Más de 70 años después de su publicación original, Guatemala, las líneas de su mano vuelve a las librerías de la mano de Editorial Piedrasanta. No es una reedición cualquiera. Hay obras que, con una impertinencia admirable, siguen interpelando al presente. Como la de Luis Cardoza y Aragón.
Publicado en 1955, apenas un año después del derrocamiento de Jacobo Árbenz, el libro nació en medio del exilio y de una Guatemala que empezaba a parecerse demasiado a sus propios fantasmas. Cardoza no escribió una guía del país ni un tratado de historia. Hizo algo bastante más difícil: retratar el alma de una nación sin maquillarla y con una prosa capaz de convertir la crítica en literatura.
La nueva edición incorpora una introducción inédita del escritor Javier Payeras, que acerca la obra a nuevas generaciones sin limarle los bordes incómodos. También incluye los retratos de Luis Cardoza y Aragón realizados por el fotógrafo y cineasta Sergio Valdés Pedroni, un diálogo visual que acompaña con acierto la intensidad del texto.
Resulta casi desconcertante comprobar hasta qué punto el libro sigue respirando actualidad. En tiempos en los que todo parece reducirse a mensajes de pocos segundos, Cardoza propone el viejo ejercicio de pensar despacio. Sus páginas continúan iluminando cuestiones como el racismo, la desigualdad, la identidad o la memoria colectiva, asuntos que Guatemala todavía discute en voz alta.
No es extraño que Octavio Paz viera en esta obra una revelación universal ni que Augusto Monterroso asegurara que permitía “deletrear de nuevo a Centroamérica”. Ambos comprendieron que Cardoza escribía desde Guatemala, aunque su mirada terminaba alcanzando cualquier sociedad obligada a convivir con sus contradicciones.
Fundada en 1947, Editorial Piedrasanta recupera ahora uno de los títulos esenciales del pensamiento guatemalteco con una edición dirigida a nuevos lectores. La apuesta coincide con una tendencia creciente en el mundo editorial: rescatar libros fundamentales no por nostalgia, sino porque siguen ofreciendo mejores preguntas que muchas respuestas de moda.
Cardoza es de los autores que conservan el raro privilegio de incomodar. Abrir hoy Guatemala, las líneas de su mano equivale a descubrir que el país ha cambiado mucho… y muchísimo menos de lo que a veces nos gusta admitir. Esa es, probablemente, la mejor definición de un clásico.
Más de 70 años después de su publicación original, Guatemala, las líneas de su mano vuelve a las librerías de la mano de Editorial Piedrasanta. No es una reedición cualquiera. Hay obras que, con una impertinencia admirable, siguen interpelando al presente. Como la de Luis Cardoza y Aragón.
Publicado en 1955, apenas un año después del derrocamiento de Jacobo Árbenz, el libro nació en medio del exilio y de una Guatemala que empezaba a parecerse demasiado a sus propios fantasmas. Cardoza no escribió una guía del país ni un tratado de historia. Hizo algo bastante más difícil: retratar el alma de una nación sin maquillarla y con una prosa capaz de convertir la crítica en literatura.
La nueva edición incorpora una introducción inédita del escritor Javier Payeras, que acerca la obra a nuevas generaciones sin limarle los bordes incómodos. También incluye los retratos de Luis Cardoza y Aragón realizados por el fotógrafo y cineasta Sergio Valdés Pedroni, un diálogo visual que acompaña con acierto la intensidad del texto.
Resulta casi desconcertante comprobar hasta qué punto el libro sigue respirando actualidad. En tiempos en los que todo parece reducirse a mensajes de pocos segundos, Cardoza propone el viejo ejercicio de pensar despacio. Sus páginas continúan iluminando cuestiones como el racismo, la desigualdad, la identidad o la memoria colectiva, asuntos que Guatemala todavía discute en voz alta.
No es extraño que Octavio Paz viera en esta obra una revelación universal ni que Augusto Monterroso asegurara que permitía “deletrear de nuevo a Centroamérica”. Ambos comprendieron que Cardoza escribía desde Guatemala, aunque su mirada terminaba alcanzando cualquier sociedad obligada a convivir con sus contradicciones.
Fundada en 1947, Editorial Piedrasanta recupera ahora uno de los títulos esenciales del pensamiento guatemalteco con una edición dirigida a nuevos lectores. La apuesta coincide con una tendencia creciente en el mundo editorial: rescatar libros fundamentales no por nostalgia, sino porque siguen ofreciendo mejores preguntas que muchas respuestas de moda.
Cardoza es de los autores que conservan el raro privilegio de incomodar. Abrir hoy Guatemala, las líneas de su mano equivale a descubrir que el país ha cambiado mucho… y muchísimo menos de lo que a veces nos gusta admitir. Esa es, probablemente, la mejor definición de un clásico.
EL TIPO DE CAMBIO DE HOY ES DE: