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Exposición sísmica: habitar con sismos

“Hablar de exposición sísmica nos debe ayudar a reflexionar sobre cómo nos preparamos en nuestras familias”.

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
23 de septiembre, 2026

Vivimos en un país donde los temblores y terremotos forman parte de nuestra realidad, tanto que han forjado parte de nuestra historia como país. Sin embargo, cuando hablamos de riesgo sísmico, pocas veces nos detenemos para pensar especialmente en una pregunta: ¿qué estaremos haciendo y dónde estaremos cuando ocurra un terremoto en Guatemala?

La respuesta puede parecer evidente; la respuesta puede ser estar en nuestra casa, en el trabajo, en la universidad, en un centro comercial o al desplazarnos por la ciudad. Precisamente ahí comienza uno de los componentes fundamentales del riesgo: la exposición. 

La exposición sísmica se refiere a las personas, edificaciones, infraestructura, actividades económicas y otros elementos que se encuentran ubicados en áreas donde pueden verse afectados por una amenaza sísmica. En un país como Guatemala, nuestra exposición es casi imposible de eliminar. Salvo algunas regiones del norte del país, donde la amenaza es menor, la exposición siempre estará presente. 

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Partiendo de esta premisa, podemos conocer mejor nuestra exposición y tomar decisiones para reducir de alguna manera las consecuencias de un terremoto. Para ello, debemos pensar en nuestra rutina diaria. Durante un día habitual podemos pasar varias horas en nuestra casa junto a nuestros seres queridos, otras muchas horas en el trabajo o en la universidad, otras horas en los desplazamientos entre los diferentes lugares a los que frecuentamos y probablemente otros momentos en otros lugares a los que vamos: restaurantes, gimnasio, colegio, centros comerciales, etc. 

Por tanto, prepararnos para un terremoto no debería comenzar solamente con reflexionar sobre qué hacer cuando empiece a temblar. Deberíamos comenzar mucho antes. ¿Sabemos cuál es el lugar seguro dentro de nuestro hogar? ¿Tenemos identificados los puntos de encuentro de nuestra familia? ¿Sabemos cómo comunicarnos si las redes telefónicas se saturan? ¿Conocemos las rutas de evacuación de nuestro lugar de trabajo o de estudio? ¿Quién atiende a los niños pequeños o a los abuelitos? ¿Quién es el encargado de revisar periódicamente la mochila de emergencia? ¿Quién de la familia tiene conocimientos de primeros auxilios? ¿Es prudente sacar el carro del sótano o es mejor salir caminando?

Son preguntas sencillas, pero responderlas y planificarlas antes de una emergencia puede hacer una gran diferencia en cómo viviremos un terremoto. 

Una herramienta básica para fortalecer esta preparación es contar con un plan familiar de emergencia. No se trata de un complejo procedimiento, sino más bien una herramienta eficaz para proteger a nuestros seres queridos. Básicamente, un plan familiar debe contener las reglas básicas, saber qué hacer durante un terremoto, dónde reunirse y cómo actuar ante diferentes situaciones. También es recomendable contar con suministros básicos que permitan afrontar las primeras horas después de un evento. En Guatemala hablamos de la mochila de las 72 horas. 

Sin embargo, la preparación no termina en nuestra casa. Las empresas, universidades, colegios y otras instituciones también tienen una responsabilidad. Un terremoto puede afectar simultáneamente a miles de personas a nivel nacional. Por eso, los planes de emergencia no solo deben contemplar la evacuación, sino también la comunicación, la atención de personas vulnerables, los puntos de reunión y la continuidad de las actividades esenciales.  

Estar expuesta a un terremoto no siempre significa necesariamente estar en riesgo alto y constante. Por eso, hablar de exposición sísmica nos debe ayudar a reflexionar sobre cómo habitamos nuestras ciudades. Guatemala seguirá creciendo, y cada nueva edificación es una decisión sobre dónde y cómo ocupamos el territorio. La gestión de los planes de prevención y de riesgo debe acompañar ese crecimiento. Al igual que nuestros planes familiares y personales. 

No podemos evitar que tiemble en Guatemala, pero sí podemos decidir cómo nos preparamos para el próximo terremoto.

