentas transparentes, sin propiedad protegida y sin que GAESA deje de ser una caja negra.
- Importar una planta flotante o un cargamento de diésel tapa un hueco de agosto. No reconstruye una red saqueada por la improvisación. Mientras tanto, la UNE reparte la oscuridad por circuitos: unos se salvan porque son “prioritarios”; el resto espera el turno como espera el pollo de la libreta.
Ahora qué. La Revolución prometió soberanía y terminó pidiendo luz prestada. El embargo complica el combustible. La ineficacia del régimen explica por qué, con o sin sanctions, las calderas no aguantan y el pico de las 8 de la noche se convierte en un país a media vela. Un gobierno que no es capaz de garantizar el plato ni el interruptor ha perdido la última coartada. En Cuba, el apagón ya no es un incidente. Es la forma que tiene el poder de presentarse cada noche.
Cuba a oscuras: el apagón ya es el régimen
Los apagones se vuelven parte de la vida diaria en Cuba, donde el déficit eléctrico agrava la crisis económica y expone el deterioro del sistema
Cuba no atraviesa un mal momento eléctrico. Vive con la luz racionada como se raciona el arroz. Infobae recoge el parte de la Unión Eléctrica: en el pico de la tarde-noche hay 1.200 megavatios disponibles y una demanda de 3.300. Faltan 2.130 MW. Eso equivale a desconectar al 65 % de la isla para que el sistema no se venga abajo del todo. En 24 meses ha habido una docena de apagones generales. Siete de ellos, en lo que va de 2026. Hay provincias que encadenan casi veinte horas diarias sin corriente.
Por qué importa. Un país sin electricidad no solo “pasa calor”. Pierde la comida que no puede refrigerar, para hospitales y escuelas, detiene fábricas y empuja a más gente a irse. El apagón es la otra cara del hambre que describíamos la semana pasada. Misma causa de fondo: un Estado que no mantiene lo que nacionalizó y que usa cada fallo como coartada política.
Lo indispensable. La matriz cubana es frágil por diseño y por abandono. Alrededor del 40% de la generación dependía de diésel y fueloil importados. Ese flanco se ha resentido con las restricciones petroleras desde enero. Otro 40% sale de termoeléctricas que queman crudo nacional. Ahí el problema es interno y antiguo: siete de las 16 unidades están paradas por avería o mantenimiento.
- Faltan piezas, falta inversión, falta una red pensada para el siglo XXI. Las renovables apenas cubren una fracción. Se instala solar, sí, pero una red débil no puede absorberla sin oscilaciones. Esta misma semana el oriente —Holguín hasta Guantánamo, 3.4 millones de personas— se desconectó por una fluctuación en las líneas.
- El castrismo apunta al “bloqueo petrolero”. Nadie niega que sin fueloil los grupos electrógenos se apagan. Lo que no cuadra es convertir esa presión en la explicación única. Las plantas se cayeron antes. Se cayeron por no reponer calderas, por no pagar a tiempo, por priorizar hoteles y el aparato de seguridad mientras la termoeléctrica de Felton o Renté envejecía. Diario de Cuba recoge el diagnóstico del economista Ricardo Torres: la crisis energética es el síntoma de un sistema que no genera recursos.
- Recuperar el sistema, estima, exige al menos USD 6000M y quizá más de 10 000 a lo largo de varios años. Cuba no puede pedirlos con normalidad: lleva décadas fuera del FMI, el Banco Mundial y el BID.
Datos clave. Tres pasos que apunta ese análisis —más generación, financiamiento internacional y modernización con renovables— tropiezan con el mismo muro. No hay crédito serio sin cuentas transparentes, sin propiedad protegida y sin que GAESA deje de ser una caja negra.
- Importar una planta flotante o un cargamento de diésel tapa un hueco de agosto. No reconstruye una red saqueada por la improvisación. Mientras tanto, la UNE reparte la oscuridad por circuitos: unos se salvan porque son “prioritarios”; el resto espera el turno como espera el pollo de la libreta.
Ahora qué. La Revolución prometió soberanía y terminó pidiendo luz prestada. El embargo complica el combustible. La ineficacia del régimen explica por qué, con o sin sanctions, las calderas no aguantan y el pico de las 8 de la noche se convierte en un país a media vela. Un gobierno que no es capaz de garantizar el plato ni el interruptor ha perdido la última coartada. En Cuba, el apagón ya no es un incidente. Es la forma que tiene el poder de presentarse cada noche.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: