Yo ya no creo ni en mi sombra, no vaya a ser que agarre para otro lado
ENADE 2026 plantea reducir a la mitad los homicidios en diez años.El reto es demostrar que las instituciones pueden cumplirlo.
“Yo ya no creo ni en mi sombra, no vaya a ser que mi sombra agarre para otro lado”. La frase, cargada de ironía, retrata un sentimiento que Guatemala conoce demasiado bien: la desconfianza. Desconfianza en los políticos, en las instituciones, en las promesas y sobre todo, en la capacidad del gobierno.
En ese contexto se celebró el Encuentro Nacional de Empresarios por el Desarrollo -ENADE- 2026, organizado por FUNDESA bajo el lema “A paso seguro: la seguridad integral es el camino a la prosperidad”. Guatemala necesita seguridad, certeza jurídica y coordinación institucional para atraer inversiones, generar empleo y recuperar la confianza ciudadana.
La propuesta central es concreta: reducir la tasa de homicidios de aproximadamente 16.8 a ocho por cada 100 mil habitantes para 2036. No se trata de una promesa que pueda cumplirse con un discurso ni de una meta que pertenezca exclusivamente al gobierno de turno. Exige diez años de trabajo sostenido, continuidad institucional y resultados que puedan medirse.
Las extorsiones golpean a comerciantes y transportistas, el crimen organizado amenaza comunidades y actividades productivas, la debilidad del sistema penitenciario permite que las cárceles sigan siendo un desafío para la seguridad pública. Mientras tanto, la incertidumbre jurídica y la falta de confianza elevan los riesgos para quienes desean invertir y emprender.
La inseguridad trambién se refleja en negocios que no abren, empresas que pagan extorsiones, empleos que nunca se crean y familias que modifican su vida cotidiana por miedo. Cada quetzal destinado a protegerse del delito representa recursos que podrían utilizarse para producir, contratar personal o ampliar una actividad económica.
La requiere una cadena institucional que funcione: investigación criminal, Ministerio Público, tribunales, sistema penitenciario y mecanismos eficaces para atender a las víctimas. Si una de estas piezas falla, el esfuerzo de las demás pierde efectividad.
ENADE colocó sobre la mesa la necesidad de articular a las instituciones de seguridad y justicia, establecer objetivos comunes y sostener una estrategia que sobreviva a los cambios políticos. Esa es una de las discusiones más importantes para Guatemala: ¿Podemos construir políticas de Estado en un país acostumbrado a que cada administración quiera comenzar desde cero?
Las capturas, los decomisos y los nuevos agentes policiales son indicadores relevantes, sin embargo, necesitamos comprobar que podemos abrir un negocio sin pagar extorsión, utilizar el transporte con tranquilidad y confiar en que una denuncia será investigada.
La seguridad corre el riesgo de convertirse nuevamente en una colección de promesas electorales, discursos contundentes y soluciones aparentemente inmediatas. La pregunta es quién asumirá el costo político de continuar las medidas necesarias cuando sus resultados no sean instantáneos o cuando cambien las autoridades.
El sector privado tiene una responsabilidad importante: invertir, generar empleo, contribuir a la prevención y fiscalizar el cumplimiento de los compromisos. Pero no puede sustituir al gobierno, la seguridad es una obligación institucional, no un servicio que deba depender de la capacidad económica de cada ciudadano para protegerse.
Guatemala necesita instituciones que merezcan confianza, presupuestos transparentes, metas públicas y mecanismos para evaluar resultados. Quizá por eso la ironía de la sombra resulta tan familiar, cuando nadie confía en nadie, hasta nuestra propia sombra parece sospechosa. El desafío del ENADE es demostrar que todavía podemos caminar en una misma dirección.
Yo ya no creo ni en mi sombra, no vaya a ser que agarre para otro lado
ENADE 2026 plantea reducir a la mitad los homicidios en diez años.El reto es demostrar que las instituciones pueden cumplirlo.
“Yo ya no creo ni en mi sombra, no vaya a ser que mi sombra agarre para otro lado”. La frase, cargada de ironía, retrata un sentimiento que Guatemala conoce demasiado bien: la desconfianza. Desconfianza en los políticos, en las instituciones, en las promesas y sobre todo, en la capacidad del gobierno.
En ese contexto se celebró el Encuentro Nacional de Empresarios por el Desarrollo -ENADE- 2026, organizado por FUNDESA bajo el lema “A paso seguro: la seguridad integral es el camino a la prosperidad”. Guatemala necesita seguridad, certeza jurídica y coordinación institucional para atraer inversiones, generar empleo y recuperar la confianza ciudadana.
La propuesta central es concreta: reducir la tasa de homicidios de aproximadamente 16.8 a ocho por cada 100 mil habitantes para 2036. No se trata de una promesa que pueda cumplirse con un discurso ni de una meta que pertenezca exclusivamente al gobierno de turno. Exige diez años de trabajo sostenido, continuidad institucional y resultados que puedan medirse.
Las extorsiones golpean a comerciantes y transportistas, el crimen organizado amenaza comunidades y actividades productivas, la debilidad del sistema penitenciario permite que las cárceles sigan siendo un desafío para la seguridad pública. Mientras tanto, la incertidumbre jurídica y la falta de confianza elevan los riesgos para quienes desean invertir y emprender.
La inseguridad trambién se refleja en negocios que no abren, empresas que pagan extorsiones, empleos que nunca se crean y familias que modifican su vida cotidiana por miedo. Cada quetzal destinado a protegerse del delito representa recursos que podrían utilizarse para producir, contratar personal o ampliar una actividad económica.
La requiere una cadena institucional que funcione: investigación criminal, Ministerio Público, tribunales, sistema penitenciario y mecanismos eficaces para atender a las víctimas. Si una de estas piezas falla, el esfuerzo de las demás pierde efectividad.
ENADE colocó sobre la mesa la necesidad de articular a las instituciones de seguridad y justicia, establecer objetivos comunes y sostener una estrategia que sobreviva a los cambios políticos. Esa es una de las discusiones más importantes para Guatemala: ¿Podemos construir políticas de Estado en un país acostumbrado a que cada administración quiera comenzar desde cero?
Las capturas, los decomisos y los nuevos agentes policiales son indicadores relevantes, sin embargo, necesitamos comprobar que podemos abrir un negocio sin pagar extorsión, utilizar el transporte con tranquilidad y confiar en que una denuncia será investigada.
La seguridad corre el riesgo de convertirse nuevamente en una colección de promesas electorales, discursos contundentes y soluciones aparentemente inmediatas. La pregunta es quién asumirá el costo político de continuar las medidas necesarias cuando sus resultados no sean instantáneos o cuando cambien las autoridades.
El sector privado tiene una responsabilidad importante: invertir, generar empleo, contribuir a la prevención y fiscalizar el cumplimiento de los compromisos. Pero no puede sustituir al gobierno, la seguridad es una obligación institucional, no un servicio que deba depender de la capacidad económica de cada ciudadano para protegerse.
Guatemala necesita instituciones que merezcan confianza, presupuestos transparentes, metas públicas y mecanismos para evaluar resultados. Quizá por eso la ironía de la sombra resulta tan familiar, cuando nadie confía en nadie, hasta nuestra propia sombra parece sospechosa. El desafío del ENADE es demostrar que todavía podemos caminar en una misma dirección.
