Por qué no creo en las revoluciones
¿Qué país se hizo rico con una revolución? La verdadera prosperidad no nace de la fuerza, sino de la vía de los acuerdos.
El lunes 9 de agosto de 1965, al mediodía, Lee Kuan Yew se sentó frente a los micrófonos de la Broadcasting House de Singapur para anunciar lo que nunca había querido anunciar: su isla dejaba de ser parte de Malasia. Había pasado su vida adulta defendiendo la unión, y ahora le tocaba explicar por qué había firmado la separación.
Tenía otras salidas. Podía pelear por quedarse en la federación o levantar a la gente contra Kuala Lumpur. Escogió negociar y firmar. Ante los periodistas dijo que, cada vez que recordaran la firma de aquel acuerdo, sentirían «un momento de angustia». Ahí se le quebró la voz. La transcripción de los Archivos Nacionales de Singapur anota que la grabación se detuvo para que el primer ministro recobrara la compostura.
Ese año Singapur estaba en el puesto 68 entre los países del mundo por ingreso por habitante, según el Proyecto Maddison. En 2022 estaba en el 3. Guatemala, ese mismo año, estaba en el 108. Cada vez que reviso esos números me hago la misma pregunta: ¿qué país se hizo rico con una revolución?
Uso la palabra en su sentido fuerte: un movimiento que derriba al gobierno por la fuerza y se propone rehacer la sociedad desde cero. Los países que hoy son prósperos y tienen libertad económica llegaron por otro camino: el de los acuerdos.
Suiza estaba en el puesto 12 en 1870 y en el 2 en 1929. Tuvo su guerra, la del Sonderbund, que en 1847 enfrentó a los cantones católicos con los liberales y duró 26 días. Después vino la Constitución federal de 1848, que dejó a los cantones buena parte de su gobierno propio. Y se consolidó una costumbre que los suizos conservan: alcanzar acuerdos entre partidos para gobernar.
Irlanda sirve todavía más, porque sí tuvo revolución. Entre 1916 y 1923 pasó por el levantamiento de Pascua, la guerra de independencia y la guerra civil. En 1921 estaba en el puesto 17. En 1980 había caído al 34: la revolución le dio un Estado propio, pero sesenta años después el país estaba más abajo de donde había comenzado.
El cambio empezó con un acuerdo. El 9 de octubre de 1987, el gobierno de Charles Haughey, los sindicatos, los agricultores y los empresarios anunciaron el Programa de Recuperación Nacional. Durante tres años los salarios subirían poco y, a cambio, el gobierno bajaría los impuestos. Ese año Irlanda estaba en el puesto 27; en 2000, en el 8, y en 2022, en el 7. El despegue llegó sesenta años después de la revolución y pocos años después del acuerdo.
Hoy Singapur está en el puesto 3, Suiza en el 6 e Irlanda en el 7. Si excluimos a los países cuya riqueza proviene principalmente del petróleo, quedan esos tres, que son también los tres primeros del Índice de Libertad Económica de 2022 de la Heritage Foundation.
Una revolución que se propone rehacerlo todo se gana enemigos: los que pierden tierras, empresas, iglesias o poder, y casi siempre un gobierno extranjero que los respalda. La guerra contra esos enemigos une a los revolucionarios, porque saben que si pierden los matan. El partido y el ejército terminan por convertirse en una sola cosa. Y la lucha contra sus enemigos les sirve para justificar la eliminación de cualquiera que se oponga.
En su libro Revolución y dictadura (2022), los politólogos Steven Levitsky y Lucan Way compararon las dictaduras nacidas de revoluciones sociales desde 1900 con todas las demás. Las revolucionarias duran casi tres veces más. El 71 % supera los 30 años en el poder; entre las demás, solo el 19 %. Su análisis estadístico confirma que el origen revolucionario ayuda a explicar esa duración, incluso después de considerar el petróleo, la economía y el tipo de régimen.
Angola, Cuba, Mozambique y Vietnam fueron los cuatro regímenes revolucionarios que más ayuda recibieron de la Unión Soviética. Esta desapareció en 1991. Los cuatro regímenes sobrevivieron. La guerra había fusionado al partido con el ejército: donde ambos son prácticamente lo mismo, los golpes de Estado se vuelven mucho más difíciles. Levitsky y Way advierten que estos regímenes también se desgastan, aunque despacio y de forma incompleta. A la Unión Soviética le tomó 74 años caer.