Exposición sísmica: habitar con sismos

“Hablar de exposición sísmica nos debe ayudar a reflexionar sobre cómo nos preparamos en nuestras familias”.

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
23 de septiembre, 2026

Vivimos en un país donde los temblores y terremotos forman parte de nuestra realidad, tanto que han forjado parte de nuestra historia como país. Sin embargo, cuando hablamos de riesgo sísmico, pocas veces nos detenemos para pensar especialmente en una pregunta: ¿qué estaremos haciendo y dónde estaremos cuando ocurra un terremoto en Guatemala?

La respuesta puede parecer evidente; la respuesta puede ser estar en nuestra casa, en el trabajo, en la universidad, en un centro comercial o al desplazarnos por la ciudad. Precisamente ahí comienza uno de los componentes fundamentales del riesgo: la exposición. 

La exposición sísmica se refiere a las personas, edificaciones, infraestructura, actividades económicas y otros elementos que se encuentran ubicados en áreas donde pueden verse afectados por una amenaza sísmica. En un país como Guatemala, nuestra exposición es casi imposible de eliminar. Salvo algunas regiones del norte del país, donde la amenaza es menor, la exposición siempre estará presente. 

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Partiendo de esta premisa, podemos conocer mejor nuestra exposición y tomar decisiones para reducir de alguna manera las consecuencias de un terremoto. Para ello, debemos pensar en nuestra rutina diaria. Durante un día habitual podemos pasar varias horas en nuestra casa junto a nuestros seres queridos, otras muchas horas en el trabajo o en la universidad, otras horas en los desplazamientos entre los diferentes lugares a los que frecuentamos y probablemente otros momentos en otros lugares a los que vamos: restaurantes, gimnasio, colegio, centros comerciales, etc. 

Por tanto, prepararnos para un terremoto no debería comenzar solamente con reflexionar sobre qué hacer cuando empiece a temblar. Deberíamos comenzar mucho antes. ¿Sabemos cuál es el lugar seguro dentro de nuestro hogar? ¿Tenemos identificados los puntos de encuentro de nuestra familia? ¿Sabemos cómo comunicarnos si las redes telefónicas se saturan? ¿Conocemos las rutas de evacuación de nuestro lugar de trabajo o de estudio? ¿Quién atiende a los niños pequeños o a los abuelitos? ¿Quién es el encargado de revisar periódicamente la mochila de emergencia? ¿Quién de la familia tiene conocimientos de primeros auxilios? ¿Es prudente sacar el carro del sótano o es mejor salir caminando?

Son preguntas sencillas, pero responderlas y planificarlas antes de una emergencia puede hacer una gran diferencia en cómo viviremos un terremoto. 

Una herramienta básica para fortalecer esta preparación es contar con un plan familiar de emergencia. No se trata de un complejo procedimiento, sino más bien una herramienta eficaz para proteger a nuestros seres queridos. Básicamente, un plan familiar debe contener las reglas básicas, saber qué hacer durante un terremoto, dónde reunirse y cómo actuar ante diferentes situaciones. También es recomendable contar con suministros básicos que permitan afrontar las primeras horas después de un evento. En Guatemala hablamos de la mochila de las 72 horas. 

Sin embargo, la preparación no termina en nuestra casa. Las empresas, universidades, colegios y otras instituciones también tienen una responsabilidad. Un terremoto puede afectar simultáneamente a miles de personas a nivel nacional. Por eso, los planes de emergencia no solo deben contemplar la evacuación, sino también la comunicación, la atención de personas vulnerables, los puntos de reunión y la continuidad de las actividades esenciales.  

Estar expuesta a un terremoto no siempre significa necesariamente estar en riesgo alto y constante. Por eso, hablar de exposición sísmica nos debe ayudar a reflexionar sobre cómo habitamos nuestras ciudades. Guatemala seguirá creciendo, y cada nueva edificación es una decisión sobre dónde y cómo ocupamos el territorio. La gestión de los planes de prevención y de riesgo debe acompañar ese crecimiento. Al igual que nuestros planes familiares y personales. 

No podemos evitar que tiemble en Guatemala, pero sí podemos decidir cómo nos preparamos para el próximo terremoto.

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