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La seguridad de Guatemala también es el agua

La sequía amenaza la economía, los alimentos y la energía en Guatemala. El agua debe ser tratada como asunto de seguridad nacional.

Melanie Müllers |
30 de septiembre, 2026

Existe amenazas que llegan haciendo ruido y otras que avanzan en silencio, la sequía pertenece a la segunda categoría. Cuando falta la lluvia, comienza una cadena que puede terminar afectando hasta la estabilidad económica.

Guatemala ya está sintiendo sus efectos, en agosto, la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional reportó 138 municipios con pérdidas de cultivos y 236,447 familias afectadas por la sequía. También se advirtió sobre una posible reducción del agua disponible en los embalses hidroeléctricos y presiones sobre el precio de los alimentos.

La SESAN estimó que entre julio y septiembre de 2026 unos 3.2 millones de guatemaltecos, equivalentes al 17% de la población, podrían encontrarse en Fase 3 o superior de inseguridad alimentaria. Para octubre de 2026 a febrero de 2027, la proyección baja a 2.6 millones, pero continúa siendo una cifra considerable.

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¿Seguiremos hablando de la sequía como un problema exclusivamente agrícola? Considero que sería un error, el agua es economía, agricultura, energía, salud, empleo, producción y cada vez más, es seguridad.

Cuando un agricultor pierde su cosecha, no pierde únicamente alimentos, pierde ingresos. Cuando una familia pierde ingresos, reduce su consumo, cuando aumenta la escasez de determinados productos, aumentan las presiones sobre los precios y cuando una comunidad pierde sus medios de subsistencia, también puede aumentar la violencia.

Una crisis hídrica puede convertirse, paso a paso, en una crisis económica y social, por eso en Guatemala necesitamos cambiar la forma en que entendemos la seguridad. Durante años, el concepto ha estado asociado principalmente con delincuencia, narcotráfico, extorsiones y violencia. Son amenazas reales y requieren una respuesta firme del gobierno, pero la seguridad del siglo XXI es mucho más amplia.

Un país también es vulnerable cuando no puede garantizar agua, alimentos y energía suficientes para su población. El propio gobierno comenzó a reconocer esta realidad, en septiembre, CONASAN conoció el Plan Nacional de Respuesta ante la Emergencia por Sequía, elaborado conjuntamente por MAGA, MIDES, SESAN y CONRED, con medidas de corto, mediano y largo plazo.

La pregunta ahora es si podemos ir más allá de la emergencia, porque repartir alimentos cuando una cosecha se pierde es necesario, pero no suficiente. Guatemala necesita invertir en almacenamiento de agua, sistemas de riego, captación de lluvia, infraestructura hidráulica, tecnología agrícola, recuperación de suelos y mecanismos de alerta temprana.

También necesitamos información, saber dónde está el agua, cuánto tenemos, cuánto consumimos, qué regiones están bajo mayor presión y cómo cambiará esa disponibilidad en los próximos años. Sin información, la política pública termina reaccionando cuando el problema ya explotó.

El MAGA identificó municipios con distintos niveles de vulnerabilidad y trabaja en medidas anticipatorias para enfrentar escenarios de sequía. Ese concepto "anticipar" debería convertirse en una palabra central de la gestión pública. Guatemala no puede controlar el clima, pero sí puede decidir cuánto se prepara para sus consecuencias.

La verdadera discusión no debería ser solamente cuánto dinero destinaremos a atender la próxima emergencia. Debería ser cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para evitar que la próxima emergencia sea más grande. Porque el agua que hoy desperdiciamos, contaminamos o dejamos escapar puede convertirse mañana en alimento que no producimos, energía que cuesta más y familias que pierden sus ingresos.

La seguridad nacional también comienza allí donde casi nunca miramos, en un río, un embalse, un campo, un pozo y sobre todo, en nuestra capacidad de entender que un país que no protege su agua está poniendo en riesgo mucho más que su medio ambiente, está poniendo en riesgo su futuro.