Cuba estaba en el puesto 62 en 1950 y en el 75 en 1959, el año de su revolución. En 2022 había caído al 111, tres lugares por debajo de Guatemala, con el mismo régimen desde hace 67 años. China, en cambio, subió del puesto 129 en 1980 al 64 en 2022, después de abandonar, a partir de 1978, el programa económico de su revolución. De la dictadura no ha salido.
Levitsky y Way utilizan la definición de revolución que hizo clásica la socióloga Theda Skocpol. Para que exista una revolución deben cumplirse tres condiciones: el Estado anterior se derrumba, los campesinos se movilizan en masa y una nueva élite toma el poder y lo consolida. Cuba cumple las tres. China también.
Con esos mismos criterios podemos examinar el 20 de octubre de 1944.
Rodrigo Fernández Ordóñez examinó esa pregunta en El asedio a la primavera (2026), su libro sobre Arévalo. En el epílogo analiza los acontecimientos del 20 de octubre desde tres perspectivas teóricas, incluida la de Skocpol, y concluye que solo cumplen parcialmente las condiciones de una revolución: lo que hubo fue «una mera insurrección urbana». El Estado quedó en pie, empezando por el Ejército, que terminó por desbaratar el movimiento cuando este se desplazó hacia la izquierda más radical. Fernández Ordóñez aclara que no busca cambiarle el nombre al suceso. Yo tampoco pretendo desmerecerlo, pero sus resultados no corresponden a la transformación revolucionaria que se le atribuye.
El 20 de octubre no es el único acontecimiento que llamamos revolución. En 1897 se llamó así al levantamiento en el occidente del país contra Reina Barrios, que había prolongado su mandato. Las tropas del gobierno retomaron Quetzaltenango en menos de una semana. En 1871 llegó la Revolución Liberal, la que más se propuso transformar el país. Ninguna de las dos cumple las tres condiciones. Pero lo que dejó 1871 se parece mucho a lo que describen Levitsky y Way: durante los 73 años siguientes, tres hombres —Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico— gobernaron 47.
Cada 20 de octubre vuelve la lista de conquistas sociales que atribuimos a la Revolución de 1944. En 2024, la agencia oficial de noticias celebró los 78 años del IGSS como «legado de la Revolución del 44». Pero la autonomía de la Universidad de San Carlos ya había sido reconocida por la Constituyente de 1921, la primera de América Latina en hacerlo, según la propia Universidad. Ubico la quitó en 1931 y la Junta de 1944 la devolvió. La Ley del Trabajo de 1926 ya reconocía a las madres el descanso pagado antes y después del parto. El Salvador concedió el voto a las mujeres en 1939, bajo la dictadura del general Martínez. Panamá y Costa Rica crearon su seguro social en 1941, cinco años antes que nosotros, y Nicaragua en 1955, con Somoza en el poder. Eran reformas que toda la región adoptaba, con revolución y sin ella.
En Costa Rica, esas reformas nacieron de un acuerdo. El 15 de septiembre de 1943, el presidente Rafael Ángel Calderón Guardia, el arzobispo Víctor Manuel Sanabria y el líder comunista Manuel Mora desfilaron juntos en un automóvil para celebrar el Código de Trabajo. En Guatemala, según Fernández Ordóñez, todos los políticos coincidían en 1944 en organizar a los trabajadores, porque todos querían sus votos.
Propongo que dejemos de considerar las revoluciones como la solución a los problemas de Guatemala y que apostemos por los acuerdos, el fortalecimiento de las instituciones y la libertad económica. Desde el 22 de enero, cuando se convoquen las elecciones de 2027, a todo candidato o partido que prometa refundar el país o hacer una revolución, preguntémosle públicamente, en cada foro y en cada debate, tres cosas: ¿qué institución cambiaría?, ¿mediante qué acuerdo? y ¿con quién?
En agosto de 1965, Lee Kuan Yew firmó un acuerdo que le dolía. Frente a los periodistas se le quebró la voz. Singapur, Irlanda y Suiza están hoy entre los países más ricos del mundo, y los tres llegaron ahí mediante acuerdos. Eso es lo que le toca construir a Guatemala: un país donde nuestros hijos encuentren oportunidades sin tener que alejarse de quienes aman.
