La industria del calzado en Guatemala y México atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Los fabricantes coinciden en que enfrentan un enemigo común: el ingreso de producto importado mediante prácticas consideradas desleales e incluso ilegales.
Qué destacar. Aunque ambos países mantienen una importante capacidad productiva, generan miles de empleos y cuentan con empresas que apuestan por la calidad, batallan en desigualdad.
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La subfacturación, el ingreso de calzado declarado como usado cuando en realidad es nuevo y el contrabando figuran entre las principales amenazas para un sector que sostiene a miles de familias en la región.
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El problema no es exclusivo de Guatemala. También afecta a México y a otros países latinoamericanos que buscan proteger a sus industrias frente a una competencia que opera con costos imposibles de igualar para los productores locales.
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“Los temas son los mismos a los que nos estamos enfrentando”, afirma Marco Antonio Wong, presidente de la Gremial de Fabricantes de Calzado y Productos Afines (GRECALZA).
Punto de fricción. Wong explica que la subfacturación es uno de los problemas más graves.
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Esta práctica ilegal permite que el calzado ingrese al país con valores muy por debajo de los reales, reduciendo el pago de impuestos y otorgando una ventaja artificial a los importadores.
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A ello se suma una práctica que preocupa cada vez más al sector: el ingreso de calzado declarado como usado que posteriormente es comercializado como producto nuevo.
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Para los fabricantes nacionales, esto representa una competencia desleal que distorsiona el mercado y dificulta la supervivencia de muchas empresas, especialmente las pequeñas.
En el radar. La situación es similar en México. Salvador Sotelo, gerente de la feria internacional ANPIC y representante de la Asociación de Proveedores Industriales de México (APIMEX), señala que la competencia proveniente de China golpea con fuerza a la industria proveedora y manufacturera.
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“El reto más importante que tenemos es la competencia desleal contra productos que vienen de China. Podemos competir en calidad, pero no en costos”, asegura.
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El problema se agravó en los últimos años debido al ingreso de mercancías que no cumplen con las obligaciones fiscales y aduaneras.
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El impacto fue tal que numerosas empresas vieron reducidas sus operaciones y otras desaparecieron tras la pandemia del Covid-19.
Sí, pero. Pero México decidió actuar. La industria promovió un diálogo con el Gobierno federal que derivó en la implementación de cuotas compensatorias y aranceles para el calzado importado.
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La medida establece cobros adicionales por cada par que ingresa al país y busca desincentivar las prácticas de dumping y proteger la producción nacional.
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Además, las autoridades reforzaron los controles en las aduanas y eliminaron mecanismos que permitían importar determinados productos sin cumplir plenamente con las obligaciones tributarias.
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Aunque los resultados aún son recientes, el sector considera que estas acciones podrían comenzar a reflejarse en los próximos años en una recuperación gradual de la industria.
Voces. La preocupación también alcanza a las empresas. Wendy Ortiz, representante de Calzado Relax, una firma de León, Guanajuato, señala que el ingreso masivo de producto asiático está afectando a fabricantes de todos los tamaños.
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“El zapato chino está entrando demasiado a un costo muy bajo que realmente el productor mexicano no puede competir”, afirma.
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Frente a esa realidad, muchas empresas han optado por diferenciarse mediante la calidad. Tanto en México como en Guatemala, los fabricantes destacan el valor del calzado de cuero, un segmento que continúa siendo una de sus principales fortalezas.
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La durabilidad, el confort y la calidad de los materiales son las características con las que buscan mantenerse competitivos.
Ahora qué. En Guatemala, además de la competencia de las importaciones, la industria enfrenta otro reto creciente: la escasez de mano de obra especializada.
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Héctor Maravilla, fabricante con casi cuatro décadas de experiencia en el sector, afirma que cada vez son menos los jóvenes interesados en aprender el oficio.
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Ello ha llevado a la industria a tecnificar aún más sus fábricas, pero la generación de empleo sigue como prioridad del sector, pese a las adversidades.
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“Estamos en desventaja en precios. Considero que apenas un 20 % del mercado corresponde al producto nacional y el resto es producto importado”, señala.
Datos clave. No obstante las dificultades, el sector mantiene perspectivas positivas.
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Guatemala cuenta con alrededor de 720 fábricas de calzado, produce cerca de 22 millones de pares al año y genera 35 000 empleos formales. Además, las proyecciones apuntan a un crecimiento sostenido del mercado del calzado de cuero durante los próximos años.
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Fabricantes, proveedores y empresarios coinciden en un punto: para asegurar el futuro de la industria, no basta con producir calidad. También será necesario fortalecer los controles contra el contrabando, la subfacturación y otras prácticas que distorsionan la competencia.