La seguridad de Guatemala también es el agua

La sequía amenaza la economía, los alimentos y la energía en Guatemala. El agua debe ser tratada como asunto de seguridad nacional.

Melanie Müllers |
30 de septiembre, 2026

Existe amenazas que llegan haciendo ruido y otras que avanzan en silencio, la sequía pertenece a la segunda categoría. Cuando falta la lluvia, comienza una cadena que puede terminar afectando hasta la estabilidad económica.

Guatemala ya está sintiendo sus efectos, en agosto, la Secretaría de Seguridad Alimentaria y Nutricional reportó 138 municipios con pérdidas de cultivos y 236,447 familias afectadas por la sequía. También se advirtió sobre una posible reducción del agua disponible en los embalses hidroeléctricos y presiones sobre el precio de los alimentos.

La SESAN estimó que entre julio y septiembre de 2026 unos 3.2 millones de guatemaltecos, equivalentes al 17% de la población, podrían encontrarse en Fase 3 o superior de inseguridad alimentaria. Para octubre de 2026 a febrero de 2027, la proyección baja a 2.6 millones, pero continúa siendo una cifra considerable.

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Cuando un agricultor pierde su cosecha, no pierde únicamente alimentos, pierde ingresos. Cuando una familia pierde ingresos, reduce su consumo, cuando aumenta la escasez de determinados productos, aumentan las presiones sobre los precios y cuando una comunidad pierde sus medios de subsistencia, también puede aumentar la violencia.

Una crisis hídrica puede convertirse, paso a paso, en una crisis económica y social, por eso en Guatemala necesitamos cambiar la forma en que entendemos la seguridad. Durante años, el concepto ha estado asociado principalmente con delincuencia, narcotráfico, extorsiones y violencia. Son amenazas reales y requieren una respuesta firme del gobierno, pero la seguridad del siglo XXI es mucho más amplia.

Un país también es vulnerable cuando no puede garantizar agua, alimentos y energía suficientes para su población. El propio gobierno comenzó a reconocer esta realidad, en septiembre, CONASAN conoció el Plan Nacional de Respuesta ante la Emergencia por Sequía, elaborado conjuntamente por MAGA, MIDES, SESAN y CONRED, con medidas de corto, mediano y largo plazo.

La pregunta ahora es si podemos ir más allá de la emergencia, porque repartir alimentos cuando una cosecha se pierde es necesario, pero no suficiente. Guatemala necesita invertir en almacenamiento de agua, sistemas de riego, captación de lluvia, infraestructura hidráulica, tecnología agrícola, recuperación de suelos y mecanismos de alerta temprana.

También necesitamos información, saber dónde está el agua, cuánto tenemos, cuánto consumimos, qué regiones están bajo mayor presión y cómo cambiará esa disponibilidad en los próximos años. Sin información, la política pública termina reaccionando cuando el problema ya explotó.

El MAGA identificó municipios con distintos niveles de vulnerabilidad y trabaja en medidas anticipatorias para enfrentar escenarios de sequía. Ese concepto "anticipar" debería convertirse en una palabra central de la gestión pública. Guatemala no puede controlar el clima, pero sí puede decidir cuánto se prepara para sus consecuencias.

La verdadera discusión no debería ser solamente cuánto dinero destinaremos a atender la próxima emergencia. Debería ser cuánto estamos dispuestos a invertir hoy para evitar que la próxima emergencia sea más grande. Porque el agua que hoy desperdiciamos, contaminamos o dejamos escapar puede convertirse mañana en alimento que no producimos, energía que cuesta más y familias que pierden sus ingresos.

La seguridad nacional también comienza allí donde casi nunca miramos, en un río, un embalse, un campo, un pozo y sobre todo, en nuestra capacidad de entender que un país que no protege su agua está poniendo en riesgo mucho más que su medio ambiente, está poniendo en riesgo su futuro.

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