Ramiro Bolaños, PhD. / Presidente del Centro de Pensamiento y Acción Factoría Libertatis
Referencias
Agencia Guatemalteca de Noticias, «78 años del IGSS, un legado de la Revolución del 44», 19 de octubre de 2024 <https://agn.gt/?p=383503>
«Delincuencia y seguridad social», La Prensa (Panamá) <https://www.prensa.com/impresa/opinion/delincuencia-y-seguridad-social/>
«Día de la mujer hondureña», El Heraldo (Tegucigalpa) <https://www.elheraldo.hn/pais/574523-214/dia-de-la-mujer-hondurena>
«Doce antecedentes legales del IGSS», Prensa Libre <https://www.prensalibre.com/?p=460046>
Fernández Ordóñez, Rodrigo, El asedio a la primavera: Arévalo y la Revolución de 1944 (Guatemala: Wartime Books, 2026), pp. 447–449
Heritage Foundation, 2022 Index of Economic Freedom (Washington, D.C.: The Heritage Foundation, 2022)
Lee Kuan Yew, transcripción de la conferencia de prensa del 9 de agosto de 1965, Broadcasting House, Singapur, National Archives of Singapore <https://www.nas.gov.sg/archivesonline/data/pdfdoc/lky19650809b.pdf>
Levitsky, Steven, y Lucan Way, Revolución y dictadura. Los orígenes violentos del autoritarismo, trad. Guillem Gómez Sesé (Barcelona: Ariel, 2025), pp. 51–55
Maddison Project Database, versión 2023 (Groningen: Groningen Growth and Development Centre, Universidad de Groningen), hoja GDPpc
Mejía Dávila, Marco Vinicio, «Orígenes y alcances de la autonomía universitaria», Revista Análisis de la Realidad Nacional (IPNUSAC), año 11, n.º 236 (2022), pp. 4–8
Portal Latinoamericano (Universidade de São Paulo), entradas «Calderón Guardia, Rafael Ángel» y «Mora Valverde, Manuel» <https://sites.usp.br/portalatinoamericano/es/calderon-guardia-rafael-angel>
RTÉ Archives, «Programme for National Recovery» <https://www.rte.ie/archives/exhibitions/1861-strikes-pickets-and-protests/470324-programme-for-national-recovery/>
Skocpol, Theda, States and Social Revolutions (Cambridge: Cambridge University Press, 1979)
«Social Security in Central America», Social Security Bulletin, 20.11 (1957) <https://ssa.gov/policy/docs/ssb/v20n11/v20n11p11.pdf>
Por qué no creo en las revoluciones
¿Qué país se hizo rico con una revolución? La verdadera prosperidad no nace de la fuerza, sino de la vía de los acuerdos.
El lunes 9 de agosto de 1965, al mediodía, Lee Kuan Yew se sentó frente a los micrófonos de la Broadcasting House de Singapur para anunciar lo que nunca había querido anunciar: su isla dejaba de ser parte de Malasia. Había pasado su vida adulta defendiendo la unión, y ahora le tocaba explicar por qué había firmado la separación.
Tenía otras salidas. Podía pelear por quedarse en la federación o levantar a la gente contra Kuala Lumpur. Escogió negociar y firmar. Ante los periodistas dijo que, cada vez que recordaran la firma de aquel acuerdo, sentirían «un momento de angustia». Ahí se le quebró la voz. La transcripción de los Archivos Nacionales de Singapur anota que la grabación se detuvo para que el primer ministro recobrara la compostura.
Ese año Singapur estaba en el puesto 68 entre los países del mundo por ingreso por habitante, según el Proyecto Maddison. En 2022 estaba en el 3. Guatemala, ese mismo año, estaba en el 108. Cada vez que reviso esos números me hago la misma pregunta: ¿qué país se hizo rico con una revolución?
Uso la palabra en su sentido fuerte: un movimiento que derriba al gobierno por la fuerza y se propone rehacer la sociedad desde cero. Los países que hoy son prósperos y tienen libertad económica llegaron por otro camino: el de los acuerdos.
Suiza estaba en el puesto 12 en 1870 y en el 2 en 1929. Tuvo su guerra, la del Sonderbund, que en 1847 enfrentó a los cantones católicos con los liberales y duró 26 días. Después vino la Constitución federal de 1848, que dejó a los cantones buena parte de su gobierno propio. Y se consolidó una costumbre que los suizos conservan: alcanzar acuerdos entre partidos para gobernar.
Irlanda sirve todavía más, porque sí tuvo revolución. Entre 1916 y 1923 pasó por el levantamiento de Pascua, la guerra de independencia y la guerra civil. En 1921 estaba en el puesto 17. En 1980 había caído al 34: la revolución le dio un Estado propio, pero sesenta años después el país estaba más abajo de donde había comenzado.