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La experiencia mexicana muestra que las medidas pueden convertirse en una herramienta para defender la producción y el empleo.
La industria del calzado en Guatemala y México atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años. Los fabricantes coinciden en que enfrentan un enemigo común: el ingreso de producto importado mediante prácticas consideradas desleales e incluso ilegales.
Qué destacar. Aunque ambos países mantienen una importante capacidad productiva, generan miles de empleos y cuentan con empresas que apuestan por la calidad, batallan en desigualdad.
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La subfacturación, el ingreso de calzado declarado como usado cuando en realidad es nuevo y el contrabando figuran entre las principales amenazas para un sector que sostiene a miles de familias en la región.
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“Los temas son los mismos a los que nos estamos enfrentando”, afirma Marco Antonio Wong, presidente de la Gremial de Fabricantes de Calzado y Productos Afines (GRECALZA).
Punto de fricción. Wong explica que la subfacturación es uno de los problemas más graves.
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Esta práctica ilegal permite que el calzado ingrese al país con valores muy por debajo de los reales, reduciendo el pago de impuestos y otorgando una ventaja artificial a los importadores.
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A ello se suma una práctica que preocupa cada vez más al sector: el ingreso de calzado declarado como usado que posteriormente es comercializado como producto nuevo.
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Para los fabricantes nacionales, esto representa una competencia desleal que distorsiona el mercado y dificulta la supervivencia de muchas empresas, especialmente las pequeñas.
En el radar. La situación es similar en México. Salvador Sotelo, gerente de la feria internacional ANPIC y representante de la Asociación de Proveedores Industriales de México (APIMEX), señala que la competencia proveniente de China golpea con fuerza a la industria proveedora y manufacturera.
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“El reto más importante que tenemos es la competencia desleal contra productos que vienen de China. Podemos competir en calidad, pero no en costos”, asegura.
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El problema se agravó en los últimos años debido al ingreso de mercancías que no cumplen con las obligaciones fiscales y aduaneras.
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El impacto fue tal que numerosas empresas vieron reducidas sus operaciones y otras desaparecieron tras la pandemia del Covid-19.
Sí, pero. Pero México decidió actuar. La industria promovió un diálogo con el Gobierno federal que derivó en la implementación de cuotas compensatorias y aranceles para el calzado importado.
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La medida establece cobros adicionales por cada par que ingresa al país y busca desincentivar las prácticas de dumping y proteger la producción nacional.
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Además, las autoridades reforzaron los controles en las aduanas y eliminaron mecanismos que permitían importar determinados productos sin cumplir plenamente con las obligaciones tributarias.
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Aunque los resultados aún son recientes, el sector considera que estas acciones podrían comenzar a reflejarse en los próximos años en una recuperación gradual de la industria.
Voces. La preocupación también alcanza a las empresas. Wendy Ortiz, representante de Calzado Relax, una firma de León, Guanajuato, señala que el ingreso masivo de producto asiático está afectando a fabricantes de todos los tamaños.
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“El zapato chino está entrando demasiado a un costo muy bajo que realmente el productor mexicano no puede competir”, afirma.
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Frente a esa realidad, muchas empresas han optado por diferenciarse mediante la calidad. Tanto en México como en Guatemala, los fabricantes destacan el valor del calzado de cuero, un segmento que continúa siendo una de sus principales fortalezas.
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La durabilidad, el confort y la calidad de los materiales son las características con las que buscan mantenerse competitivos.
Ahora qué. En Guatemala, además de la competencia de las importaciones, la industria enfrenta otro reto creciente: la escasez de mano de obra especializada.
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Héctor Maravilla, fabricante con casi cuatro décadas de experiencia en el sector, afirma que cada vez son menos los jóvenes interesados en aprender el oficio.
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Ello ha llevado a la industria a tecnificar aún más sus fábricas, pero la generación de empleo sigue como prioridad del sector, pese a las adversidades.
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“Estamos en desventaja en precios. Considero que apenas un 20 % del mercado corresponde al producto nacional y el resto es producto importado”, señala.
Datos clave. No obstante las dificultades, el sector mantiene perspectivas positivas.
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Guatemala cuenta con alrededor de 720 fábricas de calzado, produce cerca de 22 millones de pares al año y genera 35 000 empleos formales. Además, las proyecciones apuntan a un crecimiento sostenido del mercado del calzado de cuero durante los próximos años.
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Fabricantes, proveedores y empresarios coinciden en un punto: para asegurar el futuro de la industria, no basta con producir calidad. También será necesario fortalecer los controles contra el contrabando, la subfacturación y otras prácticas que distorsionan la competencia.
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La experiencia mexicana muestra que las medidas pueden convertirse en una herramienta para defender la producción y el empleo.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: