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Datos abiertos y tecnología geoespacial: la base de una gestión urbana moderna

“La transformación digital es desarrollar la capacidad científica para convertir los datos en inteligencia territorial para las mejores decisiones”. 

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
30 de septiembre, 2026

Durante muchos años, las ciudades fueron planificadas a partir de censos, datos estadísticos y diagnósticos periódicos de información, básicamente una radiografía de la ciudad. Hoy en día, el territorio genera información de una manera continua mediante sensores, dispositivos, plataformas, satélites, entre muchos otros. Desde que nos levantamos, utilizamos determinadas aplicaciones, nos desplazamos, compramos, construimos, aprendemos; todo deja una huella sobre el territorio. 

El desafío a nivel mundial ya no es producir datos, sino desarrollar una capacidad técnica, científica e institucional para transformarlos en conocimiento útil para la correcta toma de decisiones. 

Bajo esta perspectiva, los datos abiertos y la “nueva” tecnología geoespacial no constituyen un fin en sí mismos. Sino todo lo contrario, son un medio por el cual se puede construir una nueva generación de políticas públicas, planificación territorial e innovación urbana. En los próximos años, la diferencia entre los países, como Guatemala, no dependerá únicamente de la cantidad de datos que produzcan, sino de la capacidad para convertir esa información en gestión urbana e inteligencia territorial. Esa capacidad definirá la calidad de nuestra planificación urbana, la resiliencia ante el cambio climático, la eficiencia de la inversión pública y, sobre todo, nuestra competitividad local y regional. 

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En este sentido, la competitividad de nuestras ciudades y de nuestros territorios dependerá directamente de generar estas capacidades. Una primera etapa, que consistiría en una producción de datos estandarizada, interoperable, integrada y de forma recurrente y periódica, sería el primer paso para afianzar nuestra competitividad. Actualmente, a nivel nacional, las diversas instituciones públicas y privadas producen gran cantidad de datos; sin embargo, todos hemos comprobado que esa información muchas veces no está estandarizada, no es interoperable y mucho menos se actualiza de forma recurrente. Además, los datos deben estar albergados en plataformas abiertas, donde sea posible generar debates técnicos y científicos en los análisis de la información. 

En una segunda etapa, se debe construir una capacidad científica nacional. Es decir, ser capaces de integrar y analizar todas las capas de información y así alcanzar mejores decisiones con base en evidencia interdisciplinaria y con mayor detalle y alcance. Este desarrollo de las capacidades tecnológicas en los ecosistemas geoespaciales debe ser una prioridad científica nacional. Porque esta capacidad es la que permite convertir el conocimiento en decisiones políticas territoriales. En este campo, es donde las universidades tienen un papel importante para formar a los futuros profesionales y cubrir la brecha entre la oferta y la demanda académicas. 

En este sentido, un país puede anticipar y no únicamente reaccionar, si tiene la capacidad científica y técnica de un ecosistema geoespacial robusto. Además, recientemente se ha abierto la oportunidad de incorporar inteligencia artificial y modelos de aprendizaje automático para potenciar el análisis de los datos. Evidentemente, la competitividad nacional dependerá de qué tanto seamos capaces de generar esta capacidad en los próximos años. 

Por tanto, la información geoespacial se convierte en un activo estratégico para el desarrollo nacional. La verdadera transformación digital de nuestras ciudades y territorios no depende únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de desarrollar la capacidad técnica y científica para convertir los datos en inteligencia territorial al servicio de mejores decisiones. 

 

Datos abiertos y tecnología geoespacial: la base de una gestión urbana moderna

“La transformación digital es desarrollar la capacidad científica para convertir los datos en inteligencia territorial para las mejores decisiones”. 

Luis Diego Dávila | ldavila@unis.edu.gt |
30 de septiembre, 2026

Durante muchos años, las ciudades fueron planificadas a partir de censos, datos estadísticos y diagnósticos periódicos de información, básicamente una radiografía de la ciudad. Hoy en día, el territorio genera información de una manera continua mediante sensores, dispositivos, plataformas, satélites, entre muchos otros. Desde que nos levantamos, utilizamos determinadas aplicaciones, nos desplazamos, compramos, construimos, aprendemos; todo deja una huella sobre el territorio. 

El desafío a nivel mundial ya no es producir datos, sino desarrollar una capacidad técnica, científica e institucional para transformarlos en conocimiento útil para la correcta toma de decisiones. 

Bajo esta perspectiva, los datos abiertos y la “nueva” tecnología geoespacial no constituyen un fin en sí mismos. Sino todo lo contrario, son un medio por el cual se puede construir una nueva generación de políticas públicas, planificación territorial e innovación urbana. En los próximos años, la diferencia entre los países, como Guatemala, no dependerá únicamente de la cantidad de datos que produzcan, sino de la capacidad para convertir esa información en gestión urbana e inteligencia territorial. Esa capacidad definirá la calidad de nuestra planificación urbana, la resiliencia ante el cambio climático, la eficiencia de la inversión pública y, sobre todo, nuestra competitividad local y regional. 

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En este sentido, la competitividad de nuestras ciudades y de nuestros territorios dependerá directamente de generar estas capacidades. Una primera etapa, que consistiría en una producción de datos estandarizada, interoperable, integrada y de forma recurrente y periódica, sería el primer paso para afianzar nuestra competitividad. Actualmente, a nivel nacional, las diversas instituciones públicas y privadas producen gran cantidad de datos; sin embargo, todos hemos comprobado que esa información muchas veces no está estandarizada, no es interoperable y mucho menos se actualiza de forma recurrente. Además, los datos deben estar albergados en plataformas abiertas, donde sea posible generar debates técnicos y científicos en los análisis de la información. 

En una segunda etapa, se debe construir una capacidad científica nacional. Es decir, ser capaces de integrar y analizar todas las capas de información y así alcanzar mejores decisiones con base en evidencia interdisciplinaria y con mayor detalle y alcance. Este desarrollo de las capacidades tecnológicas en los ecosistemas geoespaciales debe ser una prioridad científica nacional. Porque esta capacidad es la que permite convertir el conocimiento en decisiones políticas territoriales. En este campo, es donde las universidades tienen un papel importante para formar a los futuros profesionales y cubrir la brecha entre la oferta y la demanda académicas. 

En este sentido, un país puede anticipar y no únicamente reaccionar, si tiene la capacidad científica y técnica de un ecosistema geoespacial robusto. Además, recientemente se ha abierto la oportunidad de incorporar inteligencia artificial y modelos de aprendizaje automático para potenciar el análisis de los datos. Evidentemente, la competitividad nacional dependerá de qué tanto seamos capaces de generar esta capacidad en los próximos años. 

Por tanto, la información geoespacial se convierte en un activo estratégico para el desarrollo nacional. La verdadera transformación digital de nuestras ciudades y territorios no depende únicamente de incorporar nuevas tecnologías, sino de desarrollar la capacidad técnica y científica para convertir los datos en inteligencia territorial al servicio de mejores decisiones. 

 

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