El cambio empezó con un acuerdo. El 9 de octubre de 1987, el gobierno de Charles Haughey, los sindicatos, los agricultores y los empresarios anunciaron el Programa de Recuperación Nacional. Durante tres años los salarios subirían poco y, a cambio, el gobierno bajaría los impuestos. Ese año Irlanda estaba en el puesto 27; en 2000, en el 8, y en 2022, en el 7. El despegue llegó sesenta años después de la revolución y pocos años después del acuerdo.
Hoy Singapur está en el puesto 3, Suiza en el 6 e Irlanda en el 7. Si excluimos a los países cuya riqueza proviene principalmente del petróleo, quedan esos tres, que son también los tres primeros del Índice de Libertad Económica de 2022 de la Heritage Foundation.
Una revolución que se propone rehacerlo todo se gana enemigos: los que pierden tierras, empresas, iglesias o poder, y casi siempre un gobierno extranjero que los respalda. La guerra contra esos enemigos une a los revolucionarios, porque saben que si pierden los matan. El partido y el ejército terminan por convertirse en una sola cosa. Y la lucha contra sus enemigos les sirve para justificar la eliminación de cualquiera que se oponga.
En su libro Revolución y dictadura (2022), los politólogos Steven Levitsky y Lucan Way compararon las dictaduras nacidas de revoluciones sociales desde 1900 con todas las demás. Las revolucionarias duran casi tres veces más. El 71 % supera los 30 años en el poder; entre las demás, solo el 19 %. Su análisis estadístico confirma que el origen revolucionario ayuda a explicar esa duración, incluso después de considerar el petróleo, la economía y el tipo de régimen.
Angola, Cuba, Mozambique y Vietnam fueron los cuatro regímenes revolucionarios que más ayuda recibieron de la Unión Soviética. Esta desapareció en 1991. Los cuatro regímenes sobrevivieron. La guerra había fusionado al partido con el ejército: donde ambos son prácticamente lo mismo, los golpes de Estado se vuelven mucho más difíciles. Levitsky y Way advierten que estos regímenes también se desgastan, aunque despacio y de forma incompleta. A la Unión Soviética le tomó 74 años caer.
Cuba estaba en el puesto 62 en 1950 y en el 75 en 1959, el año de su revolución. En 2022 había caído al 111, tres lugares por debajo de Guatemala, con el mismo régimen desde hace 67 años. China, en cambio, subió del puesto 129 en 1980 al 64 en 2022, después de abandonar, a partir de 1978, el programa económico de su revolución. De la dictadura no ha salido.
Levitsky y Way utilizan la definición de revolución que hizo clásica la socióloga Theda Skocpol. Para que exista una revolución deben cumplirse tres condiciones: el Estado anterior se derrumba, los campesinos se movilizan en masa y una nueva élite toma el poder y lo consolida. Cuba cumple las tres. China también.
Con esos mismos criterios podemos examinar el 20 de octubre de 1944.
Rodrigo Fernández Ordóñez examinó esa pregunta en El asedio a la primavera (2026), su libro sobre Arévalo. En el epílogo analiza los acontecimientos del 20 de octubre desde tres perspectivas teóricas, incluida la de Skocpol, y concluye que solo cumplen parcialmente las condiciones de una revolución: lo que hubo fue «una mera insurrección urbana». El Estado quedó en pie, empezando por el Ejército, que terminó por desbaratar el movimiento cuando este se desplazó hacia la izquierda más radical. Fernández Ordóñez aclara que no busca cambiarle el nombre al suceso. Yo tampoco pretendo desmerecerlo, pero sus resultados no corresponden a la transformación revolucionaria que se le atribuye.
El 20 de octubre no es el único acontecimiento que llamamos revolución. En 1897 se llamó así al levantamiento en el occidente del país contra Reina Barrios, que había prolongado su mandato. Las tropas del gobierno retomaron Quetzaltenango en menos de una semana. En 1871 llegó la Revolución Liberal, la que más se propuso transformar el país. Ninguna de las dos cumple las tres condiciones. Pero lo que dejó 1871 se parece mucho a lo que describen Levitsky y Way: durante los 73 años siguientes, tres hombres —Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera y Jorge Ubico— gobernaron 47.
