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¡La santa libertad!

Entre más leyes y burocracia, menos libertad: reflexiono sobre cómo el peso del Estado asfixia a los guatemaltecos y frena nuestro potencial.

Carolina Castellanos |
30 de octubre, 2026

Georgia Meloni, presidenta del Consejo de ministros de Italia, expresó que “el amor a la libertad es el único antídoto contra cualquier forma de totalitarismo y autoritarismo y que la libertad se antepone a todo lo demás”. Como libertaria que soy, ¡me encantó! 

¿Cómo podemos vivir con esa libertad? Cumpliendo con lo que yo llamo “el apellido de libertad: ¡la responsabilidad! 

Nuestro himno nacional tiene a la libertad en el centro de todo. Lamentablemente, los gobiernos olvidan esto, convenientemente, para dirigir, controlar e imponer lo que quieran. Creen que, mientras más leyes, reglamentos, trámites, permisos y cuanta cosa se les ocurra, estaremos mejor. No es así. Crecer el aparato gubernamental conduce a tener más control, o sea, menos libertad sobre nosotros, los chapines, quienes pagamos sus salarios. 

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 Vivimos con la esperanza de tener mejores servicios públicos, cero despilfarros, el fin de la robadera que se da a lo largo y ancho del gobierno y vivir en paz, con seguridad y eficiencia, (palabra desconocida en la jerga gubernamental). 

Reducir el tamaño del gobierno sería un gran primer paso. Lamentablemente, los políticos creen ser la salvación que ha llegado a la población y, consecuentemente, crearán más leyes y reglamentos que, lo único que harán es incrementar la carga tributaria y la robadera. 

¿Estamos mejor que hace 3, 5 10 años? Definitivamente, no. Tendremos algunos servicios nuevos, pero seguramente son ineficientes, como es todo en gobierno. 

La libertad cada día cuesta más pues cualquier nueva disposición tendrá atados reglamentos, restricciones leyes. Éstas últimas son peores aún porque es casi imposible derogarlas).  

En alguna época pasada se habló de “desregulación”. Lamentablemente, no le dieron suficientes alas para que se implementara. Muy por el contrario, cada vez hay más y, consecuentemente, menos libertad. 

Tal parece que la regla no escrita, a lo largo y ancho de la burocracia, es implementar más controles. Cada uno conlleva su paquete de reglas, que implica contrataciones para “velar” por su cumplimiento. 

Aún así, según los organismos internacionales, estamos creciendo y nos estamos desarrollando como país. Me pregunto cómo estaríamos los ciudadanos con menos controles (leyes y reglamentos). Definitivamente, seríamos más “libres al viento” como dice nuestro himno nacional. 

 

¡La santa libertad!

Entre más leyes y burocracia, menos libertad: reflexiono sobre cómo el peso del Estado asfixia a los guatemaltecos y frena nuestro potencial.

Carolina Castellanos |
30 de octubre, 2026

Georgia Meloni, presidenta del Consejo de ministros de Italia, expresó que “el amor a la libertad es el único antídoto contra cualquier forma de totalitarismo y autoritarismo y que la libertad se antepone a todo lo demás”. Como libertaria que soy, ¡me encantó! 

¿Cómo podemos vivir con esa libertad? Cumpliendo con lo que yo llamo “el apellido de libertad: ¡la responsabilidad! 

Nuestro himno nacional tiene a la libertad en el centro de todo. Lamentablemente, los gobiernos olvidan esto, convenientemente, para dirigir, controlar e imponer lo que quieran. Creen que, mientras más leyes, reglamentos, trámites, permisos y cuanta cosa se les ocurra, estaremos mejor. No es así. Crecer el aparato gubernamental conduce a tener más control, o sea, menos libertad sobre nosotros, los chapines, quienes pagamos sus salarios. 

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Reducir el tamaño del gobierno sería un gran primer paso. Lamentablemente, los políticos creen ser la salvación que ha llegado a la población y, consecuentemente, crearán más leyes y reglamentos que, lo único que harán es incrementar la carga tributaria y la robadera. 

¿Estamos mejor que hace 3, 5 10 años? Definitivamente, no. Tendremos algunos servicios nuevos, pero seguramente son ineficientes, como es todo en gobierno. 

La libertad cada día cuesta más pues cualquier nueva disposición tendrá atados reglamentos, restricciones leyes. Éstas últimas son peores aún porque es casi imposible derogarlas).  

En alguna época pasada se habló de “desregulación”. Lamentablemente, no le dieron suficientes alas para que se implementara. Muy por el contrario, cada vez hay más y, consecuentemente, menos libertad. 

Tal parece que la regla no escrita, a lo largo y ancho de la burocracia, es implementar más controles. Cada uno conlleva su paquete de reglas, que implica contrataciones para “velar” por su cumplimiento. 

Aún así, según los organismos internacionales, estamos creciendo y nos estamos desarrollando como país. Me pregunto cómo estaríamos los ciudadanos con menos controles (leyes y reglamentos). Definitivamente, seríamos más “libres al viento” como dice nuestro himno nacional. 

 

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