Cada 20 de octubre vuelve la lista de conquistas sociales que atribuimos a la Revolución de 1944. En 2024, la agencia oficial de noticias celebró los 78 años del IGSS como «legado de la Revolución del 44». Pero la autonomía de la Universidad de San Carlos ya había sido reconocida por la Constituyente de 1921, la primera de América Latina en hacerlo, según la propia Universidad. Ubico la quitó en 1931 y la Junta de 1944 la devolvió. La Ley del Trabajo de 1926 ya reconocía a las madres el descanso pagado antes y después del parto. El Salvador concedió el voto a las mujeres en 1939, bajo la dictadura del general Martínez. Panamá y Costa Rica crearon su seguro social en 1941, cinco años antes que nosotros, y Nicaragua en 1955, con Somoza en el poder. Eran reformas que toda la región adoptaba, con revolución y sin ella.
En Costa Rica, esas reformas nacieron de un acuerdo. El 15 de septiembre de 1943, el presidente Rafael Ángel Calderón Guardia, el arzobispo Víctor Manuel Sanabria y el líder comunista Manuel Mora desfilaron juntos en un automóvil para celebrar el Código de Trabajo. En Guatemala, según Fernández Ordóñez, todos los políticos coincidían en 1944 en organizar a los trabajadores, porque todos querían sus votos.
Propongo que dejemos de considerar las revoluciones como la solución a los problemas de Guatemala y que apostemos por los acuerdos, el fortalecimiento de las instituciones y la libertad económica. Desde el 22 de enero, cuando se convoquen las elecciones de 2027, a todo candidato o partido que prometa refundar el país o hacer una revolución, preguntémosle públicamente, en cada foro y en cada debate, tres cosas: ¿qué institución cambiaría?, ¿mediante qué acuerdo? y ¿con quién?
En agosto de 1965, Lee Kuan Yew firmó un acuerdo que le dolía. Frente a los periodistas se le quebró la voz. Singapur, Irlanda y Suiza están hoy entre los países más ricos del mundo, y los tres llegaron ahí mediante acuerdos. Eso es lo que le toca construir a Guatemala: un país donde nuestros hijos encuentren oportunidades sin tener que alejarse de quienes aman.
Ramiro Bolaños, PhD. / Presidente del Centro de Pensamiento y Acción Factoría Libertatis
Referencias
Agencia Guatemalteca de Noticias, «78 años del IGSS, un legado de la Revolución del 44», 19 de octubre de 2024 <https://agn.gt/?p=383503>
«Delincuencia y seguridad social», La Prensa (Panamá) <https://www.prensa.com/impresa/opinion/delincuencia-y-seguridad-social/>
«Día de la mujer hondureña», El Heraldo (Tegucigalpa) <https://www.elheraldo.hn/pais/574523-214/dia-de-la-mujer-hondurena>
«Doce antecedentes legales del IGSS», Prensa Libre <https://www.prensalibre.com/?p=460046>
Fernández Ordóñez, Rodrigo, El asedio a la primavera: Arévalo y la Revolución de 1944 (Guatemala: Wartime Books, 2026), pp. 447–449
Heritage Foundation, 2022 Index of Economic Freedom (Washington, D.C.: The Heritage Foundation, 2022)
Lee Kuan Yew, transcripción de la conferencia de prensa del 9 de agosto de 1965, Broadcasting House, Singapur, National Archives of Singapore <https://www.nas.gov.sg/archivesonline/data/pdfdoc/lky19650809b.pdf>
Levitsky, Steven, y Lucan Way, Revolución y dictadura. Los orígenes violentos del autoritarismo, trad. Guillem Gómez Sesé (Barcelona: Ariel, 2025), pp. 51–55
Maddison Project Database, versión 2023 (Groningen: Groningen Growth and Development Centre, Universidad de Groningen), hoja GDPpc
Mejía Dávila, Marco Vinicio, «Orígenes y alcances de la autonomía universitaria», Revista Análisis de la Realidad Nacional (IPNUSAC), año 11, n.º 236 (2022), pp. 4–8
Portal Latinoamericano (Universidade de São Paulo), entradas «Calderón Guardia, Rafael Ángel» y «Mora Valverde, Manuel» <https://sites.usp.br/portalatinoamericano/es/calderon-guardia-rafael-angel>
RTÉ Archives, «Programme for National Recovery» <https://www.rte.ie/archives/exhibitions/1861-strikes-pickets-and-protests/470324-programme-for-national-recovery/>
Skocpol, Theda, States and Social Revolutions (Cambridge: Cambridge University Press, 1979)
«Social Security in Central America», Social Security Bulletin, 20.11 (1957) <https://ssa.gov/policy/docs/ssb/v20n11/v20n11p11.pdf>